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¿Cómo doctor/a enfermero/a, ¿has atrapado a tus pacientes haciendo algo inapropiado?

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Aprendizaje Práctico


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Notas de Estudio

Hace más de un mes

Trabajé durante años en neurología, y cuanto menos fue un puesto muy divertido. Podría contar docenas de historias:

El paciente que pillé haciendo bolitas con sus propias heces y tirándolas al techo.

El que pillé haciéndose una… "Dándose amor" con una sonda vesical puesta (y que por supuesto consiguió descolocar).

Al que pillé "dándose amor", me miró a los ojos, y siguió como si nada.

Una paciente que se me insinuó cosa mala (y tuve que pedirle a mi compañera que la cuidara ella)

EL MEJOR CASO (del que me siento orgulloso)

Seguramente, la cosa más inapropiada que he visto ocurrió en una UCI… con mi consentimiento y confidencialidad.

Tenía un paciente muy joven que vamos a llamar Juan (nombre ficticio, obviamente). Era un chico de 19 años al que le descubrieron un cáncer terminal de la noche a la mañana. Un caso terriblemente dramático.

Un día, cuando más o menos lo habíamos estabilizado (dentro de su gravedad), Juan estaba en una habitación aislado con su novia. La chica, un ejemplo de valor y cariño, lo había acompañado en todo el proceso y no había día que no estuviera con él.

El caso es que aquella mañana noté que Juan y su novia estaban… "cariñosos". En aquella UCI siempre había un enfermero dentro de las habitaciones aisladas por protocolo. Ahí tuve que tomar medidas: me levanté y dije: "Juan, tengo cosas que hacer fuera, si necesitas algo llámame con el timbre. Tardaré cosa de media hora"

¿Que qué me respondió Juan? "Nada Manuel, sin prisa. Tarda una hora si hace falta".

Total, salí fuera de la habitación y me senté con el ordenador portátil a escribir mis notas frente a la puerta. Cuando llegaba alguien a ver a Juan yo lo paraba diciendo: "no, es que ahora está hablando algo delicado con su familia, vuelve más tarde". Cuando volví a entrar una hora más tarde, los dos tenían esa sonrisa bobalicona de adolescente después de hacer el amor. Él me susurró: "Gracias".

Juan murió unos meses después. Murió en su casa, acompañado por los que quería y por su novia, quien lo amaba con locura. Y aunque la anécdota es que "cubrí" a una joven pareja para que tuvieran su intimidad, creo que que la auténtica historia es que una chica de dieciocho años tuvo el valor y la integridad para acompañar a su novio en la muerte hasta el mismísimo final. Todo un ejemplo a seguir.

Trabajé durante años en neurología, y cuanto menos fue un puesto muy divertido. Podría contar docenas de historias:

El paciente que pillé haciendo bolitas con sus propias heces y tirándolas al techo.

El que pillé haciéndose una… "Dándose amor" con una sonda vesical puesta (y que por supuesto consiguió descolocar).

Al que pillé "dándose amor", me miró a los ojos, y siguió como si nada.

Una paciente que se me insinuó cosa mala (y tuve que pedirle a mi compañera que la cuidara ella)

EL MEJOR CASO (del que me siento orgulloso)

Seguramente, la cosa más inapropiada que he visto ocurrió en una UCI… con mi consentimiento y confidencialidad.

Tenía un paciente muy joven que vamos a llamar Juan (nombre ficticio, obviamente). Era un chico de 19 años al que le descubrieron un cáncer terminal de la noche a la mañana. Un caso terriblemente dramático.

Un día, cuando más o menos lo habíamos estabilizado (dentro de su gravedad), Juan estaba en una habitación aislado con su novia. La chica, un ejemplo de valor y cariño, lo había acompañado en todo el proceso y no había día que no estuviera con él.

El caso es que aquella mañana noté que Juan y su novia estaban… "cariñosos". En aquella UCI siempre había un enfermero dentro de las habitaciones aisladas por protocolo. Ahí tuve que tomar medidas: me levanté y dije: "Juan, tengo cosas que hacer fuera, si necesitas algo llámame con el timbre. Tardaré cosa de media hora"

¿Que qué me respondió Juan? "Nada Manuel, sin prisa. Tarda una hora si hace falta".

Total, salí fuera de la habitación y me senté con el ordenador portátil a escribir mis notas frente a la puerta. Cuando llegaba alguien a ver a Juan yo lo paraba diciendo: "no, es que ahora está hablando algo delicado con su familia, vuelve más tarde". Cuando volví a entrar una hora más tarde, los dos tenían esa sonrisa bobalicona de adolescente después de hacer el amor. Él me susurró: "Gracias".

Juan murió unos meses después. Murió en su casa, acompañado por los que quería y por su novia, quien lo amaba con locura. Y aunque la anécdota es que "cubrí" a una joven pareja para que tuvieran su intimidad, creo que que la auténtica historia es que una chica de dieciocho años tuvo el valor y la integridad para acompañar a su novio en la muerte hasta el mismísimo final. Todo un ejemplo a seguir.

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