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historia de Brasil

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BRASIL
HISTORIA
Los pueblos indígenas fueron los primeros habitantes de lo que en la actualidad es Brasil; incluían a los grupos arawak y caribes en el norte, a los tupí-guaraní en la costa este y el valle del río Amazonas, los ge en el este y sur de Brasil y los pano en el oeste. En su mayoría estos grupos eran esencialmente seminómadas, que subsistían de la caza, la recolección y una agricultura básica. Localizados en las áreas más remotas del interior, mantuvieron su forma de vida tradicional incluso hasta finales del siglo XIX, cuando su existencia se vio amenazada por el avance de la civilización. Véase Indígenas americanos.
		
Exploración europea y primera colonización
El navegante español Vicente Yáñez Pinzón fue el primer europeo en descubrir el actual territorio de Brasil. Probablemente pisó tierra cerca de lo que en la actualidad es Recife el 26 de enero de 1500; más tarde fue a la deriva hacia el norte, hasta la desembocadura del río Orinoco. En abril de 1500, el navegante portugués Pedro Álvares Cabral también alcanzó la costa del actual Brasil y formalmente reclamó la región circundante en el nombre de Portugal. El territorio se denominó Terra da Vera Cruz (en portugués, ‘Tierra de la Cruz Verdadera’). Una expedición dirigida por Gaspar de Lemos y de la que formaba parte el navegante florentino Amerigo Vespucci fue enviada a la Terra da Vera Cruz por el gobierno portugués en 1501. En el curso de su exploración fueron dados nombres a muchos cabos y bahías, incluida una bahía que fue denominada Río de Janeiro. La Terra da Vera Cruz pasó a llamarse Santa Cruz y, finalmente, Brasil, en alusión al palo de Brasil, del que la expedición llevó una carga a su vuelta a Portugal. Años antes, concretamente en 1494, Portugal y España habían firmado el Tratado de Tordesillas, por el que quedó asignado al primero el territorio limitado al norte por Belém, en la desembocadura del río Amazonas, y al sur por la ciudad de Laguna, en Santa Catarina.
En 1530 el rey portugués Juan III inició un programa de colonización sistemática del territorio. Como primer paso, dividió Brasil en 15 distritos o capitanías, y concedió cada uno de los distritos, en perpetuidad, a una persona destacada en la corte portuguesa. Los beneficiarios, conocidos como donatarios, disfrutaban de amplísimos poderes sobre sus dominios.
Debido a los peligros derivados de los ataques franceses a lo largo de la costa brasileña, el rey Juan revocó la mayoría de los poderes detentados por los donatarios y puso a Brasil bajo el mandato de un gobernador general. El primer gobernador general, Thomé de Souza, llegó a Brasil en 1549, y organizó un gobierno central, con la recién fundada ciudad de Salvador, o Bahía, como capital, inició amplias reformas administrativas y judiciales y estableció un sistema de defensa costera. São Paulo, en el sur, se fundó en 1554.
En 1555 los franceses fundaron una colonia en las costas de la bahía de Río de Janeiro. Los portugueses destruyeron la colonia francesa en 1560 y en 1567 establecieron en su lugar la ciudad de Río de Janeiro.
		
Gobierno español e incursiones holandesas
Felipe II de España heredó la corona portuguesa en 1580. El periodo de dominio español estuvo marcado por las frecuentes agresiones contra Brasil por los ingleses y holandeses, enemigos tradicionales de España. Una flota holandesa tomó Bahía en 1624, pero la ciudad fue recuperada por una fuerza combinada de españoles, portugueses y nativos americanos al año siguiente. Los holandeses atacaron de nuevo en 1630 y una expedición patrocinada por la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales capturó Recife y Olinda, en Pernambuco. La mayor parte del territorio entre la isla Maranhão y el curso bajo del río São Francisco cayó en manos holandesas en posteriores operaciones. Durante la inteligente administración del conde Joan Mauritz von Nassau-Siegen, el territorio brasileño bajo dominio holandés prosperó durante varios años. Nassau-Siegen, sin embargo, renunció en 1644, en protesta por las políticas explotadoras de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. Poco después de su salida, los colonizadores portugueses, con apoyo de su país natal, se rebelaron contra el dominio holandés. Los holandeses capitularon en 1654, después de casi una década de contienda, y en 1661 renunciaron por tratado a sus pretensiones al territorio brasileño.
		
Restauración portuguesa
Con la triunfal revuelta en Portugal contra la soberanía española en 1640, Brasil volvió a la soberanía portuguesa. En general, las relaciones pacíficas prevalecieron entre los españoles y los portugueses en Sudamérica hasta 1680. Ese año, los portugueses enviaron una expedición hacia el sur a la orilla este del estuario del Río de la Plata y fundaron un asentamiento llamado Colonia do Sacramento. Esto dio paso a un prolongado periodo de conflictos con respecto a la posesión de la región, que finalmente quedó constituida como la República de Uruguay en 1828.
Desde la segunda mitad del siglo XVI, la principal riqueza de Brasil residía en la producción de azúcar, sobre todo en la región costera de Pernambuco, Bahía y Río de Janeiro. Allí se empleó en gran escala la mano de obra esclava importada de África. La actividad azucarera se basaba en el sistema de gran propiedad (plantation) y tenía como figura central al senhor de engenho, latifundista propietario de las tierras y del ingenio que transformaba la caña de azúcar en el producto listo para su comercialización.
La expansión brasileña hacia el sur estuvo precedida por la penetración en zonas del interior del país. Los misioneros jesuitas habían empezado a desarrollar su tarea evangelizadora en el valle del Amazonas a comienzos del siglo XVII. Antes de mediados de siglo, los partidarios de los paulistas, el nombre por el que los residentes de São Paulo eran conocidos, habían alcanzado el curso superior del río Paraná. Debido a que estas expediciones eran emprendidas principalmente con el propósito de esclavizar a los indígenas americanos, los paulistas encontraron una oposición vigorosa de los jesuitas. Apoyados por la corona en sus esfuerzos por proteger a la población, los jesuitas finalmente triunfaron. Muchos paulistas inmediatamente después se convirtieron en exploradores y comenzó una febril búsqueda por las riquezas minerales. En 1693 se descubrió oro en la región que en la actualidad es Minas Gerais. La resultante fiebre del oro trajo a decenas de miles de colonos portugueses a Brasil. La expansión económica de la colonia se aceleró aún más por el descubrimiento de diamantes en 1721.
En 1750 el Tratado de Madrid entre España y Portugal ratificó las reclamaciones brasileñas de una amplia región al oeste de los límites promulgados en el Tratado de Tordesillas (véase Línea de demarcación). El Tratado de Madrid fue anulado años después, pero sus principios se materializaron en el Tratado de San Ildefonso de 1777.
El secretario de Estado (ministro) de Asuntos Exteriores de Portugal y primer ministro, el marqués de Pombal, realizó numerosas reformas en Brasil durante el reinado del rey José I. Liberó a los esclavos indígenas, alentó la inmigración, redujo los impuestos, relajó el monopolio real sobre el comercio exterior brasileño, centralizó el aparato gubernamental y transfirió la sede del gobierno desde Bahía a Río de Janeiro en 1763. Debido a su influencia entre los indígenas y a su creciente poder económico, Pombal expulsó a los jesuitas en 1760, lo que provocó diversos problemas, entre ellos la crisis en el sistema educativo, en el que esta orden mantenía una presencia hegemónica.
		
La permanencia de la corte portuguesa
Las Guerras Napoleónicas alteraron profundamente el curso de la historia brasileña. A comienzos de noviembre de 1807, Napoleón envió un ejército hacia Portugal a través de la frontera española. El regente portugués, el príncipe Juan, y la mayoría de su corte embarcaron desde Lisboa poco antes de la llegada del ejército francés y se dirigieron a Brasil (véase Juan VI). El príncipe Juan convirtióRío de Janeiro en la sede del gobierno real de Portugal y decretó una serie de reformas y mejoras para Brasil, entre ellas la supresión de las restricciones al comercio; la puesta en marcha de estas medidas benefició a la agricultura y la industria, y contribuyó a la creación de escuelas de enseñanza superior.
El príncipe Juan heredó la corona portuguesa como Juan VI en marzo de 1816. En el periodo de cinco años anterior a su vuelta a Portugal, su régimen perdió de manera progresiva el favor de los brasileños. Su gobierno fue corrupto e ineficaz, lo que motivó que el sentimiento republicano se extendiera en el país siguiendo a la Revolución Francesa, que había ganado un considerable impulso cuando las colonias españolas vecinas declararon su independencia. En 1816 el rey Juan intervino, ocupando la Banda Oriental (Uruguay), entonces bajo el control de los revolucionarios hispanoamericanos. Aplastó un levantamiento revolucionario en Pernambuco al año siguiente. La Banda Oriental fue anexionada a Brasil en 1821 y renombrada Provincia Cisplatina. Antes de partir hacia Portugal en 1821, Juan VI hizo a su hijo, Dom Pedro, regente de Brasil. Mientras tanto en Portugal se había desarrollado una fuerte oposición a las reformas brasileñas del rey; las Cortes, el órgano legislativo portugués, promulgaron las leyes destinadas a devolver a Brasil su primer estatuto como colonia. Dom Pedro fue obligado a volver a Europa. En 1822, respondiendo a las súplicas de los indígenas, Dom Pedro anunció su negativa a abandonar Brasil. Convocó una Asamblea Constituyente en junio y en septiembre, cuando los despachos desde Portugal revelaron que las Cortes no harían grandes concesiones al nacionalismo brasileño y proclamó la independencia del país, convirtiéndose en emperador de Brasil ese mismo año. Todas las tropas portuguesas en Brasil habían sido forzadas a rendirse al final de 1823.
		
El Imperio de Brasil
El gobernante autocrático, Pedro I, perdió gran parte de su apoyo popular durante el primer año de su reinado, debido a las discrepancias dentro de la Asamblea Constituyente. El emperador disolvió este órgano en 1823 y promulgó una Constitución en marzo de 1824. En 1825 Brasil se vio envuelto en una guerra con Argentina, debido al apoyo que proporcionó a la rebelión de la Provincia Cisplatina. Debido a la indefinición de la guerra, ésta obtuvo la independencia, a través de la mediación británica, bajo el nombre de Uruguay. En los siguientes años se incrementó la oposición popular a Pedro I, quien en abril de 1831 abdicó en favor de Pedro II, que contaba entonces cinco años de edad.
Las regencias gobernaron Brasil durante la siguiente década, un periodo de turbulencia política marcada por frecuentes revueltas y levantamientos provinciales. Hacia el final de la década, un movimiento para situar al joven emperador a la cabeza del gobierno ganó apoyo popular, y en julio de 1840 el Parlamento brasileño proclamó que Pedro II había alcanzado su mayoría de edad.
Pedro II demostró ser uno de los más inteligentes monarcas de su época. Durante su reinado, que llegó hasta casi la mitad del siglo, la población y la economía se expandieron con tasas sin precedentes. La producción nacional se incrementó en más del 900%. Se construyó una red de ferrocarriles. En el terreno de los asuntos exteriores el gobierno imperial fue activamente hostil a los vecinos regímenes dictatoriales. Apoyó la exitosa guerra revolucionaria contra el dictador argentino Juan Manuel de Rosas de 1851 a 1852 y, aliado con Argentina y Uruguay, tomó parte en la victoriosa guerra de la Triple Alianza contra Paraguay de 1865 a 1870.
La principal decisión de política interior durante el reinado del emperador se derivó de un amplio movimiento para la abolición de la esclavitud en Brasil. La importación de esclavos africanos se prohibió en 1850. Una campaña organizada para la emancipación de los todavía 2,5 millones de esclavos de Brasil fue promovida en años posteriores. Los abolicionistas lograron su primera victoria en 1871, cuando el parlamento nacional aprobó la legislación que declaraba libres a los hijos nacidos de madres esclavas. Por varias razones, entre las que se incluían los sacrificios ocasionados por la guerra contra los paraguayos, se desarrolló en este tiempo un movimiento paralelo favorable a la instauración de la república. El liberalismo se extendió durante los siguientes quince años. Los esclavos mayores de 60 años fueron liberados en 1885. En mayo de 1888 todos los esclavos que quedaban lograron su plena emancipación.
		
Primera República
Instituida sin compensación para los propietarios de esclavos, la emancipación supuso el alejamiento de los poderosos hacendados respecto al gobierno. Además, mientras que sectores del clero católico mostraban su oposición a ciertas políticas de Pedro II, y numerosos oficiales destacados del Ejército cultivaban en secreto su creciente insatisfacción, amplios sectores del pueblo tomaron posición a favor de la instauración de la república.
		
Fonseca y Peixoto
En noviembre de 1889 una revuelta militar bajo el liderazgo del general Manuel Deodoro da Fonseca forzó la abdicación de Pedro II. Se proclamó la República, con Fonseca como jefe del gobierno provisional. La separación de Iglesia y Estado y otras reformas republicanas fueron decretadas enseguida. La redacción de una constitución se completó en junio de 1890. Similar a la Constitución de Estados Unidos, aquélla entró en vigor en febrero de 1891, y Brasil se convirtió en una república federal, oficialmente llamada Estados Unidos de Brasil. Fonseca fue elegido su primer presidente.
La turbulencia política, debida esencialmente a la carencia de tradiciones democráticas nacionales y a la inexperiencia, marcó los primeros años de la nueva república. Durante 1891 se levantó una fuerte oposición en el Congreso a las políticas arbitrarias y los métodos del presidente Fonseca, quien, en respuesta, disolvió la cámara a principios de noviembre y asumió el poder de forma dictatorial. Una posterior revuelta naval ese mismo mes le forzó a renunciar en favor del vicepresidente Floriano Peixoto. El gobierno de Peixoto, otro régimen dictatorial, sobrevivió a una rebelión militar y naval (1893-1894) y a una serie de levantamientos en el sur de Brasil.
		
El Gobierno civil
El orden fue restaurado de forma gradual en el país durante la administración del presidente Prudente José de Morais Barros, el primer mandatario civil de la nación. A partir de 1898, cuando Manuel Ferraz de Campos Sales, antiguo gobernador de São Paulo, se convirtió en presidente, se adoptaron medidas enérgicas para rehabilitar la trastornada economía nacional. Al asegurar un gran empréstito del exterior, Campos Salles fortaleció las finanzas y expandió el comercio y la industria brasileña.
La producción de café y caucho, mientras tanto, se había incrementado de forma continuada en Brasil. Entre 1906 y 1910 la fuerte caída de los precios del café en el mercado mundial alteró la economía nacional. El precio del caucho brasileño empezó a caer hacia el final de este periodo. Como consecuencia, los disturbios sociales y políticos se extendieron durante la administración del presidente Hermes da Fonseca, de carácter conservador y militarista. Wenceslau Braz Pereira Gomes, un industrial, fue elegido sin oposición para dirigir el país en 1914 y ocupó el cargo hasta 1918.
Después del estallido de la I Guerra Mundial en 1914, se incrementó considerablemente la demanda en los mercados exteriores de café, caucho y azúcar brasileños, aliviando las dificultades económicas del país. Brasil adoptó una política de neutralidad en las primeras etapas de la guerra, pero como consecuencia de los ataques alemanes a sus barcos, rompió relaciones diplomáticas con Alemania en agosto de 1917. En octubre, Brasil entró en la guerra del lado de los aliados. Las unidades navales brasileñas fueron enviadas a las zonas en conflicto y Brasil inició su contribución a la guerra con alimentos y materias primas.
La disminución dela producción industrial y los fuertes recortes en los gastos del gobierno fueron necesarios debido al inicio de una crisis económica en 1922. En julio de 1924 culminó un periodo de malestar con una revuelta a gran escala, especialmente grave en São Paulo. La mayor parte del ejército permaneció leal al presidente Artur da Silva Bernardes, que había ocupado el cargo en 1922 y, tras más de seis meses de lucha, los rebeldes fueron derrotados. Bernardes gobernó mediante la ley marcial durante el resto de su mandato. Durante la administración de su sucesor, el presidente Washington Luís Pereira de Sousa, la crisis económica se hizo más profunda, lo que provocó numerosas huelgas y un aumento de la radicalización de la vida política. Las huelgas fueron declaradas ilegales por el Gobierno en agosto de 1927 y se adoptaron medidas rigurosas contra el comunismo.
		
El periodo Vargas
En la contienda presidencial de marzo de 1930, el candidato respaldado por la administración, Julio Prestes, fue declarado el vencedor sobre Getúlio Vargas, un destacado político y nacionalista del estado de Rio Grande do Sul. Vargas, no obstante, obtuvo el apoyo de muchos líderes militares y políticos y lideró una revuelta contra el gobierno en octubre. Después de tres semanas de encarnizada lucha, dimitió el presidente Washington Luís Pereira de Sousa y Vargas asumió el poder absoluto como presidente provisional.
En un intento de aliviar la desolada economía del país, Vargas redujo la producción de café y adquirió y destruyó los excesos de mercancías almacenadas. Los gastos ocasionados por este programa provocaron la intensificación de los problemas financieros del gobierno. Brasil dejó de pagar su deuda externa. En 1932 el régimen de Vargas reprimió una enorme rebelión en São Paulo después de casi tres meses de guerra a gran escala.
Vargas calmó en gran medida la agitación política en Brasil al convocar una Asamblea Constituyente en 1933. Entre los artículos de la nueva Constitución, adoptada por este cuerpo legislativo en 1934, destacaban aquéllos que restringían los derechos de los estados y estipulaban el sufragio para las mujeres, la seguridad social para los trabajadores y la elección de los futuros presidentes por el Congreso. El 17 de julio, Vargas fue elegido presidente.
En el primer año de su administración constitucional, Vargas se encontró con una importante oposición del ala radical del movimiento sindical brasileño. Fracasadas las revueltas organizadas por los comunistas en Pernambuco y Río de Janeiro en noviembre de 1935, se declaró la ley marcial y Vargas fue autorizado por el Congreso a gobernar por decreto. Los arrestos masivos de radicales y otros oponentes del gobierno se sucedieron. El descontento popular pronto alcanzó graves dimensiones, al tiempo que una organización de extrema derecha, la Acción Integralista Brasileña, generaba crecientes simpatías entre la clase media. Este grupo pronto llegó a ser un destacado núcleo de actividad antigubernamental. En noviembre de 1937, casi en vísperas de la elección presidencial, Vargas disolvió el Congreso y proclamó una nueva constitución en la que otorgaba a su cargo poderes absolutos y dictatoriales. Reorganizó el gobierno a imitación de los regímenes totalitarios de Italia y Alemania, abolió todos los partidos políticos e impuso la censura en la prensa y en el sistema postal.
		
El Estado Novo
El gobierno de Vargas, oficialmente llamado Estado Novo (Nuevo Estado), continuó en el poder sin fijar fecha para la celebración de un plebiscito nacional sobre la nueva ley orgánica. Por medio de una serie de decretos se amplió el sistema de seguridad social a los trabajadores en las nacientes industrias; de este modo, Vargas supo obtener el apoyo de una parte considerable de la población. El único desafío serio a su régimen vino de los integralistas, que organizaron una revuelta en 1938. El levantamiento fue reprimido en pocas horas.
A pesar del carácter totalitario de su régimen, Vargas mantuvo relaciones cordiales con Estados Unidos y otras democracias. Su administración mantuvo una actitud vacilante frente al Tercer Reich. Tras el inicio de la II Guerra Mundial, y debido al hostigamiento de los submarinos alemanes a los barcos mercantes brasileños, el país declaró la guerra a Alemania en 1942.
Al ponerse del lado de los aliados en la II Guerra Mundial, el régimen de Vargas emprendió un amplio programa de expansión industrial, dando un énfasis especial al incremento de la producción de caucho y otros materiales esenciales para la guerra. Las bases navales y los aeródromos, construidos en puntos estratégicos de la costa, se convirtieron en importantes centros aliados en la guerra antisubmarina. La armada brasileña asumió todas las actividades patrulleras en el océano Atlántico sur. En 1944 y en 1945 un cuerpo expedicionario brasileño participó en la campaña aliada en Italia.
Mientras tanto, las manifestaciones de descontento con la dictadura de Vargas se incrementaban. En febrero de 1945 un grupo de influyentes propietarios de periódicos desafió al gobierno, que se vio forzado a relajar la censura de la prensa. El 28 de febrero se anunció que las elecciones al Congreso y a la Presidencia serían celebradas al año siguiente. Gradualmente, se eliminaron todas las restricciones contra la actividad política. En abril se decretó la amnistía para todos los presos políticos, incluidos los comunistas.
		
El Gobierno Dutra
Durante la campaña electoral una serie de leyes impopulares aprobadas por el Ejecutivo suscitaron el temor de que Vargas intentara mantenerse indefinidamente en el poder. Un golpe de Estado militar en octubre de 1945 forzó a Vargas a presentar la dimisión. José Linhares, principal jefe de la corte suprema, fue nombrado jefe del gobierno provisional. En las elecciones nacionales celebradas en diciembre, el anterior ministro de la Guerra, Eurico Gaspar Dutra, obtuvo la presidencia por una gran mayoría de los votos; tomó posesión de su cargo en enero de 1946. El congreso, tras su renovación, redactó una nueva constitución, aprobada en septiembre.
Durante el verano de 1947 la ciudad de Petrópolis fue la sede de la Conferencia Internacional (Panamericana) para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad. El Pacto Interamericano de Ayuda Mutua (también llamado Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), redactado por la conferencia, fue firmado por Brasil en septiembre. Una disposición del tratado estipulaba la defensa recíproca de los firmantes contra una agresión armada directa a cualquier nación miembro. Véase Tratado de Río de Janeiro.
En octubre de 1947 el gobierno brasileño, desatada ya la Guerra fría y ante la publicación de un artículo aparecido en una revista rusa que se refería al presidente Dutra como una marioneta de Estados Unidos, rompió las relaciones diplomáticas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Pocos meses más tarde el Legislativo decidió expulsar a todos los comunistas que ocupaban escaños en el Parlamento. Un senador y catorce diputados se vieron afectados.
		
Segunda presidencia de Vargas
Getúlio Vargas retornó al poder como presidente en enero de 1951, después de derrotar a dos candidatos rivales por una gran mayoría de los votos en las elecciones celebradas en octubre del año anterior. Vargas formó un gabinete de coalición en representación de todos los partidos mayoritarios. El gobierno tomó medidas inmediatas para equilibrar el presupuesto nacional y desarrollar un programa para reducir el coste de la vida, incrementar los salarios y extender las reformas sociales. La inflación y el alto coste de la vida, sin embargo, persistieron después del periodo de posguerra, que vino marcado por un resurgir de las actividades clandestinas de los comunistas y un resurgimiento del nacionalismo que llevó a la nacionalización de los recursos de petróleo en septiembre de 1952. En suma, el programa de austeridad del gobierno motivó que los conservadores contrarios a Vargas incrementaran sus críticas.
En agosto de 1954, duranteuna campaña electoral al Congreso, un oficial de la fuerza aérea murió en el intento de asesinato de un editor de un periódico opuesto a Vargas. El asesinato provocó la crisis gubernamental: los mandos militares demandaron que Vargas dimitiera. A primeras horas del 24 de agosto, Vargas acordó renunciar al poder temporalmente en favor del vicepresidente João Café Filho. Vargas se suicidó a las pocas horas.
		
Los gobiernos de Kubitschek, Quadros y Goulart
El antiguo gobernador de Minas Gerais, Juscelino Kubitschek, tuvo el apoyo de los seguidores de Vargas y los comunistas. Ganó las elecciones a la presidencia en octubre de 1955 y tomó posesión del cargo en enero de 1956. Kubitschek anunció un ambicioso plan económico quinquenal de desarrollo. Al anuncio le siguió la concesión de un empréstito por parte del Banco de Exportación-Importación de Estados Unidos valorado en más de 150 millones de dólares, y se aprobaron los planes para una nueva capital federal en Brasilia, en septiembre. El fuerte ritmo de desarrollo industrial se suavizó, sin embargo, debido a la caída de los precios del café en el mundo a mediados y finales de la década de 1950. La inflación continuó, lo que aumentó la revuelta social, que derivó en frecuentes huelgas y disturbios por parte de trabajadores y estudiantes.
Jânio da Silva Quadros, anterior gobernador de São Paulo, se convirtió en presidente de Brasil en enero de 1961 e inmediatamente inició un programa económico riguroso. A todos los ministerios se les ordenó reducir los gastos en un 30% y algunos empleados del servicio civil fueron despedidos. Quadros también propuso eliminar la supuesta corrupción que había florecido durante la administración Kubitschek. El presidente Quadros dimitió de su cargo repentinamente en agosto, sin dar ninguna explicación, y refiriéndose sólo a las “fuerzas de la reacción” que habían bloqueado sus esfuerzos. Los líderes militares expresaron su oposición a la asunción del cargo por el vicepresidente João Belchior Marques Goulart, manteniendo que era simpatizante del régimen cubano de Fidel Castro. Se llegó a un compromiso, sin embargo, cuando la legislatura brasileña enmendó la Constitución introduciendo un sistema de gobierno parlamentario con el fin de privar a la Presidencia de muchos de sus poderes; la autoridad ejecutiva fue conferida a un primer ministro y a un gabinete que era el responsable de la legislatura. Goulart se instaló en el cargo en septiembre de 1961.
Un año después, Goulart provocó una crisis ministerial con su petición de un plebiscito nacional cuya finalidad era medir el apoyo al restablecimiento del sistema presidencialista. El plebiscito fue celebrado y la propuesta aprobada; en enero de 1963, el legislativo decretó un cambio de la ley. Después, Goulart presionó fuertemente para obtener la aprobación legislativa a un programa de reformas básicas en 1964; mediante esta legislación se fijaron controles del aumento de los alquileres que favorecieron a las rentas más bajas, se nacionalizaron las refinerías de petróleo, se expropiaron las tierras no explotadas y se limitó la exportación de beneficios. Las medidas sólo parecían agravar la inflación crónica de la nación. El 13 de marzo Goulart apareció en una reunión de trabajadores; el 31 de marzo fue derrocado por una sublevación del ejército y huyó a Uruguay. El general Humberto Castelo Branco, jefe de las Fuerzas Armadas, fue elegido presidente.
		
Gobierno militar
El nuevo régimen, dotado de poderes extraordinarios por un acta institucional firmada en abril, suprimió la oposición, particularmente la de izquierdas, y privó a unas 300 personas de sus derechos políticos. También adoptó versiones moderadas de muchas reformas demandadas por Goulart y combatió la inflación mediante el control de los salarios, la recaudación estricta de impuestos y otras medidas. Una ley aprobada en 1965 limitó las libertades civiles, incrementó el poder del gobierno de la nación y dispuso la elección por el congreso del presidente y el vicepresidente.
El anterior ministro de la Guerra, Artur da Costa e Silva, candidato del gubernamental partido Alianza Renovadora Nacional (ARENA), fue elegido presidente en 1966. El Movimiento Democrático Brasileño (MDB), el único partido de oposición legal, había rehusado presentar un candidato en protesta contra la privación, por parte del gobierno, de los derechos electorales de los oponentes con más expectativas. También en 1966, ARENA ganó las elecciones legislativas nacionales y estatales. El presidente Costa encabezó un gobierno de orientación militar que se preocupó en primer lugar del desarrollo económico. Aunque 1968 se destacó por las actividades antigubernamentales, entre las que sobresalieron las revueltas estudiantiles, la economía recibió un fuerte impulso. En diciembre, Costa asumió poderes ilimitados, que concluyeron en purgas políticas, ralentización económica y censura. En agosto de 1969 fue incapacitado por una enfermedad y en octubre los militares eligieron como sucesor al general Emílio Garrastazu Médici; el Congreso lo confirmó en la Presidencia. El régimen de Médici intensificó la represión y los grupos revolucionarios se hicieron más activos. Cuando el gobierno fomentó el crecimiento económico y el desarrollo de las extensas regiones del interior, la economía padecía altos costes energéticos, una inflación incontrolada y déficit en la balanza de pagos. La jerarquía católica incrementó las críticas ante el fracaso del gobierno en mejorar las condiciones de vida de los más pobres.
En 1974 el general Ernesto Geisel, presidente de Petrobrás, el monopolio nacional de combustibles, se convirtió en presidente. Al principio, desarrolló políticas de signo liberal, relajando la presión de la censura y dando considerables libertades a los partidos de la oposición, pero en 1976 y 1977 los controles se hicieron estrictos de nuevo, justo antes de la elección de João Baptista da Oliveira Figueiredo, que sucedió a Geisel en 1979.
		
Restauración del gobierno civil
En 1985 Tancredo Neves fue nombrado primer presidente civil de Brasil después de 21 años; murió antes de tomar posesión y José Sarney se convirtió en presidente. Enfrentado a una inflación renaciente y una enorme deuda externa, Sarney impuso un programa de austeridad que incluía una nueva unidad monetaria, el cruzado. Una nueva constitución que incluía la elección presidencial directa fue promulgada en octubre de 1988, y Fernando Collor de Mello, del Partido de Reconstrucción Nacional, de tendencia conservadora, fue elegido presidente en diciembre de 1989. Su drástico programa anti-inflacionista llevó a Brasil a la peor recesión de la última década, y las acusaciones de corrupción financiera desgastaron su popularidad. En junio de 1992 Brasil fue el anfitrión de los más de 100 líderes mundiales que se reunieron en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, también conocida como Conferencia de la Tierra. En septiembre Collor fue acusado de corrupción por la Cámara de los Diputados y el vicepresidente Itamar Franco se convirtió en presidente en funciones. Collor dimitió el 29 de diciembre, justo cuando el proceso contra él en el Senado estaba comenzando, y Franco entonces prestó juramento como su sucesor. En abril de 1994 se puso en práctica un plan para reestructurar y reducir la deuda externa de Brasil; conocido por el nombre de Plan Real, fue diseñado por el entonces ministro de Hacienda en el gobierno de Itamar Franco, el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso.
En las elecciones presidenciales celebradas en octubre de 1994 resultó vencedor Cardoso, candidato del Partido Social Democrático Brasileño, que se impuso a Luiz Inácio Lula da Silva, candidato presentado por el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT). La campaña electoral tuvo como ejes básicos las promesas por parte de ambos políticos de promover una mayor justicia social y el desarrollo de reformas económicas y políticas de gran envergadura.
Este proyecto reformador se empezó a poneren marcha con la presentación por parte de Cardoso ante el Congreso brasileño, en febrero de 1995, de una serie de enmiendas constitucionales, a las que se añadió, en 1996, el intento de modificar la Constitución brasileña con la finalidad de permitir la reelección en el cargo presidencial; en enero del año siguiente, el Congreso aprobó la enmienda constitucional que hacía factible tal modificación. No obstante, las reformas económicas iniciadas por el nuevo gobierno fueron rechazadas (en forma de marchas, huelgas y manifestaciones) a lo largo de 1997 por aquellos sectores productivos que resultaron perjudicados con las mismas. En junio de ese año, Brasil se adhirió al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.
En septiembre de 1997, Cardoso aceleró su carrera hacia la reelección presidencial respaldado por los partidos que integraban la coalición de gobierno (Partido Social Demócrata Brasileño, Partido del Frente Liberal y Partido del Movimiento Democrático Brasileño). La crisis financiera que afectó seriamente a la economía brasileña durante buena parte de 1998, y que tuvo su continuación en la primera mitad de 1999, no supuso un revés a las expectativas electorales del presidente Fernando Henrique Cardoso ante los comicios presidenciales, legislativos y estatales que se celebraron el 4 de octubre de ese mismo año, y en los que se enfrentó de nuevo con Lula da Silva, el candidato de buena parte de la izquierda brasileña, así como con Ciro Gomes, cabeza de lista del Partido Popular Socialista (PPS) y Eneas Carneiro, del Partido de la Reedificación del Orden Nacional (Prona). Antes al contrario, Cardoso venció de forma arrolladora en la primera vuelta, sin necesidad de efectuar una segunda, con lo que se convirtió, una vez que tomó posesión del cargo en enero de 1999, en el primer presidente brasileño que era reelegido democráticamente en la historia de Brasil. El nivel de abstención, votos nulos y en blanco fue considerable, habida cuenta que en Brasil los electores están obligados a votar. Los resultados en los comicios para renovar los cargos de los 26 estados y el Distrito Federal en que se divide Brasil, por contra, obligaron a una segunda vuelta en 12 de ellos, pues ninguno de los candidatos obtuvo mayoría absoluta. La importancia de los resultados en esta consulta venía dada por el hecho de que el recién reelegido presidente necesitaba el apoyo de los gobernadores para llevar a cabo el ajuste fiscal impuesto tras el acuerdo firmado poco después con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Concluida la legislatura, el 6 de octubre de 2002 se celebraron nuevas elecciones presidenciales, legislativas y estatales. Brasil vivía una difícil situación social y económica, motivada por la devaluación del real, la elevada deuda pública, la dependencia del capital exterior, el desempleo, los bajos salarios y un alto índice de pobreza. En este contexto, el programa de políticas sociales de Lula da Silva propició que su candidatura presidencial fuera la más votada (46,4% de los sufragios emitidos), encontrando apoyo, no ya sólo en los ámbitos más desfavorecidos, sino también en determinados sectores empresariales (José Alencar, empresario y líder del conservador Partido Liberal, le acompañaba como candidato vicepresidencial). A mucha distancia del fundador del Partido de los Trabajadores quedaron José Serra, presentado por el Partido Social Demócrata Brasileño y respaldado por el bloque gubernamental (23,2%); Anthony Garotinho, del Partido Socialista Brasileño (17,9%), y Ciro Gomes, del Partido Socialista Popular (12%). Dado que Lula da Silva no alcanzó la mayoría absoluta, fue necesaria la celebración de una segunda vuelta el día 27 de ese mismo mes. En esta nueva cita con las urnas, Lula da Silva obtuvo más del 60% de los votos y derrotó con claridad a Serra. En calidad de presidente electo (su investidura oficial se produjo el 1 de enero de 2003), no tardó en hacer pública su intención de promover un “pacto nacional”, forjado en la formación de un gobierno de coalición, que luchara contra la inflación, la pobreza y la deuda pública. Por lo que respecta a la nueva Cámara de Diputados emanada en aquel octubre de 2002, los grupos que consiguieron mayor representación fueron el Partido de los Trabajadores (91 escaños), el Partido del Frente Liberal (84), el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (74), el Partido Social Demócrata Brasileño (71), el Partido Progresista Brasileño (49), el Partido Liberal (26), el Partido Laborista Brasileño (26) y el Partido Socialista Brasileño (22).
Las primeras medidas de Lula da Silva, quien dio por finalizadas las privatizaciones en Brasil, estuvieron destinadas al cumplimiento inmediato de su programa electoral: concesión de títulos de propiedad a los habitantes de las favelas, promoción del Programa Hambre Cero y del Plan Nacional de Erradicación del Trabajo Esclavo, y creación del Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y del Consejo de Desarrollo Económico y Social. En ese orden de cosas, la Cámara de Diputados aprobó, el 4 de septiembre de 2003, una ambiciosa reforma fiscal promovida por el presidente de la República. Un mes más tarde, el 16 de octubre, Brasil y Argentina, presidida por Néstor Kirchner, firmaron el denominado Consenso de Buenos Aires, acuerdo que fortalecía las políticas activas de ambos países frente al neoliberalismo y afianzaba su alianza en el seno del Mercosur, del que los dos eran miembros fundadores desde 1991. Brasil y Argentina estrecharon aún más su relación diplomática en diciembre de ese año, al pactar la coordinación de decisiones conjuntas ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. 
A comienzos de 2005, la gestión de Lula da Silva arrojaba un innegable éxito económico, si bien los avances sociales logrados resultaban, para determinados sectores, insuficientes con respecto a las expectativas suscitadas al iniciarse su mandato. En cuanto a la política exterior, el acceso a un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se convirtió en el principal objetivo de su gobierno.
En junio de 2005, estalló el denominado escándalo del mensalão, que debilitaría la credibilidad del gobierno, del PT y de Lula da Silva. En ese mes, Roberto Jefferson, presidente del Partido Laborista Brasileño (PTB, aliado del gobierno), denunció que diputados y senadores estaban recibiendo dádivas económicas de carácter mensual a cambio de facilitar la aprobación parlamentaria de los proyectos legislativos promovidos desde el ejecutivo. Jefferson exculpó a Lula da Silva de la maraña de corruptelas destapada, y señaló como responsables de esa supuesta compra de votos a José Dirceu (ministro jefe de la Casa Civil y brazo derecho del presidente), así como al presidente, al tesorero y al secretario general del PT, José Genoino, Delubio Soares y Silvio Pereira, todos los cuales se verían obligados a abandonar sus cargos. En julio, el presidente remodeló su gobierno en dos ocasiones, reforzando en el mismo, a costa del PT, al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, que formaba parte del gabinete desde enero de 2004).
En diciembre de 2005, Brasil canceló en un solo pago la totalidad de su deuda con el FMI. Pero, en marzo de 2006, un nuevo escándalo sacudió por enésima vez a Lula da Silva y a su equipo de gobierno; esta vez fue Antonio Palocci, ministro de Hacienda y principal artífice de la exitosa política económica gubernamental, quien tuvo que dimitir al resultar acusado de corrupción durante su actuación como alcalde de Ribeirão Preto entre 1994 y 2001. Pese a que la oposición reiteró sus solicitudes para que el presidente no concurriera a la reelección seis meses más tarde, el PT confirmó en junio de 2006 que Lula da Silva sería su candidato en las urnas el 1 de octubre siguiente. En esta fecha, se desarrollaron elecciones legislativas y las referidas presidenciales. En las primeras, el partido que obtuvo mayor representación en la Cámara de Diputados fue el PMDB (89 diputados), seguido por el PT (83), el PartidoSocial Demócrata Brasileño (PSDB, 65), el Partido del Frente Liberal (PFL, 65), el Partido Progresista Brasileño (PPB, 42), el Partido Socialista Brasileño (PSB, 27), el Partido Democrático del Trabajo (PDT, 24), el Partido Liberal (PL, 23), el PTB (22), el Partido Socialista Popular (PSP, 21), el Partido Verde (13) y el Partido Comunista de Brasil (PCdoB, 13). En los comicios presidenciales, los dos candidatos más respaldados fueron Lula da Silva (el cual recabó el 48,6% de los sufragios) y Geraldo Alckmin, del PSDB (41,6%); ambos concurrieron el siguiente 29 de octubre a una segunda vuelta en la que Da Silva logró la reelección al recibir el 60,8% de los votos.

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