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Siendo un médico que realiza autopsias, ¿cuál es la causa de muerte más sorprendente que has visto y que no se conocía hasta ese momento?

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Apuntes Prácticos


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Hace más de un mes

Yo no hago autopsias. Sin embargo, para endurecernos, a los tácticos nos hacían pasar un tiempo en una morgue.

Lo más asombroso que vi, y junto a otros compañeros estuvo a punto de hacernos desmayar como señoritas de postín, fue la noche que estando de guardia, llevaron a un hombre que había resultado muerto por atropellamiento. Las llantas traseras de un autobús de pasajeros le había pasado sobre el vientre.

Empezábamos a dormitar como caballos de lechero, apoyados en la pared, cuando el difunto soltó una flatulencia, luego un eructo… Y se sentó.

¡La Vin, compae!

Por poco nos morimos ahí del puto susto. Pero para un soldado español, la reputación es cosa seria. Así que apretamos los dientes y aparentamos que eso lo veíamos todos los días antes del desayuno. Yo incluso fingí un bostezo.

La verdad, casi se me habían aflojado los esfinteres.

Llegó el legista y nos pidió ayuda para enderezar al muerto y volver a acostarlo. Cuando nos explicó los procesos químicos y mecánicos del hecho, hasta nos avergonzamos de habernos asustado.

Pero en el momento… ¡Hoooostias! Más de uno estuvo a punto de salir huyendo.

Yo no hago autopsias. Sin embargo, para endurecernos, a los tácticos nos hacían pasar un tiempo en una morgue.

Lo más asombroso que vi, y junto a otros compañeros estuvo a punto de hacernos desmayar como señoritas de postín, fue la noche que estando de guardia, llevaron a un hombre que había resultado muerto por atropellamiento. Las llantas traseras de un autobús de pasajeros le había pasado sobre el vientre.

Empezábamos a dormitar como caballos de lechero, apoyados en la pared, cuando el difunto soltó una flatulencia, luego un eructo… Y se sentó.

¡La Vin, compae!

Por poco nos morimos ahí del puto susto. Pero para un soldado español, la reputación es cosa seria. Así que apretamos los dientes y aparentamos que eso lo veíamos todos los días antes del desayuno. Yo incluso fingí un bostezo.

La verdad, casi se me habían aflojado los esfinteres.

Llegó el legista y nos pidió ayuda para enderezar al muerto y volver a acostarlo. Cuando nos explicó los procesos químicos y mecánicos del hecho, hasta nos avergonzamos de habernos asustado.

Pero en el momento… ¡Hoooostias! Más de uno estuvo a punto de salir huyendo.

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