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CUADERNILLO-AGROECOLOGIA

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ESCUELA AGROTÉCNICA 
“LIBERTADOR GENERAL SAN 
MARTÍN” - U.N.R. 
 
ESPACIO CURRICULAR: 
AGROECOLOGIA 
 
CURSOS: TERCER AÑO SEGUNDA 
DIVISIÓN 
 
DOCENTE: TAMARA YOCCO 
 
CICLO 2021 
 
ESCUELA AGROTÉCNICA “LIB. GRAL. SAN MARTÍN” – U.N.R. 
ESPACIO CURRICULAR: AGROECOLOGIA 
CURSO: TERCER AÑO SEGUNDA DIVISIÓN 
PROF. TAMARA YOCCO 
 
Te invito a recorrer el camino de la Agroecología y aprender durante este año de 
qué manera contribuimos con la mejora del ambiente en el que vivimos. 
En este cuadernillo vas a encontrar varios textos que vamos a ir trabajando a lo 
largo de las clases subsiguientes. 
Para comenzar te invitamos a leer los archivos en PDF, que llevan los siguientes 
nombres: 
 “Apunte editorial Manduca” 
 “Agroecología: un enfoque sustentable de la agricultura ecológica” 
 “Agroecología: única esperanza para la soberanía alimentaria y la 
resiliencia ecológica” 
 “Material libro de agroecología” 
 
Además te pido que vayas marcando las ideas que te parecen sean más 
importantes y que busques en el diccionario los conceptos que no conozcas. 
 
Todo este material (cuadernillo y apuntes en pdf), lo trabajaremos también en las 
clases presenciales. 
 
INTRODUCCIÓN A LA AGROECOLOGÍA 
EN HTTP://WWW.ECOLOGIAHOY.COM/AGROECOLOGIA - ADAPTACIÓN 
 
"La Agroecología es la aplicación de principios ecológicos a la producción de 
alimentos, combustibles, fibras y productos farmacéuticos. El término abarca una amplia 
gama de enfoques, y se considera “una ciencia y un modo de ver la vida” 
La AgroecologÍa es el estudio de una variedad de agroecosistemas; la 
Agroecología no está asociada con ningún método particular de agricultura, ya sea 
orgánica, convencional, intensiva o extensiva. Además, no se define por las prácticas 
de gestión como el uso de Agentes biológicos para el control de plagas, o el policultivo 
en lugar del monocultivo. 
Además, los agroecólogos no se oponen a la tecnología o insumos en la agricultura, 
sino que evalúan bien cómo, cuándo, y si la tecnología se puede utilizar en conjunto con 
los bienes naturales, sociales y humanos. 
La Agroecología propone una manera de ver las cosas y como tal, reconoce que 
no existe una fórmula universal o receta para el éxito y el máximo bienestar de un 
agroecosistema. 
Los agroecólogos toman en cuenta las cuatro propiedades del agro: 
 Productividad 
 Estabilidad 
 Sostenibilidad 
 Equidad 
A diferencia de las disciplinas que se ocupan sólo una o algunas de estas 
propiedades, los agroecólogos ven las cuatro propiedades como interconectadas 
y esenciales para el éxito de un agroecosistema. 
Los agroecologistas no siempre están de acuerdo acerca de lo que la 
Agroecología es o debería ser, a largo plazo. Diferentes definiciones del término 
Agroecología se pueden distinguir en gran medida por la especificidad con la que se 
define el término “Ecología”, así la Agroecología es definida como “el estudio de la 
relación de los cultivos agrícolas y el medio ambiente.” Y es de las que más se adecua 
en todos los enfoques a lo que es la Agroecología". 
 
 
 
 
 
ESCUELA AGROTÉCNICA “LIB. GRAL. SAN MARTÍN” – U.N.R. 
ESPACIO CURRICULAR: AGROECOLOGIA 
CURSO: TERCER AÑO SEGUNDA DIVISIÓN 
PROF. TAMARA YOCCO 
 
 
DOMINGO 29 DE MAYO DE 2016 
AGROECOLOGÍA: UNA OPCIÓN SUSTENTABLE PARA LA PRODUCCIÓN 
DE ALIMENTOS 
EL AGOTAMIENTO DEL MODELO AGRÍCOLA INDUSTRIAL Y NUEVAS 
DEMANDAS SOCIALES ABREN LA PUERTA A UN MODO DE PRODUCCIÓN 
ECOLÓGICO - JORGELINA HIBA / LA CAPITAL 
 
"La Agroecología, una forma de producción de alimentos que logra prescindir de 
los agroquímicos, se fortalece como una opción sustentable y rentable desde lo 
económico ante las fisuras que presenta la agricultura industrial, jaqueada por una 
estructura de costos cada vez más elevada, alta dependencia de herbicidas y presiones 
sociales más intensas por la deuda humana y ambiental que provoca en su versión 
pampeana. 
El uso desmedido de agroquímicos y el monocultivo de soja transgénica se 
traducen en suelos empobrecidos, poblaciones afectadas por las fumigaciones y 
pérdida de la soberanía alimentaria en vastas regiones del país, algo sobre lo cual 
alertan agrónomos, médicos, biólogos y hasta el Papa Francisco, a través de su 
encíclica LaudatoSi.   
"Es un mito que la agricultura dominante es rentable porque se utilizan cada vez 
más agrotóxicos, lo que implica mayores costos, y las semillas son cada vez más caras. 
Es una agricultura descartable en la que siempre hay que comprar cosas nuevas, al 
margen que no se internalizan los impactos negativos sobre la salud que también 
terminan pagando la sociedad y el Estado", explicó Franco Segesso, coordinador de 
agricultura y alimentos de Greenpeace durante el encuentro Agroecología: solución a 
20 años de los transgénicos.   
La jornada estuvo a cargo de un conglomerado de organizaciones (Paren de 
fumigarnos, Cepronat, El Paraná No se Toca, la cátedra de salud socioambiental de 
Medicina de la UNR, entre otras) que además de discutir el modelo agrícola avanzaron 
con una petición concreta al gobierno santafesino: por un lado, piden que no se apruebe 
la llamada "ley Bertero" sobre aplicaciones de agroquímicos y por el otro exigen que se 
trate el proyecto de ley de Agroecología presentado por el entonces diputado José 
Tessa en mayo de 2015 que descansa cómodamente en la comisión de agricultura.   
"Precisamos que se debata para que exista un marco regulatorio para la 
Agroecología en la provincia", dijo Eduardo Spiaggi, investigador y docente, quien afirmó 
que es hora de entender que esta opción "no es para los chiquititos y los pobres, y no 
es acción social" sino que es "trabajo, producción y generación de dinero" en términos 
sustentables.   
Un infierno encantador 
Con dos décadas de organismos genéticamente modificados crece el debate 
sobre la sustentabilidad del modelo productivo pampeano. 
En 1996, el entonces secretario de Agricultura de Carlos Menem, Felipe Solá, 
autorizó la introducción de la soja genéticamente modificada abriendo la puerta al 
modelo productivo imperante que se apoya en esa tecnología, la siembra directa y el 
uso intensivo de agroquímicos. El paquete se impuso con enorme rapidez porque la 
receta técnica funcionó —y como argumentó Spiaggi— "mucha gente ganó plata de 
forma cómoda sin ni siquiera estar en el campo".   
Sobre eso se construyó un poderoso lobby de empresas químicas, como 
demuestra el hecho de que sólo durante la campaña 14/15 se movilizaran alrededor de 
1.200 millones de dólares por ventas de glifosato en Argentina, según consignó Spiaggi. 
  
Santa Fe en general, y Rosario en particular, ocupan un lugar central en esta 
historia. La provincia, donde la soja desplazó a otros cultivos y a la ganadería como 
paisaje productivo, es junto con Buenos Aires y Córdoba uno de los territorios que más 
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utiliza agroquímicos en el país. Rosario y su zona extendida de puertos hacia el norte 
y hacia el sur es el corazón comercial del modelo, ya que desde las terminales que se 
recuestan sobre el Paraná se exporta casi el 70% de la producción granaria argentina. 
  
Según Segesso, 20 años después hay "demasiado fracasos reiterados", lo que 
habilita a visibilizar la Agroecología como "la   única solución para un sistema 
alimentario que sea sano y estable". 
Spiaggi coincidió con el diagnóstico y destacó dos elementos centrales: cuando 
se autorizaron los transgénicos, los argumentos fueron que era una tecnología que iba 
a terminar con el hambre en el mundo, y que además disminuiría el uso de agrotóxicos. 
"Está clarísimo que no fue así y por eso queremos discutir el modelo dominante y otro 
agroecológico, que no sólo es rentable sino que además genera trabajo".   
Otro paradigma 
En los últimos años el modelo agropecuario pampeano mostró muchas grietas 
desde lo social, lo ambiental y loeconómico. La bala de plata que en su momento fue 
el glifosato ya no brilla como antes, lo que obliga a los productores a incrementar la 
inversión en agroquímicos. 
Los sistemas agroecológicos eran una opción hasta el desembarco de la siembra 
directa, cuando el combo de herbicidas e insecticidas generó desequilibrios que se 
intentan solucionar con más químicos.   
"La Agroecología siempre tuvo herramientas y principios ecológicos para buscar 
nuevos equilibrios. Trabajo hace 25 años asesorando y esa experiencia demuestra que 
se pueden tener rendimientos iguales o mejores, con un costo mucho más bajo", aclaró 
Eduardo Cerdá, vicepresidente de graduados de agronomía de La Plata.   
Según Cerdá se trata de una opción de gran interés para el productor ya que los 
costos se han elevado muchísimo. "Un emprendimiento agroecológico tiene un costo 
que es un tercio de los industriales", señaló. 
¿Por qué entonces cuesta imponer la idea? Una de las razones es la formación 
de los ingenieros agrónomos, durante décadas formateados en otro paradigma. "No 
fuimos formados en Agroecología, recién ahora la facultad de La Plata tiene una 
cátedra", dijo Cerdá, quien agregó que las investigaciones de las últimas décadas fueron 
todas "para el otro modelo".   
Spiaggi, quien participa como asesor del Proyecto Agroecológico Casilda (Paca), 
ensayó una autocrítica al decir que también corresponde a los agroecólogos demostrar 
que otra forma de producir es posible.   
"Nuestro desafío es crecer porque nuestros grupos están acostumbrados a estar 
en los márgenes, y a veces eso te automargina. Hay que dar el salto y ser capaces de 
competir con calidad", dijo, para agregar que lo mejor es mostrar con el ejemplo e insistir 
para que crezca el consumo de esos productos.   
El especialista destacó la experiencia local del mercado popular que funciona en 
La Toma, donde se hace venta directa del productor con una clara mejora en los precios 
finales que paga el consumidor.  También existen en Rosario otras alternativas como 
Las Tres Ecologías y el Mercado Solidario, espacios que crecen como otra opción de 
consumo.   
Naturaleza Viva 
Una y otra vez, quienes disertaron en la jornada volvieron sobre la experiencia 
de la granja Naturaleza Viva, que funciona en Guadalupe Norte, cerca de la ciudad de 
Reconquista, como "el faro que muestra el camino". 
Remo Venica es uno de los que iniciaron el proyecto Naturaleza Viva hace ya 29 
años. Hoy la granja tiene 100 hectáreas propias y 110 alquiladas a largo plazo "para 
reconvertir los suelos muertos en suelos productivos", produce 12 mil kilos de alimentos 
por mes y emplea a 15 familias.   
Produce más de 80 productos diferentes derivados del trabajo en el tambo como 
quesos, dulce de leche, manteca, y yogur; frutas de todo tipo con las que elaboran 
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dulces, mermelada y jugos; también trigo, girasol, lino y soja con las que elaboran 
aceites y harina integrales; así como una variedad enorme de alimentos hortícolas.   
"Producimos todo lo necesario para una alimentación racional y eficiente para 
alimentarse y tener salud gracias a la Agroecología", explicó su fundador, quien defiende 
esa opción no sólo como saludable, sino también como rentable.   
"La Agroecología es muy rentable y decir lo contrario es un verso, como cuando 
decían que la revolución verde solucionaba el hambre en el mundo, algo que la propia 
FAO ya desmintió", concluyó.   
Semillas 
Hace 20 años que se autorizó el cultivo con semillas genéticamente modificadas 
en Argentina. 210 hectáreas tiene la granja agroecológica de Guadalupe Norte 
Naturaleza Viva, la más grande del país". 
 
 
LA AGRICULTURA CONVENCIONAL EN LA REGIÓN PAMPEANA Y EL 
RESTO DE LAS REGIONES DEL PAÍS. DE LA EVOLUCIÓN DEL MODELO AGRO-
PASTORIL A LA "REVOLUCIÓN VERDE" EN LAS PAMPAS, LA AGRICULTURA 
PERMANENTE Y 
LA "PAMPEANIZACIÓN" DEL MODELO DE PRODUCCIÓN HEGEMÓNICO 
EN EL PAÍS 
EN HTTP://WWW.UBA.AR/ - ADAPTACIÓN 
 
“La región pampeana, como otras llanuras del mundo frecuentemente cubiertas 
por pastizales, fue transformada para la producción de cultivos anuales. Dicha 
transformación tiene su inicio hacia 1580, cuando empezó el reparto de solares y 
chacras desde los puertos coloniales. El cambio fue frontal y lento hasta el final del siglo 
XIX, para luego expandirse exponencialmente a partir de los adelantos tecnológicos del 
siglo XX y del éxito agrícola y comercial del cultivo de trigo. 
El comercio internacional y las vías de comunicación permitieron la 
intensificación del uso agrícola de la tierra que, en líneas generales, se diseminó desde 
Santa Fe al resto de la llanura pampeana (excepto en los suelos inundables de la pampa 
deprimida) hasta detenerse en el oeste de la pampa plana, donde la lluvia se vuelve 
insuficiente. 
Durante la expansión agrícola la región presentaba monocultivos de trigo y áreas 
donde los agricultores practicaban rotaciones culturales que podían incluir la alfalfa y 
varios cultivos anuales, como el maíz, el lino y el girasol. Si bien estos cultivos anuales 
tuvieron cierto apogeo, no alcanzaron a desplazar al trigo. Así, durante la primera mitad 
del siglo XX, la pampa húmeda quedó definitivamente estructurada como un paisaje 
cultural, con una parte agrícola montada en una trama de pastizales, más una red 
urbana y de transportes, aunque ello no se aplicaba a la pampa deprimida (la cuenca 
del río Salado), algunos suelos de la pampa ondulada y las áreas occidentales no 
agrícolas. 
Los cambios tecnológicos y económicos surgidos durante la Segunda Guerra 
Mundial llevaron a que en una proporción significativa del área pampeana, la 
sexagenaria monocultura del trigo fuera rápidamente reemplazada por la del maíz. 
El éxito tecnológico, social y económico de la transformación de las tierras de 
pastizales a suelos arados para la siembra de gramíneas anuales de invierno (trigo) y 
estivales (maíz) generó un impacto ecológico mayúsculo alterando la flora, la fauna y el 
funcionamiento de los ecosistemas de toda la región. A la acción de los fuegos se le 
sumó la del arado de reja y vertedera desarticulando las comunidades a través de la 
migración y las extinciones locales. El paisaje original, caracterizado como un océano 
de pastos sin límite, pronto se transformó en un mosaico octogonal con pulsos 
productivos determinados por la siembra y con el horizonte interrumpido por manchones 
de cercos y de árboles. 
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Los animales silvestres y muchas de las especies perennes del pastizal original 
se ubicaron, principalmente, en refugios constituidos por lugares menos perturbados, 
como los bordes de los caminos o vías férreas, bosquecillos plantados y áreas no 
agrícolas. Las especies anuales comenzaron a ser dominantes en la cobertura vegetal 
de la región y frecuentemente pasaron a ser malezas en competencia con la producción 
agrícola. 
Las invasiones biológicas se desplegaron por toda la región incluyendo una 
amplia diversidad de especies y de taxones vegetales (herbáceos y leñosos) y animales 
(anélidos, aves, artrópodos, moluscos y mamíferos). 
A partir de 1970, se generalizó la percepción de que intensificar las actividades 
agrícolas generaba problemas por la propagación de malezas gramíneas perennes, 
como el sorgo de Alepo y el gramón, y de erosión del suelo. 
En respuesta a esto, se trazaron planes nacionales y regionales de control de 
malezas y de erosión, que incluyeron cambiar los sistemas de labranza y reponer, 
mediante la fertilización, los nutrientes extraídos del suelo por los cultivos. 
En este contexto, a partir de 1975 irrumpió el cultivo de soja que, no obstante 
haber empezado en Misiones, tuvo una expansión espectacular hacia el restodel país. 
La soja es una leguminosa que utiliza nitrógeno de la atmósfera por su 
asociación simbiótica con bacterias fijadoras. Esta característica le permitió expandirse 
rápidamente en los suelos con larga historia agrícola, donde la pérdida de fertilidad del 
suelo por la extracción de nutrientes y la erosión resultantes de las monoculturas 
anuales impedía la obtención de buenos rendimientos, frecuentemente por la falta de 
provisión de nitrógeno. Además, por su ciclo relativamente corto, permitió la inclusión 
de tres cultivos cada dos años cuando se hacia el sistema de relevo trigo-soja. El éxito 
de este sistema desplazó al maíz y llevó a aumentar la intensidad de laboreo, 
incrementar el uso de plaguicidas y a hacer labores inmediatamente luego de la 
cosecha, eliminando el fuego y el pastoreo como formas de manejar los residuos de 
cosecha, introducir nuevas variedades de soja y trigo, modificar la maquinaria agrícola, 
especialmente las cosechadoras, y alterar los tiempos en que el suelo está cubierto de 
vegetación. 
Así se llegó el sistema de la siembra directa, basado en aplicar, después de la 
cosecha y antes de la siembra de los cultivos, el potente herbicida glifosato para eliminar 
las malezas, al punto de hacer innecesaria la labranza del suelo. Por ejemplo, cuando 
se practica la siembra del cultivo de trigo seguido de soja (sistema trigo-soja de 
segunda) se logran tres cosechas cada dos años y se hacen, en ese período, seis 
aplicaciones de glifosato. 
En el sistema pampeano la difusión de la siembra directa o labranza cero se 
produjo en forma simultánea con la de la soja, y su práctica fue rápidamente adoptada 
por un número significativo de los productores. En 1975 había unas 5000 hectáreas 
trabajadas con este sistema de siembra: en la actualidad hay más de 10 millones, 
aproximadamente el 50-60% del área sembrada con cultivos anuales. 
Además de esta transformación técnica, se produjo un cambio en la empresa 
agrícola. Entre mediados de las décadas de 1950 y de 1970, los productores eran, 
esencialmente, los propietarios de la tierra. Hoy son mayormente empresas que reúnen 
capital para cultivar grandes extensiones y firman con éstos contratos de uso temporario 
de los campos. Tal innovación reduce, por un lado, la heterogeneidad de los sistemas 
productivos y, por otro, permite economías de escala y el empleo de tecnologías de 
última generación, no accesibles a las empresas relativamente más pequeñas de los 
terratenientes. 
Sobre finales del siglo XX llegó la ingeniería genética, que permite alterar el 
genoma de plantas y animales para proporcionarles atributos deseados. Se crearon de 
este modo los organismos genéticamente modificados (OGM), de los que son ejemplos 
la soja transgénica resistente al glifosato y otros cultivos resistentes al ataque de hongos 
o insectos. 
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En la Argentina, los OGM fueron rápidamente adoptados por los productores. En 
1991 se autorizó el primer ensayo con soja resistente al glifosato, con la que se 
sembraron 400m2. Seis años más tarde, la soja transgénica cubría el 20% del área 
cultivada del país. En la actualidad, ocupa casi la totalidad de la superficie sembrada 
con soja, que supera los 11 millones de hectáreas con rendimientos por ha de casi el 
doble de los registrados en la década del '70. 
Estos cambios fueron favorecidos por las excelentes condiciones del mercado 
internacional de la soja y afianzaron la tendencia de practicar el monocultivo, lo que 
acrecentó las preocupaciones acerca del efecto ambiental de súbitas incorporaciones 
tecnológicas. Además de soja genéticamente modificada, existe maíz de esas 
características, resistente a insectos barrenadores del tallo. 
El éxito tecnológico, social y económico provocó distintos procesos de cambio 
de los ecosistemas rurales, algunos más veloces que otros, que dieron por resultado un 
mosaico de usos agropecuarios. Tanto en las épocas tempranas de la expansión 
agrícola como en las que le siguieron, el éxito produjo el asentamiento regional de trigo 
primero, luego de maíz, y recientemente de soja. 
Este éxito produjo a su vez problemas en los contextos agronómico, ecológico y 
ambiental. Las gramíneas provocaron cambios que llevaron a reducir la fertilidad de los 
suelos y el establecimiento de plagas, malezas y enfermedades. En el caso de la 
expansión y del establecimiento de la última monocultura que incluyó a la soja –y que 
en la actualidad es transgénica implantada mediante el sistema de la siembra directa–, 
los problemas agronómicos y ambientales aún están en pleno desarrollo y, en términos 
generales, no son distintos de los resultantes de las monoculturas anteriores. 
Cuando en un predio se realiza el mismo cultivo durante muchos años, se 
producen cambios ambientales que pueden afectar los rendimientos. En algunos suelos, 
por ejemplo, se pueden acumular residuos orgánicos que contengan sustancias 
inhibidoras del crecimiento de las plantas. En otros, las cosechas sucesivas del mismo 
cultivo pueden producir pérdida de nutrientes, acumulación de organismos patógenos y 
multiplicación de malezas de características similares al cultivo que, por lo tanto, 
resultan difíciles de combatir selectivamente. 
En la región pampeana, estos procesos han sido documentados para distintos 
cultivos, incluyendo la soja. Por este motivo, sembrar una gramínea anual como trigo o 
maíz en predios dedicados, por períodos más o menos prolongados, al monocultivo de 
soja, frecuentemente redunda en aumentos en el rendimiento o la calidad de los 
siguientes cultivos de soja. 
Los disturbios del suelo por las labores pueden afectar sus características físicas, 
químicas y biológicas. No existen evidencias de que la soja transgénica, por sí misma, 
aumente la erosión del suelo. En cambio, el doble cultivo de trigo y soja, con laboreo del 
suelo usando arado de reja y vertedera, según la evidencia recogida, produjo un 
aumento significativo de la erosión de los suelos pampeanos, y no menos significativas 
pérdidas de materia orgánica que, de acuerdo con algunos estudios, ascendieron a 
magnitudes cercanas a un centímetro de suelo por año. En la actualidad, la siembra 
directa sin laboreo del suelo hizo descender la erosión a valores más bajos que en 
cualquier otro momento de la historia agrícola regional. 
Los efectos de un cultivo sobre el siguiente se manifiestan con mayor intensidad 
cuando no se remueve el suelo, porque el rastrojo del primero queda en la superficie del 
suelo y las raíces de las plantas permanecen allí donde crecieron. En ocasiones, quedan 
sustancias tóxicas entre los residuos de cosecha, que pueden afectar el crecimiento del 
nuevo cultivo, cosa que tiene menos importancia en el caso de la soja, porque su rastrojo 
se descompone pronto por su alto contenido de nitrógeno. 
En lugares como Australia, donde la siembra directa está generalizada aun para 
monocultivos de girasol, avena o centeno, es necesaria alguna operación de labranza 
que interrumpa las series de años de siembra directa, para acelerar la descomposición 
de los residuos. 
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Otro punto a señalar es que la agricultura convencional practicada en la región 
pampeana ha estado acompañada por un uso intensivo y creciente de pesticidas. Esto 
podría tener un efecto directo sobre los agroecosistemas por la reducción y abundancia 
de los organismos a los que no está destinado el control, la contaminación de las napas 
de agua, y los efectos de toxicidad para los humanos. 
En las lagunas de la pampa interior hay acumulación del herbicida atrazina, 
debido a su uso en el cultivo de maíz. El monocultivo de soja con siembra directa redujo 
tal contaminación de cuerpos de agua. A pesar de quela cantidad de productos 
químicos aplicados a la soja implantada por siembra directa aumentó en algunos rubros, 
como los insecticidas, la contaminación producida no parece significativa. 
Por su parte, en la Argentina se aplican dosis relativamente bajas de fertilizantes, 
por lo cual, dadas las características ecológicas de la región pampeana, no se advirtió 
hasta el momento que la fertilización haya creado problemas graves de contaminación, 
salvo en las áreas hortícolas. 
El uso continuado de esos productos tiene el riesgo de que las malezas y los 
insectos que tienen el propósito de controlar adquieran resistencia por selección natural. 
Si esto ocurriera, la producción de toda la región, concentrada en pocos cultivos, podría 
quedar comprometida. 
Algo de este tipo ocurrió hace algunas décadas con el trigo, cultivo en el que se 
aplicaba el herbicida 2,4D y un insecticida fosforado. En ese momento, sin embargo, 
imperaba un sistema de producción mixto, con rotaciones de cultivos anuales y pasturas 
permanentes para alimentar ganado. 
Otro riesgo reside en que el efecto de las adversidades climáticas suele ser 
menor cuando se tiene más de un cultivo. Así, en la pampa interior, los años malos para 
el girasol suelen ser buenos para el maíz. Estos argumentos llevarían a concluir que el 
sistema agrícola actual es más vulnerable que el del pasado, pero su capacidad de 
encontrar nuevas soluciones tecnológicas es también significativamente mayor. Por 
ejemplo, el desarrollo de nuevas variedades de cultivo, ya sea por los caminos 
tradicionales o mediante ingeniería genética, es más rápido, lo que permite reaccionar 
con poca demora ante problemas derivados de cambios ecológicos. 
En síntesis, el éxito económico-social de las nuevas tecnologías generalmente 
crea una expansión epidémica con consecuencias trágicas que resultan en 
transformaciones donde la homogenización y los efectos masivos de acumulación y 
dominio se hacen evidentes”. 
 
 
LA "REVOLUCIÓN BIOTECNOLÓGICA" DE LOS 90; CARACTERÍSTICAS Y 
CONSECUENCIAS; PRINCIPALES ACTORES Y EL ROL DEL ESTADO. 
IMPACTOS EN EL TERRITORIO, EN EL AMBIENTE Y EN LA SOCIEDAD. 
LA SITUACIÓN DEL SUR DE LA PROVINCIA DE SANTA FE. 
 
Revolución Verde 
"Se conoce como la Revolución Verde a la mejora de la productividad de la 
agricultura registrada en las últimas décadas (particularmente a partir de los años 60) 
como resultado de la aplicación del progreso tecnológico a las producciones 
agropecuarias, acompañada de mejoras en las modalidades de gestión, y también en la 
incorporación de nuevas tierras a la producción. Son particularmente significativas las 
mejoras en la productividad de las variedades de alto rendimiento (VAR) en cereales 
básicos (trigo y arroz), como también la intensidad del fenómeno en Asia y, en particular, 
en la India y China. 
La mejora de la productividad en agricultura a nivel global es imprescindible para 
asegurar el objetivo de la seguridad alimentaria mundial y poder atender las 
necesidades crecientes de alimentos en todo el mundo. La presión del crecimiento 
demográfico acentúa en muchas zonas la urgencia de incrementar los rendimientos 
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productivos. Es tan necesario dotar de una mayor fiabilidad a la agricultura de 
subsistencia como también es necesario dotar de alternativas alimentarias a la 
población que se ha integrado en economías no rurales. La producción alimentaria debe 
satisfacer también estas necesidades. 
A la mejora del progreso tecnológico se añade hoy en día un notable crecimiento de las 
estructuras comerciales que suministran inputs a la agricultura, así como de las 
infraestructuras que permiten el acceso de la tecnología a un número mayor de 
agricultores. Con todo, las solucionas tecnológicas son un elemento necesario pero no 
suficiente para reducir la inseguridad alimentaria. Se debe tener en cuenta además los 
efectos y los riesgos ambientales que conlleva la intensificación de los inputs y la 
posibilidad de incorporar tierras marginales o fácilmente degradables a esta estrategia. 
La mayor tensión productiva conlleva un notable esfuerzo de transferencia y 
capacitación tecnológica de las agricultoras y de su entorno, así como una clara ayuda 
institucional hacía esta orientación. Normalmente la mejora de la seguridad alimentaria 
sigue a una estructura política interesada en la agricultura y en la gestión de los 
incentivos productivos, como la creación de infraestructuras, la mejora de la formación 
de los agricultores o los propios incentivos económicos. Las cuestiones de solidaridad 
interterritoriales y intergeneracionales adquieren así una dimensión central. Hacer 
crecer el potencial productivo requiere la participación activa de todos los sectores 
sociales y particularmente la de aquéllos que concentran a más potencial innovador 
como los jóvenes y las mujeres. 
Puede ser que los principales beneficiarios de la revolución verde hayan sido por una 
parte los consumidores para los que la alimentación representa una parte cada vez 
menor de su renta disponible y por otro las empresas que han explorado la diferencia 
de costes entre los países en desarrollo y desarrollados, quedando para los agricultores 
un escaso reconocimiento a su esfuerzo y evolución. Por el contrario, la intensificación 
sostenible en zonas más fértiles no sólo no ayudará a mitigar la situación de los 
agricultores más pobres sino que contribuirá a contener los precios de los alimentos en 
beneficio de los sectores pobres y hambrientos de la población urbana y también de la 
rural, y particularmente de la población rural que no puede intensificar ni orientar sus 
producciones en el mercado, de forma que también puedan ser beneficiarios de la 
extraordinaria transformación que comporta la mejora de la productividad". 
(En http://portalsostenibilidad.upc.edu) 
 
La Revolución Biotecnológica 
En http://www.fao.org/ - Adaptación 
"La Revolución Biotecnológica, por el contrario, está siendo impulsada en gran 
medida por el sector privado. La investigación pública ha contribuido a establecer los 
principios científicos básicos en que se basa la biotecnología agrícola, pero la mayor 
parte de las investigaciones aplicadas y casi todo el aprovechamiento comercial han 
estado a cargo del sector privado. Tres fuerzas relacionadas entre sí están 
transformando el modo de suministrar a los agricultores de todo el mundo tecnologías 
agrícolas mejoradas. La primera es el reforzamiento del marco para proteger la 
propiedad intelectual de las innovaciones en las plantas. La segunda es el rápido ritmo 
de los descubrimientos y la creciente importancia de la biología molecular y la ingeniería 
genética. Por último, la apertura cada vez mayor del comercio de insumos y productos 
agrícolas en casi todos los países está ampliando el mercado potencial tanto para las 
tecnologías nuevas como para las más antiguas. Estas circunstancias han creado 
incentivos nuevos y eficaces para la investigación privada y están alterando la estructura 
de las actividades de investigación agrícola pública y privada. A medida que crece la 
importancia del sector privado transnacional, aumentan también los costos de 
transacción con que se enfrentan los países en desarrollo para tener acceso a las 
tecnologías y poder utilizarlas. Las redes públicas internacionales para intercambiar 
tecnologías entre países y obtener así los máximos beneficios indirectos están cada vez 
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más amenazadas. Se necesita con urgencia un sistema de circulación de tecnologías 
que preserve los incentivos para la innovación en el sector privado al tiempo que 
satisfaga las necesidades de los agricultores pobres en el mundo en desarrollo. 
En los decenios de 1960, 1970 y1980, la inversión del sector privado en 
investigaciones fitogenéticas fue limitada, especialmente en el mundo en desarrollo, 
debido a la falta de mecanismos eficaces para proteger los derechos de propiedad sobre 
los productos mejorada. Esta situación cambió en el decenio de 1990 con la aparición 
de híbridos para cultivos como el maíz. La viabilidad económica de los híbridos dio 
origen a una industria de las semillas en el mundo en desarrollo, iniciada por empresas 
transnacionales de países desarrollados y seguida de la creación de empresas 
nacionales. A pesar del rápido crecimiento de la industria de las semillas en los países 
en desarrollo, hasta ahora su actividad ha sido limitada y muchos mercados han 
quedado desatendidos. 
Los incentivos para la investigación agrícola privada aumentaron aún más 
cuando los Estados Unidos y otros países industrializados permitieron patentar genes 
construidos por medios artificiales y plantas modificadas genéticamente. Esta protección 
nacional se reforzó gracias al Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad 
Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), establecido en 1995 por la 
Organización Mundial del Comercio (OMC), que obliga a los miembros de ésta a otorgar 
protección a las invenciones biotecnológicas (ya se trate de productos o procedimientos) 
mediante patentes y a las obtenciones vegetales mediante patentes o mediante un 
sistema sui generis. Estas formas de protección de la propiedad ofrecieron al sector 
privado los incentivos necesarios para participar en la investigación sobre biotecnología 
agrícola. 
Las grandes empresas agroquímicas transnacionales fueron las primeras en 
invertir en la obtención de cultivos transgénicos, aunque gran parte de la investigación 
científica en que se basaron había sido realizada por el sector público y puesta a 
disposición de las empresas privadas mediante licencias exclusivas. Una de las razones 
por las que las empresas agroquímicas se interesaron por las actividades de 
investigación y desarrollo de cultivos transgénicos fue que preveían el declive del 
mercado de plaguicidas y estaban buscando nuevos productos. 
Las empresas químicas comenzaron rápidamente a desarrollar sus actividades 
comerciales en el sector de la fitogenética comprando empresas de semillas ya 
existentes, primero en países industrializados y seguidamente en países en desarrollo. 
Esas fusiones entre empresas nacionales de semillas y empresas multinacionales eran 
convenientes desde el punto de vista económico porque unas y otras estaban 
especializadas en aspectos diferentes del proceso de obtención y distribución de 
variedades de semillas. Se trata de un proceso continuo que empieza con la adquisición 
de conocimientos sobre los genes útiles (genómica) y la obtención de plantas 
transgénicas y continúa hasta llegar al proceso más adaptado a las condiciones locales 
de incorporación de los transgenes a líneas comerciales y distribución de las semillas a 
los agricultores. Los productos de las actividades iniciales son aplicables a cultivos y 
entornos agroecológicos de todo el mundo. Por el contrario, los cultivos y variedades 
modificados genéticamente suelen ser aplicables a nichos agroecológicos específicos. 
Dicho de otro modo, los beneficios indirectos y las economías de escala disminuyen a 
medida que se llega al final del proceso continuo más adaptado a las condiciones 
locales. Análogamente, los costos y la complejidad de la investigación disminuyen 
conforme se avanza hacia las actividades finales. Así pues, ha surgido una clara división 
de tareas en la obtención y distribución de los productos obtenidos por medios 
biotecnológicos, mediante la cual la empresa transnacional se encarga de la 
investigación inicial sobre biotecnología y la empresa nacional de las variedades de 
cultivos con características agronómicas comercialmente deseables... 
No están tan claras las posibilidades que tienen los sistemas públicos de 
investigación de beneficiarse de la labor desarrollada por las empresas mundiales. Los 
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programas de investigación del sector público se establecen por lo general de manera 
que se ajusten a las fronteras políticas estatales o nacionales, y hasta ahora la 
transferencia directa de tecnologías entre países ha sido limitada. El estricto respecto 
de los límites territoriales reduce considerablemente los beneficios indirectos de las 
innovaciones tecnológicas entre zonas agroclimáticas similares. 
En 2003 se producían cultivos transgénicos con fines comerciales en un total de 
67,7 millones de hectáreas en 18 países, lo que representa un aumento con respecto a 
los 2,8 millones de hectáreas cultivadas en 1996 (Figura 4). Esta tasa de difusión global 
de la biotecnología resulta impresionante, pero su distribución ha sido muy desigual. 
Seis países, cuatro cultivos y dos características representan el 99 por ciento de la 
producción mundial de cultivos transgénicos. 
Casi dos tercios de los cultivos transgénicos que se producen en el mundo se 
encuentran en los Estados Unidos. Aunque la superficie plantada de cultivos 
transgénicos en este país sigue creciendo, su proporción de la superficie mundial ha 
disminuido rápidamente, al haber incrementado Argentina, Brasil, Canadá, China y 
Sudáfrica sus plantaciones. Los otros 12 países donde se producían cultivos 
transgénicos en 2003 representaban conjuntamente menos del 1 por ciento del total 
mundial. 
Los cultivos transgénicos más difundidos son la soja, el maíz, el algodón y la 
nabina (o semilla del Nabo). Las características más comunes son la tolerancia a 
herbicidas y la resistencia a insectos. La soja y la nabina tolerantes a herbicidas ocupan 
actualmente el 55 por ciento y el 16 por ciento, respectivamente, de la superficie mundial 
plantada de esos productos. Las variedades transgénicas de algodón y maíz 
actualmente cultivadas con fines comerciales incluyen características de resistencia a 
insectos y tolerancia a herbicidas, o una combinación de ambas, y representan el 21 y 
el 11 por ciento, respectivamente, de la superficie total destinada a estos cultivos. 
También se cultivan con fines comerciales pequeñas cantidades de papayas y 
calabazas transgénicas resistentes a virus. En la actualidad no se producen 
comercialmente en ningún lugar del mundo variedades transgénicas de trigo o arroz, 
que son los principales cereales alimentarios". 
 
 
 
PIDE PISTA EN SANTA FE UNA PRÁCTICA AGRÍCOLA QUE PROPONE 
"VOLVER A LAS FUENTES" 
YA HAY 100 PRODUCTORES QUE LA UTILIZAN EN LOS PERIURBANOS 
DE SANTA FE Y ROSARIO. VENTAJAS Y CLAVES PARA ENTENDER SU 
FUNCIONAMIENTO. 
(EN HTTPS://NEWS.AGROFY.COM.AR/NOTICIA/177885/PIDE-PISTA-
SANTA-FE-PRACTICA-AGRICOLA-QUE-PROPONE-VOLVER-FUENTES - 
ADAPTACIÓN) 
Por Juan Chiummiento - Agrofy News - 26 de Octubre de 2018 
 
“Investigadores y científicos vienen pregonando en la necesidad de mutar hacia 
esquemas más amigables con el medio ambiente y el contexto social. En este marco, 
surgió hace unos años la Agroecología, un paradigma que aunque novedoso no implica 
ni más ni menos que volver a las prácticas que dieron origen a la agricultura, cuando 
la producción se basaba fundamentalmente en los recursos disponibles en el entorno. 
En la provincia de Santa Fe ya hay 100 productores que adoptaron esta premisa como 
método de trabajo. 
La sede de Gobierno de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) fue escenario 
esta semana de una jornada que tuvo por objetivo difundir la Agroecología entre 
pequeños y medianos productores, en el marco del programa de Producción 
Sustentable que coordina el Ministerio de Producción del gobierno santafesino. Allí 
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disertaron Pablo Tittonell y Walter Pengue,quienes expusieron las principales ventajas 
y claves de este sistema, cuyo origen se remonta a las investigaciones del chileno 
Miguel Altieri en el año 1997. 
"Tenemos que volver a encontrar aquello que nos aporta la naturaleza y traerlo 
a través de las tecnologías que hoy disponemos, para que nuestras producciones 
también se benefician con estas interacciones tecnológicas", disparó Tittonell, quien 
sintetizó las ventajas de la Agroecología en tres ítems: la generación de alimentos más 
saludables, menores costos de producción y mayor inclusión social. 
Con vasta experiencia en Europa, Tittonell coordina el Programa Nacional de 
Recursos Naturales, Gestión Ambiental y Ecorregiones del INTA, desde donde trabajan 
alternativas frente a una coyuntura que afirman afecta a la salud, la alimentación y el 
medio ambiente. Llegó a Rosario en el marco de un convenio con la Organización de 
las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (más conocida como FAO). 
"Hay que repensar el modelo de producción hacia uno más inclusivo que esté 
apoyado por políticas públicas que permitan la diversidad, es decir, que diferentes 
modelos funcionen. En el último tiempo hubo un esquema dominante que traccionó a 
todo el mundo, incluso a pequeños y medianos productores que asumieron que debían 
adoptarlo por ser moderno y eficiente, pero que en realidad los termina condenando", 
aseveró. 
Uno de los conceptos claves trabajado a lo largo de la disertación fue el de la 
transición agroecológica, que es el proceso necesario para virar de un modelo a otro. 
Gradual, este camino supone cuatro niveles: 
 Aumentar la eficiencia en el uso de agroquímicos. 
 Sustituir prácticas intensivas por otras más ecológicas. 
 Rediseñar el agroecosistema de forma tal que funcione en base a un nuevo 
conjunto de procesos ecológicos. 
 Cambiar la mentalidad que determina las decisiones de producción y 
consumo. 
 
Concretar esta transición puede suponer una inversión importante, no solo desde 
lo financiero sino también en cuanto al reaprendizaje de ciertas habilidades que se 
perdieron con el paso del tiempo. Influirá también el tipo de producción que se realiza: 
"Con la soja en muchos campos directamente se sacaron los alambrados, y una de las 
formas de la Agroecología es volver a la producción mixta. Si la infraestructura se perdió, 
hay que volver a invertir. En el caso de la horticultura puede darse en un año, es más 
fácil", señaló Pengue, que ostenta un doctorado en Agroecología, Sociología y 
Desarrollo Rural de la Universidad de Córdoba (España). 
Experiencia piloto 
Para hacer frente a ese desembolso, el gobierno santafesino tiene a disposición 
un programa de créditos que cubren la compra de insumos y servicios tecnológicos. 
Desde que fue implementado en junio de 2017, el mismo ya fue adoptado por unos 100 
productores, fundamentalmente radicados en los cordones de los dos grandes centros 
urbanos, Rosario y Santa Fe. 
Mauro Casella, secretario de Desarrollo Territorial provincial, indicó que una de 
las metas de su repartición es escalar esa cifra, incluso penetrando en campos de 
grandes dimensiones. “Hemos establecido que la transicion agroecológica sea uno de 
los cinco puntos de promoción que hagamos en el territorio a la hora de hablar de 
agricultura y ganadería. Al ponerlo como política de Estado entendemos que se puede 
escalar, porque los pilotos así lo demuestran”, afirmó. 
El funcionario reconoció que no se trata de una tarea fácil, puesto que hay un 
acostumbramiento a manejar la producción agropecuaria “a distancia”, y que la 
Agroecología supone un mayor esfuerzo, al tener que desplegar una serie de acciones 
que el modelo actual eliminó hace rato. Sin embargo, no pierde las esperanzas: “Es 
cuestión de empezar a mostrar que es posible”, finalizó”.