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¿Qué tan difícil sería atender a un genio si fueras un psicólogo?

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Notas de Estudio

Hace más de un mes

Si te refieres a un genio de verdad, y no a alguien que tomo un examen de CI en línea o que se unió a Mensa o algo parecido. Una persona brillante, con el talento necesario para dominar varias habilidades y ser imbatible en unas pocas. Una persona extremadamente talentosa con la capacidad de unir varias cosas o de diseccionarlas a la velocidad de la luz. Cuando se menciona la palabra “genio,” el cliente que se me viene a la cabeza, es Mark.

Mark tenía cerca de 30 años. Era ingeniero electrónico de alto rango, con la preparatoria trunca, en una gran compañía, estaba a cargo del área de innovación de productos. Tenia su propio laboratorio y era invitado a participar en cualquier proyecto que él deseara.

He conocido a otras dos o tres personas parecidas en el pasado, con la libertad para desarrollar nuevos e inesperados productos, pero ellos tenían doctorados y obtuvieron muchísimas certificaciones antes de dirigir sus propios laboratorios. Nunca me he topado con otro genio como Mark.

Un día, Mark me dijo: “David, creo que no entiendes que tan rápido funciona mi cerebro.” Y respondí: “¡Por supuesto, solo hace falta ver tu puesto, a tu edad, con una formación autodidacta!”

No, replico Mark mientras sonreía “Quiero decir, más allá de eso, dejando de lado la física y la electrónica... De hecho, podría mostrarte, si no te importa que sea un poco invasivo.”

“Adelante,” le respondí.

Mark empezó a decirme las conclusiones a las que llego luego de nuestra primera sesión y como es que decidió contratarme como su terapeuta. Enlistó las cosas que había notado, pequeños detalles, sobre mí y sobre la clínica. Y sus conclusiones eran indiscutibles: yo no era un genio, pero era lo suficientemente inteligente como para serle de utilidad. Concluyo que yo me sentiría confortable ayudándolo con ciertas cosas con las que él necesitaba lidiar. ¡Luego me dijo mas datos que no voy a publicar aquí!

Yo estaba anonadado. Presencié el proceso de análisis de un genio de amplio espectro en vivo. Fue como si un Sherlock Holmes de la vida real me estuviera analizando. Fue divertido y un poco aterrador.

A veces, tenia que interrumpirlo: “Mark, ve un poco mas despacio, recuerda que no soy un genio, te estas saltando muchos detalles que necesito para entenderte.” Entonces él se reía y empezaba a “deletrear” las cosas para su lento terapeuta. Me encantaba.

Si te refieres a un genio de verdad, y no a alguien que tomo un examen de CI en línea o que se unió a Mensa o algo parecido. Una persona brillante, con el talento necesario para dominar varias habilidades y ser imbatible en unas pocas. Una persona extremadamente talentosa con la capacidad de unir varias cosas o de diseccionarlas a la velocidad de la luz. Cuando se menciona la palabra “genio,” el cliente que se me viene a la cabeza, es Mark.

Mark tenía cerca de 30 años. Era ingeniero electrónico de alto rango, con la preparatoria trunca, en una gran compañía, estaba a cargo del área de innovación de productos. Tenia su propio laboratorio y era invitado a participar en cualquier proyecto que él deseara.

He conocido a otras dos o tres personas parecidas en el pasado, con la libertad para desarrollar nuevos e inesperados productos, pero ellos tenían doctorados y obtuvieron muchísimas certificaciones antes de dirigir sus propios laboratorios. Nunca me he topado con otro genio como Mark.

Un día, Mark me dijo: “David, creo que no entiendes que tan rápido funciona mi cerebro.” Y respondí: “¡Por supuesto, solo hace falta ver tu puesto, a tu edad, con una formación autodidacta!”

No, replico Mark mientras sonreía “Quiero decir, más allá de eso, dejando de lado la física y la electrónica... De hecho, podría mostrarte, si no te importa que sea un poco invasivo.”

“Adelante,” le respondí.

Mark empezó a decirme las conclusiones a las que llego luego de nuestra primera sesión y como es que decidió contratarme como su terapeuta. Enlistó las cosas que había notado, pequeños detalles, sobre mí y sobre la clínica. Y sus conclusiones eran indiscutibles: yo no era un genio, pero era lo suficientemente inteligente como para serle de utilidad. Concluyo que yo me sentiría confortable ayudándolo con ciertas cosas con las que él necesitaba lidiar. ¡Luego me dijo mas datos que no voy a publicar aquí!

Yo estaba anonadado. Presencié el proceso de análisis de un genio de amplio espectro en vivo. Fue como si un Sherlock Holmes de la vida real me estuviera analizando. Fue divertido y un poco aterrador.

A veces, tenia que interrumpirlo: “Mark, ve un poco mas despacio, recuerda que no soy un genio, te estas saltando muchos detalles que necesito para entenderte.” Entonces él se reía y empezaba a “deletrear” las cosas para su lento terapeuta. Me encantaba.

¡Esta pregunta ya fue respondida!