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manifiesta en enfermedad; sin embargo, pueden no encontrarse alteraciones en su estructura, por ejemplo el tétanos, la miastenia gravis, muchas psi...

manifiesta en enfermedad; sin embargo, pueden no encontrarse alteraciones en su estructura, por ejemplo el tétanos, la miastenia gravis, muchas psicopatías y algunas alteraciones metabólicas.
Aun en aquellas situaciones en que se produce alteración estructural, ésta no se detecta en las etapas tempranas del daño. Así, la lesión por hipoxia en el sistema nervioso central no es reconocible con microscopía de luz hasta que ha pasado un tiempo de al menos cuatro horas.
En la mayoría de los procesos patológicos de larga evolución, las alteraciones tisulares tienden a una vía final común, independientemente de la etiología y la patogenia. En otras palabras, existe una respuesta estereotipada de los tejidos, de tal suerte que las modalidades de expresión estructural se encuentran muy limitadas. Si cada agente etiológico capaz de producir enfermedad le imprimiera a los tejidos una característica especial, deberíamos esperar que también tuviera una expresión clínica única, así la medicina sería un catálogo de entidades aisladas y no relacionadas.
Existe un gradiente de susceptibilidad al daño entre diferentes células y tejidos en el cuerpo y los procesos de reparación (regeneración o cicatrización) son funciones variables que dependen de las características intrínsecas de las células y los tejidos. Es el balance de estos dos tipos de reacciones a la agresión lo que va a dar a cada órgano la expresión estructural de la lesión. Así, aquellos tejidos extraordinariamente susceptibles al daño pero con una gran capacidad para regenerar, dejan pocas huellas de la lesión inicial, tal como sucede en la piel y las mucosas. Los tejidos susceptibles al daño y que no regeneran, dejan secuela permanente.
La susceptibilidad de las células a la agresión depende de su información genética, requerimientos metabólicos, capacidad de producir detoxificantes como antioxidantes o proteínas de estrés (chaperonas, ubiquitina, etc.).
La capacidad de regeneración depende del tipo de células que constituyen los tejidos. De acuerdo a la velocidad de división, las células se clasifican en Lábiles: que están en constante estado de renovación, como las mucosas, el tubo digestivo y las células hematopoyéticas; Estables que se renuevan lentamente pero que tienen capacidad de dividirse en forma acelerada después de que hay pérdida de tejido, tal como sucede en el hígado; y Permanentes, que son células diferenciadas que al llegar a la etapa de maduración pierden la capacidad de reproducirse, tales como las neuronas, las células miocárdicas y las células del lente.
Los órganos constituidos por células lábiles son capaces de reparar el daño por regeneración, es decir restitución “ad integrum”, mientras que los que están constituidos por células permanentes no regeneran y reparan por proliferación de las células estromales.
CARACTERÍSTICAS DEL TEJIDO NERVIOSO QUE MODULAN EL TIPO DE RESPUESTA TISULAR A LA AGRESIÓN
El sistema nervioso central es un órgano heterogéneo en estructura y función, es decir que está constituido por unidades funcionales diferentes, dependiendo de la localización.
Los órganos homogéneos como el hígado, tienen unidades funcionales (lobulillo hepático) cuya estructura y función son idénticas en todo el órgano, lo mismo ocurre con los riñones –constituidos por unidades funcionales (nefronas) que son iguales, tanto las del riñón izquierdo como las del derecho. En estos órganos homogéneos, la función global es la suma de las funciones de cada una de sus unidades funcionales y, por lo tanto, cuando hay datos de disfunción significa pérdida de masa total.
En el sistema nervioso central la cantidad de tejido afectado no guarda relación con la disfunción y puede haber pérdida considerable del órgano sin grandes manifestaciones clínicas; por el contrario, lesiones pequeñas en lugares estratégicos pueden expresarse por alteraciones muy acentuadas.
Hay un gradiente de susceptibilidad al daño en las células que constituyen el tejido del sistema nervioso.
Las neuronas son las células más susceptibles, las meníngeas las más resistentes, quedando la glía y las células ependimarias en una posición intermedia.
Existe vulnerabilidad selectiva de algunas regiones del sistema nervioso central.
No todas las áreas del sistema nervioso central se dañan con la misma intensidad en alteraciones sistémicas, como hipoxia e intoxicaciones y también hay selectividad regional en infecciones virales y enfermedades degenerativas. Esta vulnerabilidad selectiva en algunos casos es explicada por diferencias en el riego vascular (zonas limítrofes) o diferencias en los requerimientos metabólicos. La diferente distribución de lesiones en cerebros neonatales ha sido explicada en relación con el proceso de mielinización. Las áreas con mielinización activa están asociadas con una mayor actividad metabólica de oligodendroglia y astrocitos fibrilares con mayor utilización de oxígeno y glucosa, así como mayores requerimientos energéticos para la síntesis de mielina. Regiones de la sustancia blanca neonatal sufren por lo tanto, mayor daño en agresiones tales como hipoxia, isquemia y acidosis láctica, y muestran altos niveles de utilización de sustratos revelados a través de estudios de tomografía de emisión de positrones.
En el caso de infecciones virales existe un tropismo hacia determinadas regiones del encéfalo. Esta vulnerabilidad selectiva se presenta en poliovirus que afectan neuronas de los cuernos anteriores de la médula espinal, en rabia que afecta preferentemente las neuronas de hipotálamo y tallo cerebral y el virus de polioma que lesiona oligodendroglia provocando extensa desmielinización. Los determinantes de este tropismo incluyen la puerta de entrada del virus al sistema nervioso central y la ruta de la diseminación viral dentro del huésped.
En el sistema nervioso central, la capacidad de regeneración es variable dependiendo de la estirpe celular y del momento del daño.
Los astrocitos tienen una gran capacidad para proliferar como respuesta inespecífica, mientras que el concepto generalmente aceptado es que las neuronas maduras diferenciadas no son capaces de dividirse y reemplazar a las perdidas. Sin embargo, hay que considerar que en la etapa inmadura de neuroblastos, las neuronas se multiplican por lo que, al menos en bases teóricas, la pérdida de neuronas en la edad gestacional temprana puede recuperarse a partir de las células de la matriz germinal. La gran mayoría de las neuronas adultas se originan de la zona ventricular (ZV). En el curso del desarrollo embrionario hay otros centros de proliferación a partir de las células que han migrado de la ZV. Éstas son las que originan el bulbo olfatorio, el cerebelo y el hipocampo. En el ratón adulto se ha demostrado que estas zonas son capaces de generar nuevas neuronas y que conservan actividad mitótica en cerebros maduros. Al parecer estas neuronas “nuevas” son capaces de interactuar con las preexistentes maduras y se integran a circuitos establecidos.
Por otra parte, los axones regeneran en el nervio periférico, pero no en el sistema nervioso central cuando ambos son parte de neuronas localizadas en el sistema nervioso central. Experimentos en animales han demostrado que los axones del sistema nervioso central son capaces intrínsecamente de regenerar: En algunos peces la médula espinal se puede regenerar cuando es seccionada; en el hámster los tractos piramidales y el olfatorio si se seccionan en la primera semana de vida, pueden regenerar y recuperar su función; en la rata adulta si se implanta el iris en el cerebro se recoloniza por fibras colinérgicas que necesariamente derivan de la sustancia gris o blanca; en la rata adulta si la médula espinal es seccionada y los dos cabos conectados por un puente de nervio periférico, algunas fibras cruzan el puente y en forma semejante, si un pedazo autólogo de nervio ciático es implantado en el cerebro de una rata, es colonizado por nuevos axones.
Todas las células de la glía proliferan en respuesta al daño, lo cual es evidente en astrocitos y oligodendroglia. Mención especial merecen las células de microglía y las ependim

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IMPACTO_DE_UNA_INTERVENCION_PEDAGOGICO_M (1)
254 pag.

Pedagogia Vicente Riva PalacioVicente Riva Palacio

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