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JOY245A147A12_Jonathan_Edwards_La_Justificacion_por_la_fe_sola

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Fuente de traducción
http://www.biblebb.com/files/edwards/justification.htm
Traducción y diagramación por
Anderson Caviedes
reformaibague@gmail.com
Iglesia Bíblica El Salvador
https://www.facebook.com/iglesiabelsalvador
Blog - Expositor Bíblico
http://expositorbiblicorf.blogspot.com/
Ibagué – Colombia
Edificando Editorial
2018
Todos los derechos reservados ©
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Justificación por la fe sola
Jonathan Edwards - con fecha noviembre de 1734
“mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío,
su fe le es contada por justicia.” Rom 4:5 RV60
Tema: somos justificados solo por la fe en Cristo y no por alguna forma de
bondad que provenga de nosotros.
Lo siguiente se puede notar del siguiente pasaje:
1. Que la justificación tiene que ver con el hombre como impío. Esto es
evidente por estas palabras, que justifica al impío, lo cual no puede implicar
menos que Dios, en el acto de la justificación, no tiene en cuenta nada en la
persona justificada, como la piedad o la bondad, sino que inmediatamente
antes de este acto, Dios lo contempla sólo como una criatura impía, así que la
piedad en la persona para ser justificada no es tan anterior a su justificación
como para que sea la base de ella. Cuando se dice que Dios justifica al
impío, es absurdo suponer que nuestra piedad, entendida como alguna
bondad en nosotros, sea el fundamento de nuestra justificación, como cuando
se dice que Cristo dio la vista a los ciegos suponer que la vista fue anterior y
el fundamento de ese acto de misericordia en Cristo. O como si se dijera que
tal persona por su generosidad ha hecho rico a un hombre pobre, lleguemos a
suponer que fue la riqueza de este pobre hombre la base de esta recompensa
hacia él, y haya sido el precio por el cual fue adquirida.
2. Parece que aquel al que no obra, en este versículo no da a entender que sea
alguien que simplemente no se conforme con la ley ceremonial, porque el que
no obra, y el impío, son evidentemente expresiones sinónimas, o significan lo
mismo, como aparece por la forma en que están conectadas. De no ser así, ¿a
qué se debe la última expresión, el impío? El contexto no da otra ocasión para
ello, sino para demostrar que por la gracia del evangelio, Dios en la
justificación no tiene en consideración ninguna piedad nuestra. El versículo
anterior es: "Ahora al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino
como deuda". En ese versículo, es evidente que la gracia del Evangelio
consiste en que la recompensa se da sin obras, y en este versículo, que le
sigue inmediatamente y en sentido está conectado con ella, la gracia del
evangelio consiste en que el hombre sea justificado como impío. Por lo que
es más claro, que por el que no obra, y el que es impío, se entiende lo mismo,
y que por lo tanto no sólo las obras de la ley ceremonial se excluyen en este
asunto de la justificación, sino las obras de moralidad y piedad .
Es evidente en las palabras, que por la fe aquí mencionada, por la cual somos
justificados, no quiere decir lo mismo como un camino de obediencia o
justicia, puesto que la expresión por la cual esta fe está aquí indicada es creer
en él que justifica al impío. - ¿Los que se oponen a los solifidianos, como
ellos los llaman, insisten mucho en que debemos tomar las palabras de la
Escritura con respecto a esta doctrina en su significado más natural y obvio, y
cómo gritan de que oscurecemos esta doctrina con oscuras metáforas y
figuras de lenguaje ininteligibles?
Pero, ¿es esto interpretar la Escritura según su significado más obvio, cuando
la Escritura habla de nuestra fe en Él, quien justifica a los impíos o a los
quebrantadores de su ley, para decir que el significado de este, está llevando a
cabo un camino de obediencia a su ley y evitando asi las violaciones de la
misma? Creer en Dios como un justificador, ciertamente es algo diferente a
someterse a Dios como legislador, especialmente creyendo en él como un
justificador de los impíos, o rebeldes contra el legislador.
4. Es evidente que el sujeto de la justificación es visto como el carecer de
toda justicia en uno mismo, por esa expresión, se le cuenta o se le imputa por
justicia. - La frase, como el apóstol la usa aquí y en el contexto,
manifiestamente expresa que Dios en su gracia soberana se complace en su
trato con el pecador, asi que el considerar a uno que no tiene justicia, para
que la consecuencia sea la misma como si tuviese esa justicia. Esto sin
embargo puede ser desde el sentido que lleva a algo que es ciertamente justo.
Es evidente que esta es la fuerza de la expresión en los versículos anteriores.
 En el último versículo, pero uno, es manifiesto, el apóstol pone la tensión de
su argumento para la gracia libre de Dios - de ese texto del Antiguo
Testamento sobre Abraham - en la palabra contada o imputada. Esto es lo que
él supuso que Dios mostraría su gracia, a saber. Al contar algo para justicia,
en sus tratos consecuentes con Abraham, no fue justicia en sí mismo. Y en el
siguiente versículo, que precede inmediatamente al texto, "Pero al que obra,
no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda", la palabra allí
traducida es la misma que en los otros versos es imputar o contar, y es tanto
como si el apóstol hubiese dicho: "En cuanto al que obra, no hay necesidad
de ningún reconocimiento o contar por justicia, y hacer que la recompensa
continúe como si fuera una justicia. Porque si tiene obras, tiene lo que es una
justicia en sí misma, a la cual pertenece debidamente la recompensa". Esto es
más evidente por las palabras que siguen, Rom. 4: 6, "Como también David
habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin
obras." ¿Qué puede significar aquí imputar justicia sin obras, sino imputar
justicia al que no tiene nada suyo? Versículo 7 y 8, "diciendo:
Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados
son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de
pecado." ¿Cómo son estas palabras de David para el propósito del apóstol?
¿O cómo demuestran tal cosa, como que la justicia es imputada sin obras, a
menos que sea porque la palabra imputada es usada, y el sujeto de la
imputación es mencionado como pecador, y por consiguiente desprovisto de
una justicia moral? Porque David no dice nada semejante, como que sea
perdonado sin las obras de la ley ceremonial. No hay indicio de la ley
ceremonial, o referencia a ella, en las palabras. Por lo tanto, me atreveré a
inferir esta doctrina a partir de las palabras, para el tema de mi presente
discurso, a saber.
Que somos justificados solo por la fe en Cristo y no por ninguna forma de
virtud o justicia propia.
Tal afirmación como esta, estoy consciente, muchos estarían dispuestos a
llamarla absurda, como si estuviese traicionando una gran ignorancia, y
mostrando mucha inconsistencia, pero deseo la paciencia de todos hasta que
haya terminado.
Al manejar esta doctrina:
I. Explicaré el significado de la misma y mostraré cómo sería entendida tal
afirmación.
II. Procederé a la consideración de la evidencia de la verdad de ella.
III. Mostraré cómo la obediencia evangélica se refiere en este asunto.
IV. Responderé objeciones.
V. Consideraré la importancia de la doctrina.
I. Explicaré el significado de la doctrina, o mostraré en qué sentido la afirmo,
y procuraré demostrar la verdad de ella, la cual se puede hacer en respuesta a
estas dos preguntas, a saber: 1. ¿Qué se entiende por ser justificado? 2. ¿Qué
se entiende cuando se dice es "por la fe sola, sin ningún tipo de virtud o
bondad propia?"
Primero, mostrare qué es justificación, o lo que supongo que se entiende en
las Escrituras al ser justificado.
Una persona debe ser justificada, cuando es aprobada por Dios como libre de
la culpa del pecado y de su castigo merecido, y como poseyendo aquella
justicia que ahora le pertenece y que le otorga el derecho a la recompensa de
la vida. Debemos tomar la palabra en tal sentido, y entender que el juez
acepta a una persona como si tuviese tanto una justicia positivay negativa
que le pertenece, y por lo tanto Dios le mira , no sólo como libre de cualquier
obligación de castigo, sino también como justo y recto y con derecho a una
recompensa positiva; no sólo es lo más acorde a la etimología y la
importancia natural de la palabra, lo cual significa pasar por justo en un
juicio, sino también claramente acorde a la fuerza de la palabra como se
utiliza en la Escritura. Algunos suponen que nada más se entiende por
justificación en la Escritura, lo que apenas tiene que ver con la remisión de
los pecados. Si es así, es muy extraño si consideramos la naturaleza del caso.
Porque es más que evidente, y nadie negará, que es con respecto a la regla o
ley de Dios a la que estamos sometidos, que se nos dice en la Escritura que se
es justificado o condenado. Ahora bien, ¿qué es justificar a una persona como
sujeto de una ley o regla, sino juzgarle como el estar al unísono con respecto
a esa regla? Justificar a una persona en un caso particular, es aprobarlo como
quien esta acorde, como sujeto a la ley en ese caso, y justificar en general es
pasarle en juicio, como justo en un estado correspondiente a la ley o regla en
general. 
Pero ciertamente, para que una persona sea vista como quien está acorde con
respecto a la regla en general, o en un estado que corresponde con la ley de
Dios, es más que necesario que no tenga culpa de pecado. Por lo que sea que
esa ley sea, ya sea nueva o vieja, sin duda es necesario algo positivo para que
responda. Nosotros no somos más justificados por la voz de la ley, o por
quien juzga según ella, por un simple perdón del pecado, Adán, nuestro
primer garante, fue justificado por la ley, en el primer punto de su existencia,
antes de que hubiese cumplido la obediencia de la ley, o lo fue como en
cualquier juicio al cumplir o no la ley. Si Adán hubiera terminado su rumbo
de perfecta obediencia, habría sido justificado, y ciertamente su justificación
habría implicado algo más que lo que es meramente negativo. Habría sido
aprobado, como habiendo cumplido la justicia de la ley, y en consecuencia
habría sido adjudicado a la recompensa de la misma. Así que Cristo, nuestro
segundo garante (en cuya justificación todos los que le son fieles, son
virtualmente justificados), no fue justificado hasta que había hecho la obra
que el Padre le había asignado, y guardó los mandamientos del Padre en
todas las pruebas y luego en su resurrección fue justificado. Cuando había
sido condenado a muerte en la carne, pero vivificado por el Espíritu, 1 Pedro
3:18, entonces el, que fue manifiesto en la carne, fue justificado en el
Espíritu, 1 Timoteo 3:16. Pero Dios, cuando lo justificó al levantarlo de entre
los muertos, no sólo lo liberó de su humillación por el pecado, y lo absolvió
de cualquier sufrimiento o degradación por él, sino que lo admitió a esa vida
eterna e inmortal y al inicio de esa exaltación que fue la recompensa de lo
que había hecho. 
De hecho, la justificación de un creyente no es otra que su admisión a la
comunión en la justificación de esta cabeza y garante de todos los creyentes:
ya que Cristo sufrió el castigo del pecado, no como persona privada, sino
como nuestra garantía. Así que, después de este sufrimiento, resucitó de entre
los muertos, fue justificado en ello, no como persona privada, sino como fiel
y representativo de todos los que debían creer en él. De modo que resucitó no
sólo para sí mismo, sino también para nuestra justificación, según el apóstol,
Rom 4:25, "el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado
para nuestra justificación." Y, por lo tanto, es lo que dice el apóstol, como lo
hace en Rom 8:34, "¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más
aun, el que también resucitó".
Pero la justificación de un creyente implica no sólo la remisión de los
pecados, o la absolución de la ira debida a ella, sino también la admisión a un
título hacia esa gloria que es la recompensa de la justicia, esto se enseña más
directamente en las Escrituras, particularmente en Rom. 5: 1-2, donde el
apóstol menciona ambos como beneficios conjuntos implícitos en la
justificación: "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por
medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la
fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de
la gloria de Dios". Así, la remisión del pecado y la herencia entre los
santificados se mencionan juntos como aquello que se obtiene conjuntamente
por la fe en Cristo, Hechos 26:18, "para que reciban, por la fe que es en mí,
perdón de pecados y herencia entre los santificados.". Ambos están
indudablemente implicados en ese paso de la muerte a la vida, del cual Cristo
habla como el fruto de la fe, y que se opone a la condenación, Juan 5:24,"De
cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene
vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida."
 
Procedo ahora,
En segundo lugar, mostrar lo que quiere decir cuando se dice, que esta
justificación es por la fe solamente, y no por ninguna virtud o bondad nuestra.
Esta indagación puede subdividirse en dos, a saber.
1. Cómo es por fe.
2. Cómo es por fe sola, sin ningún tipo de bondad nuestra.
1. Cómo la justificación es por fe. - Aquí la gran dificultad ha sido la
expresión y fuerza de la partícula por, o cuál es la influencia que la fe tiene
en el asunto de la justificación que se expresa en las Escrituras al ser
justificado por fe.
Aquí, si puedo expresar humildemente lo que me parece evidente, aunque la
fe sea de hecho la condición de la justificación, como nada más lo es, sin
embargo, esta cuestión no se explica de manera clara y suficiente diciendo
que la fe es la condición de la justificación y que, debido a que la palabra
parece ambigua, tanto en uso común, y también como se utiliza en la religión.
En un sentido, Cristo solo cumple la condición de nuestra justificación y
salvación. En otro sentido, la fe es la condición de la justificación, y en otro
sentido, otras cualificaciones y actos son también condiciones de salvación y
justificación. Parece que hay mucha ambigüedad en las expresiones que se
usan comúnmente (las cuales todavía estamos obligados a usar), como
condición de la salvación, lo que se requiere para la salvación o la
justificación, los términos de la alianza y semejantes, y creo que son
entendidos en sentidos muy diferentes por diferentes personas. Y además,
como la palabra condición se entiende muy a menudo en el uso común del
lenguaje, la fe no es la única cosa en nosotros que sea condición de la
justificación. Ya que por la condición de la palabra, como es muy a menudo
(y quizás lo más comúnmente posible) usada, damos a entender cualquier
cosa que pueda tener el lugar de una condición en una proposición
condicional, y como tal está conectada verdaderamente con el consecuente,
especialmente si la proposición se sostiene tanto en afirmación como en
negación, ya que la condición se afirma o se niega. Si es eso con lo cual, o lo
que se supone, una cosa será, y sin la cual, o siendo negada, una cosa no será,
nosotros en tal caso la llamamos una condición de ese algo. Pero en este
sentido la fe no es la única condición de salvación y justificación. Porque hay
muchas cosas que acompañan y fluyen de la fe, con las cuales la justificación
será, y sin la cual, no será, y por lo tanto se hallan en la Escritura en
proposiciones condicionales con justificación y salvación, en multitudes de
lugares. Tal es el amor a Dios, y el amor a nuestros hermanos, perdonando a
los hombres sus ofensas, y muchas otras buenas cualidades y acciones.
Y hay muchas otras cosas además de la fe, que se nos propone directamente,
a ser perseguidas o llevadas a cabo por nosotros, para vida eterna, la cual si se
hace, o se obtiene, tendremos vida eterna, y si no se hacen, o no se obtienen,
con toda seguridad pereceremos. Y si la fe es la única condición de
justificación en este sentido, no creo que decir que la fe es la condición de la
justificación,expresaría el sentido de esa frase de la Escritura, de ser
justificado por fe. Hay una diferencia entre ser justificado por una cosa, y que
aquella cosa universal, necesaria, e inseparablemente asista a la justificación:
porque por hacer tantas cosas no dicen que estamos justificados. No es la
conexión inseparable con la justificación lo que el Espíritu Santo daría a
entender (o lo que signifique naturalmente) con tal frase, sino alguna
influencia particular que la fe tiene en el asunto, o cierta dependencia que el
efecto tiene en su influencia.
Algunos, conscientes de esto, han supuesto que la influencia o la dependencia
podrían ser expresadas por la fe siendo el instrumento de nuestra
justificación, la cual ha sido mal entendida y representada injuriosamente y
ridiculizada por aquellos que han negado la doctrina de la justificación por la
fe sola, como si hubieran supuesto que la fe era usada como un instrumento
en la mano de Dios, por medio del cual El realizó y llevó a cabo ese acto
suyo, a saber. aprobar y justificar al creyente. Mientras que no se pretendía
que la fe fuera el instrumento con el cual Dios justifica, sino el instrumento
con el cual recibimos justificación, no el instrumento con el cual el
justificador actúa justificando, sino con el cual el receptor de la justificación
actúa aceptando la justificación. Pero, sin embargo, se debe asumir, que ésta
es una forma oscura de hablar, y ciertamente es una inexactitud el llamarla un
instrumento con el cual recibimos o aceptamos la justificación. Para aquellos
que así explican el asunto, hablan de la fe como la recepción o aceptación
misma, y si es así, ¿cómo puede ser el instrumento de recepción o
aceptación? Ciertamente hay una diferencia entre el acto y el instrumento.
Además, por sus propias descripciones de la fe, Cristo, el mediador, por
quien y su justicia por la cual somos justificados, es más directamente el
objeto de esta aceptación y justificación, la cual es el beneficio que surge de
ella más indirectamente. Por lo tanto, si la fe es un instrumento, es más
apropiadamente el instrumento por el cual recibimos a Cristo, el instrumento
por el cual recibimos justificación. 
Pero humildemente concibo que hemos estado dispuestos a mirar demasiado
lejos para averiguar cuál es la influencia de la fe en nuestra justificación, o
cuál es esa dependencia de este efecto sobre la fe, representada por la
expresión de ser justificado por la fe, pasando por alto aquello que es lo más
obviamente señalado en la expresión, a saber: Que (habiendo un mediador
que ha comprado la justificación) la fe en este mediador es aquello que lo
convierte en algo adecuado, a la vista de Dios, que el creyente, en lugar de
otros, debe tener asignado este beneficio que ha sido comprado. Hay este
beneficio adquirido, que Dios ve como más necesario y adecuado que sea
asignado a algunos más que a otros, porque los ve diferentemente calificados:
esa cualificación en la cual la satisfacción hacia este beneficio, según el caso,
consiste en que nosotros estamos justificados. Si Cristo no hubiese venido al
mundo y hubiera muerto, etc., para comprar justificación, ninguna
cualificación en nosotros podría cumplir para que fuéramos justificados. Pero
el caso tal como está ahora, a saber, que Cristo ha comprado la justificación
por su propia sangre para criaturas infinitamente indignas, pueden haber
ciertas cualidades encontradas en algunas personas las cuales, ya sea por la
relación que tiene con el mediador y sus méritos, o por alguna otra razón, es
lo que a los ojos de Dios lo hace suficiente, deben tener un interés en este
beneficio comprado, y del cual si alguno está destituido, lo convierte en algo
inadecuada e inadecuada que deben tener. La sabiduría de Dios en sus
constituciones, sin duda, aparece mucho en la aptitud y belleza de ellos, para
que esas cosas sean establecidas para ser hechas, que son dignas de ser
hechas, y que estas cosas están conectadas en su constitución para que sean
agradables una a la otra. Así que Dios justifica a un creyente según su
constitución revelada, sin duda, porque ve algo en esta calificación que,
según el caso, lo convierte en algo apto para que el tal deba ser justificado: ya
sea porque la fe es el instrumento o como fuese la mano por la cual el ha
comprado, la justificación sea aprehendida y aceptada, o porque es la
aceptación misma, o cualquier otra cosa. Ser justificado, es ser aprobado por
Dios como un sujeto apropiado de perdón, con un derecho a la vida eterna.
Por lo tanto, cuando se dice que somos justificados por la fe, ¿qué otra cosa
puede ser entendida por ella, que esa fe es aquella por la cual somos
aprobados, adecuadamente y, de hecho, según el caso, sujetos propios de este
beneficio?
Esto es algo diferente de la fe siendo la condición de la justificación, aunque
está inseparablemente conectada con la justificación. Así son muchas otras
cosas además de la fe, y sin embargo nada en nosotros excepto la fe nos hace
ver que se nos debe asignar la justificación: como lo voy a mostrar en
respuesta a la próxima pregunta, a saber.
2. ¿Cómo se dice que esto es por la fe sola, sin ningún tipo de virtud o
bondad propia. Esto puede parecer a algunos se encuentran con dos
dificultades, a saber. Cómo se puede decir que esto sea por la fe sola, sin
ninguna virtud o bondad nuestra, cuando la fe misma es una virtud y una
parte de nuestra bondad, y no es sólo una manera de bondad nuestra, sino que
es una cualificación muy excelente, y una parte principal de la santidad
inherente de un cristiano? Y si es parte de nuestra bondad o excelencia
intrínseca (ya sea esta parte o cualquier otra) que la convierte en una cosa
condecente o congruente que se nos asigne este beneficio de Cristo, ¿qué es
esto menos de lo que significan ¿Quién habla de un mérito de congruencia? Y
además, si esta parte de nuestra santidad cristiana nos califica, a la vista de
Dios, para este beneficio de Cristo, y lo convierte en un ajuste o encuentro, a
su vista, que lo tengamos, ¿por qué no otras partes de la santidad , Y la
conformidad con Dios, que son también muy excelentes, y tienen tanto de la
imagen de Cristo en ellos, y no son menos bellas a los ojos de Dios,
calificándonos y tienen tanta influencia para hacernos ver, a la vista de Dios,
un beneficio como este? A eso puedo responder:
Cuando se dice que no somos justificados por ninguna justicia o bondad
propia, lo que se quiere decir es que no es por respeto a la excelencia o
bondad de cualidades o actos en nosotros, que Dios juzga con eso que este
beneficio de Cristo debe ser nuestro. No es, en modo alguno, por la
excelencia o el valor que hay en la fe, que parezca a los ojos de Dios como
algo que esta persona cumpla, que al que cree se le debe asignar este
beneficio de Cristo, sino puramente de la relación que la fe tiene con la
persona quien ha de recibir este beneficio, o como le une a ese mediador en y
por quien es justificado. Aquí, para mayor claridad, me explicare
particularmente bajo varias proposiciones,
(1) Es cierto que hay una cierta unión o relación en la que el pueblo de Cristo
está en él, que se expresa en la Escritura, de vez en cuando, como "estar en
Cristo", y está representado frecuentemente por esas metáforas de ser
miembros De Cristo, o estar unido a Él como miembros de la cabeza, y las
ramas a la población, y se compara con un matrimonio entre marido y mujer,
Ahora no pretendo determinar de qué clase es esta unión. Tampoco es
necesario para mi propósito presente entablar ninguna forma de disputas al
respecto. Si alguno está disgustado con la palabra unión, como obscura e
ininteligible, la palabra relación sirve igualmente a mi propósito. Yo no deseo
ahora determinar más de ello, que todo, de todas las clases, permitirán
fácilmente, a saber, que hay una relación peculiar entre los verdaderos
cristianos y Cristo, la cual no está entre él y los demás, y la cual está
significada por esas expresiones metafóricas en la Escritura, de estar en
Cristo, de ser miembros de Cristo, etc.(2). Esta relación o unión a Cristo, según la cual se dice que los cristianos
están en Cristo (cualquiera que sea), es la base de su derecho a sus beneficios.
Esto no necesita pruebas: la razón de la cosa, a primera vista, lo demuestra.
Es también evidente por las Escrituras, 1 Juan 5:12: "El que tiene al Hijo,
tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida" 1 Cor. 1:30,
" Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por
Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;". Primero debemos
estar en él, y luego Él nos será hecho justicia o justificación para nosotros.
Efe.1: 6, "Quien nos hizo aceptos en el amado." Nuestro estar en él es la base
de nuestra aceptación. Así es en aquellas uniones en las cuales el Espíritu
Santo ha pensado que es conveniente comparar esto. La unión de los
miembros del cuerpo con la cabeza es la base de su participación en la vida
de la cabeza. Es la unión de las ramas con el tallo, que es la base de su
participación de la savia y la vida del tallo. Es la relación de la esposa con el
marido, que es la base de su interés común en su herencia: se consideran, en
varios aspectos, como uno solo según la ley. Así que hay una unión legal
entre Cristo y los verdaderos cristianos, de modo que (como todos excepto
los socinianos lo permitan) uno, en algunos aspectos, sea aceptado por el otro
por el Juez supremo.
(3). Y de esta manera es que la fe es la cualificación en cualquier persona que
se considere a los ojos de Dios que debe ser considerado de la satisfacción de
Cristo y de la justicia que le pertenece, a saber, porque es en él en el cual, por
su parte, constituye esta unión entre él y Cristo. Por lo que se ha observado
ahora, es el ser de una persona, según la frase de la Escritura, en Cristo, que
es el fundamento de serle de satisfacción y méritos que le pertenecen, y un
derecho a los beneficios obtenidos por ella. La razón de ello es clara: es fácil
ver cómo nuestro el tener los méritos y beneficios de Cristo, se desprende de
que tenemos (si me permite) al mismo Cristo que nos pertenece, o que
estamos unidos a él. Y si es así, también debe ser fácil ver cómo, o de qué
manera, en una persona, que por su parte constituye la unión entre su alma y
Cristo, deben ser las cosas por las cuales Dios le mira como si tuviese como
pertenencia los méritos de Cristo. Es algo muy diferente que Dios atribuya a
una persona determinada un derecho a los méritos y beneficios de Cristo en
lo que se refiere a una cualificación propia en este aspecto, de su hacer por él
por respeto al valor o belleza de esa cualificación, O como recompensa de su
excelencia.
Como no hay nadie que admita que hay una relación peculiar entre Cristo y
sus verdaderos discípulos, por la cual están, en cierto sentido en la Escritura
se dice que son uno. Así que supongo que no hay nadie más que permita, que
puede haber algo que el verdadero cristiano haga de su parte, por la cual él es
activo en entrar en esta relación o unión: algún acto de unión o el cual se hace
hacia esta unión o relación (o como quiera llamarlo) por parte del cristiano.
Ahora supongo que la fe es este acto.
Ahora no pretendo definir la fe justificadora, ni determinar con precisión
cuánto está contenida en ella, sino sólo determinar lo mucho que la
concierne, a saber: Que es aquello por lo cual el alma, que antes estaba
separada y alienada de Cristo, se une a él, o deja de estar más en ese estado
de alienación, y entra en esa unión o relación anterior con él, o, para usar lo
que dicen las Escrituras, es aquella por la cual el alma viene a Cristo y la
recibe. Esto es evidente por las Escrituras usando estas mismas expresiones
para significar la fe. Juan 6:35-39: ”Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene,
nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Más os he dicho, que aunque
me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que
a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer
mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” Verso 40: “Y esta es la
voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él,
tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” Juan 5:38-40: “porque a
quien él envió, vosotros no creéis. Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os
parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de
mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” Verso 43, 44: “Yo he
venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio
nombre, a ése recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los
unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” Juan
1:12: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les
dio potestad de ser hechos hijos de Dios;” Si se dice que se trata de figuras
oscuras de la palabra, que sin embargo pueden ser bien comprendidas de
antaño entre aquellos que comúnmente utilizan tales metáforas, son
difícilmente entendidas ahora. Admito, que las expresiones de recibir a Cristo
y venir a Cristo, son expresiones metafóricas. Si debo admitir que sean
metáforas oscuras, sin embargo, esto al menos es ciertamente claro en ellos, a
saber. Que la fe es aquella por la cual los que antes estaban separados y
distanciados de Cristo (es decir, no estaban tan relacionados y unidos a él
como su pueblo lo está), dejan de estar más a tal distancia, y vienen a esa
relación y cercanía, a menos que sean tan ininteligibles, que nada de ellos
pueda ser entendido.
Dios no da a los que creen una unión o un interés en el Salvador como una
recompensa por la fe, sino sólo porque la fe es la unión activa del alma con
Cristo, o es en sí misma el acto mismo de unificación de su parte. Dios lo ve
oportuno, para que una unión se establezca entre dos seres activos
inteligentes o personas, de modo que se les considere como uno, debería
haber la acción mutua de ambos, cada uno debe recibir al otro, como
activamente uniéndose unos a otro. Dios, al requerir esto para una unión con
Cristo como uno de su pueblo, trata a los hombres como criaturas razonables,
capaces de actuar y escoger, y por lo tanto lo ve adecuado que sólo aquellos
que son uno con Cristo por su propio acto, deben ser considerado como uno
en la ley. Lo que es real en la unión entre Cristo y su pueblo, es el
fundamento de lo legal: es decir, es algo realmente en ellos, y entre ellos,
uniéndolos, ese es el fundamento adecuado de ser considerado como uno por
el juez. Y si hay algún acto o cualificación en los creyentes de esa naturaleza
unificadora, se cumple en que, el juez debe mirarlos y aceptarlos como uno
solo, no es de extrañar que por cuenta del mismo acto o calificación, deba
aceptar la satisfacción y los méritos de uno para el otro, como si éstos fueran
su propia satisfacción y méritos. Esto necesariamente sigue, o más bien está
implícito.
Y así es que la fe justifica, o da un interés en la satisfacción y los méritos de
Cristo, y un derecho a los beneficios obtenidos por ella, es decir, Ya que así
hace a Cristo y al creyente uno en la aceptación del Juez supremo. Es por fe
que tenemos un título para la vida eterna, porque es por la fe que tenemos al
Hijo de Dios, por quien la vida es. El apóstol Juan en estas palabras, 1 Juan
5:12 “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no
tiene la vida.” Parece evidentemente tener acuerdo a aquellas palabras de
Cristo, de las cuales él da cuenta en su evangelio, Juan 3:36 “El que cree en
el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida,
sino que la ira de Dios está sobre él.” Y donde la Escritura habla de la fe
como el recibir o venir a Cristo, también habla de recibir, venir o unirse a
Cristo, como fundamento de un interés en sus beneficios. A todos los que le
recibieron, "les dio potestad" para que se convirtiesen en hijos de Dios. Y no
hay manera de que tengáis vida". Y hay una gran diferencia entre el ser apto
para quela satisfacción y los méritos de Cristo sean para los que creen,
porque un interés en esa satisfacción y mérito es una recompensa digna de la
fe - o un testimonio adecuado del respeto de Dios a la amabilidad y
excelencia de esa gracia - y ser apto que la satisfacción y los méritos de
Cristo sean suyos, porque Cristo y ellos están tan unidos, a los ojos del Juez
pueden ser considerados y tomados como uno.
Aunque, a causa de la fe en el creyente, es a la vista de Dios en forma y
congruente, tanto que el que cree debe ser visto como en Cristo, y también
como uno que tiene un interés en sus méritos, de la manera que ha sido Ahora
explicado. Sin embargo, parece que esto es muy amplio de un mérito de
congruencia, o incluso cualquier congruencia moral en absoluto a cualquiera.
Hay una doble aptitud para una declaración. No sé cómo darles nombres
distintivos, de otra manera que llamando a uno moral, y el otro una aptitud
natural. Una persona tiene una aptitud moral para un estado, cuando su
excelencia moral lo recomienda, o cuando su puesto en un estado tan bueno
no es más que un testimonio adecuado respecto a la excelencia moral, el valor
o la amabilidad de cualquiera de sus cualificaciones o actos. Una persona
tiene una aptitud natural para un estado, cuando parece convincente y
condecendiente que debe estar en tal estado o circunstancias, sólo de la
concordia natural o la amabilidad hay entre estas calificaciones y tales
circunstancias: no porque las calificaciones son preciosas o desagradables,
sino sólo porque las calificaciones y las circunstancias son como unas de las
otras, o en su naturaleza, encaja y acuerda o se unen entre sí. Y es en este
último caso sólo que Dios lo mira encajado por una aptitud natural, que aquel
cuyo corazón se une sinceramente a Cristo como su Salvador, debe ser
considerado como unido a ese Salvador, y teniendo un interés en él, y no en
ninguna aptitud moral que haya entre la excelencia de tal cualificación como
la fe, y una bendición tan gloriosa como tener un interés en Cristo. Dios
concede a Cristo y sus beneficios a un alma a consecuencia de la fe, sólo por
la concordia natural que existe entre tal cualificación de un alma, y tal unión
con Cristo, y el interés en él, hace que el caso sea muy diferente de lo que
sería, si Él otorgara esto a cualquier cualidad moral. Pues, en el primer caso,
es sólo por el amor de Dios al orden que otorga estas cosas por razón de la fe:
en este último, Dios lo hace por amor a la gracia de la fe misma. - Dios no
mirará los méritos de Cristo como nuestros, ni adjudicará sus beneficios a
nosotros, hasta que estemos en Cristo. No nos mirará como si estuviéramos
en él, sin una unidad activa de nuestros corazones y almas, porque Él es un
ser sabio, y se deleita en el orden y no en confusión, y que las cosas deben
estar juntas o separadas según su naturaleza. Su constitución es un
testimonio de su amor al orden. Considerando que si fuera por consideración
a cualquier aptitud moral o adecuación entre la fe y dicha bendición, sería un
testimonio de su amor al acto o calificación en sí. Se supone que esta
constitución divina es una manifestación de la consideración de Dios a la
belleza del acto de fe. El otro sólo supone que es una manifestación de su
consideración a la belleza de ese orden que hay en la unión de aquellas cosas
que tienen un acuerdo y congruencia naturales, y la unión de uno con el otro.
De hecho, una idoneidad moral o aptitud para un estado incluye uno natural.
Pues, si hay una idoneidad moral para que una persona deba estar en tal
estado, también hay una idoneidad natural, pero tal adecuación natural, como
he descrito, de ninguna manera incluye necesariamente una moral.
Esto es claramente lo que nuestros teólogos pretenden cuando dicen, que la fe
no justifica como una obra, o una justicia, a saber. Que no justifica como
parte de nuestra bondad o excelencia moral, o que no justifica como si el
hombre tuviese que haber sido justificado por el pacto de las obras, que era,
tener un título a la vida eterna dado por Dios, en testimonio de su
complacencia con sus obras, o su respeto a la excelencia inherente y la
belleza de su obediencia. Y esto es ciertamente lo que el apóstol Pablo quiere
decir, cuando tanto insiste en ello, que no somos justificados por las obras, a
saber. Que no somos justificados por ellas como buenas obras, ni por ninguna
bondad, valor o excelencia de nuestras obras. Para la prueba de esto sólo
mencionaré una cosa, y es decir, el apóstol de vez en cuando hablando de
nuestra no justificada por las obras, como lo que excluye toda jactancia, Efe.
2:9, Rom. 3:27 y cap. 4: 2. Ahora, ¿de qué manera las obras dan ocasión para
jactarse, sino como bueno? ¿Qué usan los hombres para jactarse, sino de algo
que suponen bueno o excelente? ¿Y por qué se jactan de algo, sino de la
supuesta excelencia que hay en ella?
De estas cosas podemos aprender de qué manera la fe es la única condición
de justificación y salvación. Pues aunque no sea la única condición, de modo
que solo verdaderamente tenga el lugar de una condición en una proposición
hipotética, en la cual la justificación y la salvación son la consecuencia. Sin
embargo, es la condición de la justificación de una manera peculiar a ella, y
de modo que nada tiene una influencia paralela con ella, porque la fe incluye
todo el acto de unión a Cristo como Salvador. Toda la unidad activa del alma,
o todo lo que se llama venir a Cristo, y recibir de él, se llama fe en la
Escritura. Sin embargo, otras cosas no pueden ser menos excelentes que la fe;
sin embargo, no es la naturaleza de ninguna otra gracia o virtud directa con
Cristo como mediador, más allá de entrar en la constitución de la fe
justificadora y pertenece a su naturaleza.
De esta forma he explicado mi significado, al afirmarlo como una doctrina
del evangelio, que somos justificados por la fe solamente, sin ningún tipo de
bondad propia.
 
Ahora procedo,
 
II. A la prueba de ello, que trataré de producir en los siguientes argumentos.
En primer lugar, tal es nuestro caso, y el estado de cosas, que ni la fe, ni
ninguna otra cualificación, o acción o acciones, hace o puede hacer apta a una
persona para que se interese en el Salvador, y por lo tanto en sus beneficios, a
causa de su excelencia, o de cualquier otra cosa, o algo en él que pueda unirle
al Salvador. No es conveniente que Dios le dé al hombre caído un interés en
Cristo y sus méritos, como un testimonio de su respeto a cualquier cosa como
una hermosura en él, y eso no se cumple, hasta que un pecador es realmente
justificado, cualquier cosa En él debe ser aceptada de Dios, como cualquier
excelencia o amabilidad de su persona. Dios, por cualquier acto, de algún
modo o grado muestra Su complacencia con el pecador, o muestra favor para
con él, por cualquier cosa inherente a él, y eso por dos razones:
1. La naturaleza de las cosas no lo admite. Y esto aparece por la culpa infinita
bajo la cual pecador se haya hasta que es justificado, el cual surge del mal
infinito o abominación del pecado. Pero debido a esto es lo que algunos
niegan, primero estableceré ese punto, y mostraré que el pecado es una cosa
que es verdaderamente digna de infinita abominación, y luego mostraré la
consecuencia de que no puede ser apto, hasta que el pecador sea realmente
justificado, que Dios deba por cualquier acto testificar complacencia o
aceptación de cualquier excelencia o amabilidad de su persona.
El mal y el demérito del pecado es infinitamente grande, es de hecho
claramente evidente, porque en lo que el mal o la iniquidad del pecado
consiste, es en la violación de una obligación, o en hacer lo que no debemos
hacer. Por lo tanto, cuanto mayor es la obligación que es violada, tanto mayor
es la iniquidad de la violación. Pero ciertamente nuestra obligación de amar o
honrar a cualquier ser que sea grande en proporción a la grandeza o
excelencia de ese ser, o su dignidad de ser amado y honrado. Tenemos
mayores obligaciones de amar a un ser más encantador que a un sermenos
encantador. Si un ser es infinitamente excelente y encantador, nuestras
obligaciones de amarlo son infinitamente grandes. El asunto es tan simple,
que parece innecesario decir mucho al respecto.
Algunos han discutido extrañamente contra el infinito mal del pecado, desde
su ser cometido contra un objeto infinito, que entonces también se puede
argumentar, que también hay un valor infinito o dignidad en santidad y amor
a Dios, porque eso también tiene Un objeto infinito. Mientras que el
argumento, a partir de la paridad de la razón, lo llevará al revés. El pecado de
la criatura contra Dios merece repudio en proporción a la distancia que hay
entre Dios y la criatura. La grandeza del objeto, y la mezquindad del sujeto,
lo agrava. Pero es lo contrario con respecto a la dignidad del respeto de la
criatura de Dios. Es inútil (y no digno) en proporción a la mezquindad del
sujeto. Tanto mayor es la distancia entre Dios y la criatura, tanto menos es el
respeto de la criatura debe a Dios. La indignidad del pecado o la oposición a
Dios se eleva y es grande en proporción a la dignidad del objeto y a la
inferioridad del sujeto. Pero, por el contrario, el valor del respeto se eleva en
proporción al valor del sujeto, y que por esta sencilla razón, Que el mal de la
falta de respeto es proporcional a la obligación que recae sobre el sujeto al
objeto, cuya obligación es evidentemente aumentada por la excelencia y
superioridad del objeto. Pero, por el contrario, la dignidad del respeto a un
ser es proporcional a la obligación que recae sobre él, que es el objeto (o más
bien la razón que tenga), de considerar al sujeto, que ciertamente es
proporcional al valor del sujeto o excelencia. El pecado o falta de respeto es
malo o atroz en proporción al grado de lo que niega en el objeto, y de lo que
toma de él, a saber. Su excelencia y dignidad de respeto. Por el contrario, el
respeto es valioso en proporción al valor de lo que se da al objeto a ese
respecto, que sin duda (siendo iguales otras cosas) es grande en proporción al
valor del sujeto o dignidad de consideración, porque el sujeto al dar Su
respeto, no puede dar más que a sí mismo. Por lo que da su respeto, se
entrega al objeto, y por lo tanto su donación es de mayor o menor valor en
proporción al valor de sí mismo.
Por lo tanto (por cierto) el amor, honor y obediencia de Cristo hacia Dios,
tiene un valor infinito, de la excelencia y dignidad de la persona en quien
estas cualificaciones eran inherentes. La razón por la que necesitábamos que
una persona de dignidad infinita obedeciera por nosotros, era debido a
nuestra infinita mezquindad, que había desobedecido, por lo que nuestra
desobediencia fue infinitamente agravada. Necesitábamos una, cuya dignidad
de obediencia pudiera ser responsable ante la indignidad de nuestra
desobediencia, y por lo tanto necesitábamos a alguien que fuera tan grande y
digno como nosotros somos indignos.
 Otra objeción (que tal vez se pueda pensar que apenas vale la pena
mencionar) es que suponer que el pecado es infinitamente atroz es hacer que
todos los pecados sean igualmente atroces: ¿cómo puede un pecado ser más
que infinitamente atroz? Pero todo lo que puede argumentarse es que ningún
pecado puede ser mayor con respecto a esa agravación, la dignidad del objeto
contra el que está cometiendo esta ofensa. Un pecado no puede agravarse más
que otro a ese respecto, porque la agravación de cada pecado es infinita, pero
eso no impide que algunos pecados sean más atroces que otros en otros
aspectos: como si supusiéramos un cilindro infinitamente largo, no podemos
ser mayor en ese sentido, a saber. con respecto a la longitud de la misma.
Pero aún puede duplicarse y triplicarse, y multiplicarse por mil, por el
aumento de otras dimensiones. De los pecados que son todos infinitamente
atroces, algunos pueden ser más atroces que otros, así como de diversos
castigos que son calamidades infinitamente terribles, o todos ellos superan
infinitamente todas las calamidades finitas, de modo que no existe una
calamidad finita, por grande que sea. pero lo que es infinitamente menos
terrible, o más elegible que cualquiera de ellos. Sin embargo, algunos de ellos
pueden ser mil veces más temibles que otros.
Teniendo así, como me imagino, dejó en claro que todo pecado es
infinitamente atroz, y en consecuencia que el pecador, antes de ser
justificado, está bajo culpabilidad infinita a los ojos de Dios, ahora sigue
siendo que muestro la consecuencia, o cómo se sigue de por lo tanto, que no
es conveniente que Dios le dé al pecador un interés en los méritos de Cristo,
y por lo tanto un título de sus beneficios, sino en cuanto a cualquier
calificación, o acto, o curso de actos en él, por cuenta de cualquier excelencia
o bondad en absoluto, sino solo como unido a Cristo; o (lo cual lo implica por
completo) que no es adecuado que Dios, por cualquier acto, deba, en
cualquier forma o grado, testificar cualquier aceptación o agrado de algo,
como cualquier virtud, excelencia o cualquier parte de hermosura, o valioso
en su persona, hasta que en realidad ya esté interesado en los méritos de
Cristo. De las premisas que siguen, que antes de que el pecador esté
interesado en Cristo, y justificado, es imposible que Dios acepte o se
complazca con la persona del pecador, de ninguna manera agradable a su
vista, o incluso menos que el objeto de su descontento e ira. Porque, por
suposición, el pecador permanece infinitamente culpable a los ojos de Dios,
ya que la culpa no se elimina sino por perdón. Pero suponer que el pecador ya
indultado se supone que ya está justificado, lo cual es contrario a la
suposición. Pero si el pecador permanece infinitamente culpable a los ojos de
Dios, eso es lo mismo que ser considerado por Dios como infinitamente el
objeto de su disgusto e ira, o infinitamente odioso a sus ojos. Si es así,
¿dónde hay espacio para algo en él, para que sea aceptado como algo valioso
o aceptable a él, a los ojos de Dios, o para que reciba el favor de parte de
Dios, o cualquier regalo de Dios para él, en testimonio del respeto de Dios? y
la aceptación de algo que viene del pecador que sea encantador y agradable?
Si supusiéramos que un pecador puede tener fe, o alguna otra gracia en su
corazón, y aun así permanecer separado de Cristo, y que no se lo considera
como estar en Cristo, o teniendo ninguna relación con él, no se cumpliría que
tal verdadera gracia deba ser aceptada por Dios como cualquier hermosura de
su persona a los ojos de Dios. Si se lo acepta la belleza de la persona, eso
sería aceptar a la persona como agradable en algún sentido para Dios. Pero
esto no puede ser consistente con que aun esta bajo la culpa infinita, o en
indignidad infinita ante los ojos de Dios, esa bondad no tiene el valor de
balancear. - Mientras Dios contempla al hombre como separado de Cristo,
debe contemplarlo tal como está en sí mismo, y así su bondad no puede ser
vista por Dios, sino como tomada con su culpa y odio, y como puesta en la
balanza con ella. Entonces su bondad no es nada, porque hay un finito en la
balanza contra un infinito cuya proporción no es nada. En tal caso, si se mira
al hombre como es en sí mismo, el exceso del peso en una balanza por
encima de otra, debe considerarse como la cualidad del hombre. Estos
contrarios se contemplan juntos, uno toma de otro, ya que un número se resta
de otro, y el hombre debe ser visto a los ojos de Dios de acuerdo con el resto.
Porque aquí, por la suposición, todos los actos de gracia o favor, al no
imputar la culpa tal como es, son excluidos, porque eso supone un grado de
perdón, y eso supone una justificación, que es contraria a lo que se supone, es
decir. Que el pecador no está justificado. Por lo tanto, las cosas deben
tomarse estrictamente como son, y así el hombre es infinitamente indigno y
aborrecible a los ojos de Dios, como lo era antes, sin disminución, porque su
bondad no guarda proporción con su indignidad, y por lo tanto cuando se
toman juntas no son nada.
Por lo tanto, se puede ver más claramente lafuerza de esa expresión en el
texto, de creer en él que justifica al impío. Porque aunque realmente hay algo
en el hombre que es real y espiritualmente bueno, antes de la justificación, sin
embargo, no hay nada que sea aceptado como alguna piedad o excelencia de
la persona, hasta después de la justificación. La bondad o belleza de la
persona en la aceptación de Dios, en cualquier grado, no debe ser considerada
como anterior sino posterior en el orden y método del proceder de Dios en
este asunto. Aunque el respeto a la idoneidad natural entre tal cualificación,
y tal estado, va antes de la justificación, sin embargo, la aceptación incluso de
la fe como cualquier bondad o belleza del creyente, sigue a la justificación.
La bondad está en la cuenta antes mencionada considerada justamente como
nada, hasta que el hombre sea justificado: Y por lo tanto el hombre es
respetado en la justificación, como en sí mismo es del todo repulsivo. De esta
forma, la naturaleza de las cosas no admitirá que un hombre tenga un interés
en los méritos o beneficios de un Salvador, por cuenta de algo como una
rectitud, una virtud o excelencia en él.
 
2. Una constitución divina anterior a aquello la cual establece la justificación
por un Salvador (y de hecho a cualquier necesidad de un Salvador), se
interpone en su camino, a saber. esa constitución o ley original a la cual fue
sometido el hombre, por la cual constitución o ley el pecador es condenado,
porque él es violador de esa ley, y está condenado, hasta que realmente tenga
un interés en el Salvador, a través del cual es librado de esa condena. Pero
suponer que Dios le da a un hombre un interés en Cristo en recompensa por
su rectitud o virtud, es inconsistente con que aún permanezca bajo
condenación hasta que tenga un interés en Cristo, porque supone que la virtud
del pecador es aceptada, y es aceptada para eso, antes de que tenga un interés
en Cristo, en la medida en que el interés en Cristo se da como una
recompensa de su virtud. Pero la virtud debe ser primero aceptada, antes de
ser recompensada, y el hombre primero debe ser aceptado por su virtud antes
de ser recompensado con una recompensa tan grande y gloriosa. Ya que la
noción misma de una recompensa, es bien concedida en el testimonio de
respeto y aceptación de la virtud en la persona recompensada. Consiste en el
honor de la majestad del Rey del cielo y de la tierra, el no aceptar nada de un
malhechor condenado, condenado por la justicia de su propia ley sagrada,
hasta que se elimine esa condena. Y entonces, tal aceptación es inconsistente
y contradictoria con tal condenación remanente, ya que la ley condena al que
la viola, a ser totalmente rechazada y desechada por Dios. Pero, ¿cómo puede
un hombre continuar bajo esta condenación, por ejemplo, continuar siendo
completamente rechazado y desechado por Dios, y sin embargo su justicia o
virtud ser aceptada, y él mismo ser aceptado por cuenta de ello, para tener
una recompensa tan gloriosa como un interés en Cristo otorgado como un
testimonio de esa aceptación?
Sé que la respuesta será que ahora no estamos sujetos a esa constitución a la
que la humanidad fue sometida al principio, sino que Dios, en misericordia
para con la humanidad, ha abolido esa constitución rigurosa, y nos ha
sometido a una nueva ley, y ha introducido una una constitución más suave, y
que la constitución o la ley misma no permanezcan, no hay necesidad de
suponer que la condena de ella permanece, para obstaculizar la aceptación de
nuestra virtud. Y, de hecho, no hay otra forma de evitar esta dificultad. La
condena de la ley debe estar en vigencia contra un hombre, hasta que esté
realmente interesado en el Salvador que ha satisfecho y respondido la ley, a
fin de evitar efectivamente cualquier aceptación de su virtud, ya sea antes, o
con el fin de tal interés. , a menos que la ley o la constitución sean abolidas.
Pero el esquema de los teólogos modernos que lo sostienen parece contener
una gran cantidad de absurdo y autocontradicción. Sostienen que la antigua
ley dada a Adán, que requiere obediencia perfecta, está completamente
derogada, y que en vez de eso, nos someten a una nueva ley, que no requiere
más que una obediencia sincera imperfecta, en conformidad con nuestro
pobre, enfermo e impotente. circunstancias desde la caída, por lo cual no
podemos realizar esa obediencia perfecta que fue requerida por la primera
ley. Porque ellos sostienen enérgicamente, que sería injusto en Dios requerir
algo de nosotros que esté más allá de nuestro poder y capacidad presente de
realizar, y aun así sostienen, que Cristo murió para satisfacer las
imperfecciones de nuestra obediencia, que nuestra obediencia imperfecta
podría ser aceptado en lugar de perfecto. Ahora, ¿cómo pueden estas cosas
estar juntas? Preguntaría a qué ley están violando estas imperfecciones de
nuestra obediencia. Si no violan ninguna ley, entonces no son pecados, y si
no son pecados, ¿qué necesidad tiene Cristo de morir para satisfacerlos? Pero
si son pecados, y por lo tanto la infracción de alguna ley, ¿qué ley es? No
pueden ser una violación de su nueva ley, porque eso no requiere otra cosa
que la obediencia imperfecta, o la obediencia con imperfecciones. No pueden
ser una violación de la antigua ley, porque dicen que está completamente
abolida, y nunca estuvimos bajo ella, y no podemos violar una ley que nunca
hemos tenido. Dicen que no sería justo en Dios exigirnos obediencia perfecta,
porque no sería justo en Dios requerir más de nosotros de lo que podemos
realizar en nuestro estado actual, y castigarnos por su fracaso. Por lo tanto,
según su propio esquema, las imperfecciones de nuestra obediencia no
merecen ser castigadas. ¿Qué necesidad, pues, de la muerte de Cristo para
satisfacer por ellos? ¿Qué necesidad del sufrimiento de Cristo para satisfacer
por lo que no es culpa, y en su propia naturaleza no merece sufrimiento?
¿Qué necesidad de la muerte de Cristo para comprar que nuestra obediencia
imperfecta debe ser aceptada, cuando según su esquema sería injusto en sí
mismo que se requiera cualquier otra obediencia que imperfectas? ¿Qué
necesidad tiene la muerte de Cristo para dejar paso a que Dios acepte tal
obediencia, como sería en sí mismo injusto en él no aceptar? ¿Hay alguna
necesidad de que Cristo muera para persuadir a Dios de no hacer
injustamente? Si se dice que Cristo murió para cumplir esa ley por nosotros,
para que no estemos bajo esa ley, sino que podamos librarnos de ella, para
que haya lugar para nosotros bajo una ley más suave, aún así lo haría.
pregunta: ¿Qué necesidad hay de la muerte de Cristo para que no estemos
bajo una ley que (de acuerdo con su esquema) sería en sí mismo injusto que
nos quedásemos, porque en nuestro estado actual no podemos guardarla?
¿Qué necesidad de la muerte de Cristo para que no estemos bajo la ley de que
sería injusto que nosotros estuviéramos debajo, ya sea que Cristo muriera o
no?
 
Hasta ahora he argumentado principalmente por la razón y la naturaleza de
las cosas: - procedo ahora a la
 
Segundo argumento, que es que esta es una doctrina que las Sagradas
Escrituras, la revelación que Dios nos ha dado de su mente y voluntad - por
lo cual nunca podemos llegar a saber cómo aquellos que han ofendido a Dios
pueden llegar a ser aceptados por él , y justificado a su vista, está muy lleno.
El apóstol Pablo abunda en la enseñanza, que "somos justificados solo por la
fe, sin las obras de la ley" (Romanos 3:28; 4: 5; 5: 1; Gálatas 2:16; 3: 8; 3:11;
3:24). No hay una sola doctrina en la que insiste tanto, y que maneja con
tanta claridad, explicando, dando razones y respondiendo objeciones.
 
Aquí no es negado por ninguno, que el apóstol afirma que somos justificados
por la fe, sin las obras de la ley, porque las palabras son expresas. Pero solo
se dice que tomamos sus palabras mal, y entendemos que por aquellos que
nunca entraron en su corazón, en que cuando él excluye las obras de la ley, lo
entendemos de toda la ley de Dios, o la regla que él ha dado a la humanidad
para caminar:mientras que todo lo que él tiene la intención es la ley
ceremonial.
 
Algunos que se oponen a esta doctrina de hecho dicen que el apóstol a veces
quiere decir que es por fe, es decir , un corazón que abraza el evangelio en su
primer acto solamente, o sin ninguna vida santa precedente, que las personas
sean admitidas en un estado justificado. Pero dicen ellos, es por una
obediencia perseverante que se continúan en un estado justificado, y es por
esto que finalmente se justifican. Pero esto es lo mismo que decir que un
hombre en su primer abrazo del evangelio es justificado y perdonado
condicionalmente. Perdonar el pecado es liberar al pecador del castigo o de la
miseria eterna que se le debe. Por lo tanto, si una persona es perdonada, o
liberada de esta miseria, al abrazar el Evangelio por primera vez y, sin
embargo, no liberarse finalmente, pero su verdadera libertad aún depende de
alguna condición que aún no se ha cumplido, es inconcebible cómo puede ser
perdonado de otra manera que condicionalmente: es decir, no es realmente
perdonado, y liberado del castigo, pero solo él tiene la promesa de Dios de
que será perdonado en condiciones futuras. Dios le promete, que ahora, si
persevera en la obediencia, será finalmente indultado o liberado del infierno,
lo que significa que no hará nada de la gran doctrina de la justificación del
apóstol solo por la fe. Tal perdón condicional no es perdón o justificación en
absoluto más de lo que lo ha hecho toda la humanidad, ya sea que abrazen el
evangelio o no. Porque todos tienen una promesa de justificación final sobre
las condiciones de obediencia sincera futura, tanto como el que abraza el
evangelio. Pero para no disputar sobre esto, supondremos que puede haber
algo u otro en la primera vez que el pecador abrace el evangelio, que puede
llamarse justificación o perdón, y sin embargo esa justificación final, o
verdadera libertad del castigo del pecado, es todavía suspendido en
condiciones hasta ahora incumplidas. Sin embargo, aquellos que sostienen
que los pecadores están justificados para abrazar el evangelio, supongan que
están justificados por esto, no más que como un acto de obediencia principal,
o al menos como virtud y bondad moral en ellos, y por lo tanto serían
excluidos por el apóstol tanto como cualquier otra virtud u obediencia, si se
permite que se refiera a la ley moral, cuando excluye las obras de la ley. Y,
por lo tanto, si se logra ese punto, que el apóstol se refiere a la ley moral, y no
solo a la ceremonial, todo su esquema cae al suelo.
 
Y debido a que la cuestión de todo el argumento de esos textos en las
epístolas de San Pablo depende de la determinación de este punto, sería
particular en la discusión de ello.
 
Algunos de nuestros oponentes en esta doctrina de la justificación, cuando
niegan que por la ley el apóstol quiere decir la ley moral o toda la regla de
vida que Dios ha dado a la humanidad, parecen elegir expresarse así: que el
apóstol solo tiene la intención de Dispensación de mosaico. Pero esto viene a
ser lo mismo que si dijesen que el apóstol solo quiere excluir las obras de la
ley ceremonial. Porque cuando dicen que solo se pretende que no nos
justifiquen las obras de la dispensación mosaica, si significan algo por ella,
debe ser que no estamos justificados al asistir y observar lo que es mosaico
en esa dispensación, o por lo que le era peculiar, y en lo que difería de la
dispensación cristiana, que es la misma que es ceremonial y positiva, y no
moral, en esa administración. Para que esto sea lo que tengo que refutar, a
saber. que el apóstol, cuando habla de las obras de la ley en este asunto,
significa solo las obras de la ley ceremonial, o aquellas observancias que eran
peculiares de la administración mosaica.
 
Y aquí debe notarse, que nadie lo controvierte, si las obras de la ley
ceremonial no están incluidas, o si el apóstol no argumenta particularmente
contra la justificación por la circuncisión, y otras observancias ceremoniales.
Pero todo en cuestión es si cuando niega la justificación por las obras de la
ley, debe ser entendido solo de la ley ceremonial, o si la ley moral no está
implícita ni intencionada. Y, por lo tanto, los argumentos que se presentan
para demostrar que el apóstol se refería a la ley ceremonial, no son nada para
el propósito, a menos que demuestren que el apóstol se refería únicamente a
ellos.
 
Lo que se insiste mucho es que fueron los cristianos judaizantes aficionados a
la circuncisión y otras ceremonias de la ley, y que dependían tanto de ellos,
que era la misma ocasión de la escritura del apóstol como lo hace contra la
justificación por las obras de la ley. Pero suponiendo que fuera así, que su
confianza en las obras de la ley ceremonial era la única ocasión de la escritura
del apóstol (que todavía no hay razón para permitir, como puede aparecer
después), si confían en una obra particular, como un trabajo de justicia, fue
todo lo que le dio la oportunidad al apóstol a escribir, ¿cómo se sigue, que
por lo tanto, el apóstol no escribió en esa ocasión contra no confiar en todas
las obras de justicia en absoluto? ¿Dónde está el absurdo de suponer que el
apóstol podría tener ocasión, desde su observación de algunos de confiar en
una determinada obra como confiar en alguna obra de rectitud, y que también
fue una ocasión muy apropiada? Sí, hubiera sido inevitable que el apóstol
hubiera argumentado en contra de confiar en una obra particular, en la
calidad de una obra de rectitud, cuya cualidad era general, pero allí debe
argumentar en contra de confiar en las obras de rectitud en general.
Suponiendo que hubiera habido algún otro tipo particular de obras que fue la
ocasión de la escritura del apóstol, como por ejemplo, las obras de caridad, y
el apóstol debería tener ocasión de escribirles para no confiar en sus obras,
podría el apóstol con eso ser entendido de ninguna otra obra además de obras
de caridad? ¿Hubiera sido absurdo entenderlo escribiendo en contra de
confiar en cualquier trabajo, porque era su confianza en un trabajo particular
lo que daba ocasión a su escritura?
 
Otra cosa alegada, como evidencia de que el apóstol se refiere a la ley
ceremonial -cuando dice, no podemos ser justificados por las obras de la ley-
es que usa este argumento para probarlo, a saber. que la ley de la que él habla
fue dada tanto tiempo después del pacto con Abraham, en Gal. 3:17, "Y esto
digo, que el pacto que fue confirmado antes de Dios en Cristo, la ley que fue
cuatrocientos treinta años después, no puede anularse". Pero, dicen ellos, era
solo la administración mosaica, y no el pacto de las obras, que fue dado
mucho tiempo después. Pero el argumento del apóstol parece ser claramente
confundido por ellos. El apóstol no habla de una ley que comenzó a existir
cuatrocientos treinta años después. Si lo hiciera, habría algo de fuerza en su
objeción, pero él tiene respeto por cierta transacción solemne, bien conocida
entre los judíos por la frase "la entrega de la ley", que estaba en el Monte
Sinaí (Exo. 19, 20). ) que consiste especialmente en que Dios dio los diez
mandamientos (que es la ley moral) con una voz terrible, ley que luego dio en
tablas de piedra. Esta transacción que los judíos en el tiempo del apóstol
malinterpretaron. Lo consideraron como si Dios estableciera esa ley como
una regla de justificación. Contra esta presunción suya, el apóstol trae este
argumento invencible, a saber. que Dios nunca iría a desanimar su pacto con
Abraham, que era claramente un pacto de gracia, por una transacción con su
posteridad, que fue tan largo después de eso, y fue claramente construido
sobre él. Él no derrocaría un pacto de gracia que había establecido hacía
mucho tiempo con Abraham, para él y su simiente (que a menudo se
menciona como la base de que Dios los hizo su pueblo), estableciendo un
pacto de obras con ellos en el Monte Sinaí. , como lo suponían los judíos y
los cristianos judaizantes.
 
Pero que el apóstol no quiere decir solamente las obras de la ley ceremonial,
cuando excluye lasobras de la ley en la justificación, sino también de la ley
moral, y todas las obras de obediencia, virtud y rectitud, pueden aparecer por
las siguientes cosas.
 
1. El apóstol no solo dice que no estamos justificados por las obras de la ley,
sino que no somos justificados por las obras , usando un término general,
como en nuestro texto, "al que no trabaja, pero cree en él" esa justificación ",
etc .; y en el versículo 6, "Dios atribuye la justicia sin obras", y Rom. 11: 6,
"Y si por gracia, entonces ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no
es más gracia; pero si es por obras, entonces ya no es gracia; de lo contrario,
el trabajo ya no es más trabajo ". Entonces, Eph. 2: 8, 9: "Porque por gracia
sois salvos, por medio de la fe, no de las obras;" por lo cual, no hay razón en
el mundo para entender al apóstol de otro que no sea el de las obras en
general, como correlatos de una recompensa , o buenas obras, o obras de
virtud y rectitud. Cuando el apóstol dice, somos justificados o salvados no
por obras, sin ningún término anexado, como la ley, o cualquier otra adición
para limitar la expresión, lo que garantiza tener que limitarlo a las obras de
una ley o institución particular, excluyendo ¿otros? ¿No funcionan las
observancias de otras leyes divinas, así como de eso? Parece ser permitido
por los teólogos en el esquema Arminiano, en su interpretación de varios de
esos textos donde el apóstol solo menciona las obras, sin ninguna adición,
que se refiere a nuestras buenas obras en general. Pero luego, dicen, él solo
quiere excluir cualquier mérito apropiado en esos trabajos. Pero decir que el
apóstol quiere decir una cosa cuando dice: no somos justificados por las
obras, y otro cuando dice que no somos justificados por las obras de la ley,
cuando encontramos expresiones mezcladas y usadas en el mismo discurso, y
cuando el apóstol evidentemente está sobre el mismo argumento, es muy
irrazonable. Es para esquivar y volar de las Escrituras, en lugar de abrirnos y
rendirnos a sus enseñanzas.
 
2. En el tercer capítulo de Romanos, nuestro haber sido culpables de
violaciones de la ley moral, es un argumento que el apóstol usa, por qué no
podemos ser justificados por las obras del Antiguo Testamento, que todos
están bajo pecado: "Hay ninguno justo, no uno: su garganta es como un
sepulcro abierto; con sus lenguas han usado el engaño: su boca está llena de
maldiciones y amargura; y sus pies se apresuran a derramar sangre. "Y así
continúa, mencionando solo aquellas cosas que son violaciones de la ley
moral. Y luego, cuando lo haya hecho, su conclusión es, en los versículos 19
y 20: "Ahora sabemos que todo lo que la ley dice, esto lo dice a los que están
bajo la ley, que toda boca puede ser detenida, y todo el mundo puede
volverse culpable ante Dios. Por lo tanto, por las obras de la ley, ninguna
carne se justificará en su vista. "Este es más evidentemente su argumento,
porque todos habían pecado (como se dijo en el versículo 9), y han sido
culpables de esas violaciones de la moral ley que él había mencionado (y se
repite una vez más, versículo 23), "Por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios", por lo tanto, ninguno puede ser justificado
por las obras de la ley. Ahora bien, si el apóstol solo quiso decir que no
estamos justificados por las obras de la ley ceremonial, ¿qué tipo de
argumento sería ese: "Su boca está llena de maldición y amargura, sus pies
son rápidos para derramar sangre?" Por lo tanto, no pueden ser justificado por
las obras de la administración mosaica. Son culpables de las violaciones de la
ley moral, y por lo tanto no pueden ser justificadas por las obras de la ley
ceremonial. Sin duda, el argumento del apóstol es que la misma ley que han
roto, nunca puede justificarlos como observadores de ella, porque toda ley
necesariamente condena a los que la violan. Y, por lo tanto, nuestras
infracciones de la ley moral no sostienen más que el hecho de que no
podemos ser justificados por esa ley que hemos roto.
 
Y debe notarse, que el argumento del apóstol aquí es el mismo que ya he
usado, a saber . que como estamos en nosotros mismos y estamos fuera de
Cristo, estamos bajo la condena de esa ley o constitución original que Dios
estableció con la humanidad. Y, por lo tanto, no hay manera de que todo lo
que hagamos, cualquier virtud u obediencia nuestra, sea aceptado, o lo
aceptemos por eso.
 
3. El apóstol, en toda la parte precedente de esta epístola, dondequiera que
tenga la frase, la ley , evidentemente tiene la intención de la ley moral
principalmente. Como en el versículo 12 del capítulo anterior: "Porque todos
los que han pecado sin ley, también perecerán sin ley." Es evidentemente la
ley moral escrita que el apóstol quiere decir, en el versículo siguiente, pero
uno: "Porque cuando los Gentiles , que no tienen la ley, hacen por naturaleza
las cosas contenidas en la ley ", es decir, la ley moral que los gentiles tienen
por naturaleza. Y así el siguiente versículo, "que muestran la obra de la ley
escrita en sus corazones". Es la ley moral, y no la ceremonial, lo que está
escrito en los corazones de aquellos que están desprovistos de la revelación
divina. Y así en el versículo 18, "aprobaste las cosas que son más excelentes,
siendo instruido por la ley." Es la ley moral que nos muestra la naturaleza de
las cosas, y nos enseña lo que es excelente, verso 20, "Tú tiene una forma de
conocimiento y verdad en la ley ". Es la ley moral, como es evidente por lo
que sigue, los versículos 22, 23," Tú que dices que un hombre no debe
cometer adulterio, ¿cometes adulterio? Tú, que odias a los ídolos, ¿cometes
sacrilegio? Tú que haces tu jactancia de la ley, al infringir la ley, deshonras a
Dios? "El adulterio, la idolatría y el sacrilegio, sin duda son la violación de la
ley moral, y no la ley ceremonial. Entonces en el versículo 27, "Y no será
incircunccional la cual es por naturaleza, si cumple la ley, te juzguen, ¿quién
por la letra y la circuncisión transgrede la ley?" Es decir, los gentiles, que
desprecian por incircuncisos, si viven Las vidas morales y santas, en
obediencia a la ley moral, te condenarán aunque seas circuncidado. Y así no
hay un solo lugar en toda la parte precedente de la epístola, donde el apóstol
habla de la ley, pero que aparentemente tiene la intención principalmente de
la ley moral. Y sin embargo, cuando el apóstol, en la continuación del mismo
discurso, viene a decirnos que no podemos ser justificados por las obras de la
ley, entonces necesitarán tenerla, que se refiere solo a la ley ceremonial. Sí,
aunque todo este discurso sobre la ley moral, que muestra cómo los judíos y
los gentiles lo han violado, es evidentemente preparatorio e introductorio a
esa doctrina, Rom. 3:20, "Que ninguna carne", es decir, ninguno de la
humanidad, ni judíos ni gentiles, "puede ser justificado por las obras de la
ley".
 
4. Es evidente que cuando el apóstol dice que no podemos ser justificados por
las obras de la ley, se refiere tanto a la ley moral como a la ceremonial, al dar
esta razón para ello, que "por la ley es el conocimiento del pecado" , "Como
Rom. 3:20, "Por las obras de la ley nadie será justificado delante de él;
porque por la ley es el conocimiento del pecado. "Ahora, esa ley por la cual
llegamos al conocimiento del pecado, es la ley moral principalmente y
principalmente. Si este argumento del apóstol es bueno, "que no podemos ser
justificados por las obras de la ley, porque es por medio de la ley que
llegamos al conocimiento del pecado", entonces prueba que no podemos ser
justificados por las obras de la ley moral, ni por los preceptos del
cristianismo; porque por ellos es el conocimiento del pecado. Si la razón es
buena, entonces donde la razón se mantiene, la verdad se cumple. Es un
cambio miserable, y una fuerza violenta puesta sobre las palabras, decir que
el significado es, que por la ley de la circuncisión es el conocimiento del
pecado, porque la circuncisión que significa quitar el pecado, pone a los
hombres en la mente del pecado. Elsignificado claro del apóstol es que,
como la ley prohíbe más estrictamente el pecado, tiende a convencernos del
pecado, y trae nuestras propias conciencias para condenarnos, en lugar de
justificarnos: que su uso es declararnos nuestro propia culpa e indignidad,
que es el reverso de justificarnos y aprobarnos como virtuosos o dignos. Este
es el significado del apóstol, si le permitimos ser su propio expositor. Porque
él mismo, en esta misma epístola, nos explica cómo es que por medio de la
ley tenemos el conocimiento del pecado, y que es por la ley que prohibe el
pecado, Rom. 7: 7, "No conocí el pecado, sino por la ley; porque no había
conocido la lujuria, a menos que la ley dijera: No codiciarás ". Allí el apóstol
determina dos cosas: primero, que la manera en que" por la ley es el
conocimiento del pecado ", es por el pecado que prohibe la ley y, en segundo
lugar, que es aún más directo para el propósito, él determina que es la ley
moral por la cual llegamos al conocimiento del pecado. "Porque", dice él, "no
había conocido la lujuria, a menos que la ley dijera: No codiciarás". Ahora
bien, es la ley moral, y no la ley ceremonial, la que dice: "No codiciarás". Por
lo tanto, cuando el apóstol arguye que por las obras de la ley ninguna persona
viviente será justificada, porque según la ley es el conocimiento del pecado,
su argumento prueba (a menos que se equivocara en cuanto a la fuerza de su
argumento), que no podemos ser justificados por las obras de la ley moral.
 
5. Es evidente que el apóstol no se refiere solo a la ley ceremonial, porque da
esta razón por la cual tenemos justicia, y un título para el privilegio de los
hijos de Dios, no por la ley, sino por la fe, "que la ley obra ira. "Rom. 4: 13-
16, "Porque la promesa de que él sería el heredero del mundo, no fue para
Abraham, ni para su simiente por la ley, sino por la justicia de la fe". Porque
si los que son de la ley son herederos, la fe queda anulada y la promesa hecha
sin efecto. Porque la ley produce ira, porque donde no hay ley, no hay
transgresión. Por lo tanto, es de fe, que podría ser por gracia ". Ahora bien, la
forma en que la ley produce ira, según el propio relato del apóstol, en la razón
por la que él mismo se anexa, es prohibiendo el pecado y agravando la culpa
de la transgresión. "Porque", dice él, "donde no hay ley, no hay transgresión",
y así, Rom. 7:13, "para que el pecado por el mandamiento sea excesivamente
pecaminoso". Si, por lo tanto, esta razón del apóstol es buena, es mucho más
fuerte contra la justificación por la ley moral que por la ley ceremonial.
Porque es por las transgresiones de la ley moral, principalmente, que viene la
ira: porque están estrictamente prohibidas, y terriblemente amenazadas.
 
6. Es evidente que cuando el apóstol dice, no somos justificados por las obras
de la ley, que él excluye toda nuestra propia virtud, bondad o excelencia, por
esa razón él la da, a saber. "Esa jactancia podría ser excluida". Rom. 3:26, 27,
28, "Para declarar, digo, en este tiempo su justicia, para que él sea justo, y el
que justifica al que es de los que creen en Jesús. ¿Dónde se jacta entonces?
Esta excluido ¿Por qué ley? de obras? No; pero por la ley de la fe Por lo
tanto, concluimos que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley
". Ef. 2: 8, 9, "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y eso no de
ustedes mismos; es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
"Ahora, ¿de qué van a jactarse los hombres, sino en lo que consideran su
propia bondad o excelencia? Si no somos justificados por las obras de la ley
ceremonial, ¿cómo excluye la jactancia, siempre que seamos justificados por
nuestra propia excelencia, o por nuestra virtud y bondad, o por las obras de
justicia que hemos hecho?
 
Pero se dice que se excluye la jactancia, ya que se excluyó la circuncisión,
que era lo que los judíos usaban especialmente para gloriarse y valorarse a sí
mismos, por encima de otras naciones.
 
A esto respondo, que los judíos no solo solían jactarse de la circuncisión, sino
que eran famosos por jactarse de su rectitud moral. Los judíos de aquellos
días generalmente eran admiradores y seguidores de los fariseos, que estaban
llenos de sus alardes de su rectitud moral; como podemos ver por el ejemplo
del fariseo mencionado en el 18 de Lucas, que Cristo menciona describiendo
el temperamento general de esa secta: "Señor", dice él, "te agradezco que no
soy como los otros hombres, extorsionador, ni injusto, ni adúltero ". Las
obras de las que se jacta son principalmente obras morales: depende de las
obras de la ley para la justificación. Y, por lo tanto, Cristo nos dice que el
publicano, que renunció a toda su propia justicia, "descendió a su casa
justificado en lugar de él". Y en otros lugares, leemos de los fariseos orando
en las esquinas de las calles y tocando una trompeta antes ellos cuando
hicieron limosnas. Pero esas obras de las que tan vanamente se jactaban eran
obras morales . Y no solo eso, sino lo que el apóstol en esta misma epístola
condena a los judíos, es su jactancia de la ley moral. ROM. 2:22, 23, "Tú que
dices que un hombre no debe cometer adulterio, ¿cometes adulterio? Tú, que
odias a los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que haces tu jactancia de la ley, al
infringir la ley, deshonras a Dios? "La ley aquí mencionada de la que se
jactaban, era de la cual el adulterio, la idolatría y el sacrilegio, eran las
infracciones, que es la ley moral . De modo que esta es la jactancia por la que
el apóstol los condena. Y, por lo tanto, si fueron justificados por las obras de
esta ley, entonces, ¿cómo puede él decir que su jactancia está excluida? Y
además, cuando se jactaban de los ritos de la ley ceremonial, tenían la idea de
que formaba parte de su propia bondad o excelencia, o lo que los hacía más
santos y más hermosos a los ojos de Dios que los demás. Si no estaban
justificados por esta parte de su supuesta bondad o santidad, sin embargo, si
lo eran por otro, ¿cómo excluía eso la jactancia? ¿Cómo se excluía su
jactancia, a menos que se excluyera toda bondad o excelencia propia?
 
7. La razón dada por el apóstol acerca de por qué podemos ser justificados
solo por la fe, y no por las obras de la ley, en el capítulo 3d de Galations a
saber . "Que los que están bajo la ley, están bajo la maldición", hace evidente
que no se refiere solo a la ley ceremonial. En ese capítulo, el apóstol había
insistido particularmente en ello, que Abraham fue justificado por la fe, y que
es solo por fe, y no por las obras de la ley, que podemos ser justificados, y
convertirnos en hijos de Abraham, y ser hicieron partícipes de la bendición de
Abraham: y él le da esta razón en el versículo 10: "Porque todos los que son
de las obras de la ley, están bajo la maldición; porque escrito está: Maldito
todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la
ley, para hacerlas ". Es manifiesto que estas palabras, citadas en el
Deuteronomio, son habladas no solo con respecto a la ley ceremonial , pero
toda la ley de Dios para la humanidad y principalmente la ley moral, y que
toda la humanidad es, por lo tanto, como están en sí mismas bajo la
maldición, no solo mientras dure la ley ceremonial, sino ahora desde que
cesó. Y, por lo tanto, todos los que son justificados, son redimidos de esa
maldición, por medio de que Cristo la traiga para ellos; como en el versículo
13, "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndosenos maldición,
porque escrito está: Maldito todo aquel que cuelga de un madero". Ahora,
pues, o bien se dice que es La maldición que no persiste en todas las cosas
que están escritas en el libro de la ley para hacerlas, es una buena razón por la
cual no podemos ser justificados por las obras de esa ley de la que así se dice,
o no lo es: si es , entonces es una buena razón por la cual no podemos ser
justificados por las obras de la ley moral, y de toda la regla que Dios ha dado
a la humanidad para caminar. Porque las palabras se refieren tanto a la ley
moral como a la ceremonial,

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