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7843-Texto del artículo-48128-1-10-20230509

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Antropología Experimental 
http://revistaselectronicas.ujaen.es/index.php/rae 
2023. nº 23. Texto 07: 81-94 
 
Universidad de Jaén (España) 
ISSN: 1578-4282 Deposito legal: J-154-200 
 
DOI: https://dx.doi.org/10.17561/rae.v23.7843 
Recibido: 02-03-2023 Admitido: 10-04-2023 
 
 
 
Ética, responsabilidad y uso de tecnologías en la intervención social. 
Nuevos desafíos para nuevas oportunidades en Trabajo Social 
 
Antonia RODRÍGUEZ MARTÍNEZ; Juana PÉREZ VILLAR; María del Carmen MARTÍN CANO 
Universidad de Jaén (España) 
armartin@ujaen.es, jpvillar@ujaen.es, mmcano@ujaen.es 
 
Ethics, responsibility and the use of technologies in social intervention. New challenges for new op-
portunities in Social Work 
 
Resumen 
En este artículo ofrecemos un argumentario y discusión teórica con base en los principios éticos, valores, moral y normas 
reguladoras que sustentan el marco de actuación de la profesión del Trabajo Social. Esta ha tenido que reinventarse en los 
últimos tres años, haciendo uso de su capacidad resiliente y de adaptación ante complejas situaciones, en las que para la 
profesión y sus profesionales prima el bienestar social de la población como pilar sobre el que avanza la propia disciplina. En 
este marco, el derecho a la protección de datos personales digitales y la normativa reguladora en la que convergen, teniendo 
en cuenta el devenir diario de la profesión, de las personas profesionales y de la ciudadanía usuaria. Procediendo a valorar, 
si en el contexto actual, con el desarrollo y la utilización profesional de recursos tecnológicos, la protección de datos perso-
nales y sociales se mantienen en la intimidad, en la privacidad y la confidencialidad. Valorando así mismo, en este contexto, 
si son extensibles a todas las personas en igualdad, o si, en este tejido de revolución y vorágine tecnológica, en la que nos 
vemos sumidos, se favorecen situaciones de exclusión y vulnerabilidad social. 
 
Abstract 
In this article, we offer a theoretical argument and discussion based on the ethical principles, values, morals and regulatory 
norms that support the action framework of the Social Work profession. The profession has had to reinvent itself in the last 
three years, making use of its resilience and capacity to adapt to complex situations, in which for the profession and its 
professionals, the social welfare of the population is the pillar on which the discipline advances. In this context, the right to 
the protection of digital personal data and the regulatory norms in which they converge, taking into account the daily evolu-
tion of the profession, of the professionals and of the citizen users. We proceed to assess whether in the current context, 
with the development and professional use of technological resources, the protection of personal and social data is main-
tained in privacy and confidentiality. We also evaluate if, in this context, they are extensible to all individuals equally, or if, in 
this technological revolution and maelstrom in which we are immersed, situations of exclusion and social vulnerability are 
favored. 
 
Palabras clave 
Derechos. Ética. Exclusión. Privacidad. Tecnología 
Rights. Ethics. Exclusion. Privacy. Technology 
 
 
 
 
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Introducción 
El devenir del ser humano, desde que nace, llega ligado a la capacidad de elegir, podemos hacer 
elecciones en todos los aspectos de nuestras vidas (Sanabria, 2008). Elecciones que pueden estar liga-
das a nuestra experiencia, valores aprendidos o heredados, entorno en el que crecemos y nos desa-
rrollamos como personas en la sociedad que nos rodea y que nos pone a prueba en cada momento, 
teniendo que elegir (Bauzá y Morañón, 2019). En otro orden, ubicamos el deber, que es visto como 
una mejora para el logro de los objetivos humanos, es la posibilidad que conduce a la felicidad de los 
individuos (Bermejo y De la Red, 1996). En esta etiología de términos ubicamos el deber profesional, 
en el que se integran las opciones que cada profesional contempla en el ejercicio de su práctica profe-
sional. En concreto en la disciplina de Trabajo Social, siguiendo los Principios Éticos de la profesión del 
Trabajo Social establecidos por la Federación Internacional del Trabajo Social (FITS) (2018). En esta 
línea conceptual, la obligación profesional se entiende en el marco de la búsqueda de los fines y de los 
bienes propios del desempeño de cada profesión. En concreto las preferencias de elección del desem-
peño profesional de cada persona, que va a venir a determinar una importante parte de la vida, y 
específicamente la profesión de Trabajo Social es elegida por cada individuo y al hacerlo se obliga a 
respetar y cumplir determinados compromisos y normas, que le permitirán el desarrollo efectivo de lo 
que se propone en su práctica profesional. Por tanto, no somos partidarios de una ética del deber por 
el deber, hacemos lo que debemos porque entendemos que al hacerlo estamos concretando norma-
tivamente nuestro deseo de lograr los bienes profesionales a los que aspiramos (Bermejo y De la Red, 
1996). 
En la era de las tecnologías, concretamente en los tres últimos años, con el azote de la pandemia 
sanitaria, provocada por la COVID-19, las tecnologías han venido a irrumpir de forma feroz en nuestras 
vidas, sin darnos, en un primer momento, la oportunidad de plantearnos el impacto que ello podría 
tener (Almeida et al., 2020), subestimando la relación entre las personas en favor del uso de los recur-
sos tecnológicos, sin considerar las implicaciones, en todos los aspectos de la vida de las personas y en 
todos los entornos. Ello afecta, de manera indiscutible, no solo a la profesión del Trabajo Social y a sus 
profesionales, sino a todos los individuos. Por ello, se hace necesario comprender mejor la relación 
entre la tecnología y los seres humanos (Lindgren et al., 2019). 
La gestión analítica de la información o el Business Intelligence son herramientas que facilitan tra-
bajar con la información a modo de recurso estratégico, forjando la integración, monitorización y mi-
sión de los procesos (O´Keefe y Brien, 2018). Estas herramientas, que son esenciales hoy en día para 
mejorar el rendimiento económico de cualquier organización, tienen ahora el reto de renovarse para 
poder integrar datos e información social, así como generar de manera óptima, fiable y trazable la 
información y el conocimiento que permita tomar mejores decisiones (Franquesa y López, 2011). Sin 
obviar las obligaciones de los profesionales con la institución en la que trabajan y el deber de cumplir 
con la legislación vigente (Rodríguez, 2017). 
Actualmente la facilidad en el conocimiento y la información que necesitamos, lo obtenemos de 
manera ágil, eficiente y efectiva en cualquier momento y lugar (O´Keefe y Brien, 2018), gracias al desa-
rrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y a los avances de los últimos 20 
años. Esto, además, en el terreno laboral, supone grandes beneficios a la ciudadanía y a los profesio-
nales. Las TIC facilitan la definición de estrategias de intervención, la recogida y tratamiento de la in-
formación en fuentes y formatos digitales (O´Keefe y Brien, 2018), y su utilización como herramientas 
y recursos de investigación para el diseño, gestión y evaluación de programas sociales, así como un 
instrumento de comunicación y gestión de la información en la actividad profesional, de forma eficaz 
dentro de sistemas, redes y equipos interdisciplinares, obteniendo un intercambio de información rá-
pido y accesible (Caravaca, 2014; Pérez-Lagares et al., 2012). Sin embargo, también requiere de mayor 
complejidad y adaptación por parte de los entornos de trabajo y de los profesionales. Se podría decir, 
que nos encontramos con nuevas herramientas de trabajo que hacen necesario reflexionar no solo, de 
su influencia en el desarrollo de la práctica profesional, sino en los riesgos que pueden presentar para 
la ética que debe sustentarla (Rodríguez,2017). 
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En el momento actual, los valores, las actitudes y las percepciones morales y éticas que habitual-
mente poníamos en práctica en el desarrollo de la profesión, se cuestionan constantemente y requie-
ren un rediseño ante este nuevo paradigma en el que la incursión de las TIC, en todos los ámbitos 
(Olcott et al., 2015) y en concreto en el social, implica nuevos desafíos, planteamientos y estrategias 
de intervención. 
Siguiendo esta exposición, este artículo se estructura en base a una reflexión teórica, analizando 
los diferentes conceptos y las interrelaciones que se generan, con el propósito de conocer la situación 
actual de los dilemas éticos en la profesión del Trabajo Social a lo largo del tiempo y en concreto deri-
vados del uso de la tecnología, en el desarrollo de una profesión humanizada históricamente y digita-
lizada en la práctica actual. 
La ética, la moral, el rigor y el respeto a la intimidad, suscitan un gran interés en los últimos tiempos 
en ámbitos sociales, económicos y políticos (Baker et al., 2018; Joiner, 2019). Así mismo, se puede decir 
que, impregnan de gran valor todas las actuaciones de la vida, determinando los principios por los que 
se rige cualquier intervención personal y/o profesional, siendo esta la línea y el marco general de la 
metodología de este trabajo. Así, el planteamiento de este artículo parte de unas consideraciones pre-
vias relativas al uso de las tecnologías de la información y la comunicación en las organizaciones y su 
incursión en el ámbito profesional del Trabajo Social. Y, por consiguiente, la afectación al aspecto ético 
de la profesión y el dilema en el que se encuentran los y las profesionales del Trabajo Social respecto 
al uso y abuso que trae consigo la incursión de las tecnologías y los recursos digitales. Así como, la 
necesidad de adaptación de los medios necesarios e infraestructuras oportunas en el espacio de inter-
vención profesional, sea este público o privado (Baker et al., 2018). La necesidad de formación, tanto 
de los profesionales como de los usuarios y, más concretamente, sobre la exclusión que puede suponer 
para colectivos ya de por sí vulnerables. 
 
Desde la deliberación Teórico-Conceptual 
Este trabajo se ha llevado a cabo utilizando una metodología teórica de revisión bibliográfica, ba-
sándonos en la exploración y análisis de artículos publicados en revistas de prestigio sobre aspectos y 
actuaciones relacionados con ética, protección de datos personales, protección de la intimidad, uso de 
tecnologías digitales, legislación (nacional y autonómica) y el conocimiento científico del Trabajo So-
cial. Para ello, se han seleccionado aquellos artículos donde ética, deontología profesional, y/o protec-
ción de datos y TIC, constituyen el núcleo central del mismo. Las búsquedas se han realizado en las 
bases de datos Dialnet, ProQuest, Scopus y WebWOK (Web of Kowledge), para el período 2000-2022. 
Las palabras o términos clave que se han empleado son aquellos que, frecuentemente, se utilizan 
en la literatura para describir la ética del trabajo social y los principios deontológicos de la profesión, 
en un contexto de nuevos retos y necesidades sociales. Siendo las palabras clave consideradas en las 
búsquedas: trabajo social, ética, código deontológico, valores, innovación, tecnología y protección de 
datos. Posteriormente los artículos se han analizado por título y resumen, y se han descartado aquellos 
en los que la ética, la deontología profesional del Trabajo Social, la protección de datos y/o TIC suponen 
aspectos secundarios y no son el núcleo central del artículo. 
En base a esta información, y con independencia de las tipologías de conflictos y dilemas identifi-
cados en la práctica profesional del Trabajo Social, en la literatura científica, se refleja que el principal 
problema es discernir cuáles discrepancias pertenecen a la deontología profesional y cuáles son dile-
mas de carácter ético (Verde-Diego y Cebolla-Bueno, 2017), otra cuestión diferente será la de aplicar 
un método u otro en la resolución de conflictos estrictamente éticos. 
En general, la gestión pública ha orientado sus fines en función de intereses económicos (Montero-
Carrión, 2013) frente a valores centrados en la persona. De estas premisas ha derivado la concepción 
generalizada en Trabajo Social de mantener el principio de neutralidad profesional, aséptico y alejado 
de convicciones religiosas, políticas o morales. A este respecto, se puede identificar la coexistencia de 
diferentes figuras profesionales en el Trabajo Social. Por una parte, identificamos profesionales que 
aplican la reglamentación y/o la norma de forma pragmática sin otros pronunciamientos que seguirla 
de forma pulcra. De otro lado hallamos profesionales que en el ejercicio de sus funciones conciben un 
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mercado de ajuste costes-beneficios, asemejándolo a una función meramente empresarial. Final-
mente, podemos encontrar profesionales comprometidos, que priorizan los problemas individuales de 
las personas y son considerablemente críticos con las políticas públicas y con las normas de aplicación, 
son los profesionales que profundizan en las casuísticas individuales y en una profesión al servicio de 
las personas en riesgo de exclusión (Abad y Martín, 2015: 183). 
En la actualidad, la profesión está inmersa en un proceso de reflexión hacia un Trabajo Social crítico 
y militante que postula en la lucha de unas políticas sociales que faciliten el cumplimiento al deber de 
respetar, proteger y hacer efectivos los derechos humanos (Boddy y Dominelli, 2017), tal como se es-
tructura desde los colegios profesionales y el Consejo General del Trabajo Social, incidiendo en que 
este enfoque de derechos se fundamenta en el deber de cambio social, expresado por la FITS (Verde-
Diego y Cebolla-Bueno, 2017: 84). 
Si realizamos un recorrido imaginario a lo largo de la historia y miramos al mundo constataremos 
que, desde tiempos pretéritos, en todos los momentos y lugares, hallamos sectores cuantitativamente 
mejor instalados y sostenidos que otros, en todos los niveles (Uriarte y Acevedo, 2018). Sin embargo, 
en ese imaginario también hallamos un modelo social injusto que permite el derroche y el despilfarro. 
Cuando en la misma sociedad, en nuestros barrios y entornos más cercanos, podemos observar seres 
humanos que no cuentan con los recursos básicos para cubrir necesidades primarias. Resultando de 
ello una sociedad desigualmente repartida, que crea modelos que alimentan la desesperanza, situa-
ciones de precariedad, exclusión y vulnerabilidad social. Ahí es donde el Trabajo Social, que no es ajeno 
a estas situaciones y tiempos convulsos en los que vivimos, se posiciona como razón gestora de estas 
injusticias sociales, trabajando en pro de los derechos de todas las personas en igualdad y con base en 
el bienestar y la equidad social (Ranerup y Henriksen, 2020). 
En este punto es donde tiene cabida la coexistencia e interrelaciones que se generan en el trinomio 
TIC-Trabajo Social y ética profesional. Derivado de la pandemia sanitaria que se ha extendido al aspecto 
social, la profesión del Trabajo Social y con ella sus profesionales, se han encontrado en la encrucijada 
y con el dilema de ejercer una práctica profesional ética que no vulnere los derechos humanos de la 
población (Ranerup y Henriksen, 2020). El abordaje de la praxis profesional al que ha abocado la trans-
formación tecnológica, plantea la necesidad de introducir innovaciones sociales y técnicas en el ejer-
cicio profesional (Binimelis et al., 2021; Castillo de Mesa et al., 2018), así como un proceso gradual de 
adopción de las TIC en las diversas formas de intervención social (Chan, 2016; Chan y Holosko, 2016; 
De la Fuente y Martín, 2017; Goldkind et al., 2016; López y Marcuello-Servós, 2018) y los desafíos éticos 
que esta transformación produce (Boddy y Dominelli 2017; López, 2014) y que debenser puestos en 
práctica en la implementación de las políticas sociales. 
Por otra parte, en este contexto surge la preocupación por indagar respecto a cómo contribuyen 
las competencias digitales en el desempeño profesional y en el bienestar laboral de los trabajadores y 
las trabajadoras sociales (Castillo de Mesa et al., 2020; Boddy y Dominelli, 2017; López et al., 2020, 
Ranerup y Henriksen, 2020). Así como la necesidad de que estos cuenten con la formación, conoci-
mientos suficientes y cualificación tecnológica adecuada. Sin embargo, esto no está definido actual-
mente en ningún marco institucional de la profesión, ni normativo en general. 
Desde la profesión, se brinda asesoramiento social, a través del diagnóstico social, la planificación 
de la intervención y la coordinación con los diferentes colectivos, con los y las profesionales y con otras 
organizaciones, contribuyendo de esta manera a una atención integral, ética y equitativa (Boddy y 
Dominelli, 2017). 
En la realidad que estamos viviendo en estos extraños años, el Trabajo Social es el nexo de unión 
en una sociedad politizada y desmembrada por una crisis sanitaria que tiene saturadas a todas las 
economías. La profesión de Trabajo Social, en este momento, sabe que lo prioritario es la adquisición 
y manejo de destrezas digitales y una necesidad para el desempeño profesional, lo cual implica una 
responsabilidad moral y ética (Baker et al., 2018; Boddy y Dominelly, 2017; Joiner, 2019). Por tanto, es 
necesario repensar el Trabajo Social y considerar las habilidades digitales, tanto del profesional, como 
de la ciudadanía, como uno de los ejes transversales esenciales que deben desarrollarse con igualdad 
de oportunidades en la sociedad tecnológica y digitalizada actual (ONTSI, 2021), ya que este es un 
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nuevo factor biopsicosocial que influye en la calidad de vida de la población y que se identifica como 
un derecho humano fundamental necesario para el desarrollo del bienestar de las personas, determi-
nado por la capacidad y calidad de acceso a la tecnología y recursos digitales (Ley Orgánica 3/2018). 
En este sentido, la delimitación de los espacios reales y digitales afectan a las personas, tanto indi-
vidual como colectivamente, y van desde la identidad y la reputación digital, hasta la difusión del co-
nocimiento, pasando por el uso crítico de la información y evitando el abuso a través de las TIC o la 
seguridad y la privacidad en la red (Caravaca, 2014; Olcott et al., 2015). 
 
Planteamientos sobre el trinomio Ética - TIC y Trabajo Social 
La globalización y la convergencia digital en la sociedad del conocimiento están planteando com-
plejos problemas éticos, legales y sociales (Boddy y Dominelli, 2017). En todo el mundo, los derechos 
que ya están reconocidos legalmente están siendo violados diariamente, generando situaciones de 
desprotección que ocasiona graves problemas en el sistema social, entre los que se pueden destacar 
la brecha digital, la ciberdelincuencia, la seguridad digital, la protección de datos y la protección de la 
intimidad. Estas problemáticas desencadenadas por la era digital, afectan en el devenir diario de las 
personas, de manera directa en algunos casos, o indirectamente en otros (Sembok, 2003). 
En el contexto social actual, donde toma una especial relevancia el uso de las TIC, en la intervención 
social se plantean como objetivos fundamentales el cambio y el desarrollo social para todas las perso-
nas desde la integridad profesional (Baker et al., 2018; Joiner, 2019). Por tanto, es preciso que, desde 
las profesiones relacionadas con lo social, en general, y el Trabajo Social en particular, se visibilicen las 
barreras ocultas y en función de estas se replanteen metas u objetivos tanto en la formación como en 
la praxis profesional (De la Fuente y Martín, 2017) y que se concrete en la ética de la profesión y de los 
profesionales en el desarrollo de su labor (Boddy y Dominelli, 2017). 
Todos estos problemas se ven agravados cuando se trata de población vulnerable y en situaciones 
de exclusión, siendo estos aspectos, en gran medida, ámbitos de intervención del Trabajo Social. En 
este punto podemos plantear la relación que se genera entre TIC, Trabajo Social y ética, con el resto 
del entorno. 
 
Demarcación Ética y uso de las TIC 
Para dar respuesta al objeto de estudio de este artículo, partiremos de las normas que más afectan 
a las TIC, que son los aspectos habitualmente estudiados en los diferentes ámbitos del Derecho y la 
Ética (Bowyer, 1996; Bynum y Rogerson, 2004; Feick y Wele, 2010; Laudon y Laudon, 2008), principal-
mente dos, la protección de datos y la propiedad intelectual (De Miguel et al., 2011; Stahl et al., 2014). 
Ambas, están reguladas normativamente y son de aplicación en todos los sectores y estamentos. A 
nivel europeo regulado por el Reglamento (UE) 2016/679 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 
27 de abril de 2016, rectificado por la D O L 127, 23.5.2018 y posteriormente por la D O L 074, 4.3.2021 
del Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea. Son, además, normas y valores a cumplir y 
respetar en cualquier organización, pública o privada, que se considere responsable ética y social-
mente. Y, por otra parte, son los pilares normativos en cualquier contexto social, puesto que son los 
más fáciles de ser infringidos. De ello, se deriva la importancia en el cumplimiento normativo y su 
aplicación en valores, moral y ética profesional. 
Habitualmente, los nuevos modelos de negocio que se generan en el ámbito de las TIC hacen que 
la visión tradicional de la protección de datos o la propiedad intelectual se pongan en cuestión, sin 
embargo, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, indica que conocer la propiedad inte-
lectual puede ayudar a las empresas a gestionar estos riesgos y ser más competitivas. En concreto, la 
protección de datos estaría relacionada con la privacidad de las personas y su intimidad, mientras que 
la propiedad intelectual lo estaría principalmente con la protección de los derechos de autor y, en 
consecuencia, con la protección del trabajo original desarrollado por diversos profesionales (De Miguel 
et al., 2011). 
Sin embargo, en la actualidad y principalmente derivado de la pandemia provocada por la COVID-
19, la mayoría de las empresas TIC y el conjunto empresarial, tanto público como privado, están más 
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preocupados por la protección de datos, ya que los temas de propiedad intelectual no dependen tanto 
de ellas como de los usuarios, es decir, que en la protección de datos los usuarios pueden ser víctima 
de un mal uso profesional, mientras que en la propiedad intelectual, realmente las empresas son las 
que pueden verse afectadas (De Miguel et al., 2011). 
Las investigaciones sobre protección de datos, llevan a observar la utilización cada vez mayor de 
técnicas de autorregulación para ordenar las TIC, aunque en su mayoría se han impulsado desde la 
Unión Europea (Reglamento 679, 2016) con la participación de las empresas más potentes del sector. 
A pesar de ello, son pocas las iniciativas privadas en este sentido, probablemente debido a la fuerte 
competencia entre las empresas del sector donde las que participan primero suelen ser las organiza-
ciones de mayor tamaño y del ámbito público. Sin embargo, hay que destacar que, con el paso del 
tiempo y agudizado por el incremento en la utilización y manejo de herramientas tecnológicas deri-
vado de la pandemia sanitaria, tanto en lo personal y, en concreto, todo el tejido profesional, tanto 
público como privado, se ha adaptado a las exigencias sociales y ha derivado en políticas de protección 
de datos de tipo integrativo. Al mismo tiempo, se observa la introducción de términos relativos a nor-
mativa TIC (recogido en la Ley Orgánica 3/2018, de Protección de Datos Personales y Garantía de los 
Derechos Digitales), tanto la normativa de protección de datos,como la de servicios de la sociedad de 
la información, que han impulsado la utilización de lo que denominan códigos tipo (que vienen a ser 
códigos de conducta) para dar mayor transparencia a su relación con los usuarios (De Miguel et al., 
2011). 
 
Ética profesional del Trabajo Social y TIC 
Cada día en mayor medida, las competencias y capacidades en TIC son más necesarias entre los y 
las profesionales del Trabajo Social en el trabajo diario con la ciudadanía y en general en el desarrollo 
del quehacer profesional y con la sociedad, enfrentándose a todo tipo de decisiones éticas (Johnson, 
2006; Ranerup y Henriksen, 2020). De ahí la necesidad de poner especial énfasis en educar a los nuevos 
profesionales en el uso de tecnologías digitales que ayuden a promover una práctica competente y 
ética basada en los valores del Trabajo Social (Joiner, 2019). 
La necesidad de considerar la relación que podría existir entre ética profesional del Trabajo Social 
y TIC en tiempos de pandemia, viene motivada por los cambios tan brutales que estamos sufriendo en 
los últimos tres años, y la contradicción que se genera entre las creencias personales y las profesiona-
les, así como la escasez de normativa clara que regule unos protocolos de actuación (Baker et al., 
2018). Igualmente, es destacable, la creciente importancia y la atención a la ética y el derecho a la 
intimidad de la persona, en la última década tanto a nivel público como privado. El respeto a la persona 
en todos los aspectos y a sus derechos fundamentales, así como a la protección de sus datos personales 
en todas las vertientes y, en especial, en lo relativo a la sistematización y mecanización de los mismos 
con el uso de las tecnologías informáticas (Young et al., 2018). Sin embargo, se acepta generalmente 
en el campo de las TIC que hay mucho trabajo por hacer para mejorar la privacidad, la propiedad inte-
lectual de calidad, en el desarrollo de software, etc. La pregunta es, si los códigos de ética o códigos de 
conducta podrían ser una respuesta para hacer frente a esta creciente necesidad (Bergh y Deschool-
meester, 2010). Y en concreto, considerar si el Código Deontológico del Trabajo Social ayuda a sus 
profesionales a decidir cuál es la intervención éticamente correcta (Rodríguez, 2017; Verde-Diego y 
Cebolla-Bueno, 2017) qué es lo mejor y más adecuado en una situación dada, de acuerdo con los va-
lores socialmente aceptados (García, 2007) y con la situación en el momento y lugar, siendo la principal 
vía de intervención, establecer la garantía a la protección de datos personales de la ciudadanía, la con-
fidencialidad y la privacidad de las personas, en un entorno digitalizado y tecnológico, que ofrece múl-
tiples oportunidades para desarrollar los derechos humanos, pero siendo igualmente fundamental 
protegerlos y respetarlos en el entorno tecnológico (Caravaca, 2014). Abordando el debate sobre si las 
relaciones digitales alteran la capacidad de intervención de los profesionales del Trabajo Social (Re-
amer, 2015). 
En este contexto la ética profesional, no solo en el Trabajo Social, sino en todas las disciplinas so-
ciales, se desarrolla en el marco de una organización que establece reglas y procedimientos (Cubillos, 
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2014), y está formada por el comportamiento íntegro y voluntario de los profesionales, de una parte, 
y por los instrumentos de las políticas públicas, de otra (García, 2007). Siendo los y las profesionales 
los que necesitan vincular sus conocimientos de interacción práctica con los espacios creados en las 
redes sociales, manteniendo su compromiso con los valores éticos y la práctica reflexiva y crítica de la 
profesión (Boddy y Dominelli, 2017). 
En esta línea, y en el marco del compromiso y defensa de los valores y principios fundamentales de 
la profesión, la Federación Internacional del Trabajo Social (FITS), en su junta general, y la Asociación 
Internacional de Escuelas de Trabajo Social (AIETS), en la asamblea general, celebrada en Dublín (Ir-
landa), en julio de 2018, aprobaron la Declaración de principios éticos del Trabajo Social. Señalando 
como principios el respeto a la confidencialidad y la privacidad y el uso ético de la tecnología y las redes 
sociales, entre otros; estableciendo la necesidad de que, los trabajadores y trabajadoras sociales ad-
quieran las competencias y habilidades necesarias en el uso de la tecnología digital y de las redes so-
ciales, con el fin de protegerse y proteger a las personas usuarias de las amenazas y prácticas poco 
éticas derivadas de un mal uso de la tecnología. 
Actualmente, la adopción y empleo de las TIC son incuestionables en todo el mundo (Caravaca, 
2014; Marginson, 2009 y 2010; Olcott 2009, 2012; Olcott et al., 2015). Junto a estas transformaciones 
relativas a las tecnologías digitales, se produce un cambio acelerado que crea nuevos retos y oportu-
nidades (Olcott et al., 2015). 
 
Argumentando desde la ética del Trabajo Social 
En la exposición sobre el marco ético de la profesión comenzaremos atendiendo a la propia defini-
ción de ética. Podemos encontrar multitud de definiciones del término, en este caso seguiremos la 
aportada por Rhodes en 1986, quien define la ética como “la exploración sistemática de preguntas 
acerca de cómo debemos actuar en relación con los demás” (p.21). Por extensión, la sensibilidad ética 
hará referencia a la conciencia que tiene una organización o sistema de que sus acciones puedan afec-
tar al bienestar de los demás (Bebeau et al., 1985). Así pues, el concepto de ética implica determinar 
si las opciones tecnológicas afectan negativamente a otra persona, directa o indirectamente, desarro-
llar un plan de acción ideal, identificar los valores importantes asociados a cada situación y llevar a la 
práctica una solución o un plan de acción concreto que se seguirá y evaluará (Rest, 1982; Olcott et al., 
2015). 
La Federación Internacional del Trabajo Social, matiza que el Trabajo Social es una profesión basada 
en la práctica y una disciplina académica que promueve el cambio y el desarrollo social, la cohesión 
social y el fortalecimiento y la liberación de las personas. Así mismo incide en reconocer que los facto-
res históricos, socioeconómicos, culturales, geográficos, políticos y personales interconectados sirven 
como oportunidades y/o barreras para el bienestar y el desarrollo humano. En definitiva, hace hincapié 
en los valores que transmite el Trabajo Social y su capacidad de resiliencia en cualquier momento y 
lugar. Por tanto, y en la era de las tecnologías, estamos obligados a repensar sobre la condición hu-
mana, y a conocer las posibilidades de crecer y seguir evolucionando como seres creadores desde una 
nueva visión del mundo que viene marcada por una situación de pandemia que nos ha hecho replan-
tear la situación del Trabajo Social en particular y de la sociedad en general generando nuevas sinergias 
con las tecnologías que giran y mueven el mundo en la actualidad (García-Luna-Aceves y Madruga, 
1999; Minsky, 1995). 
En este momento de cambios, los principios éticos de la profesión establecidos en el Código Deon-
tológico de la profesión de Trabajo Social de nuestro país, discurren en la misma línea que los estable-
cidos por la Declaración Internacional de Principios Éticos desarrollados desde la Federación Interna-
cional de Trabajadores Sociales, aprobado por la Asamblea General de la Federación Internacional de 
Trabajadores Sociales y de la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social en Adelaida, Aus-
tralia, en octubre de 2004, que concretan como valor central el respeto a la persona en su dignidad y 
libertad y la autodeterminación y singularidad como principios inherentes al ejercicio profesional (Gar-
cía, 2007), asimismo recogidos en la Declaración de 2018. 
Por otra parte, la Carta de Derechos Humanos y Principios en Internet (2015: 5), manifiesta que 
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“todos los interesados enel entorno de internet, todo individuo y todo órgano de la sociedad actuará 
para promover el respeto a estos derechos y libertades, y por las medidas locales y globales, para 
asegurar su reconocimiento y aplicación universal”. Sin embargo, en la práctica profesional, los estados 
de saturación del sistema, principalmente en los últimos tres años, en los que se ha incrementado la 
demanda ante el aumento de situaciones problemáticas causadas por la crisis económica que llega 
derivada de la crisis sanitaria, y que además se ha tenido que hacer frente a una nueva metodología 
de trabajo, en la que se salvaguarde la integridad física y la salud, tanto del profesional como del ciu-
dadano. Adaptándose a una nueva práctica profesional y una nueva metodología, en la que no existía 
una normativa clara, ni unos protocolos que han ido surgiendo con base en las propias necesidades 
detectadas en cada lugar y momento y que han podido generar situaciones de aislamiento físico y 
social en ciertos sectores de la población. Así, todas las medidas de seguridad y libertad por las que se 
aboga en la Carta de Derechos Humanos y Principios en Internet (desarrollada por la Dynamic Coalition 
on Internet Rights and Principles), podrían quedar mitigados si su contenido refleja lagunas respecto a 
los derechos humanos y las normas internacionales, principalmente en lo que respecta a la protección 
de datos de carácter personal y el derecho a la intimidad de la persona. 
 
Dispositivo jurídico-normativo al servicio de la Protección de Datos Personales y Garantía de Dere-
chos Digitales 
Concretamente en España, aunque muchas personas nos seguimos refiriendo a la ley española de 
protección de datos como LOPD, en realidad el nombre correcto y completo según la normativa actual 
es Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de Derechos Digitales (LOPDGDD). 
Esta ley entró en vigor el 6 de diciembre de 2018, sustituyendo a la antigua Ley Orgánica 15/1999 
de Protección de Datos de Carácter Personal. El objetivo de la LOPDGDD es adaptar la legislación es-
pañola a la normativa europea, definida por el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), 
vigente desde el 25 de mayo de 2018, siendo esta la norma de referencia en España, para la protección 
de datos. Esta ley, publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) núm.294, de 6 de diciembre de 2018, 
establece los requisitos y obligaciones de las empresas y organizaciones, tanto públicas como privadas 
sobre cómo proceder con la información personal, así como los derechos que asisten a usuarios y con-
sumidores. 
La finalidad de la LOPDGDD es proteger la intimidad, privacidad e integridad del individuo, en cum-
plimiento con el artículo 18.4 de la Constitución Española. Del mismo modo, regula las obligaciones 
del individuo en todo proceso de transferencia de datos para garantizar la seguridad del intercambio. 
La ley considera como datos personales toda la información tanto en texto, como imagen o audio 
que pueda permitir la identificación de una persona. Existen datos que se consideran de poco riesgo, 
como el nombre o el correo electrónico, mientras que otros son considerados de riesgo más elevado, 
por ejemplo, datos sensibles relacionados con la religión o la salud personal. 
Otra de las principales finalidades de la LOPDGDD es establecer un marco legislativo para la protec-
ción de datos personales en Internet. En este sentido, incorpora puntos muy a tener en cuenta, como 
el derecho al olvido o a la portabilidad, además de cambios en la obtención del consentimiento para 
recoger y usar la información personal. 
La LOPDGDD, introduce bastantes cambios respecto a la anterior Ley de Protección de Datos de 
1999, modificando los requisitos para obtener la información, guardarla o compartirla, y estableciendo 
cambios en lo que se refiere al tratamiento de datos de usuarios en internet. 
 
Discusión y conclusiones en este trinomio 
Con este conjunto normativo en nuestro país y en la profesión del Trabajo Social, podemos decir 
que la libertad y la seguridad en internet están en consonancia con la protección contra todas las for-
mas de delincuencia. La ciudadanía estará protegida contra cualquier delito cometido en o a través de 
internet, incluido el acoso, el ciberacoso, la trata de personas, el uso indebido de datos o la identidad 
digital, igualmente toda persona tiene derecho a disfrutar de conexiones seguras y en internet, según 
establece la Ley de Protección de Datos Personales y Garantía de Derechos Digitales (2018). La ONU 
Antropología Experimental, 23. Texto 07 89 
declara el acceso a Internet como un derecho humano, y aboga por que todos los estados aseguren la 
libertad y la seguridad en Internet. 
Sin embargo, sabemos que esto no es así, existen multitud de brechas digitales, en diferentes en-
tornos y contextos, especialmente en colectivos vulnerables, y en especial en los que interviene el 
Trabajo Social. A pesar de ello, las personas usuarias aprueban y aceptan la relación con los profesio-
nales porque confían en la garantía de sus derechos en el proceso y en que no se vulnerará ningún 
principio ético, tal como establece el artículo 9 del Código Deontológico del Trabajo Social (CGTS, 2015, 
p.13) (Verde-Diego y Cebolla-Bueno, 2017) y ratificado por otros autores que afirman que la ciencia, la 
política y la ética son los tres componentes de la intervención desde las disciplinas sociales (Clemente, 
2000; Salcedo, 1998). 
Para la intervención social en este entorno es precisa una evolución en el enfoque conceptual y 
metodológico en la atención a las necesidades sociales y una renovación de las herramientas prácticas 
sobre la base del reciclaje y actualización constante (Caravaca, 2014). 
Como profesionales del Trabajo Social, en nuestra tarea cotidiana nos enfrentamos a contextos de 
desigualdad y problemáticas sociales complejas, actualmente incrementadas por una situación sanita-
ria sin precedentes a nivel mundial que ha desencadenado un vertiginoso auge en el uso de las TIC. 
Este hecho ha revolucionado, irremediablemente un incremento en la usabilidad de recursos tecnoló-
gicos a todos los niveles, y ello implica y hace necesaria la búsqueda de posibles y mejores alternativas 
de intervención, nuevos medios y herramientas que deben integrarse en la práctica habitual (Joiner, 
2019). Al mismo tiempo, debemos comprender el impacto de la tecnología en nuestra profesión y en 
el devenir de nuestro entorno. 
Los retos éticos a los que se enfrentan los profesionales del Trabajo Social en la actualidad incluyen; 
trazar la evolución global de las normas éticas en Trabajo Social, centrándose en los retos actuales que 
plantea la era digital; analizar los cambios a lo largo del tiempo en relación con la confidencialidad, el 
consentimiento informado, los límites profesionales, los conflictos de intereses, la documentación, la 
profesionalidad; ayudar a gestionar los retos éticos emergentes de este tiempo (Reamer, 2017). 
En la actividad profesional podemos decir que se consideran buenos profesionales quienes refle-
xionan sobre la finalidad de su profesión y se plantean llevarlo a cabo en su vida profesional y personal. 
Se puede ser buen profesional ejerciendo bien la propia práctica profesional. Así para ser buen traba-
jador o trabajadora social, hay que limitarse a los criterios que sirven de punto de referencia en la 
práctica de esta profesión y que indican la mejor forma para ello (Bermejo y De la Red, 1996). 
En este sentido, el informe del Grupo Europeo de Ética, matiza la importancia de la responsabilidad 
y la conciencia individual (Dratwa, 2014) y de esta manera conseguir que todas y todos los profesiona-
les estén provistos con las herramientas necesarias para llevar a cabo acciones que salvaguarden y 
garanticen la protección a la intimidad de las personas (Joiner, 2019; Olcott et al., 2015). 
En la disciplina y la práctica del Trabajo Social han sido temas de debate a lo largo de los años las 
obligacionesprofesionales y las intervenciones en situaciones de vulnerabilidad de la ciudadanía. En 
concreto en los últimos tiempos el debate se ha incrementado con la intensificación de los conflictos 
éticos que identifican la práctica profesional, teniendo que hacer frente a disyuntivas de orden público 
y privado, estructural e institucional, individual y colectivo. Todo ello ha supuesto que las cuestiones 
éticas ocupen un papel y un lugar destacable en el ejercicio profesional. 
La ética del Trabajo Social establece diálogos profesionales en torno al análisis sistemático y crítico 
de los valores que deben orientar la acción social y los modelos construidos a partir del contexto teó-
rico. En la práctica, los trabajadores y las trabajadoras sociales, así como otras disciplinas sociales se 
enfrentan a múltiples situaciones relacionadas con la toma de decisiones, muchas de ellas limitan con 
el campo de lo ético y suponen disyuntivas y grandes dilemas a los y las profesionales e incluso genera 
conflicto en el seno de los equipos multidisciplinares de intervención. 
El desarrollo del ejercicio profesional se ejecuta al amparo de políticas sociales diseñadas que valo-
ran, por una parte, el modelo de sociedad para la que trabajamos, y por otra el modelo de sociedad 
por la que luchamos. Como trabajadoras y trabajadores sociales, intentamos consensuar lo que pen-
samos, con lo que sentimos y cómo actuamos, sin embargo, todo esto nos genera profundos conflictos 
Antropología Experimental, 23. Texto 07 
 
90 
éticos y morales, ¿para qué?, ¿para quién?, ¿cómo?, ¿con quién?, ¿de qué manera? Todas estas cues-
tiones nos surgen cuando tenemos que intervenir aun teniendo unos principios éticos comunes y un 
código deontológico aprobado por la comunidad de expertos sociales. De hecho, en la práctica, existe 
un importante conflicto de valores en el Trabajo Social y entre sus profesionales. Se nos plantea la 
contradicción entre las creencias personales y culturales y los principios y valores de las administracio-
nes y organizaciones para las que trabajamos. Incrementado en este momento por una nueva revolu-
ción, la revolución tecnológica de lo digital y con ello la deshumanización de una profesión (García, 
2007). El profesional del Trabajo Social no puede ni debe convertirse en la mano ejecutora de la buro-
cracia, que en muchas ocasiones exigen las instituciones para las que se trabaja, ya que lo esencial son 
las personas y el desarrollo de la profesión debe centrarse en ello, no en la tramitación y gestión im-
puesta por el sistema. Los y las profesionales del Trabajo Social deben ser personas que cuestionen, 
que reflexionen, que luchen por la transformación y por los cambios, que actúen basándose en sus 
pensamientos y sentimientos sin el temor a que su postura sea cuestionada por la validez ética de sus 
intervenciones profesionales (García, 2007). La profesión del Trabajo Social debe estar impregnada de 
profesionales reflexivos y transformadores, donde el objetivo central sea lo social y el bienestar de la 
ciudadanía, primando el derecho al respecto y a la intimidad, aun en un entramado de redes digitales 
y de pandemia sanitaria y social. 
La ética del Trabajo Social y la moral de los y las profesionales deben ser sujeto y objeto de la pro-
fesión. Una profesión que crece y evoluciona a partir de estructuras que fueron diseñadas para este 
propósito, que se ve incrementado por la práctica diaria de la profesión. Sin embargo, ante las nuevas 
y emergentes necesidades de la ciudadanía se forjan nuevos compromisos y acciones sociales para los 
profesionales y para todos los agentes públicos y privados. 
En la práctica, el Trabajo Social no se restringe a la mera intervención con individuos, familias, gru-
pos y comunidades, sino que incluye el uso del conocimiento existente para desarrollar métodos prác-
ticos, mejores prácticas profesionales, desempeño del trabajo de acuerdo con estándares de calidad, 
capacidad de manejar conflictos y dilemas éticos, y la posibilidad de influir en las políticas sociales 
(Rodríguez, 2014). 
La profesión del Trabajo Social es una profesión viva, en continuo movimiento y cambio, que crece 
y avanza adaptándose y reinventándose con cada uno de esos cambios para continuar al servicio de lo 
social. Por ello debemos ser profesionales proactivos, con la certeza de que teoría y conocimiento 
continuo deben convertirse en la base de nuestra profesión, sin obviar, que, la sistematización de la 
práctica, convertida en reflexión, nos ayudará a avanzar, a proponer un diálogo abierto entre teoría y 
práctica sobre el sentido de la profesión (Rodríguez, 2014). Considerando el respeto a los derechos y 
el bienestar de todas las personas y apoyar la construcción de patrones culturales y comportamientos 
éticos, principalmente en situaciones de especial vulnerabilidad, tanto en la intervención directa, como 
en el trato a través de las redes y haciendo uso de recursos tecnológicos (Ranerup y Henriksen, 2020). 
Para ello es necesario abrir nuevos canales que favorezcan procesos de cambio y nuevas sinergias que 
lleguen a todas las personas. Tenemos la obligación de prevenir el aislamiento físico y social de las 
personas con el auge de las tecnologías y desarrollar estrategias para devolverlas o insertarlas en un 
mundo vital, significativo y funcional (Caravaca, 2014). 
Así mismo, es necesario adaptarse a los cambios, debemos formarnos con y para el cambio. Por 
tanto, es importante que el colectivo de profesionales, tanto presentes como futuros, estén en conti-
nuo aprendizaje (Baker et al., 2018; Joiner, 2019). En lo que respecta al conocimiento teórico y la prác-
tica profesional, se generan sinergias que promuevan el enriquecimiento de la intervención en sí, gra-
cias al binomio teoría-práctica profesional. Es fundamental la formación, el aprendizaje continuo y ac-
tualización en el aspecto ético de la profesión (Joiner, 2019). Su adecuación y adaptación a los nuevos 
tiempos, en los que la irrupción de las tecnologías y recursos digitales hacen necesaria una nueva for-
mación y reciclaje continuo. Por ello, sería conveniente trabajar en la cooperación y difusión de inves-
tigaciones, que faciliten y ayuden a los y las profesionales en el desarrollo de destrezas y capacidades 
de enriquecimiento y apoyo mutuo (Baker et al., 2018; Joiner, 2019; Young et al., 2018). 
En la intervención y el desarrollo profesional se generan relevantes dilemas para los y las 
Antropología Experimental, 23. Texto 07 91 
profesionales del Trabajo Social, diariamente nos enfrentamos a casuísticas en las que quedan claros 
los contenidos teóricos, sin embargo, difieren y generan lagunas en la praxis y profundos dilemas y se 
convierten en el eje de conflictos éticos frente a la ciudadanía. En esta línea, otro gran dilema al que 
nos enfrentamos es el de la confidencialidad y el respeto al derecho a la intimidad y la protección de 
datos de carácter personal, y que los y las profesionales del Trabajo Social se familiaricen con estos 
significativos avances, garantizando que su práctica refleje su ética profesional. 
 
Agradecimientos 
Las autoras de este trabajo desean expresar su agradecimiento a las personas y entidades que han contri-
buido a la realización de esta investigación. En primer lugar, agradecemos a nuestras colaboradoras, quienes nos 
han brindado su apoyo y experiencia en el desarrollo de este trabajo. Asimismo, queremos indicar que una ver-
sión preliminar de este trabajo se puede encontrar en el repositorio institucional de la Universidad de Jaén. 
 
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