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centrales (Oz) y parietal izquierdo, tanto superior (P3) como inferior (P7) [29],alteración en la excitabilidad de la corteza motora pri- maria izq...

centrales (Oz) y parietal izquierdo, tanto superior (P3) como inferior (P7) [29],alteración en la excitabilidad de la corteza motora pri- maria izquierda,30mutaciones novo en el cromosoma 3p14-24 (31) y 3p21-24 (32); duplicación del gen LFNG en el cromoso- ma 7p22.3 (33); y deleción de 1,1Mb en el cromosoma 20p13.34 La propuesta de considerar este grupo de trastornos como parte de un “espectro” se fundamenta en la perspectiva politéti- ca de los estudios realizados sobre dichos trastornos. En ellos se señala la heteroge- neidad sintomatológica de quienes han sido diagnosticados con TEA, por ello se ha propuesto que el estudio debe consi- derar las diferentes expresiones fenotípi- cas, más que una sola línea que intente agrupar a todos estos trastornos.31 En esta línea se ha planteado la importancia de estudiar los síndromes asociados a TEA y las expresiones fenotípicas que se tienen en común, tanto en el síndrome estudia- do, como en lo reportado respecto a los TEA.35 Finalmente, se ha resaltado la impor- tancia del diagnóstico en los primeros años de vida debido a que la plasticidad cerebral es mayor. Cuando un paciente no puede ser incluido en un cuadro diagnós- tico específico, se pierde la oportunidad de que reciba tratamiento.24 Con los cri- terios del DSM V aquellas personas que podrían ser diagnosticadas con SA u otro cuadro de los TEA,tanto con el DSM IV como con el DSM IV-TR no podrían ser diagnosticadas a edades tempranas,4 lo cual conlleva a la pérdida de la oportuni- dad de tratamiento en tales edades. 6. A MANERA DE CONCLUSIÓN A lo largo de la historia, diferentes TEA han sido asociados a esquizofrenia. Ini- cialmente esto fue planteado por los pri- meros clínicos que se aproximaron al estudio de la psicopatología, con base en la teoría psicodinámica. Una de las prin- cipales críticas a algunos enfoques psico- dinámicos concierne a su propuesta de considerar el autismo como originado en la interacción, o en los modos de crian- za de los padres con respecto a sus hijos.1 Dicha propuesta responde a un grupo de teóricos del psicoanálisis y a un momento histórico de la construcción teórica. Ac- tualmente observamos otras propuestas psicoanalistas, como la ya mencionada planteada por Kato.5 Si bien la lectura de dichos cuadros deja de lado los hallazgos actuales en genética o neurociencias, la propuesta psicoanalítica proporciona una lectura respecto a síntomas que también son observados desde otras posturas teó- ricas. La integración inicial de los TEA en cuadros de esquizofrenia o psicosis reali- zada por psicoanalistas, corresponde a los esfuerzos por comprender estos trastor- nos bajo contextos históricos distintos a los actuales y apoyándose en herramien- tas conceptuales que en ese momento dictaban la práctica clínica. El uso de tales marcos teóricos permanece en la actuali- dad gracias a que se apoyan en un méto- do clínico con investigación cualitativa; si bien la práctica clínica de la neuropsicolo- gía no se apoya en los mismos constructos conceptuales del psicoanálisis, tampoco es ajena al análisis cualitativo durante el trabajo continuo con pacientes. Así, los datos actuales neurobiológi- cos o genéticos nos llevan a cuestionar la concepción de la etiología del autismo a partir de la relación madre-hijo como ini- cialmente se planteó en varias propuestas psicoanalíticas. Sin embargo, no por ello podemos decir que las características de los diferentes TEA dejen de impactar en esta relación, con lo cual observamos que el trabajo clínico, desde estas posturas no es desdeñable, pero sí altamente cuestio- nable. Los datos clínicos de los teóricos psicoanalistas también nos brindan infor- mación respecto a otras formas de acceso a la simbolización, como en su momento lo planteó la Dra. Klein, o como lo ponen de manifiesto los esfuerzos observados en las personas con síndrome de Asper- ger para cumplir con demandas sociales, tal como lo destaca Kato.5 Estas investi- gaciones nos brindan información útil para replantear preguntas, analizándolas desde una aproximación que nos es más asequible: la neuropsicológica del desa- rrollo. Así, es posible beneficiarse de los diálogos escritos reportados por los psi- coanalistas en sus estudios de caso; a par- tir de los que se puede realizar un análisis de la intención de comunicación e inte- racción que presentan las personas con estos trastornos: por ejemplo, la aparente ausencia de respuesta ante el contacto so- cial, o bien las peculiaridades respecto al desarrollo del lenguaje u otras en las habi- lidades cognitivas. Además, estar abiertos a escuchar otras aproximaciones clínicas nos permite establecer un diálogo con respecto a lo que otras posturas observan desde sus enfoques, y también contar con más información que permita realizar una traslación de una misma sintomatología, para ser leída desde una aproximación neuropsicológica. Este diálogo es posible, respetando las diferencias de conceptuali- zación desde dichos enfoques, aun cuan- do la concepción etiológica psicoanalítica no coincida con los hallazgos en neuro- ciencias o genética, genómica o epigené- tica actuales. Retomando el diagnóstico del SA a partir de los criterios de la Asociación Americana de Psiquiatría observamos que, a diferencia del DSM IV-TR, en el cual se requieren dos de cuatro criterios para realizar el diagnóstico de los TGD, en el DSM V se requieren tres criterios. El riesgo de requerir que se cumplan tres criterios en lugar de dos conlleva a que aquellos niños que sólo manifiestan toda la sintomatología hasta encontrarse den- tro de un ambiente de demandas sociales, reciban un diagnóstico tardío y por ende, que la intervención también sea posterior. Con respecto a la conceptualización de los TEA como continuo, vale la pena seña- lar que, a pesar de la existencia de instru- mentos validados para el diagnóstico del SA, podemos observar que la formación de grupos de participantes se apoyaba en otros instrumentos, especialmente aque- llos en los que eran presentados como TEA que incluían SA y otros TEA. Una posible razón de tal conformación puede ser la formación de grupos con mayor po- blación, lo que contribuye a una concep- tualización de continuo en los TEA, pero favoreciendo la probabilidad de retroceso en las distinciones de cuadros, como se ha logrado ya al identificar las características genéticas del síndrome de Rett. En las investigaciones acerca del SA observamos que éstas dif ícilmente refie- ren características del lenguaje y desarro- llo esperado del lenguaje, como parte del criterio diferencial con respecto al autis- mo de alto funcionamiento. Sin embar- go, los estudios que se realizaron a partir del DSM IV y DSM IV-TR, dif ícilmente presentaban un análisis de las caracterís- ticas del lenguaje como criterio diferen- cial entre SA y otros TEA. Por esta razón, como se puede inferir a partir del estudio de Grzadsinski,11 decir que la dimensión diagnóstica del DSM V se apoya en que los estudios plantean un continuo de un mismo cuadro, puede deberse a que tales estudios, en realidad, se basaban en un criterio de CI más algunas escalas de au- tismo, pero en realidad no analizaron las diferencias de lenguaje, ni diferencias en interacción social,ni las conductas repeti- tivas. Para evitar tal riesgo, las investigacio- nes tendrían que indicar información so- bre los criterios diagnósticos cumplidos bajo el DSM V, y apoyarse en agrupacio- nes por sintomatología, además de infor- mación de los instrumentos utilizados para realizar el diagnóstico, ya sea instru- mentos específicos para autismo o Asper- ger o escalas de inteligencia. Igualmente de- berían estudiar si existen cuadros con mayor susceptibilidad de presentar altera- ciones en sensibilidad (hipersensibilidad o hiposensibilidad) dentro de los TEA. Tal criterio es un valioso aporte documenta- do en el DSM V. En la especificación de las muestras conformadas en las investigaciones, tam- bién sería importante detallar los criterios adicionales en los cuales los profesionales más experimentados se están fundamen- tando para realizar el diagnóstico. Sin em- bargo, al revisar el estado del arte en neu- rociencias, observamos que dif ícilmente los investigadores realizarán la división sintomatológica aquí propuesta, a pesar de que se ha

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IMPACTO_DE_UNA_INTERVENCION_PEDAGOGICO_M (1)
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Pedagogia Vicente Riva PalacioVicente Riva Palacio

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