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Se admitía aún en los primeros veinticinco años del siglo XX entre la estructura del macro y el microcosmo: el átomo era interpretado como algo en ...

Se admitía aún en los primeros veinticinco años del siglo XX entre la estructura del macro y el microcosmo: el átomo era interpretado como algo en principio completamente igual a un sistema solar en miniatura, donde alrededor del núcleo, como cuerpo central del sistema, se dirigen por órbitas rígidas unas esferas —los electrones— en calidad de microplanetas. La mecánica cuántica ha destruido de raíz la idea de la identidad mecánica total de los macro y microobjetos y ha descubierto el carácter específico de estos últimos, consistente en que los electrones no son diminutas esferas, sino formaciones complejas, de naturaleza corpuscular-ondulatoria. No obstante, la unidad de los dos campos de la naturaleza —los macro y microfenómenos— ha sido conservada en forma de una identidad concreta, en la que también se halla incluido orgánicamente lo diferencial. Por consiguiente, se manifiesta aquí la identidad y la diversidad, la unidad y la multiformidad. Adquiere importancia especial el problema del salto y, en relación con él, el del carácter específico de las leyes en cada esfera de la naturaleza. Al superar el mecanicismo, las ciencias naturales se ven obligadas a admitir que, por ejemplo, las leyes biológicas son cualitativamente distintas no sólo de las sociales, sino también de las físico-químicas, a semejanza de lo que sucede con la actividad vital del organismo, que no se reduce a una simple acumulación de procesos mecánicos, físicos y químicos, aunque los presupone y los incluye en calidad de formas de movimiento “colaterales” o subordinadas. El problema del salto constituye el fundamento de muchos y complicados problemas, aún no resueltos, de las ciencias naturales actuales: el del mecanismo interno de la transformación mutua de las partículas, la relación entre la materia y la conciencia y la ley de funcionamiento de esta última. La solución de este problema sigue dos caminos. La resuelve la doctrina de la actividad nerviosa superior. Desde otro lado lo enfoca la cibernética, que descubre la unidad de los fenómenos que transcurren en la naturaleza inanimada y en la naturaleza viva y en el cerebro humano, e interpreta esta unidad como una analogía entre ellas, que llega muy lejos. La penetración de la cibernética en todas las ramas de las ciencias naturales, incluyendo la biología, favorecerá su rápido progreso. El papel rector de la física, en calidad de líder de las ciencias naturales actuales. La situación preponderante de la física, desde que comenzó la revolución contemporánea en las ciencias naturales, se debe a que ha sido precisamente la que ha desempeñado el papel decisivo en la penetración, primero en el microcosmo (a fines de la última década del siglo XIX) y después en el macrocosmo (a fines de la primera mitad del siglo XX) y la que constituye el fundamento teórico del desarrollo de toda la actual técnica (electrónica, automática y mecanización de la producción). Además, es precisamente la física la que permite a las restantes ramas de las ciencias naturales (astronomía, química, geología, biología, etc.), descubrir los fundamentos y la génesis de los fenómenos de la naturaleza que estudian, ligándolos a los procesos físicos que los acompañan o que los originan. Por eso, en las resoluciones del XXI Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, se dice: “Las ciencias naturales ocupan un lugar preeminente, de cuyo desarrollo eficaz depende el avance de las ciencias afines y de toda la economía. Las perspectivas ulteriores del progreso técnico las determinan en la actualidad, ante todo, los éxitos de las ramas fundamentales de la ciencia física... La importancia del complejo que forman las ciencias biológicas aumentará especialmente a medida que se vayan aplicando en biología los logros de la física y la química.” Al mismo tiempo, los descubrimientos que se realizaron en la física a partir de 1895 tuvieron una importancia extraordinaria en el desarrollo de la filosofía y la dialéctica materialistas, en la parte correspondiente a la doctrina sobre la materia y su estructura, sobre el movimiento como forma de existencia de la materia, sobre el espacio y el tiempo, sobre la causalidad y los tipos de leyes en la naturaleza, etc. Todo ello está condicionado por el hecho de que la física se ocupa de las clases relativamente más simples, “elementales” de la materia y de las formas de su movimiento, de los tipos de sus nexos internos, de las formas más generales de cualquier existencia. Históricamente, a lo largo del desarrollo de la naturaleza, los objetivos de todas las demás ciencias naturales surgieron de una u otra forma de los que estudia la física. Pero sin esclarecer la génesis de estos objetivos más complejos de la naturaleza (químicos, biológicos, etc.), es imposible comprender su propia esencia. Por eso, el progreso de las ciencias naturales, en el grado actual de su desarrollo, consiste en descubrir la conexión genética y estructural de todas las formas superiores del movimiento de la materia (incluyendo las que tienen lugar en el cerebro humano) con las formas físicas. Cuando haya sido resuelta esta tarea, acaso el papel rector pase a otra rama de las ciencias naturales, a la biología, por ejemplo, o simultáneamente a toda una serie de ciencias: a la física, la astronomía, la biología, etc. En la historia de las ciencias naturales, ya una vez se presentó una situación análoga: en los siglos XVII-XVIII, el papel preponderante en la ciencia de la naturaleza lo ocupaba la mecánica, que estudiaba la forma más simple, en aquel entonces, de movimiento de la materia. De ahí que la escala de la mecánica se aplicase a todos los procesos de la naturaleza. Pero a comienzos del siglo XIX, cuando la tarea de estudiar los aspectos mecánicos de los cuerpos y fenómenos de la naturaleza fue resuelta en lo fundamental, el papel principal pasó de la mecánica a otras tres ramas de las ciencias naturales: la física, la química y la biología. Si el siglo XVIII fue el siglo de la mecánica, el XIX fue el del vapor, la atomística y el darvinismo. Es posible que en una nueva etapa superior de desarrollo de la ciencia de la naturaleza, se repita la historia de un modo algo diferente, cuando la génesis y la estructura de las formas más elevadas del movimiento hayan sido resueltas en lo fundamental con ayuda de la física. Pero de momento eso constituye tan sólo una tendencia en el desarrollo de las ciencias naturales actuales, la cual puede realizarse en un futuro más o menos lejano.

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La ciencia-K
117 pag.

Ciências Biológicas / SaúdeBiológicas / Saúde

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