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La oracion de los discipulos - John McArthur

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John F. McArthur
SERMONESTEMÁTICOS
LA ORACIÓN DE LOS
DISCÍPULOS
Desatando la verdad de
Dios, un versículo a la vez
___________________________________
La oración de los discípulos
Series por Tema Mateo 6:9–15
¿Qué pasaría si alguien le dijera que necesita reducir su
tiempo de oración? Usted podría decir que él es un mal
maestro, pero considere lo siguiente: la oración puede ser una
pérdida de tiempo si usted no comprende su propósito.
La pregunta es: ¿cuál es el propósito de la oración? ¿Es
posible orar de un modo incorrecto? ¿Cuáles son las
características importantes en una vida de oración poderosa,
con propósito, que Cristo mismo quiere que nosotros
pongamos en práctica?
John MacArthur da una mirada cercana, frase por frase al
modelo propio de oración de Cristo en el estudio popular que
John titula La Oración de los Discípulos.
El propósito de la oración
Mateo 6:9–15
Si es tan amable en esta mañana, tome su Biblia y
acompáñeme a Mateo capítulo 6. Estamos comenzando un
estudio de la oración de los discípulos en Mateo 6:9 al 15.
Realmente, la oración llega hasta el versículo 13; y los
versículos 14 y 15 son un epílogo de la oración para explicar
un elemento de la misma. Pero este será nuestro estudio
durante las próximas semanas. Usted no puede estudiar esto,
la oración de los discípulos, comúnmente conocida como la
oración del Señor, de manera apresurada. No es posible que
usted la estudie en una semana. Y esta mañana trataré de
decirle por qué.
Para muchas personas, esta oración es algo que simplemente
han recitado. Y al limitarla a eso, usted pierde el punto entero
porque es infinitamente más que eso. Normalmente, en un
sermón, tomaríamos un texto de las Escrituras,
desarrollaríamos un bosquejo y predicaríamos este texto.
Pero en esta mañana, quiero darle una perspectiva
panorámica de la oración de los discípulos. La razón por la
que quiero hacer esto es porque realmente creo que es algo
tan esencial. Realmente, creo que para cuando terminemos
de estudiar esto en las próximas semanas, será una
experiencia que cambiará nuestras vidas. Va a hacer en
nuestra vida de oración, lo que creo que las bienaventuranzas
harán en el área de nuestro compromiso y consagración. Es
monumental en términos de su capacidad de instrucción.
Ahora, al comenzar la serie de la oración de los discípulos,
creo que necesitamos tenerla en mente. Así que permítame
leerla hasta el versículo 13: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre
nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre.
Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así
también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros
perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en
tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, y el
poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”
Ahora, al enfrentar esta porción tremenda de las Escrituras,
nos encontramos con uno de los temas más vitales de toda la
vida cristiana. Enfrentamos el tema de la oración. Se ha
discutido mucho, se ha hablado mucho, se ha enseñado
mucho. Y sin embargo, es vital; y quizás ha sido malentendido
en muchos casos. El creyente debe aprender a orar para
experimentar la plenitud de comunión con Dios, para abrir las
puertas del cielo, para conocer la plenitud de la bendición de
Dios, necesitamos saber cómo orar.
Este maravilloso modelo de oración nos enseñará a hacer
eso. Y, claro, creo que todos estamos conscientes de lo
importante que es la oración. El apóstol Pablo dijo “orad sin
cesar”. Orad sin cesar. Ore y nunca deje de orar. Ahora, algo
que consume tanto a la experiencia cristiana, debe ser
comprendido. Si no sabemos cómo orar, si no sabemos por
qué orar, entonces no nos ayuda mucho el seguir orando. No
obstante, si sabemos por qué orar y cómo orar, entonces orar
sin cesar tiene una importancia tremenda.
Ahora recuerde que en esta sección en particular del Sermón
del Monte, Mateo está presentando al rey como lo hace en
todo su Evangelio. Y aquí en los capítulos 5 al 7, el Rey está
presentando los estándares de Su Reino. Ahora, Él da el
estándar de Su Reino en contraste a los supuestos estándares
del día. Los judíos del día de Jesús habían desarrollado un
sistema que ellos consideraban apropiado para llevarlos al
Reino; pero no era así.
Y particularmente, Jesús está concentrándose en sus
actividades religiosas en el capítulo 6. En el capítulo 5 dijo que
su teología no era la adecuada. Más tarde, en el capítulo 6, la
perspectiva del mundo material no era adecuada. Y aquí Él
dice que su vida religiosa no es adecuada; y Él toma tres
ilustraciones: sus limosnas, sus oraciones y su ayuno. Sus
limosnas no son apropiadas. Sus oraciones no son
apropiadas y su ayuno no es apropiado.
Y Él entonces usa eso como un contexto para reafirmar cuál
es el verdadero estándar de Dios. Entonces, estos realmente
son los estándares del Reino. Estas son las condiciones de
ser un hijo del Rey. Esta es la manera en la que un verdadero
hijo del Rey vive, no como los judíos de ese entonces, sino
como Jesús señala aquí al afirmar el estándar de Dios.
Ahora, permítame tan sólo decir que las tres que Él usa aquí
al discutir su actividad de religiosa: el dar, el orar y el ayunar;
el énfasis mayor se concentra en la oración, porque la oración
es más importante. Dar es importante, pero usted va a dar de
manera apropiada únicamente cuando usted dé a partir de
una comunión constante con Dios, sólo cuando usted está
respondiendo a Dios, sólo cuando su corazón está lleno de
gratitud. Sólo cuando usted está dando a partir de la vitalidad
de una vida personal que vive en comunión con Dios. Y el
ayuno no tiene significado fuera de la oración.
Entonces, el concepto de la oración es muy, muy elemental
para todo lo que usted da y todo lo que ayuna. Y esa es la
razón por la que cuando el Señor selecciona tres áreas de la
vida religiosa: el dar, el orar y el ayunar, Él se concentra en la
mayor parte de lo que Él dice, en el tema de la oración.
Es algo muy esencial. De hecho, Martin Lloyd Jones lo ha
expresado en estas palabras: “el hombre se encuentra en su
mejor estado y en su estado más elevado cuando está de
rodillas cara a cara con Dios.” Eso es verdad. Jesús entonces,
está desafiando a la religión de Su día y Él está diciendo de
hecho: “sus oraciones, así como cuando ustedes dan y
cuando ustedes ayunan, son sub estándares.”
Ahora usted dirá ‘bueno esa la gente del Antiguo Testamento.
Esos son los judíos en los días de Jesús. ¿Qué mensaje tiene
esto para nosotros?” Escuche. En el caso de nuestro día,
nuestra religión, en muchos, muchos casos es simplemente
tan sub estándar y está tan sujeta y es tan inadecuada como
lo fue la de los judíos en los días de Jesús. Se da mucho para
gloria personal. Se ayuna mucho para llamar la atención a
nuestra supuesta santidad. Y se ora mucho de una manera
que es pretenciosa. Se ora mucho que no reconoce los
estándares básicos bíblicos divinos para la verdadera oración.
De hecho, el apóstol Pablo dijo en Romanos 8:26 -y él dijo
esto acerca de la Iglesia, él dijo esto acerca de personas de
este lado de la cruz, del lado en el que vivimos. Él dijo: “no
sabemos orar como debiéramos.”
Él dijo dos cosas ahí: no sabemos por qué orar y no sabemos
cómo debemos orar por aquello por lo que no sabemos orar.
No sabemos cómo o qué en nuestras oraciones. Entonces, “el
Espíritu Santo hace intercesión por nosotros.” En otras
palabras, Dios siempre está ayudando nuestras oraciones
porque no sabemos cómo orar o por qué orar.
Entonces, tenemos el mismo problema. Muchos que ni
siquiera son cristianos, oran. Ese tipo de oración no es muy
diferente de la de los escribas y fariseos, inadecuada y una
oración sub estándar. Entonces, nuestro Señor en Su
corrección al dar y en Su corrección al ayunar, se concentra
en actividades religiosas muy específicas. Pero nunca lo hace
de un modo tan fuerte como lo hace en su categoría de la
oración. La mayoría de los versículos en esta sección se
dedican al tema de la oración. Y lo que nuestro
Señor está
haciendo es afirmar la necesidad de orar de una manera
adecuada. Él dice con respecto al dar: “no lo hagan de esta
manera. No lo hagan de aquella manera. No lo hagan de este
modo.” Con respecto al ayuno, dice: “no lo hagan de esta
manera. No lo hagan de esa manera. Y no lo hagan de esta
manera.” Pero con respecto a la oración, Él dice: “no lo hagan
de esta manera. No lo hagan de esa manera. Sino, háganlo de
esta manera.” Este es el único en el que Él da una descripción
detallada de cómo debemos orar.
No hay mucha discusión acerca de cómo debemos dar en
este capítulo. No hay mucha discusión acerca de cómo
debemos ayunar, simplemente se toca de manera ligera. Pero
cómo debemos ayunar -escúcheme- es de manera total,
general, específica y detallada cubierto en esta oración simple
de 66 palabras breves. Es una obra maestra absoluta de la
mente infinita de un Dios sabio, quien de algunamanera puede
incluir la totalidad de todo elemento concebible en la oración
y reducirlo a un patrón simple para la oración. Es la economía
de palabras que solo Dios mismo, con Su mente infinita, podía
llegar a diseñar.
Este patrón en particular para la oración de manera absoluta
me asombra. Y entre más estudié esto esta semana, más
frustrado terminé. Normalmente, cuando llego a un pasaje,
diseño un pequeño bosquejo y a partir de ahí, lo sigo. Pero
éste, lo estudié de una manera y después, lo estudié de otra
manera y después, de otro modo y después, de otro modo; y
me pareció que hay una cantidad infinita de posibilidades de
ver este increíble patrón de oración. Es una tragedia absoluta
que la gente en la iglesia conoce esto como algo que usted
incluye al final de una oración en un servicio de adoración. Y
eso está muy lejos de Su intención.
Ahora, quiero dar un paso más hacia adelante al introducir
esto: creo que hay dos pruebas definitivas de espiritualidad
verdadera. Hay dos pruebas definitivas de espiritualidad
verdadera. Uno es el estudio de la Palabra de Dios y dos es la
oración. Esas son las dos pruebas definitivas de espiritualidad
verdadera. Y yo creo, en lo personal, y creo que la Biblia apoya
esto, que el estudio de la Palabra de Dios viene primero. ¿Por
qué? Porque ni siquiera sabemos cómo orar a menos de que
sepamos lo que la Biblia enseña acerca de Dios, acerca de la
voluntad de Dios, acerca de nuestras vidas y acerca de
nuestros problemas.
Por lo tanto, es el estudio de la Palabra de Dios lo que da luz
a una vida de oración significativa. Usted no puede orar en un
vacío. No es virtuoso decir bueno, tal y tal nunca estudia la
Biblia, pero ora todo el tiempo. Bueno, si estudiara la Biblia un
poco, quizás podría reducir un poco el tiempo que necesita
orar, porque eliminaría muchas cosas superfluas. Cuando
Jesús dio un modelo de oración lo hizo de manera muy, muy
breve. Y no es qué tan larga es, su oración. Es si su oración
toca todos los elementos que son vitales y necesarios. Y
francamente, usted lo puede hacer con 66 palabras o usted
puede hacerlo durante toda la noche siempre y cuando toque
todos estos elementos.
Pero el estudio de la Palabra de Dios viene primero.
Permítame mostrarle lo que quiero decir. Hay personas que le
ruegan a Dios a que les dé el Espíritu Santo. Ya tienen al
Espíritu Santo. Hay personas que le ruegan a Cristo que les de
fortaleza. La Biblia dice que usted “todo lo pueden Cristo que
lo fortalece.” He oído a personas que se ponen de pie y dicen
“Señor, quédate con nosotros”. Y la Biblia dice “he aquí, Yo
estoy con vosotros todos los días.” Hay personas que le
ruegan a Dios por amor, porque puedan amar a alguien. La
Biblia dice que el amor de Cristo ha sido derramado en su
corazón. No lo necesita. Simplemente, necesita expresarlo.
Lo que estoy diciendo es que a menos de que entendamos la
verdad de la Palabra de Dios, usted realmente no sabe cómo
orar. Entonces, las dos pruebas definitivas de madurez
espiritual o de espiritualidad son el estudio de la Palabra de
Dios y como un corolario, la oración, la oración que está
guiada por una comprensión de la Verdad de Dios. Y cuando
estudiamos la Palabra de Dios y descubrimos la Verdad de
Dios, descubrimos también la condición verdadera de
nuestros propios corazones, la verdadera condición de
nuestras propias vidas espirituales y eso nos motiva a la
oración privada, personal, cuando abrimos nuestros
corazones a Dios.
En mi vida, nada me motiva a tener comunión con Dios tanto
como el abrir Su Palabra. Ahora, nuestro Señor conocía el
lugar de la oración. La Biblia dice que Jesús, con mucha
frecuencia, se levantaba muy de mañana y se iba al monte a
orar. La Biblia indica que en las tardes, Él iba a la parte de atrás
de Jerusalén, al otro lado del torrente de Cedrón, ascendía un
poco al monte de los olivos y ahí tenía comunión con Su
Padre. Y oraba con frecuencia con el Padre toda la noche.
Los discípulos vieron en Jesús un compromiso tremendo con
la oración. Y probablemente, eso es lo que motivó a algunos
de ellos a que dijeran en Lucas 11:1: “Señor, enséñanos a
orar.” Y cuando se hace esa pregunta en Lucas 11:1, Jesús
les repite este mismo modelo de oración que está aquí en
Mateo 6. Pero ese es un incidente diferente, pero básicamente,
les da el mismo modelo.
Y quizás aquí, conforme Jesús está hablando, y Él dice: “no
quiero que oren como los fariseos, haciéndolo delante de los
hombres; no quiero que oren demanera repetitiva, vana, como
los paganos; y no quiero que oren pensando que están
informándole a Dios, ‘Dios tengo que decirte algunas cosas
que realmente necesitas saber.’ Realmente no quiero que
oren así.”
Jesús sabe que en sus mentes estarán diciendo ‘bueno,
entonces enséñanos cómo orar. Si no debemos hacerlo así,
entonces, ¿cómo debemos hacerlo? Entonces el Señor les
dice a ellos, presuponiendo la pregunta, versículo 9, “vosotros,
pues, oraréis así.” Así es como quiero que oren. No así, sino
de esta manera. Y entonces, el Señor toca la gran necesidad
para orar de manera apropiada.
Amados, esto viene en un tiempo maravilloso en medio del
manifiesto del Rey, en un gran tiempo en el corazón del
Sermón del Monte, presentándonos para todos los tiempos y
que el entendimiento de la oración es vital para un ciudadano
del Reino. Para aquellos que siguen al Rey, la oración es una
parte muy esencial.
Ahora, yo creo que esto debió haberlos sacudido de modo
muy fuerte. Porque los judíos le habían dado un lugar de
prioridad a la oración. Pero en el proceso del tiempo, ellos
habían abandonado la pureza de la oración genuina y ellos
habían dejado la verdadera oración a cambio de los ejercicios
religiosos, ritualistas, rutinarios que tenían. Tenían sus
pequeñas fórmulas, tenían pequeñas oraciones ya
concebidas que oraban en tiempos específicos. Y todo esto
había reemplazado para el día de Jesús la realidad de la
oración genuina.
Pero esa fue una realidad que conocieron una vez en el
pasado. Dios les había dado eso. Permítame compartir con
usted entonces algo de la perspectiva histórica judía acerca
de la oración.
La gente dice que esto de la oración es algo nuevo. Realmente,
no. No de manera total. No fue así. Simplemente, es una
reafirmación de algo muy antiguo. Y eso encaja en el Sermón
del Monte, ¿no es cierto? Porque en el sermón del monte en el
capítulo 5, versículo 17, cuando Jesús comenzó en esta
discusión entera aquí en el capítulo 5, 6 y 7, Él dijo “miren, no
he venido a quitar nada del Antiguo Testamento. No vengo a
añadir nada al Antiguo Testamento. Vengo a afirmar el
Antiguo Testamento. De hecho, ni una jota ni una tilde será
quitada de la ley. Estoy aquí para recordarles de la pureza de
lo que Dios quiere.” Y cuando hablamos de la oración, Él les
afirma a ellos cosas que ellos deberían haber sabido bien y
que deberían haber estado incorporado en sus oraciones.
Permítame tan sólo darle algo de la perspectiva de los judíos
en términos históricos acerca de la oración. Los judíos creían
que tenían un derecho a orar. Los judíos del Antiguo
Testamento creían que tenían el derecho de venir a Dios. Esta
era una parte muy
importante de su experiencia en la vida.
Continuamente, deseaban venir a Dios, escuchen, porque
creían que Dios quería que estuvieran ahí. No veían a Dios
como los paganos vienen en temor y temblor. No venían a
Dios en pánico. Venían a Dios porque realmente creían que
Dios quería que vinieran.
De hecho, el rabino dijo esto. “El santo anhela las oraciones
de los justos.” El Salmo 145:18 dice: “cercano está Jehová a
todos los que le invocan.” Salmo 91:15: “cuando él me
invoqué, Yo le responderé, dice Jehová.” En otras palabras, la
Palabra de Dios reveló que Dios quería oír el temor de sus
corazones, ningún judío, ningún judío verdadero, con un
Espíritu recto jamás dudo la prioridad de Dios para la oración.
Los rabinos creían que la oración no sólo era comunicación,
sino que era un arma poderosa, que en cierta manera el
liberaba el poder de Dios. En el Salmo 65:2, encontramos un
versículo interesante. Dice: “Oh Tú que oyes la oración,” y
después procede a decir, “a Ti vendrá toda carne.” Pero la idea
aquí es que los judíos dijeron “Oh Tú que oyes la oración.”
Ellos creían que Dios oía sus oraciones. Ahora, no estoy
seguro de que la gente que adoraba a Baal creyera eso, ¿o
usted si cree eso?
Digo, habrían tenido que estar gritándole a Baal y nunca nada
sucedió con Elías. Y Elías les seguía diciendo ‘bueno, creo que
se durmió. Grítenle más fuerte.’ Ah, no, Dios está de
vacaciones. Y sacaron cosas y estaban rompiéndose la ropa
y cortándose sus cuerpos y sangrando por todos lados. No
creo que realmente pensaran que su Dios estaba interesado
y ése es el motivo por el que ellos tenían una repetición
interminable. Esa es la razón por la que estaban tratando de
llamar la atención a su Dioses, porque realmente irritaban a
sus dioses para que ellos respondieran. Pero los judíos no
creyeran eso. O, Tú, que oyes la oración.
El Midrash es un comentario judío de la subsecciones del
Antiguo Testamento y el Midrash, el comentario judío de ese
versículo en el Salmo 65 dice esto: “un rey humano puede
escuchar a dos o tres personas a la vez, pero no puede
escuchar a más. Dios no es así ya que todos los hombres
pueden orar a Él y Él oye a todos de manera simultánea. Los
oídos de los hombres quedan satisfechos con oír, pero los
oídos de Dios, nunca están satisfechos. Él nunca se cansa por
las oraciones de los hombres.” Ahora, ese es su comentario
acerca de ese versículo. Dios quiere que vengan, no importa
cuántos. Él puede filtrarlos a todos y nunca se cansa. Él espera
con gusto que usted venga.
Ahora, los maestros judíos dieron un paso inclusive más
adelante. Ellos enseñaron que la oración debería ser
constante, constante, constante. Ellos estaban tratando de
enseñarle al pueblo a evitar el orar sólo cuando usted se
desesperaba, como la gente que piensa que la oración es un
paracaídas. A usted le está gusto que esté ahí y espera que
nunca tenga que usarla. Querían que la gente orara todo el
tiempo. Y entonces, el Talmud dice esto. Escuche. Estas son
las enseñanzas judías. “Honre al médico antes de que
necesite verlo.” Esa es una buena palabra. Dice: “el santo dice
‘así como es mi responsabilidad causar la lluvia y que caiga
el rocío y hacer que las plantas crezcan y sustentar al hombre,
así también ustedes tienen la responsabilidad de orar delante
de mí y alabarme de acuerdo con mis obras. Ustedes no dirán
‘yo estoy en prosperidad, ¿por qué entonces oraré? Pero
cuando venga el infortunio, entonces vendré y suplicaré.’ No,
antes de que venga el infortunio, prepárese y ore.”
Entonces, los judíos están diciendo que la oración no es un
tipo de apelación de emergencia. La oración es una
conversación inquebrantable, edificada en torno a una
comunión viva y amorosa con Dios. Tenían razón, ¿se dan
cuenta? Tenían la perspectiva correcta. La oración era
comunión, inquebrantable. La oración era un Dios que
realmente quería oírlos, que realmente se preocupaba y cuya
mente no estaba distraída por multitudes de oraciones. Y eso
es verdad.
Además, permítame decirle algo más acerca de la perspectiva
histórica de las oraciones judías. Ellos creían que la oración
debía incorporar ciertos elementos. Número uno -y le voy a
dar una lista de ocho de estas.
Número uno, ellos pensaban que la oración debía incorporar
el amor y alabanza, que cuando usted iba a Dios, debía haber
un sentido de su dignidad y una oración y alabanza amorosas.
Y sacaron esto de los Salmos. El salmista dice en el Salmo
34:2: “bendeciré a Jehová en todo tiempo. Su alabanza estará
de continuo enmi boca.” Demanera incesante, le voy a ofrecer
alabanza, adoración amorosa de Dios.
En el Salmo 51:17: “Jehová, abre mis labios y mi boca
anunciará Tu alabanza.” Ellos creían que el amor y la alabanza
eran parte de su expresión de oración.
En segundo lugar, ellos pensaban que la oración debía
incorporar gratitud. En Jonás, por ejemplo, Jonás dice:
“Ofreceré sacrificio a Ti con la voz de gratitud.” Parte de la
oración era ofrecimiento de gratitud, de gratitud profunda. De
hecho, hay muchos los versículos de esto en el Antiguo
Testamento. Pero los rabinos lo resumieron en un
pensamiento muy hermoso. Ellos dijeron esto: “Todas las
oraciones algún día serán discontinuadas. Excepto por las
oraciones de gratitud. Tenían razón, ¿no es cierto? Cuando el
día venga en el que ya no tengamos nada más que pedir,
tendremos todo por qué estar agradecidos. Y entonces, sus
oraciones incorporaban gratitud.
En tercer lugar, el pueblo judío creía que sus oraciones debían
incorporar un sentido de la santidad de Dios. Un sentido del
asombro, un sentido de reverencia. No entraban corriendo,
con prisa a la presencia de Dios de manera ligera. No trataban
a Dios como si fuera un hombre. Se acercaban con mucha
reverencia. Ellos se daban cuenta de que cuando entraban a
la oración, venían a estar cara a cara con Dios. Veo con Isaías
en el capítulo 6, conforme viene desde la perspectiva de Dios,
que él ha visto, este retrato tremendo de Dios alto y sublime
en Su trono, con Su gloria llenando el templo y los ángeles, los
serafines, congregados en torno a Él. Y él viene a la presencia
de Dios en un asombro santo. Y todo lo que Él puede decir es:
“soy hombre de labios inmundos y vivo en medio de un pueblo
de labios inmundos y he visto al Señor.” Un sentido de
asombro, un sentido de santidad.
Y usted encuentra esto en muchas de las oraciones de David,
que antes de que él pueda llegar al lugar de la petición, él
afirma la naturaleza, la esencia, la majestad y la santidad de
Dios. Y entonces, era parte de las oraciones judías que esto
se llevara a cabo. De hecho, el rabino Simón solía enseñar que
en la oración, un hombre debe verse a sí mismo cara a cara
con la Shejiná.
Otra cosa, los judíos pensaban que en sus oraciones debía
haber un deseo patente de obedecer a Dios, que usted no
oraba a menos de que su corazón realmente estuviera bien
delante de Dios. Usted no iba a Dios en alguna forma ritual,
acercándose de alguna manera superficial, en donde usted
realmente no estaba comprometido con responder a esa
comunión en obediencia. El Salmo 119 en su totalidad afirma
esto una y otra y otra vez en todos esos versículos.
Simplemente, continúa diciendo cosas como “mi lengua
cantará de Tu Palabra porque Tusmandamientos son rectos.”
En otras palabras, había esa afirmación de que la respuesta a
Dios era apropiada. Usted no iba corriendo a Dios y diciendo
‘bueno Dios, Te estoy hablando. Y si las cosas salen como yo
creo, entonces te voy a seguir.’ No había condiciones en el
corazón de un verdadero judío, él iba con un espíritu de
obediencia, deseando agradar a Dios, deseando decir ‘oh,
Dios, lo que Tú quieras en esta situación, yo responderé.’
Y entonces, el amor y la alabanza, la gratitud, un
reconocimiento de la santidad de Dios, un deseo de agradar y
obedecer a Dios, todos estos eran elementos de las
verdaderas oraciones judía.
Además, y de la mano con el concepto de la santidad, las
oraciones judías incorporaban un sentido de confesión de
pecado. Confesión de pecado. Cuando iban a Dios, ellos
sabían que
eran inmundos y tenían que ser limpiados. Había
este sentido de ir a la presencia de Dios como una persona
inmunda como dijo Isaías. David tantas veces tuvo que
corregir sus pecados antes de que pudiera llegar a la
presencia de Dios.
En el Salmo 26:6, un versículo maravilloso, “lavaré mis manos
en inocencia y entonces, iré a Tu altar, oh Jehová.” No estoy
viniendo a Tu presencia hasta que haya limpiado mi vida,
hasta que haya enfrentado mi pecado. Y así es como debe ser
la oración. Es correcto. ¿Quién ascenderá a la presencia del
Señor? ¿Quién ascenderá Sumonte santo? El que tienemanos
limpias y un ¿qué? Corazón puro. ¿Quién tiene el derecho de
entrar a Su presencia sino aquel que ha sido limpiado, el que
ha enfrentado su pecado? Y el rabino dijo: “cuando usted llore
por su pecado, Dios oye sus oraciones.” El rabino dijo: “la
puerta de las lágrimas nunca está cerrada.” El rabino dice: “si
usted no le puede traer nada más a Dios, tráigale sus lágrimas
y Él oirá.”
Los judíos creían que la oración de los justos volvería el
corazón de Dios. Y Santiago lo dijo, Santiago dice: “la oración
eficaz del justo puede mucho.” Los judíos solían decir que la
oración de un corazón puro voltea la ira de Dios como un
trinche hace girar al grano. Ellos creían que usted literalmente
podía convertir la ira en misericordia con un corazón puro. Y
entonces, la confesión de pecado era parte de su oración.
Además, ellos creían que la oración no debía ser egoísta. Los
judíos tenían un sentido de comunidad que no creo que
realmente entendamos. Ellos tenían un sentido de lo nacional.
Ellos eran una teocracia gobernada por Dios y la nación era
esencial. Yo creo que el hecho mismo de que Israel todavía
exista como nación y que todavía son el pueblo judío puro, le
muestra en la actualidad la manera tan vital en la que ellos se
han aferrado a la preservación de esa identidad nacional. Pero
ellos creían en la comunidad. Sus oraciones incluían a todos.
No se aislaban como individuos.
Por ejemplo, los rabinos tenían una oración muy interesante.
Esto es lo que oraban: ‘no oigas oh Señor, la oración del
viajero. Ahora, eso es interesante. “No oigas, oh Señor, la
oración del viajero.” Ahora, ¿qué es aquello por lo que usted
ora cuando va de vacaciones? Que haya buen clima, ¿no es
cierto? “Señor, ya me voy. No dejes que llueva, que nieve o lo
que sea. Simplemente, danos buen clima. Voy de viaje.” Y en
esos días iban a pie. Y cuando ellos iban a un viaje, el viajero
oraba por buen clima, que Dios le diera buen cielo, que Dios le
diera un viaje fácil. El rabino dijo: “Señor, no oigas esa oración,
porque ese es un hombre que va en un viaje.” Él puede estar
orando por un buen clima y todo el mundo en esa parte del
planeta sabe que sus cultivos necesitan lluvia. Señor, no
hagas algo por alguien que echa a perder lo que necesita ser
hecho para la mayoría.
Ahora, esa es una gran perspectiva en la oración porque la
mayoría de nosotros venimos al Señor con muchos
pronombres personales yo, yo, yo, mi, mi, mi, mío, mío, mío. Y
hacemos estas oraciones aisladas: “Señor, haz esto para mí,
Señor tengo que tener esto, Señor mi necesidades son estas.
Señor, tengo este problema.” Y no sabemos lo que es incluir
todo. Y Dios está en el cielo y Él tiene un plan maestro para Su
Reino y todo encaja bien. Y algunas veces, tenemos que
sacrificar en nuestras propias mentes lo que podría parecer
mejor para nosotros, porque Dios tiene un plan más grande
para todos, ¿no es cierto? No siempre tenemos esa
perspectiva. Y entonces, cuando los judíos van a orar, un
verdadero judío creyente en el Antiguo Testamento y decía:
“Señor, haz lo que extienda Tu causa entre Tu pueblo, no lo
que yo quiero a nivel personal.”
Hemos desarrollado una mentalidad en la oración centrada
en nosotros mismos, inclusive en la actualidad en la Iglesia,
que no es bíblica; en donde realmente estamos preocupados
por nosotros mismos. Nos hemos aislado nosotros mismos,
no nos comunicamos. No sobrellevamos los unos las cargas
de los otros. No compartimos en la manera en la que
debiéramos. Y como consecuencia, en nuestras oraciones,
van por este camino muy estrecho y necesitamos aprender a
orar como oraban de una manera abnegada. Haz lo que es
mejor para todos.
Y les voy a decir una cosa, ésa es la razón por la que usted no
encuentra pronombres personales en singular en esta oración
en Mateo 6. Siempre dice “Padre nuestro, nuestro pan,
nuestras deudas, nuestros deudores.” ¿Por qué? Porque la
verdadera oración incluye a la comunidad de la fe. Nunca es
de un individuo para que se satisfaga sus propias
necesidades sin importar cómo afectan a los demás. La
oración debía ser abnegada.
Otro pensamiento, los judíos creían que los elementos de su
oración incluían amor y alabanza, gratitud, reconocimiento de
la santidad de Dios, un deseo por agradar y obedecer a Dios,
confesión de pecado y un corazón puro, una carencia de
egoísmo; y después, perseverancia. Ellos creían que usted
simplemente debía continuar orando. No rendirse.
Simplemente, aguantar. El apóstol Pablo oraba porque el
Señor le quitara un aguijón en la carne. Él no lo hizo y
entonces, oró de nuevo. Él no lo hizo, entonces él oró una
tercera vez. Perseverancia.
Después del pecado del becerro de oro, Moisés, después de
que la gente había adorado al becerro de oro, la Biblia nos dice
-creo que está en el capítulo 9 de Deuteronomio- que Moisés
oró por su pueblo, el pecado de Israel, cuarenta días seguidos.
Eso es perseverancia. Los judíos creían eso.
Finalmente, un elemento de sus oraciones era humildad.
Humildad. Un verdadero judío venía a orar, escuche esto, para
someterse a sí mismo a la voluntad de Dios. La ilustración
más grande de esto, del corazón del judío más genuino que
jamás vivió es la oraciónmisma de Jesús en el huerto. Cuando
Él hizo a un lado lo que parecía para Él ser lo más cómodo y
dijo “mas no se haga Mi voluntad sino la Tuya.”
Ése es el corazón de la oración más verdadera. “Señor, estoy
aquí para hacer Tu voluntad. Quiero alinearme con eso.”
Escuche, la oración no es pedirle a Dios que haga mi voluntad.
Es colocarme a mí mismo bajo Su voluntad. Es conformarme
a Su voluntad y es pedirle que haga Su voluntad y me dé la
gracia para disfrutarla.
Ahora, todos esos elementos eran parte de la vida de oración
tradicional de un verdadero judío. Y ellos tomaban muy en
serio su oración. De hecho, los judíos solían describir la
oración, tenían una palabra, la palabra es kawanna, K-A-W-A-
N-N-A o algo así al transliterarla. Pero kawanna, y esta
palabra en particular en el hebreo es una palabra que es difícil
de traducir, tiene que ver con la idea de intensidad o de gran
emoción o la idea de gran devoción. Es la idea de compromiso.
Es el corazón puro que está totalmente comprometido con la
oración que rasga el corazón. Y los judíos decían que todos
estos elementos pertenecen a la oración, pero no de manera
superficial. Oh, no. Con un gran compromiso y una gran
intensidad y una gran concentración y una gran devoción. De
hecho, el rabino Ammí dijo que un hombre no podía venir a la
presencia de Dios a menos de que trajera su corazón en sus
manos. Y entonces, oraban y tenían un gran legado de la
oración. Esa es la historia de la perspectiva de la oración judía.
Pero algo salió mal. Y llegamos en segundo lugar a la
hipocresía de la perspectiva de la oración judía. Se volvió
hipócrita y en el versículo 5, nuestro Señor dijo que oraban
para ser vistos por los hombres. Eran farsantes. Ya no me
están hablando aMí. Son egoístas y están tratando de obtener
cosas para sus propios fines. Y están tratando de hacer un
despliegue público. Y tienen estas repeticiones vanas como
la gente pagana, pensando que voy a hacer algo porque estoy
tan cansado de oírlos hacer lo mismo. Y lo voy a hacer para
callarlos.
Y entonces, tenían este orgullo inimaginable, versículo 8,
pensando que tienen que informarme acerca de cosas. Sus
oraciones se echaron a perder. Y entonces, nuestro Señor
viene en el versículo 9 y dice: “permítame reafirmarles cómo
es la
oración correcta.” Y entonces, lo que usted tiene en los
versículos 9 al 13 es realmente a Jesús reiterando los
ingredientes de la oración que le acabo de dar a partir de la
tradición judía. Él no dice nada totalmente nuevo, aunque da
nueva riqueza a todo lo que dice. Él lo lleva más allá de lo que
jamás se había presentado, pero es la misma verdad básica y
necesitamos esto en la actualidad, amados. Porque en
muchos casos, no sabemos cómo orar mejor de lo que ellos
oraban. Y entonces, estudiar este maravilloso modelo de
oración va a ser una gran experiencia.
Permítame tan sólo añadir otro comentario al margen.
Perdemos el objetivo. Usted lo sabe, aunque el Señor nos da
la instrucción de cómo orar aquí, nos equivocamos en tantas
cosas obvias. En lugar de tomar esta oración y usarla para
aprender a orar, simplemente la repetimos. Y puedo recordar
en mi vida y usted también, simplemente repetir esta oración.
Ése no es el punto.
La gente dice ‘bueno, creemos que esta es una oración que
debe ser repetida’. No, no creo eso. Yo creo que está bien
recitarla, así como está bien leer cualquier parte de la Biblia.
Pero no es una oración que debe ser recitada. Le voy a dar
varias razones.
Razón número uno, esta oración es registrada dos veces en
las Escrituras. Una vez en Mateo 6, otra vez en Lucas 11; y
difiere en ambos lugares. Es sustancialmente la misma, pero
las palabras son diferentes. Si el Señor nos estuviera dando
una oración que debe ser memorizada y recitada, Él no nos
habría dado palabras diferentes en las dos veces que las dio,
¿verdad? En una, Él dice “perdónanos nuestras deudas” y en
la otra, dice “perdónanos nuestras transgresiones,” por
ejemplo. En otras palabras, si fuera algo rutinario, que debería
ser recitado, por lo menos la habría dado en el mismo modo.
En segundo lugar, en Lucas 11 ellos dijeron enséñanos a orar.
Ellos no dijeron enséñanos una oración. Una cosa es tener un
libro de oración y abrirlo y leer una oración. Es algo distinto
saber cómo orar. El Señor no les estaba dando una oración,
les estaba enseñando cómo orar. Por cierto, ¿no sería algo
torpe si en el versículo 7 dice “cuando oren, no uséis vanas
repeticiones como los paganos,” y después, inmediatamente
seguir esto al darnos una oración que debemos repetir? Eso
sería totalmente ridículo. Es repetición vana lo que Él está
tratando de evitar.
Además, permítame decir esto, no hay ocasión en todo el
Nuevo Testamento -Evangelios, hechos o epístolas en donde
esta oración jamás sea repetida por nadie. No es una oración
que debe ser convertida en un ritual. Es un modelo para toda
oración que usted jamás ore acerca de lo que usted ore. Es un
esqueleto sobre el cual usted debe colocar la carne, los
huesos. Por ejemplo, si tengo enfrente de mí algunas notas
de sermón. Ahora, ése no es un sermón; esas son
simplemente algunas notas. Si viniera aquí y simplemente le
leyera las notas, acabaría en 10 minutos y ustedes no sabrían
mucho. Ése no es el punto.
Es un esqueleto. Tengo que colocarle carne y huesos. Tengo
que darle vida. Y lo que Jesús está dando aquí es un bosquejo
de oración. Eso es todo. Aquí están los elementos básicos de
la oración. Es simplemente como un bosquejo. Usted tiene
que desarrollar esto en una expresión significativa en toda
dicha situación diferente.
Y amados, esta oración cubre todo. Es asombrosa. Entre más
estudié esto, más frustrado llegué a estar. Regresé aquí el
sábado porque había tantas cosas en mi cabeza y
normalmente, trato de terminar el viernes para que pueda
tener el sábado para meditar en ello. Y estuve aquí el sábado.
Me fui a casa el sábado a la noche. Y me metí a la cama y
repasé esto y simplemente, seguía inundando mi cerebro. Me
levanté esta mañana y de nuevo, estaba ahí. Me sentí como
que había tanto en mi cabeza, porque hay tantas maneras en
las que usted puede ver esta oración. Simplemente, es más y
más grande, incluye más y más cosas y entre más lo estudié.
Nos enseña tanto acerca de la oración.
Permítame darle algunos enfoques y lo que voy hacer es
simplemente verlo como un diamante. Voy a ver una faceta y
otra y otra y otra rápidamente. Entonces, sea paciente. Este
es un modelo para toda oración jamás orada. Este es el
esqueleto en el cual usted puede colgar toda oración para
todo lo que usted ora. Este es el modelo para toda la oración.
Si usted memoriza esta oración, la mete en su cabeza y
simplemente, sigue su bosquejo sin importar por qué usted
esté orando, usted tendrá confianza de que usted está orando
en la manera en la que Jesús le enseñó a orar. Esto es
tremendo.
Por ejemplo, una manera de ver esta oración es ver que
desarrolla la relación que tenemos con Dios. Y la enfoca desde
diferentes ángulos, lo cual es asombroso. Por ejemplo, dice:
“Padre Nuestro”. Lo que significa que tenemos una relación
de padre e hijo con Dios. Dice “santificado sea Tu nombre”.
Tenemos una relación de deidad y adorador con Dios. Dice
“venga Tu reino.” Tenemos una relación de soberano y súbdito
con Dios. Dice “hágase Tu voluntad.” Tenemos una relación
de amo y siervo con Dios. Dice “danos hoy nuestro pan de
cada día.” Tenemos una relación de benefactor y beneficiario
con Dios. Dice “perdónanos nuestras deudas.” Tenemos una
relación de Salvador- pecador con Dios. Dice “no nos metas
en tentación.” Tenemos una relación de guía y peregrino con
Dios. Podríamos estudiar a esta oración simplemente de esa
manera. ¿Cómo muestra nuestra relación con Dios?
Permítame verla de otra manera. Define el Espíritu en el que
debemos orar. ¿Cuál debe ser nuestra actitud cuando
oramos? En primer lugar dice ‘nuestro’, ese es un espíritu
abnegado. Después dice ‘Padre ’, ese es un espíritu familiar.
Después dice ‘santificado sea Tu nombre’, un espíritu
reverente. ‘Venga Tu reino’, un espíritu leal. ‘Hágase Tu
voluntad’, un espíritu sumiso. ‘Danos hoy nuestro pan de cada
día’, un espíritu de dependencia. ‘Perdónanos nuestras
deudas’, un espíritu penitente. ‘No nos metas en tentación’,
un espíritu humilde. ‘Tuyo es el Reino’, un espíritu de
confianza. ‘Y el poder’, un espíritu triunfal. ‘Y la gloria’, un
espíritu que exalta.”
Esta oración podría ser simplemente dividida en tres
elementos y luego, tres elementos más. Los primeros tres
tienen que ver con Dios. El segundo grupo de tres, con el
hombre. Los primeros tres, la gloria de Dios. El segundo grupo
de tres, la necesidad del hombre. Los primeros tres, la gloria
de Dios. Santificado sea Tu nombre, venga Tu reino, hágase
Tu voluntad. Ésa es la gloria de Dios.
El segundo grupo de tres, la necesidad del hombre. Danos hoy
nuestro pan de cada día y perdónanos nuestras deudas y no
nos metas en tentación. Como puede ver, el punto es este: el
primer lugar, cuando usted ora, coloca a Dios en su lugar
correcto, ¿lo ve?
Después, todo lo demás fluye de esto. Toda oración debe
comenzar con la naturaleza de Dios “santificado sea Tu
nombre, venga Tu Reino, hágase Tu voluntad.” Y después,
¿qué sigue? Dios está en Su lugar supremo y cuando Dios es
primero, la oración tiene sentido.
Otra manera en la que la podríamos ver, las primeras tres
muestran el propósito en la oración. ¿Cuál es el propósito?
Número uno, santificar el nombre de Dios. Número dos, traer
Su Reino. Número tres, hacer Su voluntad. Ése es el propósito
de la oración. Oh Dios, vengo a Ti para que Tu nombre sea
santificado. Para que Tu Reino venga, para que Tu voluntad
sea cumplida.
¿Y cuál es el medio? ¿Cuál es el medio mediante el cual Su
nombre es santificado, Su Reino es levantado y Su voluntad
es hecha? En primer lugar, danos hoy nuestro pan de cada día.
Eso es provisión. En segundo lugar, al perdonar nuestros
pecados. Eso es perdón. En tercer lugar, al no meternos en
tentación. Eso es protección. Conforme Dios provee, perdona
y protege, como consecuencia Él es exaltado en Su gloria, en
Su reino y en Su voluntad.
Otra manera de verlo. En primer lugar, Dios es un Padre. Padre
Nuestro, santificado sea Tu nombre. Después Él es un Rey,
venga Tu Reino. Después, Él es un amo. Hágase Tu voluntad.
Como Padre, versículo
11, Él nos da nuestro pan de cada día.
Él es la fuente. Como un rey, Él perdona nuestras deudas y nos
perdona. Como un amo, Él no nos mete en tentación. Los
elementos, las maravillas, las bellezas de este modelo de
oración en particular son casi infinitos. Sólo la mente de Dios
podría haber concebido pensamientos tan increíbles que
fueran comprimidos en esta pequeña sección de la Escritura.
Ningún hombre jamás podría haberlo hecho.
Escuchen, amados, la oración nunca es un intento por inclinar
la voluntad de Dios a mi deseo. La oración es para inclinarme
a mí para encajar con la voluntad de Dios. Cuando yo
reconozco que Dios es soberano y cuando yo digo “Dios, dame
el pan diario de cada día sólo si esto santifica Tu nombre;
Dios, que mis pecados sean perdonados sólo si eso exalta Tu
Reino; y Dios, no me metas en tentación, si eso permite que
Tú seas el amo enmi vida.” Porque en todas las cosas, cuando
todo ha terminado, el propósito de toda esta oración se
encuentra al final del versículo 13: “porque Tuyo es el Reino y
el poder y la gloria por los siglos.” Ése es el punto.
Vea tan solo los últimos tres elementos: el pan, provisión; el
perdón, perdón; y la guía y el no meter en tentación,
protección. Y usted ahí encuentra las tres dimensiones de la
vida. Nuestro plan diario, presente. Nuestras deudas, pecados
del pasado. Y no nos metas, eso es el futuro. Esta pequeña
oración incluye la provisión de sustento de Dios en el pasado,
el presente y el futuro. Pan, eso es físico. Perdón, eso es
mental, y alivia la angustia de la culpabilidad y el no meternos
en tentación es espirituales es el mantenimiento de la vida
espiritual. Sea que usted esté hablando del pasado, presente,
futuro; sea que usted esté hablando de físico, mental o
espiritual; sea de lo que sea que usted esté hablando, está
aquí. Está aquí.
Por cierto, todas las peticiones en este versículo están en el
modo imperativo en el griego, lo cual significa que hay una
intensidad, una intensidad tremenda en ellas. Hay una
brevedad fantástica en toda frase, pero es algo intenso:
“venga Tu Reino, hágase Tu voluntad.” No hay elementos que
aclaren estas peticiones. Todo en esta oración, amados,
busca glorificar a Dios. Busca exaltar Su nombre, busca
exaltar Su santidad.
Y quiero decirle en este momento que ése es el propósito de
toda la oración. Si usted cree que la oración es para usted,
usted no entiende lo que es la oración. Usted no lo entiende.
Esa es la razón por la que estamos en tantos problemas.
Estamos orando por nosotros mismos. No consideramos la
comunidad entera de la fe y no consideramos la voluntad
completa de Dios en los parámetros de Su propio Reino.
Samuel Zwemmer escribe acerca de esta oración estas
palabras, y cito: “todo deseo posible del corazón que ora está
contenido en esto. Contiene al mundo entero de requisitos
espirituales. Combina en lenguaje simple toda promesa
divina, toda tristeza y deseo humano y todo anhelo cristiano
por el bienestar de otros.” Fin de la cita.
La oración se enfoca en Dios. Escuche. En Juan 14 Jesús dijo
“cualquier cosa que pidáis en Mi Nombre lo haré para que el
Padre sea glorificado en el Hijo.” La razón por la que usted ora
y la razón por la que Dios responde es para desplegarse a sí
mismo, para desplegar Su gloria. Eso es todo. Cuando usted
ora por alguien que no es salvo, y vienen a Jesucristo, no es
para usted que usted lo hizo. Es para mostrarle el poder de la
salvación. Cuando usted tiene una necesidad física y ora y
Dios satisface esa necesidad, no es para que usted tenga lo
que usted quiere, es para que usted sepa que Dios satisface
necesidades.
Su gloria es lo que importa. Entonces, cuando usted ora,
recuerde que no está informándole a Dios, Él ya conoce todo.
Usted no está forzando a Dios, usted no está irritándolo, usted
no está manipulándolo. Lo que usted está haciendo es
someterse a Su soberanía.
Y ésa es la afirmación de la oración de los discípulos. Así es
como debemos verlo. Comienza con “Padre Nuestro que estás
en los cielos”, adorando a Dios. Termina con “porque Tuyo es
el reino, el poder y la gloria, por los siglos”, adorando a Dios.
Y en el medio, todo tiene que ver con Dios.
“Padre nuestro que estás en los cielos,” ésa es la paternidad
de Dios. “Santificado sea Tu nombre,” esa es la prioridad de
Dios. “Venga Tu Reino,” ese es el programa de Dios. “Hágase
Tu voluntad,” ese es el propósito de Dios. “El pan nuestro de
cada día, dánoslo hoy.” Esa es la provisión de Dios. “Y
perdónanos nuestras deudas,” ese es el perdón de Dios. “Y no
nosmetas en tentación,” esa es la protección de Dios. “Y Tuyo
es el Reino, el poder y la gloria por los siglos,” esa es la
preeminencia de Dios. Y toda la oración, Jesús está diciendo,
no es para ponerse de pie en las calles y en las esquinas de
las calles para orar, para ser oído por los hombres, para recibir
la gloria para usted mismo, sino que toda la oración es a
manera de contraste absoluto, para traer gloria a Dios.
Ahora, amados, si usted no obtiene ningún provecho más de
este mensaje que lo suficiente como para cambiar su vida de
oración, eso es suficiente. Si usted ni siquiera obtuvo ese
provecho, no ha estado escuchando porque lo dije en unas
cincuenta maneras diferentes. Así que oremos juntos.
Padre, no tuvimos tiempo quizás para llegar tan lejos como
pensábamos que íbamos a llegar el día de hoy, pero
confiamos en que llegamos hasta donde Tú quisiste. Señor,
nos sometemos a Ti. Oh, bendecimos Tu Nombre Santo,
Padre. Es tan glorioso morar contigo en Tu Reino y saber que
algún día conoceremos la plenitud de ese Reino cuando
entremos en Tu presencia bendita para siempre.
Padre, te damos gracias porque nuestra vida de oración puede
ser abnegada, porque puede ser humilde, que puede ser lo que
debe ser y que al ser así, podamos darte la gloria que Tú
mereces. Y sabemos que la Biblia nos ha dicho que si Te
glorificamos, Tú llenarás nuestros corazones de gozo, que
nuestro mayor gozo no está en tener las cosas para nosotros
mismos, sino en glorificarte a Ti. Que conozcamos el corazón
de David que dijo “A Jehová he puesto siempre delante de mí,
por tanto se gozó mi corazón.” Danos el gozo del corazón que
sabe que todas nuestras oraciones han sido para Tu gloria.
Que condicionemos todo lo que pedimos a Tu gloria. Hazlo
para Tu propia gloria. Hazlo para la extensión de Tu Reino.
Hazlo como una expresión de Tu voluntad, para que Tuyo sea
el Reino y el poder y la gloria, por los siglos de los siglos.
Amén.
La Paternidad de la Oración
Mateo 6:9
Si es tan amable de tomar su Biblia y acompañarme al sexto
capítulo de Mateo. Hace un momento, en nuestra adoración,
el coro cantó lo que conocemos como la oración del Señor; y
ése es el tema de nuestro estudio. Estamos examinando
Mateo, capítulo 6, versículos 9 al 15 en estos días y
estudiando, en particular, en esta mañana, el versículo 9. La
primera frase de esta oración. No obstante, quiero leer la
oración entera, para que la tenga en mente conforme la
estudiamos en esta mañana. Mateo 6, comenzando en el
versículo 9.
“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los
cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu Reino. Hágase
Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan
nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros
deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal;
porque Tuyo es el Reino, y el poder, y la gloria, por todos los
siglos. Amén.”
Hay dos actividades espirituales que deben ser una parte
incesante de la vida de un creyente. Dos grandes pilares que
sostienen al creyente en el asunto de la vida diaria. Una es el
estudio de la Palabra de Dios. Dos, la oración. De esta manera,
los apóstoles confesaron en Hechos 6:4: “y nosotros
persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra.”
La oración es nosotros hablándole a Dios. Estudiar la Palabra
es Dios hablándonos a nosotros.
Esas dos cosas son un intercambio vital entre el hombre y
Dios. Y entonces, la Biblia habla de que debemos estar
incesantemente involucrados en ambas, constantemente,
diariamente, alimentándonos de la Palabra de Dios.
Constantemente, diariamente respondiendo en comunión con
Dios.
De manera clara, remontándonos al Pentateuco, la afirmación
de la voluntad de Dios registrando Su ley y dándosela al
hombre fue que ese hombre hablaría de la ley cuando se
sentara, cuando se pusiera de pie, cuando se acostara, cuando
estuviera andando por el camino. El hombre, a través del
salmista debía meditar en la ley de Dios día y noche. La ley de
Dios, entonces, debía ser el enfoque de sus pensamientos y el
tema de su conversación todo el tiempo.
Y así también con la oración. El apóstol Pablo dice “orad sin
cesar.” El apóstol Pablo dice: “orando siempre con toda
oración y súplica.” El Nuevo Testamento nos dice que
debemos estar en toda oración con gratitud, hacer conocidas
nuestras peticiones a Dios.” Debemos estar orando en todo
tiempo. Debemos estar estudiando la Palabra, recibiéndola,
meditándola y entregándola y dándola en todo momento.
Esas dos cosas, entonces, se convierten en el elemento de la
vida del creyente. Oír a Dios conforme Él habla en Su Palabra
y hablándole a Dios en nuestras oraciones.
Ahora, hemos estudiado mucho acerca de recibir la Palabra
de Dios en el pasado y lo haremos en el futuro. Pero por ahora,
estamos enfocándonos en la oración. La oración, una de esas
dos constantes en la vida del creyente.
Se le preguntó a George Mueller, ese gran hombre de oración
cuánto tiempo pasaba en oración y su respuesta fue, y cito:
“vivo en el Espíritu de la oración. Oro conforme camino,
conforme me acuesto y conforme me levanto. Las respuestas
siempre están viniendo.” Fin de la cita. Para él, la oración era
un estilo de vida.
Nuestro Señor sabe eso. Nuestro Señor sabe que la oración
es un estilo de vida. Nuestro Señor aquí se detiene en el medio
de Su discurso en el sermón del monte, el cual en particular,
compara el estándar falso de religión de los fariseos y los
escribas con el estándar verdadero de Dios. Y Él incluye aquí
una palabra de instrucción a todos aquellos que nombran Su
Nombre para que puedan saber cómo orar.
Las oraciones son muy importantes. Si es un estilo de vida
para nosotros, entonces es necesario que nosotros
entendamos cómo orar. De hecho, esta misma oración
modelo que Él da aquí, es dada también en Lucas con respecto
a la pregunta “Señor, enséñanos a orar.” Si la oración es algo
que debemos hacer de manera incesante, entonces debemos
saber cómo hacerlo de manera apropiada. Y entonces,
nuestro Señor nos enseña a orar.
Observe lo que no nos enseña. No nos enseña acerca de la
postura de la oración, porque cualquier postura está bien. En
la Biblia, la gente oraba de pie, levantando sus manos,
sentados, arrodillados, levantando sus ojos, postrados,
colocando sus cabezas entre sus rodillas, golpeándose el
pecho, viendo el templo, etc., etcétera. No había una postura
específica.
Observe que no nos dice nada acerca del lugar de la oración.
La gente en la Biblia oraba en una batalla, en una cueva, en un
clóset, en un huerto, en un jardín, al lado de una montaña, en
el río, junto al mar, en la calle, en la casa de Dios. Primera de
Timoteo dice que los hombres oran en todo lugar. En la Biblia,
la gente oraba en una cama en un hogar, inclusive en un pez,
en el techo de una casa, en una prisión junto al mar, en
soledad, en el desierto, en una cruz y demás. Él no nos habla
acerca de los tiempos de la oración.
Me acuerdo de un hombre que estaba predicando un sermón
a un grupo de ministros y él predicó acerca del por qué la
Biblia enseña que las mañanas deben ser para la oración y
debemos orar en la mañana. Y examiné mi Biblia y en la Biblia
encontré a gente orando en las primeras horas de la mañana,
en la mañana, tres veces al día, en la tarde, antes de las
comidas, después de las comidas, en la novena ahora, a la
hora de acostarse, a la medianoche. Día y noche, en la
actualidad, con frecuencia, cuando son jóvenes, cuando son
personas de edad, en problemas, diariamente y siempre.
Jesús no nos habla de un momento específico, un lugar
específico, una postura específica. Hay algunas personas que
cuando oran, sienten que deben tener un manto de oración
puesto. El pueblo judío en la actualidad, cuando oran, tienen
que vestirse para su oración. Pero cuando usted ve la Biblia,
la gente oraba en todo tipo de circunstancias y actitudes.
Algunas veces, con cilicio. Algunas veces, sentados sobre
cenizas. Algunas veces, rasurándose sus cabezas,
golpeándose el pecho, clamando, aplicando polvo a su
cabeza. Rasgando su ropa, ayunando, suspirando, gimiendo,
clamando a gran voz. Sudando sangre, agonizando, con
corazones quebrantados, con espíritus quebrantados,
derramando sus corazones, rasgando los corazones, dice la
Biblia. Haciendo juramento, ofreciendo un sacrificio,
ofreciendo alabanza, cantando canciones, etcétera.
Eso no es importante. En cualquier postura, en cualquier
momento, en cualquier lugar, en cualquier circunstancia, en
cualquier atuendo, la oración es apropiada, porque la oración
es un estilo de vida total. La oración es una comunión abierta
con Dios que se lleva a cabo en todomomento. Algunas veces,
se vuelve más concentrada e intensa que otras veces, pero la
oración es un estilo de vida. Y si es un estilo de vida, entonces
necesitamos entender cómo orar.
Y eso es precisamente por qué Jesús nos enseña esto aquí.
Esta no es una oración que debe ser orada, sino que más bien
es como un modelo para toda oración. Realmente, creo que el
mensaje más importante que le voy a predicar a usted en esta
serie entera, se lo di ese domingo pasado. Si no lo escuchó,
necesita escucharlo porque presenta el panorama entero de
este concepto en la oración de los discípulos, aquí.
Observe cómo comienza la oración -o cómo comienza el
modelo para la oración. Versículo 9: “vosotros podéis oraréis
así.” Houtōs oun, en el griego, que literalmente significa: “de
esta manera.” O quizás, podríamos traducirlo “siguiendo esta
línea”, orarán.” No están diciendo “oren en estas palabras
exactas”.
Algunas veces, en el libro de los Hechos, vi unas cuantas
veces en donde esto ocurría. La misma frase houtōs oun es
usada. Dirá “siguiendo estas líneas,” el Antiguo Testamento
dice, y después, parafrasea el Antiguo Testamento. El punto
es que la frase houtōs oun no necesariamente significa “estas
palabras exactas”. Puede significar eso, pero en muchos
casos, tiene referencia al contenido general, siguiendo esta
línea.
“Vosotros pueis, oraréis así” no necesariamente en estas
palabras exactas. Y creo que la gente que ha tomado esto en
su exactitud y que ha recitado esto una y otra vez ha perdido
su significado, el cual para nosotros debe ser un bosquejo de
esqueleto para toda la definición de la oración. Toda la oración
debe seguir el modelo y el patrón dado aquí.
Ahora, en nuestro último estudio señalamos que el enfoque
principal de esta oración es que se enfoca en la gloria de Dios.
Y eso es apropiado porque es lo que debe hacer toda oración.
La oración no es tratar de alinear a Dios con lo que yo
necesito. La oración es que yo afirmo la soberanía y majestad
de Dios y tomo mi voluntad y la someto a la Suya. Eso es la
verdadera oración.
Sabemos que en Juan 14:13-14, nuestro querido Señor dice
que cuando pedimos algo en Su nombre, Él nos oye para que
el Padre sea glorificado. La oración no es para que usted
reciba lo que quiera o para que yo reciba lo que quiero, la
oración es para colocar la majestad de Dios en despliegue. Es
para que Dios sea glorificado. Toda la oración, entonces, se
concentra en Dios y esta oración no es diferente.
Al estudiar las oraciones del Antiguo Testamento -lo cual he
estado haciendo en el último par de semanas, para entender
cómo el pueblo judío veía la oración- me sorprendió encontrar
que inclusive en la circunstancia más profunda, más severa,
inclusive en el foso de la desesperación que ni siquiera
podríamos imaginarnos, antes de que un verdadero santo de
Dios entrara a la oración, con mucha frecuencia adoraba
a
Dios.
Por ejemplo, estaba leyendo a Jonás. Jonás está en el
estómago de un gran pez, en una circunstancia increíble que
nunca nadie podría identificarse con él. ¡Hable usted de temor,
hable usted de miseria! Ahí está él, en el estómago de un gran
pez; y en el capítulo 2 de Jonás él comienza una oración. Y
usted pensará que simplemente haría a un lado todas las
formalidades y simplemente, se concentraría en “sácame de
aquí Dios”. Pero Jonás comienza con un himno maravilloso
de adoración y alabanza, porque ningún hombre puede
realmente pedirle a Dios algo a menos de que afirme que Dios
tiene el derecho soberano de decir sí o no. Esa es la base,
nuestra voluntad debe ser traída en sumisión a Él.
Leí Daniel, capítulo 9, y Daniel está en el precipicio del desastre
todo el tiempo debido al lugar estratégico en el que él se
encuentra en el medio de una sociedad pagana babilónica. Y
en la perplejidad que estaba enfrentando, en el momento en
el que él se postró a orar y en medio de una situación terrible,
él pronuncia su oración; y la oración entera se abre casi
ignorando la situación con la afirmación de la majestad de la
gloria y la dignidad y la santidad y la naturaleza todopoderosa
del soberano Dios.
Avancé un poco en mi estudio y llegué Jeremías 32. Y el
querido Jeremías, quien pasó la mayor parte de su vida en
frustración, confusión y perplejidad, quien pasó lamayor parte
de su vida llorando debido a su corazón quebrantado por su
pueblo, comienza a derramar una oración a Dios en el medio
de esta perplejidad; y termina no siendo nada más que una
recitación de la majestad de Dios, atributo tras atributo,
conforme comienza.
¿Por qué hicieron eso? ¿Y por qué comienza “Padre nuestro
que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre, venga Tu
reino, hágase Tu voluntad? ¿Y por qué termina “porque Tuyo
es el Reino, el poder y la gloria por los siglos? Porque Dios es
el enfoque de toda la oración. La oración es para darle a Dios
el privilegio de desplegar Su majestad. Es para traer mi vida
en armonía con la voluntad de Él.
¿Me permite ilustrar eso a partir del Salmo 86? Y hay muchos
lugares adonde podríamos ir para ilustrar esto. Pero me
encanta esto. Esto es tan específico, el Salmo 86. El salmista
está por ofrecer una oración. Él va a orar a Dios y él está
buscando la misericordia de Dios y el amor de Dios y la
compasión de Dios y la ternura de Dios a favor de él.
Comenzando en el versículo 6: “da oído, Jehová a mi oración
y presta atención a la voz de mis súplicas, en el día de mi
tribulación a Ti clamaré, porque Tú me responderás.”
Ahora, el salmista está en el medio de problemas. Esta es una
oración de David. Su corazón está cargado. Hay una tremenda
ansiedad en su Espíritu. Y él se acerca a Dios a orar. Pero
observe esto: en primer lugar, él dice en el versículo 8: “entre
los dioses no hay nadie como Tú, oh Jehová.” Él no comienza
con una petición, él comienza con una afirmación de la
majestad y la naturaleza de Dios como el único Dios. “Ni hay
obras como Tus obras.” Él exalta a Dios por quien Él es y por
lo que ha hecho. “Todas las naciones a quienes Tú has hecho,
vendrán y Te adorarán, oh Jehová, y glorificarán Tu nombre.”
Él dice: “el mundo entero debería estar postrándose en frente
de Ti. “Porque tú eres grande,” versículo 10 “y haces cosas
maravillosas, solo Tú eres Dios”.
Ahora, ¿se da cuenta usted? Esta es la oración típica del santo
del Antiguo Testamento, quien sabía en qué consistía la
oración. La oración tenía que ver con atribuirle a Dios el lugar
que Él merece. Y después, traer mi voluntad en sumisión a la
Suya. Y eso es lo que él exactamente hace en el versículo 11
de manera hermosa: “enséñame Tu camino Jehová y andaré
en Tu verdad.”
Deténgase ahí por un momento. Note que ni siquiera
menciona todavía la repetición que hay en su corazón. Él ni
siquiera lo menciona. Él dice simplemente: ‘en primer lugar,
quiero reconocer que Tú eres Dios y Tú tienes un derecho de
hacer lo que Tú quieras. En segundo lugar, quiero reconocer
que yo me someto a Tu camino y a Tu voluntad.’ Y esta
afirmación magnífica al final del versículo 11, ‘une mi corazón
para que tema Tu nombre. Has mi corazón uno con Tu
corazón.’ Eso es oración.
La oración es simplemente inclinar y someterse de manera
sumisa a la voluntad de Dios.
Después, en el versículo 12 sin importar lo que sucede, “te
alabaré oh Jehová mi Dios, con todo mi corazón y glorificaré
Tu nombre para siempre.” Ahora, eso es oración. Eso es
oración. Y usted no puede separarla de la alabanza. Colocar
a Dios en Su lugar apropiado como soberano y traer nuestras
vidas de manera sumisa con Su voluntad.
Ahora, con eso me en mente regrese a Mateo 6. Y eso fue una
breve mirada al tema de la oración, conforme contemplamos
la naturaleza y persona de Dios. Cubrimos eso en gran detalle
la última vez.
Pero observe de nuevo cómo he bosquejado esta oración, si
es tan al amable. De manera muy, muy simple, esta oración,
toda faceta, toda afirmación llena de verdad breve, se enfoca
en Dios. Cada una de ellas. ‘Padre nuestro que estás en los
cielos,’ esa es la paternidad de Dios. ‘Santificado sea tu
nombre,’ esa es la prioridad de Dios. ‘Venga Tu reino,’ ese es
el programa de Dios. ‘Hágase Tu voluntad,’ ese es el propósito
de Dios. ‘El pan nuestro de cada día dánoslo hoy.’ Esa es la
provisión de Dios. ‘Y perdónanos nuestras deudas como
también nosotros perdonamos a nuestros deudores,’ ese es
el perdón de Dios. ‘Y no nos metas en tentación, más líbranos
del mal,’ esa es la protección de Dios. ‘Porque Tuyo es el reino
el poder y la gloria por los siglos de los siglos, amén.’ Esa es
la preeminencia de Dios.
Toda frase habla de Dios. La oración, entonces, es para
colocar a Dios en Su lugar infinito, majestuoso.
Veamos la primera: la paternidad de Dios. ‘Padre nuestro, que
estás en los cielos.’
¿Saben una cosa, amados? Podría pasar semanas hablando
de esta frase. Literalmente, me abre tanto. Estos son los
sermones más difíciles de predicar, cuando hay tanto que
podría ser dicho y uno no sabe qué escoger y qué dejar afuera.
Pero simplemente, observe esa frase.
‘Padre nuestro que estas en los cielos.’ Esa es la invocación
que comienza la oración. Si usted piensa en esto,
probablemente, ese sea el término más común que usamos
en nuestras oraciones “Padre, Padre, Padre” una y otra vez, de
manera apropiada. Porque este es el patrón que Jesús
establece. La oración comienza con un reconocimiento de
que Dios es nuestro Padre. ¡Tremenda verdad en ese
pensamiento! Dios es nuestro Padre.
Ahora, ¿qué es lo que eso le dice a usted? Bueno, permítame
comenzar con la palabra “nuestro” tiene referencia gente
creyente. Y entonces, el hecho negativo de “nuestro Padre” es
que es un golpe mortal en contra de la enseñanza liberal de la
Paternidad de Dios y la hermandad del hombre.
Durante años, los liberales han enseñado lo que es de la
paternidad universal de Dios. Dios es el Padre de toda
persona. Todos somos hijos de Dios y todos somos
hermanos. Bueno, sólo hay un sentido en el que eso es verdad.
Y sólo un sentido. Y eso es todo. Y eso es en el sentido de la
creación. Eso es en el sentido de la creación. Sólo somos hijos
de Dios universalmente, porque hemos sido creados por Dios.
Malaquías 2:10: “¿acaso no tenemos todos un Padre? ¿Acaso
no nos creó un Dios?” En el sentido de que Dios nos ha creado,
somos uno. Hechos 17, Pablo dice: “todos somos simiente
Suya.” Y eso él se lo dice a los filósofos en el Areópago. En un
sentido de creación, sí, Dios es nuestro Padre. En un sentido
de relación, no. No lo es.
Jesús dijo en Juan 8:44 a los líderes judíos: “vosotros sois de
vuestro padre el diablo.” En 1 Juan capítulo 3, Juan caracteriza
de manera clara a dos familias: los hijos de Dios y los hijos
del diablo. Los hijos de Dios no continúan cometiendo pecado,
los hijos del diablo, sí. Y entonces, él presenta la distinción
clara entre las dos familias.
El apóstol Pablo presenta una distinción clara entre los hijos
de luz y los hijos de las tinieblas. No hay simplemente una
familia de la humanidad
bajo una paternidad universal de
Dios. Hay dos familias en el mundo: los hijos de Dios y los
hijos del diablo.
Jesús presenta esto de manera abundantemente clara. No
hay manera de evadir esto. Pedro dice en 2 Pedro 1:4 que sólo
aquellos que creen han sido hechos participantes de la
naturaleza divina. Sólo aquellos de nosotros que hemos
nacido de nuevo, hemos nacido en la familia de Dios. Y sólo
a aquellos que Le recibieron, les dio potestad o derecho de ser
llamados hijos de Dios, Juan 1:12. Hay dos familias. Y
entonces, la afirmación misma de Jesús, “Padre nuestro”
elimina a un mundo de gente incrédula.
Hay un lado positivo en esto. No sólo en la eliminación de eso,
sino que en lo positivo, es “Padre nuestro” es una afirmación
de una intimidad con Dios que es maravillosa. Porque como
puede ver, para la mayoría del mundo, los dioses y o el dios
que adoraban era un ser muy distante, remoto y temeroso.
Tristemente, había una distancia sorprendente inclusive en la
manera de pensar judía en el día de Jesús. El judío del Antiguo
Testamento, el santo de Dios en el Antiguo Testamento
entendía algo de la Paternidad de Dios. No hay duda al
respecto. Él entendía que Dios era el Padre. Creo que ellos lo
entendían más en un sentido más nacional de lo que lo
entendían en un sentido personal. Creo que lo entendíanmejor
en términos de que Dios cuidaba en general de la nación de
Israel, de lo que llegaron a entenderlo en términos de la
intimidad, en una relación con Dios como un padre personal.
No creo que fue sino hasta que Jesús vino que los hombres
realmente entendieron la intimidad de Dios. Y creo que eso es
ilustrado de manera vívida cuando Felipe le dice a Jesús:
“muéstranos al Padre.” Y Jesús le dice: “has estado conmigo
tanto tiempo Felipe y, ¿no sabes que si me has visto a Mí, has
visto al Padre?”
Y creo que fue Jesús quien nos trajo la intimidad de eso. Pero
en el Antiguo Testamento, el judío del Antiguo Testamento,
realmente entendía a Dios como padre más en un sentido
nacional que en un sentido personal. Y conforme pasó el
tiempo y usted llega al tiempo de Jesús, ellos habían perdido
el concepto de Dios como Padre. Dios se volvió más y más
remoto. Y no creo que sea que Dios se movió, creo que ellos
se movieron conforme se alejaron de la religión verdadera,
conforme se alejaron de la verdadera adoración y redefinieron
su sistema para tolerar la pecaminosidad, se aislaron del lado
paternal de Dios.
Por lo tanto, ellos asumieron que Dios estaba remoto e
inclusive dejaron de usar los nombres de Dios. Se volvió
blasfemo inclusive mencionar el nombre de Dios. Habían
desarrollado una distancia inmensa. Ellos habían perdido el
sentido de la paternidad de Dios. Inclusive en un sentido
nacional que habían conocido en el pasado. Y entonces,
cuando nuestro querido Señor pronuncia el término “Padre
nuestro,” es algo sorprendente para ellos, los despierta a algo
que habían perdido hace mucho tiempo en el pasado. Les
presenta un nuevo tipo de intimidad que nunca siquiera
habían llegado a entender. “Padre nuestro.”
Permítame llevarlo de regreso y mostrarle lo que los judíos en
el Antiguo Testamento veían cuando pensaban en eso. Ellos
sabían que Dios era un padre. Ellos entendían algo de lo que
eso significaba. Por ejemplo, en Isaías 64, usted tiene una
afirmación que Isaías hizo acerca del pueblo de Dios, el pueblo
de Israel que había pecado de manera terrible en el versículo
5. Él dice “porque hemos pecado”; “porque hemos pecado.”
Después, en el versículo 6 él los describe en términos muy
vívidos “porque todos somos como algo inmundo. Y todas
nuestras justicias como trapos de inmundicia. Y todos nos
desgastamos como una hoja y nuestras iniquidades, como el
viento nos han llevado.” Isaías dice “Dios, somos un desastre.
Somos un pueblo pecaminoso. Nos hemos alejado mucho de
aquello que es la conducta apropiada.”
En el versículo 7, dice: “y ni siquiera hay uno que invoque Tu
Nombre, ninguno que te busque, porque Tú has escondido Tu
rostro de nosotros y nos has consumido debido a nuestras
iniquidades. “Dios, nos sentimos perdidos, nos sentimos
aislados. Somos tan malos. Ni siquiera ya Te buscamos. Ni
siquiera ya Te podemos encontrar.” Esa es una situación
bastante desesperada.
¿Y a qué, entonces, apela Isaías? Versículo 8, de manera
hermosa, él dice: “pero ahora, oh Jehová, Tú eres nuestro
Padre.” Deténgase ahí.
Como puede ver, él reafirma la realidad confortante de que
Dios es un padre; y los padres, cuidan de sus hijos. Como
puede ver, ellos entendían eso. Ellos entendían algo del
concepto de Dios como un padre, aunque somos
pecaminosos, todavía eres nuestro Padre.
Permítame decirlo, si lo puedo resumir en un sentido, que los
judíos en el Antiguo Testamento vieron en la paternidad de
Dios cinco cosas básicas. No sé si estas cinco son
exhaustivas, simplemente son lo que yo vi.
Número uno, ellos reconocían que Dios era un padre en
términos de que Él les dio a luz. Ellos vieron el hecho de que
Dios los engendró como un acto paternal. En 1 Crónicas, dice
de Él que Él es el Dios de Israel, nuestro Padre. Ése es un título.
El Dios de Israel, nuestro Padre. En otras palabras, el que ha
engendrado a la nación.
En segundo lugar, en el concepto de padre, los judíos vieron la
cercanía de Dios. Un padre es uno que está en una relación
familiar. Un padre no es un tío, un primo, o un amigo, o un
vecino; un padre es una relación filial. Y entonces, vieron en el
término padre algo de cercanía.
Para ver una ilustración de esto, no voy a tomar el tiempo para
verlo, lea el Salmo 68. Es realmente sorprendente. En el Salmo
68 está esta discusión de Dios y Su poder y habla de que Dios
está en un monte alto. Y habla de que Dios está montado
sobre las nubes. Y habla de Sus carros; son 20,000. Y Sus
carros son los ángeles. Y Dios está volando por el cielo y
ascendiendo en los grandes montes de la santidad. Y
después, sale de eso y dice: “y Él es un Padre a los que no
tienen padre.” Y Él nos coloca en una familia. ¿No es eso
maravilloso? Ellos conocían la majestad de Dios. Ellos
entendían algo de la distancia de Dios; pero ellos sabían que
Él era un Padre a los que no tenían padres. Y que Dios había
colocado a las personas en una familia. Entonces, veían Su
cercanía.
En tercer lugar, yo creo que los judíos, al ver el concepto de
Dios como padre vieron Su gracia amorosa. Un padre es
perdonador, un padre es tierno de corazón, un padre es
misericordioso, un padre, muestra gracia a sus hijos. Y de
esta manera, dijeron en el Salmo 103: “como el padre se
compadece de sus hijos, así Jehová se compadece de los que
le temen.” Él es como un padre misericordioso. Él es como un
padre que condesciende, lleno de gracia, gentil y amable. Tan
lleno de gracia, tan considerado. Así es como veían a Dios.
En cuarto lugar, yo creo que los judíos del Antiguo Testamento
vieron la paternidad de Dios en términos de Su guía. Como un
padre guía a sus hijos, ¿no es cierto? Él los guía, les muestra
por qué dirección debe caminar, les da sabiduría e instrucción.
Así es como ellos lo veían. En Jeremías 31:9 dice: “ellos
vendrán llorando, ellos vendrán con súplicas y Yo los guiaré:
Yo haré que caminen junto a los ríos de agua en un río
derecho, en los cuales no tropezarán porque Yo soy un padre
a Israel.” Él dice Yo los guiaré, Yo los guiaré junto a un río. Yo
los llevaré por un camino derecho. Yo me aseguraré de que
no caigan ¿por qué? Porque Yo soy su Padre y un padre guía,
un padre ama, un padre se queda cerca, y un padre engendra
como usted puede ver.
Pero todo esto no sentimentalizaron a Dios, porque hay una
quinta cosa que vieron. Ellos tenían que ver que debido a que
Dios era su padre, tenían que obedecerlo. Ésa era su parte.
Dios engendraría, Dios estaría cerca, Dios mostraría gracia,
Dios también los guiaría y ellos debían responder en
obediencia.
En Deuteronomio capítulo 32, hay una afirmación simple que
reitera esto y podríamos ver otras Escrituras, pero
simplemente veamos esta. Ellos se corrompieron a sí mismos,
eran pecaminosos, y la Palabra viene,
“¿no demanda esto
Jehová, oh pueblo insensato y necio? ¿No es Él vuestro Padre
quien os ha traído? ¿Pueden tratar a vuestro padre con
desobediencia, con falta de respeto?” Entonces, ellos no
entendieron a Él como padre, quizás en un sentido más
general. Pero de todos modos, ellos lo comprendieron como
un padre que los engendró, amoroso, que estaba cerca de
ellos, que los guiaba, que los entrenaba, los preparaba en la
obediencia. Y tenían la responsabilidad de obedecer. Éste es
un concepto judío.
¿Y sabe una cosa? Más adelante, en el sermón del monte,
regresando a Mateo 7:7, Jesús reitera este concepto. Él dice
en el capítulo 7, versículo 7: “pedid y se os dará, buscad y
hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide
recibe, y el que busca halla y al que llama, se le abrirá.” ¿Por
qué? ¿Por qué hará Dios esto? ¿Por qué Dios va a oírlo a usted
cuando pida? ¿Por qué Dios va a abrir cuando toque? ¿Por
qué Dios va a ayudarle cuando busque? ¿Por qué? Porque
Dios es así.
Y Él continuó en el versículo 9: “¿qué hombre hay de vosotros
que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un
pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo
malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto
más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas
a los que le pidan?” De nuevo se les presenta el hecho de que
Dios es un padre benévolo, cuidadoso, amoroso, así como un
padre en el mundo cuida de las necesidades de sus hijos.
Pero creo que ellos tenían un sentido de distancia conforme
regresamos a lo que Jesús dice en el capítulo 6, que les había
llevado a perder este sentido de intimidad. Creo que lo único
que les quedaba era el concepto pagano. ¿Sabe una cosa?,
los griegos llamaban a Zeus ‘padre Zeus’. Y en conexión con
el padre Zeus, el término llegó a significar ‘señor’ o
‘gobernante’. Perdió toda su intimidad. No quedó nada de
intimidad.
Y por cierto, Zeus era un dios bastante corrupto. Simplemente
quiero que sepa eso. Había un dios amable llamado Prometeo.
Y Prometeo vio al mundo, según la leyenda griega, y Prometeo
dijo que no había fuego en el mundo. Y los hombres tenían
frío en la noche y los fuegos no sólo eran vuelos para
mantenerlos calientes, sino que eran buenos para muchas
cosas: para palomitas y malvaviscos y comunión y cosas así.
Y Prometeo vio al mundo y dijo que no era bueno que el
hombre no tuviera fuego. Y entonces, Prometeo le dio al
mundo fuego. Y el padre Zeus se enojó tanto con Prometeo
que tomó a Prometeo y lo llevó a la mitad del mar Adriático.
Encontró una roca que estaba saliendo del agua y encadenó
a Prometeo a esa roca y lo dejó ahí, en medio del calor terrible
del día y la sed del día y el frío de la noche. Y constantemente,
le quitó, creo que una especie de ave con sus garras hizo esto,
continuamente le quitaba, le arrancaba su hígado. Y
Prometeo, según la leyenda, siempre terminaba con un nuevo
hígado. Y entonces, siempre se le hacía lo mismo. Los griegos
dijeron que eso era lo que el padre Zeus piensa acerca de algo
bueno para la gente.
Ahora, ése es el contexto de este día. Padre no significaba
nada. Había perdido su significado. Y para los fariseos y para
los escribas, pensar en Dios como un padre era un
pensamiento muy vacío. No significaba nada más que un
señor o un dios o un gobernante o un rey. Y Jesús lo usa de
una nueva manera. Jesús inserta en esto algo rico, algo
especial, algo íntimo. No sólo en la palabra que Él usa, como
veremos, sino la manera en la que el trajo a Dios a los
hombres. ¿No es cierto? Jesús hizo esa intimidad posible.
Por cierto, cuando Jesús oró, siempre utilizó la palabra
‘Padre’; más de 70 veces la palabra ‘Padre’. Él siempre la usa.
Sólo en una oración que Él oró no uso la palabra ‘Padre’. ¿Sabe
usted qué oración fue ésa? “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me
has desamparado?” Sólo al llevar el pecado fue Él separado
del Padre. Y sólo entonces Él no dijo “Padre”. El resto de las
veces, la intimidad de esa relación fue expresada y sólo en
ese momento temporal, cuando fue quebrantada al llevar Él el
pecado, Él se dirigió a Dios de otra manera.
Escuche, cuando usted va a Dios y le dice “Padre”, no está
hablando del padre de alguien más, alguna persona
benevolente que quiere regalarle algo. No estamos hablando
de alguna deidad que está desinteresada y es un padre
únicamente en el sentido de su liderazgo. Estamos hablando
de alguien benévolo, amoroso, alguien que está involucrado
de manera personal. Alguien que es absolutamente íntimo.
Permítame profundizar un poco más. Estudié un poco esta
semana las filosofías de la época y descubrí algunas cosas
interesantes. Había dos filosofías primordiales que existían
en el tiempo de Cristo en el mundo grecorromano. Son
conocidos como los estoicos y los epicúreos. Ha leído usted
de ellos, ¿verdad? Los estoicos tenían un atributo esencial
para los dioses. Ellos decían que el mayor atributo primordial
de un Dios es apatheia. De esta palabra obtenemos la palabra
‘apático’. Ahora, apatheia para el griego es esencial en la
capacidad de experimentar cualquier sentimiento.
Ahora, los griegos dijeron esto. Si una persona puede sentir
amor, puede ser lastimada. Si una persona puede sentir gozo,
puede sentir tristeza. Si una persona puede sentirse contenta,
puede sentirse infeliz. Por lo tanto, los dioses no sienten nada
o de lo contrario, podrían ser lastimados. Entonces, ellos
escogen ser totalmente personas que no tienen pasiones, no
tienen emociones, incapaces de tener algún sentimiento. Son
apáticos e indiferentes. Ésa es la perspectiva histórica de los
dioses. Totalmente carentes de emoción, pasión, indiferentes.
Los epicúreos tenían una idea un poco diferente. Ellos dijeron
que la cualidad suprema de las deidades es ataraxia. Ataraxia
es un término que significa “serenidad total, calma total, paz
perfecta.” Ahora, ellos dijeron que si los dioses se
involucraban en asuntos humanos, perdían su tranquilidad,
¿verdad? Perdían su calma. Si se involucran en el desastre en
el mundo, nunca podrán mantener su serenidad. Por lo tanto,
los dioses están distantes. Y ellos tenían los que en la
actualidad llamaríamos una perspectiva deísta, que hay un
poder que está ahí arriba y echa a andar todo y después, se
aleja porque no quiere involucrarse.
Entonces, los estoicos decían que Dios es absolutamente
apático e indiferente y los epicúreos dijeron que Dios está
absolutamente distante, totalmente desinteresado y aislado
de toda condición humana. Así es como ellos pensaban de
sus dioses, aunque usaban el término ‘padre’.
Ahora, ¿qué hay acerca del día moderno? Es un poco diferente.
James Stewart citó dos líneas de un poema escrito por
Thomas Hardy. Thomas Hardy dijo esto. Él dijo “la oración es
inútil, porque no hay nadie a quien orar excepto,” y aquí está
la cita, “esa cosa soñadora, oscura, torpe que gira la manivela
de esta presentación aburrida.” Fin de la cita. Para Thomas
Hardy, Dios era algo que estaba soñando, torpe, oscuro.
Voltaire dijo: “la vida es una mala broma. Que caiga el telón, la
farsa se acabó.” Fin de la cita.
H. G. Wells, en una de sus novelas, pintó un retrato de un
hombre derrotado por el estrés y la tensión de la vida
moderna. Y el hombre estaba muriendo; y un hombre muy
santo le dijo que su única esperanza era comunión en Dios. Y
él preguntó: “¡qué! -dijo el hombre-¿pensar en Ése, allá arriba,
en relación conmigo? Más fácil me parecería refrescarme el
gaznate con la Vía Láctea o estrechar las manos con las
estrellas!”
El estoico ve a su Dios sin emociones, el epicúreo ve a su Dios
totalmente distante, el filósofo moderno de a Dios como la
cosa oscura, soñadora, torpe, que gira la manivela de la
presentación aburrida. Inclusive el judío de la época de Jesús
ve a Dios como un padre, sólo en un sentido pasado, remoto,
distante, desvanecido, con poco significado.
A toda esa confusión, Jesús simplemente pronuncia sin
explicación dos palabras: “Padre nuestro.” “Padre nuestro.” Y
al hacer esto, abre una verdad que nos lleva a nuevas
dimensiones de significado. El