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¿El necronomicón realmente existe? Y si existe ¿Qué tan mala es su existencia?

Ciências Sociais / Ciências Econômicas

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Hace más de un mes

Como ya te han dicho, El Necronomicón no existe, es un invento. Un invento de Howard Phillips Lovecraft que estuvo tan bien pensado que hoy en día millones de crédulos creen que existe. La estrategia de H.P. Lovecraft fue dar datos bibliográficos sobre El Necronomicón en sus relatos. Que si escrito por el árabe loco Abdul Alhazred, que si traducido por Olaus Wormius (personaje que realmente existió)… Todos obviamente más falsos que una moneda de tres euros; pero daban una pátina de credibilidad al relato.

Esta práctica cayó en gracia entre los escritores del Círculo lovecraftiano (Robert Bloch, August Derleth, Robert E. Howard, Henry Kuttner, Clark Ashton Smith, Donald Wandrei y Frank Belknap Long), que le siguieron el juego y aumentaron el número de referencias de aspecto bibliográfico correcto y riguroso. Aumentaron así las citas y se reforzaron unas a otras; y El Necronomicón se vió acompañado de otros libros temibles como De vermis mysteriis, de Ludwig Prinn, o Cultes des Goules, del Conde d'Erlette (alusión a August Derleth), o Unaussprechlichen Kulten (Cultos innombrables), de Friedrich von Juntz, o el anónimo Liber eibonis (Libro de Eibon). Van apareciendo en los relatos del autor que los inventa, y luego son citados por los demás, para dar una sensación de concordancia.

Todo ello, completas invenciones, mezcladas con falsas erudiciones librescas. Muy divertido… y poco más.

Como ya te han dicho, El Necronomicón no existe, es un invento. Un invento de Howard Phillips Lovecraft que estuvo tan bien pensado que hoy en día millones de crédulos creen que existe. La estrategia de H.P. Lovecraft fue dar datos bibliográficos sobre El Necronomicón en sus relatos. Que si escrito por el árabe loco Abdul Alhazred, que si traducido por Olaus Wormius (personaje que realmente existió)… Todos obviamente más falsos que una moneda de tres euros; pero daban una pátina de credibilidad al relato.

Esta práctica cayó en gracia entre los escritores del Círculo lovecraftiano (Robert Bloch, August Derleth, Robert E. Howard, Henry Kuttner, Clark Ashton Smith, Donald Wandrei y Frank Belknap Long), que le siguieron el juego y aumentaron el número de referencias de aspecto bibliográfico correcto y riguroso. Aumentaron así las citas y se reforzaron unas a otras; y El Necronomicón se vió acompañado de otros libros temibles como De vermis mysteriis, de Ludwig Prinn, o Cultes des Goules, del Conde d'Erlette (alusión a August Derleth), o Unaussprechlichen Kulten (Cultos innombrables), de Friedrich von Juntz, o el anónimo Liber eibonis (Libro de Eibon). Van apareciendo en los relatos del autor que los inventa, y luego son citados por los demás, para dar una sensación de concordancia.

Todo ello, completas invenciones, mezcladas con falsas erudiciones librescas. Muy divertido… y poco más.

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