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En algunos casos, las familias llegan con algún interés concreto y solicitan cierta técnica en particular o ayuda para integrar al paciente en algu...

En algunos casos, las familias llegan con algún interés concreto y solicitan cierta técnica en particular o ayuda para integrar al paciente en alguna escuela regular. En estos casos se trata de dar el servicio tan amplio como sea posible y se brinda asesoría para la elección de la técnica o escuela correcta. Desde luego, es muy común que las familias tengan inquietud sobre los tratamientos biológicos para el autismo (dietas especiales, quelación de metales pesados, cámaras hiperbáricas, células madre, secretina, etc.) o sobre las terapias auxiliadas por animales. En tales situaciones se les da la información disponible de fuentes confiables, como los libros del Dr. William Shaw16 y de la Dra. Leticia Domínguez.17Cabe señalar sin embargo, que no se suele recomendar o denostar ninguna opción, simplemente se le aclara a la familia que si cuentan con algún medio de evaluación objetiva sobre sus resultados y no tiene efectos peligrosos para la salud del paciente, es su decisión implementarla o no. Retornando a la explicación de nuestro modelo de atención basado en ABA, debe aclararse que si bien se cuenta con las otras técnicas, no hacemos “mezclas” entre ellas. Si un paciente sigue un enfoque conductual en su atención, sigue esa filosofía, que es opuesta en muchos sentidos a TEACCH, y viceversa. Preferimos tratar a los niños pequeños con ABA, no sólo porque es la técnica más recomendada para la adquisición de los repertorios conductuales básicos que el niño requiere para funcionar en sociedad y para integrarse en el futuro a algún preescolar, sino porque la conducta que hemos visto a lo largo de los años en pacientes que recibieron ABA en la infancia, difiere cualitativamente de aquellos que no lo hicieron. En una investigación conducida por McPhilemy y Dillenburger,18 los autores reportan que los padres de familia que utilizaron la terapia ABA para atender a sus hijos notaron “un significativo impacto positivo no sólo en la vida de sus hijos, en particular en áreas tales como la comunicación, comportamientos retadores e independencia, sino en toda la familia y en su calidad de vida en general. La investigación mostró un alto nivel de satisfacción parental con la intervención basada en ABA”. Para la investigación, quince familias europeas respondieron un cuestionario para evaluar su nivel de satisfacción sobre la efectividad de la terapia ABA en el desarrollo de sus hijos (17 en total, 15 varones y 2 mujeres) Las familias reportaron que sus hijos habían tenido resultados muy efectivos o efectivos en su comunicación; la terapia ABA fue calificada como muy efectiva o efectiva para mejorar la calidad de vida en general de 13 participantes y esa misma calificación la obtuvieron 11 participantes en las categorías de comportamiento y motricidad gruesa. Los pacientes adolescentes y adultos de nuestra institución que recibieron en la niñez los repertorios conductuales básicos (atención, obediencia, imitación, lenguaje, autoayuda, habilidades sociales, entre otros), mediante ABA, siguen utilizándolos y han sido generalizados a otros ambientes fuera del terapéutico y del hogar. En situaciones sociales se desenvuelven de manera más adecuada y les es posible salir con su familia a actividades fuera de casa, como reportan McPhilemy y Dillenburger18en los resultados de su investigación; por ejemplo, salen a comer a restaurantes, a tomar clases de deportes o de música, a realizar pagos de servicios, a pasear o al cine con sus hermanos y/o padres, sin presentar conductas disruptivas o estereotipadas constantes o demasiado escandalosas, y las que muestran son controlables con instrucciones verbales; tienen mayor cantidad de repertorios conductuales sociales (saludos, despedidas o agradecimientos) y muestran mayor comunicación funcional espontánea que aquellos que nunca optaron por la terapia ABA. En especial, podemos mencionar que los pacientes que llevaron o llevan ABA exhiben notoriamente menos movimientos estereotipados que aquellos educados con otra metodología, y también significativamente menos gritos o llanto inexplicables. Todos nuestros pacientes que recibieron ABA en la infancia (nueve niños y una niña) o que aún lo hacen (seis niños y una niña) están o estuvieron integrados (de acuerdo con su edad) en una escuela regular –en terapia reciben apoyo en habilidades académicas que requieren, según su nivel de escolarización–, a diferencia de aquellos que no recibieron ABA, quienes cursaron pocos años en escuelas regulares y luego recibieron instrucción en algún Centro de Atención Múltiple (CAM). Incluso tres de los pacientes que recibieron ABA se encuentran actualmente cursando la secundaria, una con maestra de apoyo y dos sin ésta. Los niños de entre 2 y 5 años que llegan a terapia ABA aprenden el set de instrucciones básicas –órdenes que deben acatar para ser más funcionales– con mayor rapidez que los niños que no siguen esta metodología y, a menudo, recibimos comentarios de sus escuelas sobre la mejoría en la conducta del niño dentro del aula, su mayor participación en las actividades grupales y el incremento en su obediencia y lenguaje. Cabe aclarar que todos los pacientes que tenemos actualmente integrados en una escuela regular asisten en horario completo, casi todos acompañados por una maestra de apoyo, generalmente capacitada en ABA, a menos que la escuela no permita el uso de la técnica en sus instalaciones. Las escuelas en las que se integran nuestros pacientes son particulares, por decisión de los padres de familia. Si bien ABA es útil en niños e incluso en adultos, la edad óptima para iniciar la intervención es antes de los 5 años de edad; aquellos que empiezan entre los 2 y 3 años de edad obtienen los mejores resultados,18 según ha sido reportado en algunos estudios, como el caso documentado de la recuperación total del autismo en los dos hermanos Maurice tras emplear ABA en su atención a los dos años de edad.18 Actualmente el Instituto Lovaas tiene entre sus políticas de elegibilidad para la intervención, edades entre los 48 y 60 meses de edad, aunque se aclara que llega a implementarse por primera vez en niños de hasta 8 años de edad. El método ABA, y más concretamente el modelo Lovaas requieren una atención uno a uno con el paciente, para que sea posible llevar a cabo la metodología de ensayos discretos, consistentes en “enseñar sistemáticamente pequeñas y mensurables unidades de conducta…presentando una instrucción o señal específicas. Algunas veces se añade un apoyo…los apoyos de todos tipos deben ser utilizados con moderación y desvanecidos rápidamente para evitar que el niño se vuelva dependiente de ellos”. 14 Tampoco TEACCH o PECS se implementan grupalmente cuando el niño asiste a terapia en nuestra asociación (una o dos horas en cada ocasión). El número de horas que el menor asiste a terapia semanalmente las decide la familia, de acuerdo con sus posibilidades económicas y a las actividades de los demás miembros; sin embargo, en el caso de ABA se recomienda que los niños asistan de lunes a viernes 2 horas diarias para lograr la mayor efectividad posible del método, al menos la que se puede proporcionar en nuestra asociación civil. Desgraciadamente, en nuestro país no es viable llevar a cabo un tratamiento temprano del autismo con el formato que se sigue en el modelo UCLA: 40 horas por semana, directamente en el hogar y/o en la escuela del niño, con un terapeuta especializado en la metodología. En una asociación civil como la nuestra, todos los recursos son limitados, incluso los humanos; resulta imposible enviar a uno de nuestros terapeutas todo el día a la casa de un solo niño. A lo largo de los años hemos constatado la importancia que tiene la familia, tanto en la generalización de las habilidades aprendidas en el ambiente terapéutico, como en las aprendidas en el ambiente escolar y en la modificación efectiva de conductas problemáticas. Ocupémonos del primer caso: es muy común que las familias lleguen a terapia solicitando que se haga con el niño la tarea que la maestra regular le encargó porque “conmigo llora mucho”, “no quiere hacer nada”, “me toma toda la tarde” y comentarios similares. Los objetivos terapéuticos a menudo no son los mismos que los académicos, por lo tanto, significa una pérdida de tiempo para el terapeuta invertir su hora en una actividad que el

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IMPACTO_DE_UNA_INTERVENCION_PEDAGOGICO_M (1)
254 pag.

Pedagogia Vicente Riva PalacioVicente Riva Palacio

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