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Jay Crownover - The Breaking Point 3 - Respect - Pedro Samuel

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¡Feliz Lectura! 
 
 
 
 
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JAY CROWNOVER 
SINOPSIS 
PRÓLOGO 
CAPÍTULO 1 
CAPÍTULO 2 
CAPÍTULO 3 
CAPÍTULO 4 
CAPÍTULO 5 
CAPÍTULO 6 
CAPÍTULO 7 
CAPÍTULO 8 
CAPÍTULO 9 
CAPÍTULO 10 
CAPÍTULO 11 
CAPÍTULO 12 
CAPÍTULO 13 
CAPÍTULO 14 
CAPÍTULO 15 
CAPÍTULO 16 
CAPÍTULO 17 
CAPÍTULO 18 
CAPÍTULO 19 
CAPÍTULO 20 
CAPÍTULO 21 
EPÍLOGO 
BONO 
 
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o hay muchas cosas que decir 
sobre ella, ama los tatuajes y las 
perforaciones e incluso tiene gran 
parte de ellos en su cuerpo. No ha visto su color 
natural en su cabello desde hace mucho 
tiempo. 
Vive en Colorado con sus tres perros, los cuales están totalmente locos, 
y ama la nieve. Ha sido bartender desde la Universidad, pero su gran sueño 
es ser estrella de rock en lugar de escritora, aunque lamentablemente no 
tiene el talento para cantar, así que esto es lo que hay. Ama escribir y leer, 
sobre todo libros donde los personajes pueden transmitir y hacer que el 
lector sienta algo. 
Marked Men fue su primera serie de libros publicados. 
 
 
 
 
 
 
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abía una vez una hermosa princesa que llamaba a un reino corrupto hogar 
dulce hogar. 
Protegida y cuidada de lo peor que el mundo tenía para ofrecer, se 
enamoró de la ciudad en ruinas que ardía y resplandecía a su alrededor. 
Cada rincón sucio, cada sombra tenebrosa, encontró un lugar en su 
corazón. También lo hizo un hombre que era violento y peligroso, al igual que las calles que 
ella reclamaba como propias. 
Él era todo negocios y brutalidad, excepto cuando se trataba de ella. Con ella, él era 
tranquilo, atento y desgarradoramente paciente. 
Él le advirtió una y otra vez que no era el hombre para ella, pero ella se negó a 
escuchar. Ella nunca esperó que las calles o sus ejecutores la lastimaran, ya que le había 
dado su corazón tan completamente a ambos. 
Debería haber sabido que las calles de The Point siempre serían salvajes, y también lo 
era el hombre que se había comprometido a mantener el control de ellas en manos de 
criminales y malditos capos. 
Cegada por una traición que cortaba tan profundamente que estaba segura de que 
las heridas nunca sanarían, la princesa huyó del hogar que amaba y del hombre que le 
rompió el corazón. Se suponía que arrojar su corona oxidada y retorcida la ayudaría a 
olvidar. Todo lo que hizo fue hacerla desear todo lo que dejó atrás. Se dijo a sí misma que 
nunca volvería, pero en este reino atormentado, la familia lo es todo. Finalmente, no tiene 
más remedio que regresar. 
Mientras ella se había ido, la gente que la amaba trabajó duro para hacer que la 
ciudad fuera segura, y el hombre que la destruyó se hundió más profundamente en la 
oscuridad. Volver no debería parecer una rendición... pero lo hace. Mientras esta linda 
princesa se encuentra al borde de lo desconocido, el pasado ataca con fuerza. Es un buen 
recordatorio de que el amor de cachorrito finalmente crece y se convierte en algo con 
dientes afilados y un mordisco infernal. 
Ella nunca pidió las llaves del reino. Ella preferiría salir y construir el suyo propio. 
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Dos días antes de la graduación de preparatoria 
 
or fin! 
Se sentía como si hubiera estado esperando desde 
siempre por mi cumpleaños número dieciocho. Estaba 
contando los días con un fervor que era diferente y más 
desesperante que la mayoría de los adolescentes. Nada 
mágico sucedía a los dieciocho años, pero desde que tenía dieciséis años 
había estado anhelando ser considerada un adulto. Demonios, me había 
sentido como un maldito adulto mucho más tiempo que en los últimos dos 
años. Eso es lo que pasaba cuando uno crecía en la periferia de un lugar 
como The Point y tenía padres que estaban más preocupados por arruinar 
sus vidas que por mejorar las vidas de sus hijos. 
No importaba lo grande que me sintiera ni lo madura que actuara. 
Hasta que tuviera dieciocho años, era considerada una niña, una chiquilla, 
alguien demasiado joven e inexperta para saber lo que realmente deseaba. 
O, en mi caso, a quien realmente deseaba. Estaba harta de que todos en 
mi vida actuaran como si no pudiera decidir por mí misma. Ellos se 
encargaban de decidir qué era lo mejor para mí y a quién se le debía 
permitir y a quién no entrar en mi vida. 
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Estaba cansada de escuchar lo grande que era el mundo y cómo 
había tanto para explorar y experimentar. Sentía que estaba siendo 
empujada por la puerta bajo el pretexto de que era por mi propio bien. No 
era estúpida. La gente que más me amaba me quería lejos de la persona 
que yo más amaba. Nunca se molestaron en tratar de ocultarlo. 
No tenía planes de dejar The Point. Era feo, mezquino, duro e 
implacable, pero estas calles eran mi hogar y no podía imaginarme ser feliz 
en ningún otro lugar. Este lugar hacía tiempo que había ensuciado mis 
manos y los bordes de mi alma. Era algo que me costaría esconder si fuera 
a otro lugar. Tendría que pasar mis días tratando de camuflar la suciedad 
con la que estaba tan familiarizado. Aquí, nadie miraba dos veces a la 
hermosa adolescente con sombras en los ojos y sangre en las manos. Yo era 
uno de muchos. 
No estaba interesada en dejar atrás a mi hermana o a su prometido, 
Race. Éramos una familia extraña y disfuncional, pero lo hacíamos funcionar. 
No quería estar muy lejos de mi madre, que vivía en un hogar grupal 
mientras poco a poco trataba dolorosamente de recuperarse de su 
alcoholismo y del TEPT de un accidente que ella causó y que terminó 
cobrándose la vida de una madre joven y de su hijo. 
Pero más que nada, no quería dejarlo a él. 
No podía imaginarme un día sin ver a Noah Booker. Quiero decir, era 
imposible no verlo. Uno ochenta de alto, constituido como un atleta 
profesional, oscuro y melancólico, con los ojos gris metálico más bonitos, era 
la totalidad de cada una de mis fantasías adolescentes. Apenas notaba la 
cicatriz dentada que le separaba un lado del rostro. Blanca y levantada, le 
cortaba una de sus cejas negras por la mitad, le cortaba un alto pómulo y 
terminaba en algún lugar bajo el cincelado borde de su dura mandíbula. 
Nunca hablaba de ello, pero Race, el jefe de Booker, dejó escapar que 
Booker se hizo la cicatriz cuando estaba encerrado. O tal vez no fue tanto 
un desliz sino una advertencia apenas velada. Race nunca mantuvo en 
secreto que mi enamoramiento con su masivo, peligroso y ex-convicto 
ejecutor lo hacía sentir extremadamente incómodo. Me advirtió una y otra 
 
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vez que Booker no era para mí. Y le había dejado claro al hombre que 
rompía rodillas y cabezas para ganarse la vida que se quedara lo más lejos 
posible de mí. 
Lo llamabanamor de cachorrito. No lo era. 
Para mí, era una clase de amor vicioso, lleno de dientes y garras, que 
podía sentir cavando en mi interior cada vez que alguien me daba una 
palmadita en la cabeza y me decía lo joven que era y cuánta vida me 
quedaba por vivir. Este amor estaba rabioso, y estaba cansada de tenerlo 
atado. Quería liberarlo, quería que hundiera sus afilados colmillos en el 
hombre que había despertado la necesidad primaria dentro de mí. Era lo 
justo que sintiera el mismo tipo de mordedura aplastante y presión dolorosa 
alrededor de su corazón que yo sentía todos los días. 
Solo estaba concentrada en llegar a Booker. Apenas me daba cuenta 
de que había terminado la preparatoria y tenía puertas nuevas que se 
abrían a mí alrededor. No podría importarme menos conseguir mi diploma. 
Un trozo de papel con Karsen Carter escrito en caligrafía bonita no 
significaba nada para mí. Lo único en lo que me concentraba era en el 
hecho de que por fin tenía la edad suficiente para tomar mis propias 
decisiones. Y siempre elegía a Booker. Una y otra vez era mi prioridad número 
uno. 
Mi hermana estaba tan emocionada de que finalmente estaba a 
punto de graduarme. Sabía que estaba orgullosa de mí y orgullosa de sí 
misma. Por un tiempo, cuando nuestros padres se desentendieron, dudó de 
que iba a poder cuidarme. Ella veía mi graduación como una insignia de 
honor; prueba de que ambas lo logramos, ambas sobrevivimos después de 
haber sido arrojadas al fondo por las mismas personas que se suponía que 
nos amaban por encima de todo lo demás. Quería que estuviera tan 
emocionada como ella. No quería que perdiera de vista lo lejos que 
habríamos llegado las dos. 
Brysen era solo un par de años mayor que yo, intentando pagarse la 
universidad y manteniendo unida a toda nuestra familia. Ella pensó que se 
iba a quebrar, pero entonces conoció a Race, y como un príncipe de 
 
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cuento de hadas, se abalanzó y arregló todos los lugares de la vida de 
Brysen que estaban quebrados y rotos. Solo que Race no era un príncipe, y 
The Point no tenía espacio para nada tan frívolo como los cuentos de hadas. 
No, Race Hartman era el rey dorado de la clandestinidad, gobernando 
sobre criminales e inadaptados. Su trono se posaba sobre leyes 
quebrantadas y morales cuestionables. Su historia terminaba con sangre y 
brutalidad, pero mi hermana lo apoyaba de todos modos. Ella no quería 
usar una corona manchada y gobernar junto a él, pero no había forma de 
evitarlo completamente. Race siempre estuvo ahí para ella, para limpiar el 
óxido y la suciedad de su tiara cada vez que tocaba algo desagradable. 
Hizo lo mejor que pudo para protegernos a ambas, pero cuando vivías en 
The Point, no había forma de escapar de la forma en que la ciudad se 
desangraba en todo. 
Mi hermana estaba organizando frenéticamente una fiesta de 
graduación. Quería que fuera perfecta. Necesitaba que fuera perfecta. 
Nuestros padres nos habían dejado a merced de nuestros propios medios 
durante tanto tiempo, que nos olvidamos de lo que era celebrar estar unidas 
y disfrutar de cada hito por el logro masivo que era. Desde que Race le dio 
estabilidad y nos construyó un lugar al que llamar hogar, Brysen se iba a lo 
grande cada vez que tenía la oportunidad. Los cumpleaños eran ridículos. 
Las vacaciones eran una locura. Y ahora la graduación iba a ser tan 
exagerada que casi me asustaba ver lo que preparaba. Me ofrecí a ayudar, 
pero cuando ella me echó y me ordenó que no arruinara la sorpresa, fue 
bastante fácil salir por la puerta principal de nuestro apartamento en el 
castillo de hierro y cristal cerca del agua. Race nos trasladó a la fortaleza de 
alta tecnología hace dos años. Booker se mudó a una unidad en el piso de 
abajo del nuestro al mismo tiempo. Era una tortura tan dulce tenerlo tan 
cerca, pero tan lejos. 
Race y Brysen habían pasado el último año tratando de convencerme 
de ir a la universidad fuera del Estado. Recibí más de una oferta de becas y 
visité un par de hermosos campus tan lejos de The Point como uno podría 
imaginar. Ninguno de ellos se sentía bien. El aire era demasiado limpio. La 
gente que nos rodeaba sonreía demasiado grande y ampliamente. Las 
ciudades se sentían demasiado limpias, brillantes y relucientes. Pero el mayor 
 
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problema era que Booker no estaba en ninguna de ellas. No podía 
imaginarme a los chicos de mi edad mirándome como si vieran todos los 
secretos que estaba tratando de guardar, y no había manera de 
imaginarme mostrando interés en ninguno de ellos. Nadie importaba tanto 
como Booker. Había sido así desde que tenía dieciséis años. Mi 
enamoramiento con él era inocente y sin control porque incluso cuando no 
sabía cómo controlar lo que sentía, siempre entendía lo que estaba en 
riesgo y mantenía una distancia respetuosa y con propósito entre nosotros. 
Pero hoy era diferente. Tenía dieciocho años. 
Era un adulto. 
Era legal. 
Estaba lista. 
No había una sola razón más, aparte de las objeciones de Race, para 
que Booker me rechazara. Sí, Race le pagaba, pero Booker era más que 
intimidante y había una demanda por su tipo de trabajo en muchos lugares 
alrededor de The Point. 
Me convencí a mí misma de que una vez que estuviéramos juntos, una 
vez que le dijera a Race que me amaba de la misma manera que yo lo 
amaba a él, podría encontrar otro rey del crimen para trabajar. Podía 
atrapar balas para cualquiera de los malos que llamaban a The Point su 
hogar. Y si Race se ponía violento, Booker era más grande. No sería bonito, 
y enfadaría a mi hermana si el rostro de su hombre se convirtiera en una 
pulpa ensangrentada. Pero esperaba que luchara por mí, como lo había 
hecho tantas veces en el pasado. No había manera de que el elegante y 
refinado Race pudiera derrotar a un bruto como Booker. Muy pocos 
podrían. Fue una de las razones por las que me sentía tan atraída por él. 
Booker tenía el hábito de salvarme la vida, y nunca dudaba en interponerse 
entre yo y lo que sea que tratara de hacerme daño. 
Hoy por fin tenía edad suficiente para tenerlo. 
El mejor. Regalo. De. Cumpleaños. 
 
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No era raro para mí ir a la casa de Booker. Incluso dejaba la puerta 
abierta la mayoría de los días para que yo pudiera entrar. Vivíamos en una 
fortaleza que tenía más ojos en el cielo que un casino en Las Vegas, así que 
no necesitaba preocuparse por cosas simples como puertas cerradas. Mi 
enamoramiento por el gigantón era de dominio público. Booker tendía a 
tratarme como si fuera una molesta hermanita. Pero había veces, cuando 
no había nadie más, que podía ver que me miraba de forma diferente. Era 
difícil de leer, algo que te mantenía vivo por aquí. Pero pasaba tanto tiempo 
observándolo, que podía ver lo que nadie más podía ver. Esos ojos de acero 
se suavizaban, se fundían en un suave gris paloma cuando me miraba 
mientras nadie más prestaba atención. 
Miré a la cámara que sabía que estaba siguiendo cada uno de mis 
movimientos. Le saludé con la mano a quien sea que estuviera 
monitoreando la señal esta noche. Los chicos de seguridad de Race eran 
parte de mi vida diaria. A donde yo iba, ellos me seguían. Era como tener 
un ejército de hermanos mayores sobreprotectores. Molesto pero necesario. 
Menos mal que estaba obsesionada con Booker. Tener ojos solo para él en 
los últimos años significaba que no traía chicos a casa para conocer a la 
familia. Estaba bastante convencida de que tratar de salir con un chico de 
mi edad hubiera sido imposible con esos brutos de ojos de águila rondando 
por aquí. 
Las mariposas en mi estómago empezaron a pelear con la espada 
cuanto más me acercaba a la puerta de Booker. Pasé mucho tiempo 
haciéndole ojitos al gigantón y tratando de conversar sin rumbo con él. Era 
demasiado frío y reservado para intentar un coqueteo inofensivo, y yo 
siempre fui muy consciente de la línea en la arena en lo que respectabaa 
Booker. Él toleraba mi encaprichamiento y mi presencia, pero siempre 
dejaba claro que me estaba siguiendo la corriente. Él era el que a menudo 
me recordaba que había un mundo grande y amplio ahí fuera, listo para la 
cosecha. Me dijo que nunca debería llegar a asentarme. Sin embargo, 
cuando intenté explicarle que lo único que me moría por experimentar era 
él, desvió la conversación y me dijo que yo era demasiado joven para él. 
También creía que yo era demasiado buena. No hablaba de su pasado, ni 
 
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de su tiempo en prisión, pero tenía la sensación de que dondequiera que 
hubiera estado Noah Booker antes, The Point se parecía a Plaza Sésamo. 
Cuando estaba frente a la puerta, me tomé un segundo para 
asegurarme de que mi cabello rubio-platino estuviera liso y estilizado. Pasé 
mi lengua sobre la parte delantera de mis dientes para asegurarme de que 
nada del brillo de labios de color ciruela estuviera pegado a la superficie. 
Me limpié las manos en la parte delantera de mis jeans negros y delgados, 
los que hacían que mis piernas admitámoslo, ya largas, parecieran aún más 
largas, y respiré profundamente. Era ahora o nunca. 
Hoy era el día. 
Mientras levantaba una mano para golpear la puerta, una risita aguda 
del otro lado se deslizó a través de la madera. Un profundo retumbar de 
sonido que asumí que era Booker respondió. Su risa hizo que los escalofríos 
subieran y bajaran corriendo por mi columna vertebral. Fruncí el ceño 
cuando el sonido de otra risita, incluso más alta que la primera, le siguió. 
Retrocedí un paso cuando un gemido muy femenino asaltó mis oídos. 
Levanté una mano temblorosa hacia mi pecho y tomé otro respiro. 
Sabía que Booker no era un santo; no había manera de esperar que un 
hombre tan viril como él esperara a que yo me graduara después de haber 
sido encarcelado. Claro, esperaba que lo hiciera, porque así es como 
funcionaban las fantasías. Pero la realidad era dura y sabía que ninguno de 
los hombres que rodeaban mi vida pasaba mucho tiempo sin hermosas 
compañeras, incluyendo a Booker. Sin embargo, hoy era un día especial. 
Hoy era un día importante. Hoy era el día en que todo cambiaba. Sabía que 
él lo sabía. Le había dicho no menos de cincuenta veces durante la última 
semana que hoy era mi cumpleaños número dieciocho. Tenía que saber lo 
que significaba hoy. Tenía que entender que la espera había terminado. No 
había razón para que estuviera en su apartamento con otra persona 
cuando podía estar dentro conmigo. 
Me tembló la mano cuando giré la perilla. Había una voz fuerte 
gritando dentro de mi cabeza, una advertencia de que estaba a punto de 
cometer un gran error. Prácticamente podía ver una luz roja de advertencia 
 
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parpadeando, diciéndome ¡ABORTA, ABORTA, ABORTA! Yo era una chica 
lista, pero las chicas listas hacen cosas tontas cuando hay un corazón tonto 
involucrado. 
Abrí la puerta y entré en una película porno de acción. 
El apartamento olía a cigarrillos, perfume barato, sudor y algo 
almizclado y desconocido. Parpadeé en la luz baja, deseando que la 
habitación estuviera oscura para no tener que ser testigo de todas mis 
esperanzas y sueños muriendo en una muerte horrible. 
Booker en toda su gran gloria tatuada estaba sentado en su sofá de 
cuero. Eso no es nada que no haya visto antes. Pero la chica desnuda en su 
regazo era una nueva adición, y también lo era la chica semidesnuda que 
estaba detrás de él, con las manos estirando su cabeza hacia atrás mientras 
le metía la lengua por la garganta. La chica en su regazo tenía las manos 
extendidas sobre su ancho pecho, y ella rebotaba de arriba a abajo como 
si fuera un paseo en un parque de diversiones. Odiaba admitirlo, pero me 
llevó un minuto de sorpresa al darme cuenta de que en realidad se estaba 
moviendo de arriba a abajo sobre la polla de Booker. Parpadeé en la 
escena que se desarrollaba en cámara lenta ante mí, sintiendo que mis 
pulmones se agarrotaban y mi corazón se torcía en un nudo. Cualquier otro 
día esto no habría importado tanto. Pero hoy, ¿cómo podría estar con estas 
chicas el día que finalmente podríamos estar juntos? 
Debo haber hecho algún tipo de ruido, porque lo siguiente que supe es 
que la chica que se follaba su rostro con su lengua dejó de hacer lo que 
estaba haciendo y me miró directamente. Llevaba demasiado maquillaje, 
pero eso no le impedía ser impresionante. Mi mente herida, así como mi 
corazón destrozado, se preguntaba si era una de las chicas del club de 
striptease donde Booker trabajaba la mayoría de las noches. Si no lo fuera, 
debería considerar un cambio de carrera. No hacía falta ser una sabia para 
reconocer que era toda una mujer, no una chica al borde de la feminidad. 
La distinción nunca pareció importar hasta este mismo momento. 
La mujer me miró de arriba a abajo, una practicada sonrisa inclinando 
su boca pintada de forma chillona. 
 
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—Tenemos compañía, muchachote. —Su voz era áspera y ronca, 
como si fumara mil cigarrillos al día. 
Booker giró la cabeza, sus ojos de mercurio brillando en la tenue luz. 
Gruñó, sus manos clavándose en las caderas de la mujer que aún 
cabalgaba sobre él. Su cabeza se echó hacia atrás, el rostro puesto en la 
agonía del éxtasis. Era un poco demasiado, o tal vez era mi corazón 
explotando dentro de mi pecho lo que era demasiado para soportar. 
Su ceja con cicatrices se levantó en una pregunta silenciosa. La 
expresión le dio una mirada diabólica y malvada. 
—¿Golpeaste, Karsen? 
¿Eso es lo que le preocupaba? Nunca se preocupó de si yo había 
tocado antes de hoy. ¿Qué tal el hecho de que mi corazón se estaba 
rompiendo y saliendo de mi pecho hacia sus pisos de madera? Parpadeé 
las lágrimas y succioné un aliento doloroso. 
La chica bonita que estaba detrás de él extendió la mano y pasó sus 
largas uñas rojas por la oscura mata de cabello negro de Booker 
—¿Es ella de la que nos hablaste? ¿Es la niña que vive arriba y cree que 
está enamorada de ti? 
No pude detener el jadeo que estalló. Ya era suficientemente malo que 
los tuviera aquí en lo que se suponía que iba a ser nuestro día especial. Bien, 
especial para mí, pero aun así. Escuchar que hablaba así de mí, que me 
llamaba niña y que cuestionaba mis sentimientos, me consumió la sangre 
como si fuera ácido. 
Booker asintió con la cabeza, enrollando un brazo alrededor de la 
mujer encima de él para detener sus movimientos eróticos. 
—Es ella. 
La sonrisa de la otra mujer perdió algo de su borde, suavizándose 
alrededor de los costados. Ella ladeó la cabeza y me miró de nuevo. 
 
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—Bonita cosita, ¿verdad? 
No podía creer que esto me estuviera pasando. Sentí como si hubiera 
entrado en medio de una pesadilla y no pudiera encontrar la salida. La 
mujer con la que Booker estaba teniendo sexo también me prestó atención. 
Parecía impaciente y molesta por la interrupción, preparándose para 
continuar sus atenciones. 
Booker se volvió hacia ella y le dijo a la mujer que estaba detrás de él: 
—Si te gusta la chica inocente de al lado, supongo que está bien. 
Auch. Impacto directo. 
Yo era inocente y la chica de al lado... literalmente. No había forma de 
evitarlo. 
—Te gustan un poco sucias y con más experiencia, ¿verdad, 
muchachote? —La mujer de su regazo le lamió el costado del rostro y me 
encogí de hombros. 
Booker resopló. 
—Me gusta lo fácil. —Volvió a prestar atención a la mujer que estaba 
incómodamente cerca de su entrepierna—. Nada en ella lo es. 
Estaba pegada en el lugar, atrapada por todas las piezas afiladas y 
dentadas de mis fantasías rotas. Quería huir, correr tan lejos como pudiera, 
pero no podía moverme. Sentí que los fragmentos me harían pedazos en 
cualquier dirección que tomara. Incluso cuando la mujer desnuda continuó 
besándose con el hombre de mis sueños justo delante de mí, yo estaba 
atascada en el mismo lugar. Los ruidos que hacíaneran fuertes y gráficos y 
lo abarcaban todo. Podía oírlos resonar en los lugares vacíos de mi pecho 
donde solía estar mi corazón. 
Finalmente, la otra mujer con la falda de cuero ajustada y el sujetador 
negro caminó hacia donde yo estaba bloqueada en el lugar. Su mano fue 
ligera en mi brazo y me tocó como si fuera de cristal, aunque quería 
arrancarle los ojos. 
 
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Parpadeé adormecida, dejando que me guiara y me remolcara hacia 
la puerta principal abierta. 
—No te preocupes, cariño. Hay mejores hombres para alguien como 
tú. Chicos mucho más amables que el tipo de hombre que es Booker... está 
hecho para mujeres como yo. Aún eres demasiado nueva, demasiado 
prístina, cariño, y todo lo que hará es arruinarte. 
Todo el mundo decía eso. Estaba harta de que todos me dijeran eso. 
No quería a alguien mejor para mí, quería a Booker. 
Finalmente jadeé, jalando un aliento ardiente hacia mis hambrientos 
pulmones. 
—Hoy es mi cumpleaños. —Las palabras salieron en un sollozo 
tembloroso. No tengo idea de dónde vino eso, por qué compartiría un 
detalle tan íntimo con la mujer que era la siguiente en la fila para la polla de 
Booker. Había dejado de pensar racionalmente en el momento en que 
escuché la risa a través de la puerta. 
Ella hizo un ruido de simpatía y me dio una palmadita en el brazo. 
—Feliz cumpleaños, cariño. Te mereces algo especial. 
—Roxy. Vuelve aquí dentro. Nos movemos al dormitorio. —La voz de la 
otra chica estaba excitada, y sentí que sus palabras se asentaban en mi 
estómago como un peso de plomo. 
—Pensé que él era especial. —Las palabras fueron apenas un susurro. 
La mujer me apretó el brazo y me sorprendió cuando se inclinó hacia 
adelante y tocó sus labios pintados de colores brillantes en mi mejilla en un 
beso que fue más como un susurro. Debería haberla alejado, haberla 
llamado puta, haberla golpeado en el rostro… algo, cualquier cosa. Pero 
todo lo que pude hacer fue ver como su perfecto y pintado rostro se 
nublaba en una mancha derretida mientras las lágrimas oscurecían mi 
visión. 
 
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—El hecho de que pienses eso prueba que eres la especial. Vete de 
aquí y vive la clase de vida que no tiene a chicos como Booker y chicas 
como Rowan y yo en ella. —Ella retrocedió suave y firmemente y cerró la 
puerta en mi rostro lleno de lágrimas. 
No sé cuánto tiempo estuve fuera de la puerta llorando y tratando de 
controlarme. Fue lo suficientemente largo como para escuchar voces 
risueñas en silencio y desaparecer a medida que se adentraban en el 
apartamento. Una vez que las lágrimas cesaron, usé el dobladillo de mi 
camiseta para secarme de los ojos el maquillaje manchado, froté los rastros 
de humedad en mis mejillas y subí de nuevo al apartamento de Race. Ni 
siquiera había entrado por la puerta antes de decirle a Brysen que quería 
cambiar de universidad. Quería salir del Estado y alejarme lo más que fuera 
posible de The Point… y de Booker. 
Hoy se suponía que iba a cambiar todo... y así fue. Pero no de la 
manera que nadie esperaba. No de la forma con la que había soñado 
durante años. 
En ese mismo momento tomé la decisión de que una vez que saliera de 
The Point, no tenía planes de volver nunca más. La ciudad simplemente no 
era lo suficientemente grande para mí y Noah Booker y todos los pedazos 
del corazón que rompió en mi cumpleaños. 
 
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Boulder, Colorado 
Dos días después de la graduación de la universidad 
 
oy soy una graduada de la universidad y es totalmente 
abrumador. 
Cuatro años de arduo trabajo y dedicación no fueron 
más que un trozo de papel. Había cambiado dos veces de 
carrera, comenzando en matemáticas, pensando que 
podría seguir los pasos de mi hermana mayor y dedicarme a la contabilidad. 
Pero apenas había aprobado mi primera clase de álgebra a nivel 
universitario, así que esa carrera no iba a tener éxito. En mi segundo año, me 
concentré en coleccionar créditos requeridos mientras trataba de averiguar 
qué demonios quería ser cuando fuera mayor. Dos años más tarde, y me 
seguía haciendo la misma pregunta. Eventualmente me decidí por una 
licenciatura en ciencias políticas pensando que me dedicaría al campo 
legal. No estaba segura de estar lista para comprometerme a ir a la escuela 
de leyes, a pesar de que Brysen estaba encantada con la perspectiva. 
Nunca faltaba la necesidad de una buena representación legal en nuestra 
familia. Tener un abogado en el rebaño le ahorraría a todo el mundo un 
montón de dinero en el futuro. 
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No es que no encontrara fascinante la ley, o que no pensara que podía 
hackearla en la escuela de leyes. Mi inquietud venía de estar íntimamente 
familiarizada con el hecho de que a veces la gente buena tenía que tomar 
malas decisiones. No veía lo correcto y lo incorrecto en tonos perfectos de 
blanco y negro. El lugar donde crecí y la gente con la que me rodeaba 
estaban teñidos de diferentes tonos de gris, y no estaba seguro de cómo se 
traduciría en una carrera defendiendo leyes que no tenían suficiente 
flexibilidad en lo que a mí respecta. 
Suspiré y bordeé una de las interminables cajas que llenaban el 
apartamento que había compartido con Aribella Voss durante los últimos 
dos años. La pequeña morena era un torbellino de energía y tan ruidosa y 
bulliciosa como yo era callada y contemplativa. Ella no tenía las mismas 
reservas que yo sobre a dónde iba cuando se trataba de planificar nuestro 
futuro. Ella estaba planeando ser una practicante de enfermería, así que 
tenía por delante unos cuantos años más de escolaridad que estaba 
esperando con impaciencia. También se estaba mudando con su novio y 
pasando el verano jugando a las casitas con él. Lo que significa que todavía 
tenía que averiguar a dónde iba a ir ahora que la escuela había terminado 
y que nuestro contrato de arrendamiento había terminado. No se necesitó 
una especialización en psicología en el primer año para entender por qué 
no había sido más proactiva a la hora de determinar mi situación de vida. 
Incluso después de cuatro años en Colorado, sabía exactamente dónde 
quería estar. No estaba convencida de estar lista para volver. No tenía ni 
idea de si era lo suficientemente fuerte para estar en la misma ciudad que 
él una vez más. 
Pero por mucho que traté de convencerme de que no iba a volver, 
tenía que hacerlo. Literalmente no tenía elección en el asunto. Brysen y Race 
se iban a casar en pocas semanas y yo era la dama de honor. Le prometí 
que estaría allí. Sería la primera vez que regresaba a The Point desde que 
me fui a la escuela. No fui a casa cuando una de las mejores amigas de mi 
hermana, Reeve Black, tuvo a su bebé. No volví cuando su otra mejor 
amiga, Dovie Pryce, obtuvo su título en servicios sociales y utilizó las 
ganancias mal habidas de su novio para abrir su propio centro para niños 
desfavorecidos. Me negaba a regresar, a pesar de que el lugar que yo 
 
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llamaba mi hogar obviamente estaba siendo revuelto pieza por pieza. Las 
calles ya no eran una zona de guerra y los responsables ya no explotaban a 
los pobres e indefensos. Era algo que quería ver. Era un sueño hecho 
realidad. 
Pero no podía enfrentar los recuerdos que dejé atrás en The Point. 
Afortunadamente, mi familia siempre había acudido a mí, con un aspecto 
tan fuera de lugar en el pintoresco Colorado como estoy segura de que 
Aribella —Ari, para más corto—, se vería en mi ciudad. Nunca dejó de ser 
gracioso lo incómodo que resultaba todo el aire fresco y la vida limpia para 
Race y su mejor amigo Bax cada vez que venían a la ciudad. 
—¿Estas segura de que no necesitas ayuda para guardar tus cosas en 
el depósito? Dom dijo que podía conseguir que Lando y su hermanito lo 
llevaran al depósito por ti. —Ari me miró con amables ojos color chocolate. 
Era la única parte de mi experiencia universitaria que extrañaría más que 
nada. Bueno,eso y a su guapo hermano mayor y su increíblemente sexy 
novio visitándonos. Eran guapos, escandalosamente altos, en forma y lucían 
un estilo impecable. Era completamente desvergonzada y me encantaba 
ver la forma en cómo eran entre ellos. Era romántico, pero también muy 
caliente. De hecho, tendíamos a terminar con el apartamento lleno de 
admiradoras cuando los dos estaban alrededor. Especialmente en el verano 
cuando hacía calor y corrían sudorosos y sin camisa. Ari había estado 
molestando a Dom para que le propusiera matrimonio a su novio durante 
meses. El policía, a menudo serio y de voz suave, le seguía diciendo que 
esperaba el momento adecuado, pero Ari estaba impaciente. También era 
mandona e implacable, por lo que no me sorprendería si el policía moreno 
cedía antes de lo planeado solo para que quitársela de encima. Sin 
mencionar que los dos hombres estaban locamente enamorados. Estaba 
claro para cualquiera que los viera a los dos, que eran auténticos. Sabía 
exactamente cómo era el verdadero amor, gracias a verlos luchar y 
esforzarse para poder sobrevivir en The Point y lo reconocía en ellos. 
Negué con la cabeza y metí un largo mechón de cabello rubio detrás 
de mí oreja. 
 
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—No. Race contrató a la mudanza para mí. Está tratando de darme 
tiempo para averiguar a dónde quiero ir. —Siempre fue considerado de esa 
manera. No podía pedir un cuñado mejor. Cuidó a mi hermana de una 
manera increíble, se aseguró de que todas mis necesidades fueran 
atendidas y ni siquiera se mostró reacio cuando le dije que mi mejor amiga 
era la hermana menor de un policía. Fingió ser encantador y jugó a ser el 
chico bueno y perfecto cada vez que Dom estaba cerca. No tenía idea si 
el hermano mayor de Ari compró la actuación, pero si no lo hizo, fingió por 
mi bien. Bax era una historia diferente. Cuando venía a visitarnos... y a 
controlarme... se quedaba lo más lejos posible de mi apartamento y de 
cualquier lugar donde Dom pudiera aparecer. Era algo gracioso. El grande 
y malo Bax nunca huía de nada, pero se negó a interrumpir la vida simple y 
sin complicaciones que había construido para mí en Colorado. Era la figura 
de hermano mayor, más dulce y terrorífica que una chica podía pedir. 
Ari rio y apartó el oscuro cabello sobre su hombro en un movimiento 
mucho más sexy que el mío. 
—Deberíamos haber hecho eso. Dom se lastimó la espalda durante la 
segunda carga y Lando lo regañó por más de una hora por hacer 
demasiado. —Puso en blanco sus expresivos ojos y apretó los labios en un 
gesto de molestia—. Troy debería haber estado aquí para hacer la mayor 
parte del trabajo pesado de todos modos. Todavía estoy irritada porque se 
echó para atrás a último momento. 
Me mordí la lengua, así no se me escapaba el hecho de que no debía 
estar sorprendida por la falta de consideración de su novio. Troy era un 
imbécil. Criticando sus planes, olvidando fechas y eventos importantes. 
También tenía un gran ego y trataba a Ari como si ella debiese estar 
encantada de que él la eligiera para ser agraciada con su presencia. 
Nunca me gustó, ni la forma en que me miraba cuando estaba cerca y Ari 
no estaba en la misma habitación. Ni siquiera le había pedido que se 
mudara cuando el tiempo de vida de nuestro contrato de arrendamiento 
terminó. En su habitual manera de presionarlo, Ari le informó que se estaba 
mudando, le gustara o no. Habían estado juntos por un poco más de un 
año, a pesar de que habían estado dando vueltas desde que llegamos al 
 
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campus hace cuatro años. En realidad, me invitó a salir primero, cuando 
estaba segura de que nunca iba a salir con nadie, jamás. Actuó destrozado 
por mi rechazo, pero rápidamente se giró para ganar a mi compañera de 
apartamento. Ari estuvo renuente por un largo tiempo, pero finalmente 
agotó su resistencia, solo para pasar de ella tan pronto como cedió. En 
secreto había esperado que en todo el tiempo que estaban juntos ella viera 
la luz y lo dejara. No hubo tal suerte. 
Recogió una de las últimas cajas que contenían sus cosas y se acercó 
para envolverme en un abrazo de un solo brazo. Me apretó tan fuerte que 
chillé antes de abrazarla. Colocó su frente contra la mía y susurró: 
»Vamos a estar bien, Karsen. Pase lo que pase, estaremos bien. Todo lo 
que tienes que hacer es presentarte para la boda. No tienes que 
comprometerte con nada más que eso. —Asentí y se apartó para que 
pudiera besarme la mejilla—. Él no va a estar allí. Brysen te prometió que no 
tendrías que verlo y sabes que Race lo castraría si se acerca a ti. Dejaste que 
te quitara tu hogar, no dejes que se interponga entre tú y tu familia más de 
lo que ya lo ha hecho. Le has dado demasiado. 
Me había estado diciendo eso desde la noche en la que arrojé mis 
entrañas y le revelé por qué elegí una escuela tan lejos de casa. Sabía todos 
los sórdidos detalles y por qué nunca encajaba con todos nuestros 
compañeros de clase. La universidad para mí era un refugio, más un 
escondite que una guía para descubrir mi futuro. 
Le di un beso similar en su respingada mejilla y le susurré: 
—Ya que estamos dando consejos, debes saber que si Troy te está 
mostrando quién es, créele. No intentes convertirlo en algo que no es porque 
no crees que tienes otras opciones. Las tienes. —Era hermosa, brillante, vivaz 
y tenía uno de los corazones más amables que jamás había conocido. El 
mundo estaba al descubierto y era suyo para tomarlo. No necesitaba 
aferrarse al primer chico que la hacía sentir especial, especialmente si él 
estaba haciendo todo lo posible por tratarla como si nada. Booker nunca se 
molestó en ocultar quién era, simplemente me negué a verlo. Decían que el 
amor era ciego por una razón. 
 
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—Me llamarás y me contarás cada pequeño detalle. —Era una orden, 
no una pregunta—. Y quiero fotos de Brysen en su vestido y de ti en el tuyo. 
—Ari quería ser mi más uno, pero había pasado tres meses convenciéndola 
de que no lo hiciera. No necesitaba conocer The Point, no necesitaba que 
su visión optimista del mundo se alterara para siempre. Sería mucho más fácil 
enfrentarme a casa con mi mejor amiga a mi lado, pero quería que siguiera 
siendo mi mejor amiga y The Point tenía la capacidad de demoler todo lo 
puro y bueno. Incluso solicité la ayuda de Dom para hacer entrar en razón 
a mi testaruda amiga. Era obstinada por su culpa, pero escuchaba a su 
hermano mayor cuando le decía que algo no era una buena idea. Deseé 
que le hubiera advertido acerca de lo imbécil que Troy era. Le mencioné 
mis preocupaciones al pasar, pero Dom insistió en que Ari tenía que 
aprender las lecciones del corazón por su cuenta. Todos los hermanos Voss 
eran así. Tenía que descubrir las cosas que dolían por su cuenta. 
Caminé con ella hasta su auto, despidiéndome hasta que se perdió de 
vista. Hubo una punzada en mi pecho por el hecho de que mis días 
cuidadosamente planeados ya no eran programados y predecibles. Tenía 
demasiado tiempo en mis manos para obsesionarme y recordar cuando mi 
rutina estaba fuera de control. Suspirando, regresé al casi vacío 
apartamento. La mudanza llegaría muy temprano en la mañana para 
guardar mis cosas en el depósito hasta que se me ocurriera un plan. Se 
suponía que debía estar en un avión de regreso a The Point mañana por la 
tarde y aún no había empacado. Cada vez que pensaba en volver a casa, 
me congelaba y tenía un mini ataque de pánico. No estaba tan segura de 
ser lo suficientemente fuerte como para salir adelante en las calles de The 
Point. No había sido lo suficientemente fuerte como para quedarme y luchar 
por el lugar al que siempre había llamado mi hogar. Permití que me corriera 
como a un conejito asustado y durante los últimos cuatro años forjé una 
armadura para endurecer mi corazón para que no volvieran a herirme. 
Me obligué a mí misma a volverme a prueba de balas. Noah Booker se 
había asegurado deeso. 
Me destrozó. Me dejó hecha un millón de piezas. Todas frágiles y tiernas 
al tacto. 
 
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Girándome, observando lo que había sido mi hogar durante los últimos 
cuatro años, me di cuenta de que el apartamento estaba demasiado 
tranquilo y vacío. Había demasiado espacio para que mi mente vagara y 
no tenía nada más en lo que centrarme. Las riendas para alejar mis 
pensamientos del borde eran inexistentes. 
Habían pasado cuatro años y todavía veía a Booker con esas chicas 
cada vez que cerraba los ojos. Le oí decir que no era nada fácil y a la mujer 
que me acompañó a la puerta llamándome niña. La escena todavía hacía 
que mis tripas se agitaran y me hacía palpitar la cabeza. 
Debería haberlo superado. Lo sabía. Me lo decía no menos de cinco 
veces al día. 
Fue un enamoramiento que se salió de control y me consumió. Booker 
nunca me prometió nada, ni siquiera me dio un indicio de que alguna vez 
habría un nosotros. Lo imaginé en mi cabeza como algún tipo de creación 
mítica que corregiría todo lo que estaba mal en mi mundo, como lo hizo 
Race para Brysen. Había puesto todas mis esperanzas y sueños sobre sus 
anchos hombros, sin que se diera cuenta y sin detenerme a considerar que 
podría no querer esa responsabilidad. 
Lo jodí y todavía estaba lidiando con las consecuencias. No importaba 
con cuántos chicos había salido, o el éxito que había tenido en otras áreas 
de mi vida, no podía escapar de los confines de los recuerdos que me 
habían mantenido prisionera en esa puerta hace cuatro años. Era casi 
imposible recuperarse cuando todos tus tontos sueños mueren. Era estúpido. 
Me hacía sentir débil e inmadura, pero estaba atascada y no había 
descubierto lo que finalmente me liberaría. 
Sin ningún propósito, apilé unas cajas más cerca de la puerta principal. 
La televisión de Ari se había ido y extrañaba tener algo que encender para 
hacer ruido de fondo. Pensé que podría usar mi computadora portátil y 
transmitir algo mientras me obligaba a empacar. Brysen me rastrearía y 
vendría a buscarme si no estaba en ese vuelo mañana y le debía más que 
eso. Alejarme de ella y la vida que estaba construyendo en casa había sido 
la parte más difícil de alejarme de mi vida anterior. 
 
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Recogiendo mi cabello en un nudo en la parte superior de mi cabeza, 
vagué por el pasillo que ahora estaba desolado. Conté mis pasos para 
mantenerme concentrada y para no pensar en él. Era molesto que siempre 
estuviera allí, revoloteando en la periferia. Había crecido físicamente… 
mentalmente, a menudo todavía me sentía como la niña de dieciocho años 
que suspiraba por Booker. Se suponía que el tiempo curaría todas las heridas, 
pero la mía se sentía como si todavía estuviera completamente abierta y 
sangrando por todo el lugar. Cada vez que pensaba que estaba 
comenzando a cicatrizar en los bordes, algo sucedía, algunos recuerdos 
volvían a aparecer y se abría de nuevo. El dolor era una parte familiar para 
mí ahora. 
Ari había dejado la puerta de su habitación abierta y esa punzada que 
había sentido al verla alejarse me golpeó de nuevo. Iba a extrañar su alegre 
sonrisa y su risa contagiosa. Iba a estar sola sin ella ocupando el espacio que 
compartíamos con su gran personalidad y su agudo ingenio. Pasé mucho 
tiempo tratando de averiguar quién era y qué demonios estaba haciendo, 
era refrescante estar cerca de alguien tan cómodo en su piel. Aprendí 
mucho de Ari a lo largo de los años, y con suerte, ella había aprendido algo 
de mi sabiduría callejera y un poco de astucia a cambio, especialmente 
cuando Troy estaba involucrado. 
Mi puerta estaba cerrada. Estaba ocultando el hecho de que casi 
ninguna de mis pertenencias personales todavía estaba guardada. Se sintió 
tan definitivo. Una vez que mi ropa, joyas y libros estuvieran en cajas, tendría 
que decidir a dónde iba todo y no estaba lista para tomar esa decisión. Sería 
tan bueno saber a dónde pertenecía. Estaba tan cansada de tratar de 
encajar en un lugar al que no partencia. 
Sabiendo que no podía esconderme para siempre, giré el pomo y abrí 
la puerta de mi habitación. El impulso me empujó hacia adelante y hacia 
los brazos de alguien que esperaba del otro lado. Tardíamente, me di 
cuenta de que la luz estaba apagada y que habíamos dejado la puerta 
principal abierta cuando caminamos hacia el auto de Ari. Debería haberlo 
pensado mejor. Una puerta desbloqueada era prácticamente una 
 
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invitación abierta para dejar entrar a cualquier tipo de acosador en tu 
espacio. 
Abrí la boca para gritar, levantando las manos para arañar los ojos y el 
rostro del intruso. Podría no haber estado ya en The Point, pero todavía 
recordaba cada lección que Race perforó en mi cabeza cuando se trataba 
de autodefensa. Sabía cómo contraatacar y eso es exactamente lo que iba 
a hacer... hasta que una voz familiar, profunda y rasposa dijo mi nombre. 
—Karsen. 
Fue solo mi nombre, nada especial o único al respecto. Pero el hombre 
que lo dijo, el que me sostenía tan cerca mientras gritaba, pateaba, y 
arañaba, había sido la persona más especial de todo mi mundo. Hasta que 
no lo fue. Hasta que no quiso serlo más. Hasta que se volvió claro como el 
agua. 
—Booker. —Su nombre salió en un suspiro y fui liberada 
inmediatamente. Me habría caído al suelo si sus manos grandes y con 
cicatrices no se hubieran extendido y cerrado alrededor de mis brazos. 
Reaccionó como si el simple toque lo quemara, porque me dejó un segundo 
más tarde y tuve que agarrar la puerta para mantenerme en mis pies. 
Había sido tan largo... demasiado largo... pero aún no lo 
suficientemente largo. Nunca iba a ser lo suficientemente largo. 
Antes de que pudiera pensar en lo que estaba haciendo o por qué lo 
estaba haciendo, cerré la mano en un puño y golpeé su rostro. Obviamente, 
no esperaba el ataque porque no se movió ni se molestó en bloquear el 
ataque. En su lugar, lo golpeé en la mejilla, lo que azotó su cabeza hacia un 
lado. Mis dedos picaron cuando los quité y sus ojos color gris oscuro brillaron 
con algo peligroso cuando levantó los dedos hacia el lugar enrojecido. 
—Esa es una manera de saludar. —El timbre áspero de su voz todavía 
tenía el poder de hacer que mis rodillas se volvieran débiles y enviar 
escalofríos corriendo por mi columna vertebral. 
Crucé mis brazos sobre mi pecho y lo miré fijamente. 
 
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—Estoy a punto de despedirme. Sal de mi apartamento... Ahora. —No 
estaba preparada para él, ni ahora, ni nunca. 
Sacudió la cabeza y noté que su cabello oscuro ahora tenía hebras de 
plateado a través de el en las sienes. Tenía veintiséis años cuando nos 
conocimos, veintiocho cuando rompió mi corazón, lo que significaba que 
ahora tenía treinta y tantos. Joven para cabello plateado, pero teniendo en 
cuenta cuántas veces casi había muerto mientras vivía en The Point —quién 
sabe cuántas veces más habían pasado desde que me había ido— su 
envejecimiento prematuro tenía sentido. 
—Karsen. —Mi nombre de nuevo, pero había tanto que no estaba 
diciendo en ese simple reconocimiento. 
—En serio. Sal, Brooker. Hay una razón por la que me fui hace cuatro 
años… eres tú. No quiero volver a verte. —Quería empujarlo por la puerta y 
poner mi pie en su trasero, pero era demasiado grande. 
Lentamente, sacudió la cabeza, la boca en una línea dura, lo ojos de 
acero inquebrantables cuando me dijo: 
—No voy a ninguna parte. —Me estremecí e instintivamente di un paso 
hacia atrás—. He esperado el tiempo suficiente. 
Parpadeé estúpidamente y traté de seguir a dónde iba. Mis sentidos 
estaban todos revueltos de estar tan cerca de él después de tanto tiempo. 
—¿Esperaste el tiempo suficiente por qué? —Sonaba tan confundida 
como me sentía. 
Sus ojos se agudizaron y entrecerraron. Su boca se movió en algo que 
puede haber sido una sonrisa en un hombre menos imponente. La ceja con 
cicatrices bailó hacia arribamientras él daba un paso hacia mí, su intención 
brillando fuerte y clara en sus ojos. 
—Por ti. He esperado el tiempo suficiente por ti, Karsen. 
 
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ra un hombre que había cometido muchos errores en mi vida. 
Tenía cicatrices que no podía y no quería esconder. Había 
aprendido a vivir con las consecuencias y repercusiones de esas 
pobres decisiones. Hace mucho tiempo había aceptado que mi vida iba a 
ser de cierta manera debido a mis elecciones, sin importar cuan 
desesperadamente deseara algo diferente. 
El error más grande, el que me perseguía, el que se comía la poca alma 
que me quedaba, estaba actualmente parado frente a mí. Estaba 
mirándome como si quisiera arrancar mis bolas y alimentarme con ellas. Ella 
también tenía un gancho derecho de muerte. Debería saberlo. Yo fui el que 
la enseño a lanzarlo. Race le dio los básicos, pero yo le enseñé a pelear sucio 
y duro. 
Desafortunadamente, sabía demasiado bien que fui yo quien puso esa 
ausente mirada vacía en sus ojos color caramelo. Siempre me gustaron sus 
ojos. Eran de cientos de sombras diferentes de café desde el casi negro 
hasta el dorado. Eran la parte de ella que encajaba con The Point. Salvajes, 
expresivos, demandantes y añorantes, su mirada siempre la delataba. No 
importaba que el resto de ella lucia como si debiera estar en Disney Channel 
cantando acerca príncipes y enamorarse del amor. Sus ojos te decían que 
había más de Karsen Carter de lo que podrías imaginar. Siempre había visto 
más de lo que se suponía que viera cuando la miraba. Era un error, uno que 
sabía que iba a pagar muy caro cuando las personas que la protegían 
descubrieran que ya no podía mantenerme lejos. Como sea, estaba más 
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allá de la preocupación del resultado de preocuparme por esta chica, no… 
esta joven mujer. 
No mentí. 
La había esperado el tiempo suficiente. 
Ella cruzó los brazos encima de su pecho y noté cuánto había 
cambiado en los cuatro años que se fue. 
Ella aún tenía el aspecto espigado de piernas largas que siempre traía 
a mi mente a Taylor Swift. Algo que había escuchado a los otros decir, así 
que asumí que le quedaba. Era más alta que cuando la vi cara a cara por 
última vez, y su cabello era más largo. Caía en largas, platinadas ondas a su 
espalda media. Y su rostro se había estrechado, perdiendo algo de la joven 
redondez que siempre la hacía parecer tan suave e inocente. Sus ojos 
multicolores aún estaban iluminados con vida y desafío. Eran el único rasgo 
separándola de cualquier otro estudiante del campus. Cualquiera 
poniendo atención a esos ojos vería que esta chica era mucho más vieja y 
sabía que sus contemporáneas de veintidós años. 
En este momento, esos asombrosos ojos estaban prácticamente 
brillando con fuego interior mientras me miraba, claramente no tan 
interesada en esta reunión como yo. Estaba en la punta de mi lengua decirle 
todo, pero no podía, no le haría eso. Chicas como Karsen creían en héroes 
y felices para siempre. Me rehusaba a ser el que le quitara el optimismo. No 
necesitaba saber que las personas que brillaban tanto en su mundo no eran 
estrellas que alumbraban el cielo nocturno, sino estrellas caídas en su 
camino a quemarse antes de estrellarse en la tierra, al igual que el resto de 
nosotros. 
—¿Has estado esperándome? —Su voz era aguda mientras dejaba salir 
una risa tan amarga y rota que podía sentir los bordes contra mi piel—. 
¿Esperando a que haga qué, Booker? ¿Crecer? ¿Despertar? ¿Esperando a 
que olvidara? —Inhaló y puso una temblorosa mano en el centro de su 
pecho—. Porque el infierno se congelará antes de que eso pase. No quería 
volver a verte. Nunca volví porque nunca, jamás quería volver a verte. De 
 
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seguro tuviste que darte cuenta de eso. Necesitas irte. No te quiero en 
ningún lugar cerca de mí. —Sus manos se movieron frente a ella como si 
inconscientemente tratara de dejarme fuera. 
Era un tipo malo. Pero nunca la lastimaría… al menos, no físicamente. 
No era ningún tipo de amenaza para ella, a pesar de la forma en que me le 
aproximé sin anunciarme. 
Sabía que si simplemente hubiera golpeado su puerta no hubiera 
respondido. 
Sus palabras se deslizaron a través de mí y sus acciones defensivas casi 
me pusieron de rodillas. Sabía que esto no sería fácil, pero no podía seguir 
manteniéndome lejos. Tenía que verla, incluso si era la última vez. No me 
importaba si venir tras ella era firmar mi sentencia de muerte. No me 
importaba que aun fuera demasiado buena para mí, demasiado inocente 
y dulce. No me preocupaba hacerla odiarme. Estaba acostumbrado a las 
personas sintiéndose de esa forma sobre mí. Ella era la única que me había 
amado alguna vez. Lo cual era el por qué verla alejarse casi me mató. 
En mi vida, me habían disparado, apuñalado, golpeado y torturado. 
No puedo recordar ninguna de esas cosas doliendo tanto como ver el daño 
que le hice a Karsen de forma cercana y personal. Sabía que iba a romper 
su corazón. No tenía elección. Pero ver los efectos a largo plazo de mis 
acciones aun aferrados a ella, quedándose con ella, quemaba algún lugar 
profundo en mi interior. Lo sentía justo al lado del lugar que había estado 
vacío y hueco en el segundo en que se fue. 
Levanté la mano y pasé mis dedos por mi cicatriz. Era un mal hábito, 
uno que mayormente controlaba, a menos que estuviera extremadamente 
ansioso por algo. No había mucho en este mundo que me empujara hacia 
mi tic nervioso. La joven rubia frente a mí era —y siempre seria— la excepción 
a esa regla. Incluso cuando de alguna manera era demasiado joven para 
ponerme nervioso, aun me encontraba tocando mi rostro como un 
recordatorio de que había algunos errores que se quedaban contigo para 
siempre. 
 
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Dándome cuenta de que necesitaba dominar esta situación, di un 
paso atrás así no estaba tan atrapada y traté de relajar mi postura siempre 
rígida y en alerta. Cuando tenías casi metro noventa de alto y estabas 
constituido para tomar golpizas y balas, lucir inofensivo no era exactamente 
una opción. La delgada joven mujer viéndome como un halcón era la única 
que alguna vez actuó como si viera algo más allá de las cicatrices de 
batalla y la armadura que le mostraba al resto del mundo. 
—Sé que te lastime… —Era tonto. Débil. Pero también verdad. Sabía 
que la lastimé. Quería hacerlo. Era la única forma de que se fuera. Era la 
única forma de darle a Race lo que quería. Era la única forma de mantener 
mi culo fuera de prisión. Pero ella había tenido tiempo —cuatro años, para 
ser exactos— había tenido espacio, había vivido una vida completa sin mi 
o The Point en ella. Estaba esperando que la distancia pudiera haber traído 
claridad, la comprensión de que nunca hubiera hecho lo que hice sin una 
razón malditamente buena. Pero mirando su furioso rostro, entendí que 
había estado existiendo en una falsa esperanza por demasiado tiempo. 
Las pálidas cejas de Karsen se levantaron y su hermosa, rosada boca 
cayó abierta como si las bisagras de su boca repentinamente dejaran de 
funcionar. Otra de esas feas risas que no deberían venir de una chica tan 
linda salió de su boca. Lentamente, su cabeza se sacudió de ida y vuelta 
como si no pudiera creer que no solo tuve la audacia de colarme en su 
casa, sino de hablar de nuestra historia en términos tan simples. 
—No me lastimaste Booker —apuntó un tembloroso dedo hacia mi 
rostro. Iba a tener un moretón y probablemente una rotura parcial. Estaba 
orgulloso de ella por defenderse. Me alegraba que vivir en un lugar donde 
podía respirar sin ahogarse en contaminación y corrupción no la hubiera 
hecho suave ni complaciente—. Me aniquilaste. La chica que era antes ya 
no existe, y eso apesta, porque era malditamente especial. 
Parpadeé hacia ella en confusión. 
Lucía igual. Mayor, ligeramente más arreglada y estilizada, pero aún 
era la misma impresionante chicaa la que había estado rondando 
cuidadosamente desde que tenía dieciséis. 
 
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—¿Quién eres ahora? 
Ella me bufó y puso los ojos en blanco. 
—Soy una chica que está enferma de casa —y una mujer que está 
harta de mi casa— todo porque estás aquí. He deseado cada día de los 
pasados cuatro años nunca haberte conocido. 
Auch. Golpe directo. 
La mayoría de las personas con las que me enfrentaba diariamente se 
sentían de esa forma sobre mí, pero no ella. Antes de que hiciera lo que hice, 
Karsen siempre salía de su camino para asegurarse de que todos en su vida 
supieran lo feliz que era de verme y pasar tiempo conmigo. Si solo hubiera 
sido mayor, o yo hubiera sido más joven, las cosas nunca hubieran sido tan 
oscuras y complicadas entre nosotros. Nuestra coordinación nunca estuvo 
bien, pero ahora, era el momento. Tenía que verla antes de finalmente 
dejarla ir para bien. 
Quería alcanzarla, pero tenía la sensación de que correría —o me 
golpearía de nuevo— si lo hacía. En lugar de eso, pasé mis dedos por mi 
cabello y bajé la mirada al piso. No era una persona contrita. No me 
disculpaba, porque raramente me sentía mal por la mierda que hacía. Vivía 
una vida difícil y personas eran heridas. Era la forma en que era, pero nunca 
quise que Karsen fuera una víctima. Si hubiera tenido elección, lo hubiera 
prevenido, pero no la tuve, así que aquí estamos. 
—Pero nos conocimos. Y no hay vuelta atrás para ninguno de los dos. 
Nunca te olvidaré, y sé que no me has olvidado. —El estribillo que había 
hecho eco en mi cabeza los últimos cuatro años. Ella podría odiarme, pero 
nunca va a olvidarme. Podía trabajar con eso. Lo había hecho con menos 
la mayor parte de mi vida. 
—Puedo tratar. ¿Qué crees que he estado haciendo los pasados 
cuatro años? —Inclinó su delicada nariz en el aire y me miró hacia abajo 
altanera. Eso era nuevo. Nunca sacó el acto de la reina de hielo. Era algo 
que me preguntaba si había aprendido de su hermana. Brysen era un 
camino de hielo. 
 
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Suspiré y rodé la cabeza hacia un lado hasta que mi cuello tronó. El 
sonido fue fuerte, casi como un disparo en la silenciosa habitación. Vi sus 
ojos ampliarse, y porque nunca podía esconder nada en esos ojos, vi un 
destello de preocupación luchar contra la ira en su mirada. 
—Se suponía que amarías tu nueva vida. —Mi voz era baja, lo rasposo 
más pronunciado de lo usual—. Se suponía que encontrarías a alguien que 
te hiciera feliz, alguien que pusiera una sonrisa en tu rostro. Se suponía que 
ibas a construir una vida brillante y con propósito. Se suponía que harías todo 
menos extrañar casa y todo lo que dejaste atrás. —Race estaba 
determinado a ella tenía una forma de salir, que tenía que ver qué más 
había afuera. Quería que tuviera la oportunidad de algo más, algo mejor, 
incluso aunque ella nunca pidió más de lo que tenía. 
Sus dientes chocaron juntos y pude escuchar sus molares rechinando. 
Sus manos se curvaron en puños y dio un tembloroso paso atrás. Estaba 
tentado a dejarla golpearme de nuevo si eso significaba que estaba a la 
distancia de un toque. Quería sus manos en mí de cualquier forma en que 
pudiera tenerlas. Finalmente me había dado permiso de mostrarle todas las 
cosas que siempre había visto al mirarla… y muy probablemente iba a 
terminar seis metros bajo tierra por la revelación. 
—¿Has estado observándome? ¿Cómo sabes que mi vida no es 
exactamente de la forma que quiero? ¿Qué te ha dicho Race? —Su 
columna se enderezó y sus hombros se levantaron. 
Estaba lista para la batalla, pero era la última persona con la que quería 
pelear. Estaba cansado de constantemente estar en guerra con todas las 
personas en mi vida. Estaba listo para agitar la bandera blanca y rendirme, 
pero no llegaría a ningún lado con esta chica. Ella no respetaría la debilidad. 
—Race no me dice una mierda. No hablo con él. No tengo nada que 
ver con él, y sé que las cosas aquí no son nada como tu familia pensó que 
serían… porque si lo fueran, estarías quedándote en lugar de luchar con 
todo lo que tienes para volver. Extrañas tu casa, pero no te dejarás planear 
un futuro aquí, incluso si es lo que realmente quieres. Estas asustada Karsen. 
Asustada de que The Point te olvide y no te necesité más. Aquí no importa. 
 
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Aquí, a nadie le preocupa si estas alrededor para mejorar las cosas porque 
hay cientos de otros idealistas listos para levantarse por lo que es correcto. 
—Sonreí y seguí—: Por supuesto que no he estado observándote. —Si lo 
hubiera hecho, no hay forma en el infierno de que hubiera sido capaz de 
mantenerme lejos de ella. La habría perseguido y golpeado la mierda fuera 
de cualquier chico de fraternidad o hípster que coqueteara con ella. La 
habría forzado a d descubrir qué la hacía feliz así no iba solo por ahí viviendo 
la vida que Race quería para ella en lugar de una que hiciera para ella 
misma. Pero solo porque no estaba observando, no significaba que no tenía 
ojos en cada movimiento que hacía. 
Sus cejas se juntaron en confusión y pude verla tratando de descifrar 
por qué mi voz temblaba con apenas disimulada furia cuando hablaba de 
su futuro cuñado. Race era su héroe. 
Muy malo que fuera mi maldita pesadilla. 
—¿Cómo puedes no tener nada que ver con Race? ¿No trabajas para 
él? —su cabeza se inclinó hacia un lado, curiosidad evidente en cada 
palabra, alejando un poco de su ira. 
Gruñí y pasé los dedos por mi cicatriz de nuevo. 
—Trabajo para Nassir. —Me rehusaba a tomar órdenes de ese rubio 
idiota después de que me empujó a cada esquina estrecha y orquestó el 
corazón roto de Karsen. Por suerte, no tenía los mismos problemas con su 
socio, Nassir Gates. De hecho, me gustaba trabajar para el hombre que ellos 
llamaban el diablo. 
No había duda de que Nassir era un asesino y un traficante. Lo que 
veías era lo que obtenías con él, no es el caso con Race. El criminal de pelo 
ligero era mucho más insidioso y sin pretensiones. No había visto su ataque 
venir, y odiaba estar cegado. Si Karsen no lo viera como su gracia salvadora, 
habría derrotado al niño rico sin un segundo pensamiento. Lo tenía viniendo. 
—Nassir y Race trabajan juntos, ¿cómo puedes trabajar para uno y no 
para el otro? —Estaba haciendo preguntas de las cuales no quería las 
respuestas. 
 
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Suspiré y maldije bajo mi aliento. 
—Nassir necesita mierda hecha, la hago. Paso la mayor parte del 
tiempo dirigiendo la seguridad de sus clubes. Eso es. Él paga las cuentas, no 
Hartman. —Pero algunas veces las cosas necesitan ponerse sucias… y 
sangrientas. No me importan esas veces, siempre que no beneficien al rey 
dorado de The Point de ninguna forma. No me importa si su parte del reino 
se quema, pero devastaría a Karsen, así que me quedaba lejos del fuego y 
me rehusaba a ser tentado por las nacientes llamas. 
—¿Hizo Race algo que encuentras moralmente objetable? —se burló 
de mí, como si encontrara increíble que hubiera de hecho una línea que no 
cruzaría. 
Sacudí la cabeza y dejé caer las manos. No quería hablar de su héroe, 
pero debí haber sabido que sería imposible. 
—No. Race y yo solo no congeniamos en muchas cosas. —Como ella. 
Siempre creí que ella era lo suficientemente fuerte e inteligente para saber 
lo que quería. Él insistía en insultarla, protegiéndola quitándole sus opciones. 
Él la manipulaba de la misma forma en que manipulaba a aquellos con los 
que hacía negocios, y era tan malditamente encantador y resbaloso que 
nadie se daba cuenta de que estaba siendo acorralado. Incluyendo a 
Karsen—. Es mejor para todos si mantenemos nuestra distancia. 
Ella hizo un sonido. 
—Desearía que hubieras mantenido tu distancia de mí. 
Eso hizo a mis entrañas retorcerse. No hace demasiado tiempo ella no 
tenía permitido acercarse. Ahora podía, pero quería estar tan lejos de mí 
como fuera posible. 
—Karsen. —No era bueno con las palabras. Era un tipode acción. Es 
por lo que estaba aquí. Race iba a matarme tan pronto como descubriera 
que me había ido, pero ella importaba demasiado para que me quedara 
lejos. Tenía que saber cuánto me preocupaba por ella cuando aún estaba 
viviendo en The Point, incluso cuando no se suponía que lo hiciera. Estaba 
 
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tratando de descifrar qué decir después, cuando la tensión rebotando entre 
nosotros como una corriente viviente fue rota por el teléfono de Karsen 
sonando con una molesta canción pop. 
Tragué un gruñido. La alegre y pegajosa canción que no tenía una 
esperanza en el infierno de reconocer era un recordatorio de que sin 
importar cuanta historia existiera entre nosotros, ella aún era mucho más 
joven que yo. Aun tan protegida y pura. Necesitaba verla de nuevo para 
probarme a mí mismo que hice lo correcto al dejarla ir hace todos esos años. 
Sacó el artefacto de su bolsillo, ojos parpadeando hacia mí antes de 
darme la espalda y responder la llamada. 
—Hola Ari, ¿qué pasa? —El genuino afecto en su voz por su compañera 
de apartamento me hizo sonreír. Sabía todo acerca de la burbujeante 
castaña con un hermano mayor policía. Era una buena compañía para 
Karsen. La ayudó a salir de su caparazón, y era ferozmente protectora con 
su amiga. La pequeña petardo tenía terrible gusto en hombres, pero siempre 
que sus elecciones no sangraran en mi chica, no me preocupaba que 
vivieran juntas. 
Repentinamente, ella se tensó y un nuevo tipo de tensión comenzó a 
girar a su alrededor. 
»¡¿Qué quieres decir con que te golpeo?! —Su grito hizo que los 
cabellos de mi nuca se levantaran. Salió de la habitación sin ver si la seguía, 
su voz alta haciendo eco alrededor de los muros vacíos de su 
apartamento—. No. Quédate justo ahí. Voy por ti. Entiendo por qué no 
quieres a Dom involucrado, pero necesitas llamarlo. 
Hubo plática del otro lado del teléfono y pude distintivamente 
escuchar a una mujer llorando. Lo que sea que estaba pasando no era 
bueno y no había forma de que dejara a Karsen involucrarse sin alguien 
cubriendo su espalda. 
»Diez minutos. Llegaré en diez. Si veo a Troy voy a patear su trasero. 
Cómo se atreve a poner sus manos en ti —maldijo y cambió de actitud más 
 
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rápido de lo que podía entenderlo—. Lo sé, dulzura. Mereces algo mejor. Él 
absolutamente debería ir a prisión. Llama a tu hermano. 
Estaba en la puerta deslizándose en un par de botas que lucían 
cómodas cuando la atrapé. Tomé su codo y ella jadeó como si hubiera 
olvidado que estaba ahí. Miró mis dedos y entonces mi rostro. Su mandíbula 
estaba bloqueada y sus ojos llenos de emoción. Estaba segura de que iba 
a sacudirse y decirme que me fuera al infierno, pero no lo hizo. 
»Ya que estas aquí, haz algo útil y ven conmigo así puedes hacer lo 
único con lo que eres bueno. —Liberó su brazo y salió por la puerta. 
Seguí detrás de ella, cejas levantadas mientras preguntaba: 
—¿En qué exactamente soy bueno? 
—Lastimar personas. Quiero que lo lastimes tanto que nunca pueda 
poner sus manos en nadie de nuevo. —Sonaba seria y fría. 
Esas primeras dos palabras me lastimaron más de lo que deberían… 
pero tenía razón. Herir personas era todo lo que había conocido. Pero 
escucharla decirlo en voz alta, si, apestaba y me forzó a darme cuenta de 
que mientras yo había necesitado verla de nuevo, ella en realidad había 
hecho lo mejor para enterrarme tanto en sus recuerdos, que no podía 
recordar lo cuidadoso que siempre había sido con ella. 
Podías sacar a la chica de The Point, pero nunca sacarías The Point de 
la chica. Sus habilidades de combate verbal aun eran agudas y mortales. 
Gruñí y la seguí fuera del apartamento. Era bueno en herir a las 
personas, solo tenía qué descubrir cómo convencerla de que no quería 
herirla de nuevo, que nunca había querido herirla en primer lugar. 
 
 
 
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staba teniendo un momento muy difícil manteniendo mis 
emociones bajo control. Estaba furiosa con Booker por 
aparecerse de la nada, alterando lo que había sido mi muy idílica 
vida. 
Garantizado, no tenía idea de cuáles serían mis siguientes movimientos, 
pero, aun así, ¿Cómo se atrevía? Estaba molesta conmigo por mi reacción 
ante él. El sonido de su profunda voz rasposa aun enviaba escalofríos por mi 
columna, y la visión de esos embrujados, atormentados ojos color acero aun 
hacía que mi corazón se saltara un latido. Encima de toda mi furia, estaba 
a punto de explotar por la histérica llamada telefónica de Ari. Era una 
bomba de furia lista para explotar y la mecha estaba encendida. Era fácil 
olvidar que la necesidad de sangre y venganza corría tan cerca de la 
superficie bajo mi piel. No había permitido que estas respuestas sangrientas 
asomaran su fea cabeza por años, pero cuando lo hacía, era tan fácil 
deslizarme a mi piel despiadada. No había forma de que Troy se saliera con 
la suya poniendo sus manos en Ari. Era un cretino, lo era desde el inicio. 
Ahora tenía una excusa sólida para enviarlo a empacar fuera de la vida de 
mi mejor amiga para bien. 
Lógicamente, sabía que el mejor curso de acción era llamar a Dominic. 
Ari me rogó no hacerlo. Estaba avergonzada por la situación, incluso más 
desde que su hermano fue el que mudo todas sus cosas a la casa de Troy el 
último par de días. Ella estaba impactada de que tan pronto como Troy llegó 
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a casa y vio todas sus cosas alrededor de su apartamento enloqueció. No 
quería que Dom se metiera en problemas por perder su temperamento. Era 
su hermano y un policía. Si alguien podía manejar a Troy de la forma 
correcta era él. Pero había una parte de mí, una enorme parte, que estaba 
emocionada de que Booker hubiera aparecido cuando lo hizo. Troy 
merecía ser manejado de la forma incorrecta por herir a mi amiga. Por 
pensar que golpear a una mujer era siquiera una opción. La ley se movía 
lentamente y tendía a ser manipulada y parcial. La retribución de las calles 
era rápida, exacta e inolvidable. Es lo que quería que Troy experimentara. 
Booker era el hombre para eso. Un golpe en la muñeca y una buena 
advertencia no lo harían. Quería huesos rotos y sangre. El hombre sentado 
junto a mí en el viejo todoterreno que Race me compró para moverme 
alrededor de los nevados inviernos de Colorado era excelente en ambas. 
Toda su vida estaba construida sobre huesos rotos y sangre… agrega 
corazones rotos a su repertorio y era la triada perfecta. Pero el dolor que vi 
reflejado de regreso a mis ojos era algo nuevo. Lo reconocí en su mirada, 
porque lo veía en la mía cada vez que me veía al espejo. 
No tenía idea de cuál era la agenda de Booker, por qué estaba aquí 
después de todo este tiempo, pero no había forma de que cayera en la 
trampa de creer que merecía redención o algo más de mi tiempo. He 
estado ahí, hice eso, aún tenía el corazón roto como muestra. No, era un 
chico malo, uno que, hacia cosas malas, no siempre a malas personas. Me 
había dicho eso desde el principio; era bien pasado el momento de que 
comenzara a creerle y lo dejara ir para bien. 
—Cuéntame del novio. ¿Tocó a tu amiga antes de ahora? —Estaba tan 
perdida en mis pensamientos que casi olvidé que estaba ocupando la 
mayoría del espacio disponible en el todoterreno. Lo miré por el rabillo de mi 
ojo y me di cuenta de que no estaba usando un traje. Siempre lucía 
impecable en casa. Trajes a la medida para encajar con su masiva figura y 
sus anchos hombros eran lo usual. Hoy, estaba en jeans deslavados, una 
chaqueta bien usada de cuero y una playera de Led Zeppelin. Lucia como 
un motociclista de vacaciones, completado con las pesadas botas en lugar 
de sus usuales zapatos boleados. Si no fuera por su imponente figura e 
inconfundible cicatriz, había una oportunidad de que lo hubiera pasado en 
 
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la calle sin una segunda mirada. Me preguntaba si este era su intento de 
mezclarse. Si lo era, no funcionaba.Aun daba algunas vibras de tipo malo 
encima de una actitud inconfundible de no me jodas. 
—Es raro. Como un acosador. Nos abordó a Ari y a mí en orientación y 
ha estado rondando desde entonces. Ari es linda, les gusta a todos, así que 
nunca le dijo que se perdiera. La convenció en el último par de años, hasta 
que accedió a salir con él. No puedo imaginar que hubiera accedido a vivir 
con él si la hubiera golpeado antes. Pero él fue muy superficial cuando ella 
comenzó a presionarlo para mudarse juntos. Siempre tuve la sensación de 
que estaba tratando de escaparse, pero nunca encontró la forma de 
hacerlo sin herirla. —Fruncí el ceño—. No me agrada. Me pidió salir al inicio 
y lo rechacé. Lo tomó de forma difícil lo que fue raro ya que acabábamos 
de conocernos. Se movió hacia Ari rápidamente después de eso. No me 
gusta estar sola en una habitación con él, pero soy amable por ella. 
Boker hizo un sonido y comenzó a golpear los dedos en su muslo. Por el 
rabillo de mi ojo, noté que sus manos aun lucían hinchadas y abusadas. 
Tenía cicatrices por todo el dorso de ambas, algunas pequeñas, algunas 
grandes y dolorosas, como la de su rostro. Sus nudillos eran amplios, el medio 
de cada mano colocado en un ángulo extraño por las repetidas fracturas. 
Eran manos feas, usadas para hacer cosas terribles, pero siempre habían 
sido dolorosamente gentiles cuando me tocaban. Cuando estaba en 
preparatoria, un loco terrorista con una venganza contra The Point y la 
mayoría de mi familia, plantó una bomba en mi escuela. Fue una de las 
experiencias más terroríficas de mi vida, pero Booker vino y me sacó. Estaba 
muy temblorosa, demasiado asustada para caminar. Él me levantó en esos 
masivos brazos, me acunó contra su pecho y me llevó a la seguridad como 
si fuera la cosa más preciosa que había tocado. Esas feas manos podían 
matar, pero también podían calmar y consolar. 
—¿El policía no tuvo malas vibras del tipo? —Inconsciente de que 
estaba obsesionándome con sus manos y las formas en que me tocaron con 
el paso de los años —y las formas en que deseé que me tocaran— la 
pregunta de Booker sonó plana y casi aburrida. 
 
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Me sacudí al presente y parpadeé al tráfico frente a nosotros. 
Necesitaba mantener mi cabeza en el juego y fuera del pasado porque Ari 
me necesitaba, y ella nunca me había dejado caer o me había lastimado 
como el hombre sentado a mi lado. Le debía todo. Booker ya no obtendría 
nada de mí, especialmente no perdón o entendimiento. Estaba aquí solo 
porque necesitaba que le enseñara una lección a Troy. Antes de dejar The 
Point, trató de grabar en mi cabeza que era bueno solo para una cosa: 
causar dolor. Justo ahora, era exactamente el tipo de hombre que 
necesitaba. Uno sin corazón ni alma. 
—Si lo hizo nunca me dijo nada. Dom y Ari son cercanos. Prácticamente 
la crio, pero ha estado haciendo lo mejor que puede para demostrar que 
puede cuidarse a ella misma el último par de años así él puede seguir 
adelante con su vida. No sé si lo habría escuchado si le dijo que fuera 
cuidadosa con Troy. Es terca. Troy en verdad la atontó. No fue hasta que la 
tuvo que comenzó a mostrar sus verdaderos colores. Nunca fue violento, 
solo actuaba desinteresado y como un idiota. 
Hizo otro sonido e hizo la cosa donde tronaba su cuello. El ruido era 
terrible y me di cuenta de que se estaba sosteniendo de forma que su peso 
se quedara de un lado. Siempre parecía tener heridas que estaban 
sanando, y parecía que nada había cambiado. 
—¿Crees que esté armado? ¿Tengo que preocuparme por balas 
volando cuando entremos al apartamento? 
Se volvió para verme, y odiaba que su mirada me hiciera ruborizar. 
Siempre sentía que estaba viendo dentro de mí. Estaba viendo cosas que 
trataba de esconder de todos los demás. Algunas veces me preocupaba 
que revelara todos mis secretos, que iba a descubrir el hecho de que mi 
alma era mucho más oscura de lo que creían las personas que me amaban. 
Por fuera, puedo lucir como si estuviera llena de sol y brillantes. Por dentro, a 
menudo sentía que estaba hecha de cada decepción y corazón roto que 
había sufrido a manos de otros. Había un montón de sombras y secretos que 
mantenía enterrados, pero Booker nunca pareció tener problema 
encontrándolos. 
 
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—Troy es un nerd de informática. Un jugador de video juegos. No creo 
que alguna vez haya visto un arma real. Antes de esta noche, lo habría 
descrito como completamente inofensivo. ¿Pero yo qué sé? Supongo que 
nunca sabrás de lo que alguien puede ser capaz. —Lo miré por el rabillo del 
ojo y me alegré al ver que mis palabras intencionadas provocaron un 
estremecimiento en el gran hombre. Me alegré de que todavía reaccionara 
ante mí, de la misma forma en que todavía respondía ante él. 
—No, no lo haces. Cuando un hombre es arrinconado y no puede ver 
una salida, no hay límite para las cosas horribles que puede hacer. Incluso 
un hombre tímido puede ser peligroso cuando se le quitan sus elecciones. 
—Su carraspeo seguía siendo sexy como el infierno. El hilo de remordimiento 
en su interior era inquietante. Estaba tratando de decirme algo, pero no me 
estaba dando las palabras. Había pasado mi influenciable juventud 
tratando de entenderlo. No iba a perder más tiempo con el rompecabezas 
de quién era Noah Booker. No cuando sabía que nunca tendría todas las 
piezas para completar la imagen. Él nunca dio nada a nadie y yo siempre 
le di demasiado. 
—No fue arrinconado, Booker. Su novia quería mudarse con él y él no 
estaba listo. Podría haberle dicho que no o haber roto con ella. Le podría 
haber explicado que no era el momento adecuado. Había muchas otras 
opciones además de golpearla. Y romperle el corazón. —Booker solo me 
miró, una expresión que no pude descifrar pasó por sus rasgos. 
Nos quedamos en un profundo silencio, después de eso. Por suerte, el 
apartamento de Troy estaba a la vuelta de la esquina. Cuando nos 
detuvimos en el complejo, inmediatamente vi a Ari. Estaba sentada en la 
acera con una maleta llena a su lado. Su cabello oscuro estaba 
salvajemente enredado alrededor de su pálido rostro y su maquillaje 
corriéndose con líneas llamativas de lágrimas rodando constantemente por 
sus mejillas. Se puso de pie de un salto cuando vio mi auto. Apenas pude 
estacionar antes de que empezara a correr hacia mí. La encontré en el 
capó, tomando un profundo respiro y liberándolo con un torrente de malas 
palabras cuando noté su ojo ennegrecido y el moretón que florecía en su 
pómulo. La ira al rojo vivo por ella hizo hervir mi sangre. Quería que Troy 
 
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sufriera. Quería lastimarlo el doble de lo que él la había lastimado. La 
ardiente necesidad de venganza estaba quemando mi garganta y se 
extendía amargamente sobre mi lengua. 
—Ay cariño. Vamos, entremos al auto. —Enganché un brazo alrededor 
de su cuello y la arrastré hasta la camioneta deteniéndome cuando ella se 
paralizó bruscamente con los ojos muy abiertos sobre Booker, mientras salía 
del asiento delantero. 
—¿Quién es ese? —Su voz era temblorosa y débil, pero la curiosidad era 
fuerte. 
Suspiré y le di un apretón tranquilizador. 
—No te preocupes por él. Se asegurará de que Troy no toque a otra 
mujer, o a nadie con ira, nunca más. —Nadie olvidaba las lecciones que 
Booker impartía. 
—¿Qué está pasando, Karsen? ¿En serio? ¿Dónde encontraste a ese 
tipo? —Parecía nerviosa e insegura—. No llamaste a Dom, ¿verdad? Juro 
que lo llamaré mañana y presentaré cargos. Solo necesito salir de aquí. 
—Ella se mordió el labio y contuvo una nueva ola de lágrimas—. Tengo que 
averiguar qué haré con todas mis cosas. 
La hice callar y presioné mis labios contra su sien. 
—Te ayudaré a resolverlo. No te preocupes No llamé a Dom, pero él 
necesita saberlo. —No mencioné nada sobre los cargos, porque cualquier 
cosa que Booker le hiciera a Troy sería más apropiada que cualquier otra 
cosa que

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