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Las Ballenas
Son un grupo de mamíferos cetáceos marinos, del cual se conocen hasta la fecha cuatro especies diferentes. Sin embargo, el término “ballena” es de uso común para cualquier cetáceo de gran tamaño, como los cachalotes. La humanidad conoce estos animales desde tiempos ancestrales y a menudo se inspiró en ellos para fabular monstruos marinos mitológicos. Se trata de animales de vida marina de un gran tamaño, entre cuyas especies figuran los animales vivos más voluminosos del planeta (la ballena azul, Balaenoptera musculus).
Como todos los mamíferos, las ballenas son animales de sangre caliente y respiración aérea, capaces de pasar grandes lapsos de tiempo sumergidas y luego acudir a la superficie para reponer sus reservas de aire y expulsar el agua de sus pulmones mediante un chorro que se eleva por los aires, y que es uno de los rasgos típicos de su presencia.
Las ballenas son a menudo consideradas una suerte de inmensas “vacas marinas”, es decir, de animales mansos, que deambulan por los mares profundos, y que no representan ningún peligro para la humanidad, ni para otras especies más allá de los pequeños organismos de los cuales se alimentan.
A grandes rasgos, las ballenas se caracterizan por lo siguiente:
Son animales muy voluminosos, de los más grandes que existen en el planeta, cuyos cuerpos pueden superar, dependiendo de la especie, los 35 metros de envergadura y las cientos de toneladas. También existen especies más pequeñas, que pueden rondar los 3 metros de largo y pesar muchísimo menos.
Se trata de mamíferos marinos, o sea, animales de sangre caliente y respiración aérea, para lo cual disponen de dos orificios (espiráculos) en la cima de su cabeza, por el cual pueden expulsar el agua acumulada y realizar el intercambio gaseoso. Por esta última razón poseen una cola dispuesta en vertical, que les permite el rápido ascenso y descenso.
Existen dos tipos de ballenas: las barbadas, como la ballena azul, y las dentadas, como el cachalote. Las primeras se alimentan filtrando el agua, las segundas en cambio devoran a sus presas.
Poseen cuerpos macizos, cubiertos de una capa de grasa que aísla sus entrañas de las aguas frías de las profundidades marinas, y son capaces de aguantar la respiración durante 45 minutos y de alcanzar profundidades de casi un kilómetro.